2 de octubre: un centenar de encapuchados y 14 lesionados en el estreno del 'cinturón de paz'
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Cuartoscuro

2 de octubre: un centenar de encapuchados y 14 lesionados en el estreno del 'cinturón de paz'

Autoridades capitalinas informaron que no hubo detenidos luego de la jornada de protesta por el de 2 de octubre, en la que encapuchados hicieron pintas y estallaron petardos; 12 mil servidores públicos participaron en el llamado 'cinturón de paz', cerca de los manifestantes.
Cuartoscuro
2 de octubre, 2019
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Diez mil ciudadanos se manifestaron este miércoles 2 de octubre en la Ciudad de México, al cumplirse 51 años de la masacre estudiantil de Tlatelolco, en una jornada de conmemoración en la que se estrenó el llamado “cinturón de paz” de funcionarios desplegados por el gobierno capitalino, y al menos un centenar de encapuchados hizo pintas, rompió vidrios y lanzó petardos, sin que hubiera algún detenido.

De acuerdo con el reporte oficial, 14 personas resultaron lesionadas en medio de las protestas y los hechos violentos, que se registraron a la par de la manifestación pacífica que llegó al Zócalo. De los lesionados, 9 son policías y 5 civiles. Tres de los agentes fueron hospitalizados, sin tener heridas graves.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana informó que “detuvo momentáneamente a tres personas que habían tirado petardos a la policía”; sin embargo, “minutos después fueron liberadas ante la mediación de diversas organizaciones de la sociedad civil”.

Cerca de las 17:00 horas comenzaron los reportes sobre pintas en zonas como la del edificio del Banco de México y la Plaza Garibaldi. Algunos encapuchados rompieron cristales de negocios. En 5 de mayo, explotó un petardo y a una chica se le empezó a quemar el cabello, pero otras personas, del colectivo Marabunta, la ayudaron pronto a apagarlo. En la misma calle, continuaron después las explosiones y encapuchados lanzaron objetos a policías con escudos.

La marcha desde la Plaza de las Tres Culturas fue encabezada por el Comité del 68, organización integrada por estudiantes sobrevivientes de la matanza. Uno de ellos, Rafael Rangel, alias El Jarocho del 68, dijo que se trata de una “revolución pacífica” que ha durado 51 años, y que este año hacía énfasis en la manifestación sin violencia. “Venimos sin ocultar la cara, siempre hemos tenido cara”, dijo en alusión a los encapuchados.

También señaló una de sus demandas, sobre los hechos de hace 51 años: “queremos que se abran los archivos del Ejército. Todo el pueblo sabe qué pasó, ahora queremos llevar a juicio a los culpables”.

Detrás del Comité del 68 iban los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, estudiantes normalistas, bachilleres y universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional, organizaciones feministas y la Universidad Chapingo, entre otros.

La marcha transcurrió en calma sobre el Eje Central, incluso entre aplausos de personas que se acercaban al paso del contingente.

Cuando el Comité del 68 pasó por un túnel realizaron al unísono un conteo hasta el 43, para honrar la memoria de los estudiantes de Guerrero que hasta ahora se encuentran desaparecidos.

Aparece el ‘cinturón de paz’

Como lo anunció el gobierno capitalino, este 2 de octubre se observó a varias personas con una playera blanca, donde se leía la leyenda “cinturón de paz”. Según la administración de Claudia Sheinbaum, se trató de al menos 12 mil servidores públicos y de ciudadanos que decidieron sumarse de forma “voluntaria” a esta estrategia de contención.

“No hubo servidores públicos obligados, para nada”, aseguró en entrevista en el programa La Nota Dura de El Financiero Tomás Calvo Pliego Coordinador del Gabinete de Seguridad de la Ciudad de México, ante las dudas sobre si trabajadores fueron forzados a participar.

Los integrantes del “cinturón de paz” caminaron a un costado de los manifestantes desde el inicio de su recorrido. Cuando se dieron hechos violentos, se replegaron contra la pared y en un punto algunos comenzaron a quitarse la playera blanca, para evitar que los agredieran.

Del mismo modo, elementos de la Unidad Táctica de Auxilio a la Población (UTAP) y otros elementos de policías con escudos se enfocaron en mantener el cerco, o a tratar de rodear o “encapsular” a las personas que hacían quemas o pintas, y que les lanzaron objetos.

La periodista Azucena Uresti publicó un video donde se observa cómo en un momento encapuchados se lanzan reclamos con integrantes del llamado “cinturón de paz”.

Animal Político le preguntó a un joven cómo fue que decidió sumarse a esta iniciativa de la administración de Sheinbaum. Se le cuestionó si trabajaba en una dependencia del Gobierno de la Ciudad de México, y solo dijo: “soy ciudadano y vengo a apoyar”.

Algunas personas reconocieron que sí las mandaron de sus trabajos, y otras no. “Me enteré por los medios de comunicación y me motivé a venir por los disturbios que han habido”, dijo una mujer que aseguró ser ama de casa originaria de la alcaldía de Iztapalapa. Ella no quiso dar su nombre.

Otros integrantes mencionaron que las instrucciones que recibieron fue tomarse las mano, observar y, en caso de violencia, “correr”. Al finalizar la jornada, el gobierno capitalino consideró que la intervención del “cinturón de paz” fue exitosa, para contener violencia y agresiones. Incluso se difundió que Sheinbaum, mediante un audio distribuido por WhatsApp, felicitó a quienes participaron en esta estrategia e incluso los llamó “héroes”.

Tomás Calvo Pliego, coordinador del Gabinete de Seguridad de la Ciudad de México, aseguró en la entrevista con El Financiero que los servidores públicos que participaron en el “cinturón de paz” sí fueron capacitados por la Secretaría de Seguridad, Protección Civil y especialistas en este tipo de movilizaciones sociales, aunque no detalló en qué forma se hizo.

En cuanto a los encapuchados, mencionó que ya se les tiene ubicados y que ya hay varias carpetas de investigación, ya que han participado en manifestaciones previas, donde también hubo hechos violentos. “Tenemos detectados a quienes cometieron estos actos de violencia. Tenemos imágenes, tenemos fotos, tenemos videos, tenemos nombres, apellidos”.

En el Zócalo, a donde llegó la manifestación por el 2 de octubre, la plataforma Rompe el Miedo reportó que integrantes del equipo de voluntarios Brigada Marabunta fueron agredidos.

Además del despliegue del “cinturón de paz”, en puntos como la calle Belisario Domingúez había elementos con escudos, de la llamada Unidad Táctica de Auxilio a la Población (UTAP).

En la calle Bolívar, también se observó a policías con escudos.

 

De acuerdo con el diario Reforma, antes de que comenzaran las manifestaciones por el 2 de octubre un grupo de personas encapuchadas quemó llantas y otros objetos en carriles centrales de Periférico Sur, a la altura de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Tras algunos minutos, la policía retiró los objetos y fue reabierta la circulación.

Con información de Rodrigo Soberanes

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'Me mandaban coronas de muerto': ser trans en México, el segundo país del mundo con más agresiones al colectivo

Kenya Cuevas dice que es una sobreviviente. Ha presenciado la violencia machista en la familia, la calle y la justicia en México, así como un transfeminicidio que cambió su vida.
31 de marzo, 2022
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Ser una persona trans es difícil en cualquier parte del mundo, pero en México puede implicar la muerte.

En 2021 se colocó como el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo (46 casos), solo superado por Brasil (92), según el monitoreo de la organización Transgender Europe.

Y la violencia cotidiana contra la comunidad no es menor alarmante.

Kenya Cuevas Fuentes lo ha vivido.

Desde los 9 años huyó de la violencia machista en su casa y a esa edad entró al mundo del trabajo sexual, con la explotación, violencia y consumo de drogas que conlleva.

En 2016 vivió un momento transformador de su vida al ser testigo del asesinato de una amiga, el primer transfeminicidio reconocido como tal por las autoridades en México.

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, Cuevas cuenta su historia, que refleja cómo vivir como una persona trans en una sociedad transfóbica puede convertirse en un riesgo de muerte.


Soy una mujer sobreviviente.

Una mujer luchadora que ha tenido que pasar por procesos de vida difíciles, que inició su vida en una familia disfuncional, prácticamente desde que yo recuerdo.

Soy la menor de siete hermanos y ellos siempre eran violentos. Eran mucho mayores que yo y uno de ellos era alcohólico. Mi madre vivía en Estados Unidos y mi padre tenía otra familia.

Estábamos al resguardo de mi abuela materna, que nos educó con valores. Sin embargo, también había mucho machismo, poca información sobre la diversidad LGBT, no había un reconocimiento claro de la identidad de género, la expresión de género en esos años .

Y esto generaba una violencia en la que fui creciendo.

Pero las escenas importantes que yo recuerdo y que transformaron mi vida ocurrieron a los 9 años.

A esa edad mi abuela fallece de un paro cardíaco y yo siendo la menor me quedo al resguardo de mis hermanos, que eran los primeros actores de la violencia familiar. Una de mis hermanas murió y quedamos seis.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y la violencia crecía. No me daban de comer, no me llevaban a la escuela, no me atendían. Cuando salí a buscar comida encontré un empleo y a ganar un dinero. Y al darse cuenta mis hermanos me dijeron “aquí quien trabaja da un gasto” y me quitaban mi sueldo.

Y llegó el momento en que me cansé de que mis hermanos me golpearan, me discriminaran.

“Haz lo que te pidan”

Un día me salí a caminar al centro de la ciudad, a la Alameda Central, y yo no sabía qué hacer con mi vida, pero lo único que sabía era que ya no quería regresar a mi casa, a esta violencia.

Llegó la noche, y en la oscuridad, una mujer caminó hacia mí. Yo no sabía que era una mujer trans, pero mi corazón en ese momento se identificó con esa mujer, quería ser como ella.

Me dijo “ponte a trabajar, habla con los señores de los carros y te van a llevar aquí a la vuelta, te van a pagar tanto dinero y haz lo que te pidan”. Así fueron sus palabras textuales.

Yo obedecí, hablé con uno de un carro y me llevó al hotel mientras yo le platicaba mi historia de vida, de mi mamá y mis hermanos. Lloré y lloré y le decía “yo quiero quedarme contigo”.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Él se sorprendió pero me dijo: “No puedo llevarte conmigo. Pero te voy a dejar la habitación pagada por una semana y dinero para que comas”.

Tenía 9 años y fue mi primer cliente en el trabajo sexual. Obviamente tuve mucho dolor, fue mi primera práctica sexual y yo no sabía cómo reaccionar.

“Te vamos a arreglar”

Me di cuenta que era un hotel que hospedaba a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual.

Todo el tiempo las mujeres vivimos violentadas también en un tema de vivienda, porque la gente que renta departamentos no nos acepta y eso hace que los hoteles sean como nuestra residencia.

Les decían “vestidas”, porque en ese momento “trans” no existían.

Me acerqué a una y le dije “yo quiero ser como tú”, y con el dinero que había ganado me llevaron a un local de pelucas y accesorios de todos colores y sabores.

Compramos una peluca, pestañas, maquillaje, de todo. Yo estaba muy emocionada y me empezaron a arreglar. Y recuerdo una frase que fue muy tajante: “Esta es la primera y la única vez que te vamos a arreglar. Si tú no aprendes es por pendeja”.

Puse muchísima atención y fue el primer momento en que pude arreglarme, con esta figura arreglada, afeminada.

Me quedé contemplando el espejo, pues fue uno de los momentos más felices de mi vida porque logré identificarme y verme realmente como esa mujer que vivió engañada y encerrada en un cuerpo varonil.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y me dijeron “vámonos a trabajar, porque ya te acabaste tu dinero y qué vas a comer mañana”.

“Me quedé en la calle”

Me presentaron con una madrota, a quien le dijeron que yo era menor de edad: “Es nuestra hija”.

Y recuerdo muy bien que Angélica, como se llamaba, respondió: “Pues a mí me vale madre si es menor de edad o no, a mí que me den mi renta de 1,500 pesos y que se ponga a trabajar”.

Era uno de los puntos “permitidos” para el trabajo sexual en Ciudad de México.

Todo el mundo quería irse conmigo y me iba muy bien. Muchos años después entendí por qué: era una niña de 9 años. Por obvias razones llegué a tener una clientela alta.

Ya cuando pasó la “novedad”, bajó el trabajo, pero entonces encuentro otra parte del trabajo sexual. Y es que hay otros clientes que buscan una compañía para consumir sustancias, tener fiestas.

Y si no le entras a ese tipo de dinámicas, no trabajas.

Yo seguía siendo una niña con mucho resentimiento, con mucho dolor, mucho sufrimiento real. Y fui presa fácil de las drogas, de esa puerta falsa.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Eso fue deteriorándome. Ya no pagaba la renta, ya no comía, todo me lo chingaba en la droga. Perdí todo y me quedé en la calle.

Eso me llevó a vivir 20 años de mi vida en esas condiciones. Limpiando parabrisas, viviendo en los parques. Cuando alguien me llevaba al hotel, era mi oportunidad de bañarme y lavar mi ropa.

En todo ese proceso viví mucho en las drogas. Y a pesar de entrar a rehabilitación, la abstinencia me hacía caer de nuevo al consumo, además de que no había una comprensión por mi identidad de género y no me permitían ser yo.

Al llegar a la mayoría de edad, como eran programas para menores, ya no me permitían el acceso. Tenía que pedir monedas en la calle o a mis conocidas.

“Los custodios me vendían”

Después de 20 años de esta vida, un día en 1999 llegué a comprar droga a un picadero. Y ahí de pronto tiran la puerta y gritan “¡policía judicial!”

Nos tiran al suelo y la vieja que vendía la droga la avienta a un lado mío.

“¿Desde cuándo vendes?”, me preguntó un policía. “No, pues yo no vendo, jefe, vine solo por mis piedritas”, le dije.

Me mandaron a la cárcel por “posesión, distribución y venta de cocaína” que entonces era mucho más penado.

En el Reclusorio Norte violentaban a las mujeres trans. A mí me llegaron a violar. Los custodios me vendían con internos para sus fiestas y orgías nocturnas de las personas que realmente vendían droga y secuestraban y tenían mucho dinero.

Reclusorio Norte de Ciudad de México

Getty Images

Ahí las personas trans teníamos que satisfacer a muchas personas.

Y un día me peleé con un interno que me quería violentar. Tenía una navaja, pero logré quitársela y se la enterré en el estómago. Y eso motivó a que me trasladaran al penal de Santa Marta Acatitla .

Salí después de 10 años y tres rebajas de sentencia.

Un juez determinó mi absolución del delito porque consideraba que yo no había sido la responsable de las sustancias que habían encontrado. Me dicen “gracias por participar, uste no fue, discúlpenos”.

“Ese día cambió mi vida rotundamente”

Ya había dejado las drogas y al salir me empiezo a capacitar en un proceso de aprendizaje, en la promoción contra el VIH y empiezo a dar consejería, aplicación de pruebas. Y empiezo a aplicar esto con las trabajadoras sexuales, que eran mis compañeras.

Empecé a encontrar que muchas trabajadoras sabían desde hace mucho tiempo que tenían VIH pero no se habían atendido. Otras que ni se imaginaban que vivían con VIH. Las que decían que sí les daba miedo pero no usaban protección.

De 2010 a 2016 me profesionalicé en estos acompañamientos de activismo que realizaba aunque no fuera visible porque lo hacía entre el trabajo sexual. Me decía “que lo que haga mi mano derecha no lo sepa la izquierda”.

Al llegar el 30 de septiembre de 2016, ese día cambió mi vida rotundamente.

Fui testigo del transfeminicidio de Paola Buenrostro, mi amiga, una mujer trans de 24 años que fue asesinada. Era mi compañera desde hacía muchos años en el trabajo sexual.

Varias rechazamos a un sujeto que solicitó servicio sexual, pero Paola aceptó subirse al vehículo y cuando avanza unos pocos metros, escuchamos gritos de auxilio: “¡Kenya, Kenya!”

Vi cómo forcejeaban y escuché tres detonaciones de armas de fuego.

Me quedé impactada, no me podía mover. Y él al darse cuenta de que vi todo, me miró fijamente a los ojos, me apuntó con el arma y accionó el gatillo.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Todavía claramente tengo la imagen de su dedo jalando el gatillo, pero no sale la bala porque el arma se encasquilló. Así que pude detenerlo.

Llega una patrulla y lo detienen en flagrancia, con mi amiga agonizando, con el arma en la mano. Y yo grabé un video que publiqué poco después.

Pero entonces nos encontramos con un sistema discriminatorio, violatorio de derechos humanos, de no acceso a la justicia y criminalizante de las mujeres trans y el trabajo sexual, por sus propios prejuicios y creencias y posturas políticas.

Me negaron el acceso al caso porque dijeron que no era testigo sino una “curiosa” en el lugar.

Me las arreglé para tener un documento de acceso a una audiencia y cuando el juez preguntó si había un testigo, el Ministerio Público me dijo “te invito a que te vayas para que no contamines la audiencia”.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Yo sin saber de leyes, sin saber leer ni escribir, pero confiando en las autoridades y pensando que el hombre fue detenido en el lugar de los hechos, pensé que lo iban a tener en la cárcel.

Pero el juez lo dejó en libertad porque el Ministerio Público no llevó pruebas.

Amenazamos al fiscal y nos entregaron el cuerpo. Lo llevamos a la avenida Insurgentes y su ataúd lo pusimos ahí.

Fue nuestra manera de gritarle a la sociedad que a las mujeres trans nos mataban y a nadie le importaba, que a las mujeres trans no nos reconocían, nos violentaban, no nos daban oportunidades laborales, ni de salud, ni de vivienda, ni de derechos humanos.

Una protesta por el caso Paola Buenrostro

Getty Images

Pareciera que todo el mundo tiene la autorización de golpearnos y violentarnos. Y eso fue un impacto ante los medios de comunicación.

Entonces fue que empezó toda una lucha de visibilidad.

La Casa de las Muñecas Tiresias

Empezamos a exponer este problema sistemático e institucional en todos los procesos de nuestra vida. Cómo ya hemos normalizado la violencia en nuestras vidas, interiorizándola y llevándola hasta con nuestras propias pares.

Y al mismo tiempo de alzar la voz, empecé a recibir amenazas de muerte por el activismo. Me mandaban coronas florales de muerto, me llamaban para decirme que me iban a matar.

Tuve un atentado en 2017, ingresaron a mi domicilio y ahí mataron a una compañera. Tras esto me negaron la protección como activista y defensora de derechos humanos.

Pero con la insistencia en las denuncias es como hemos logrado que el de Paola Buenrostro fuera reconocido como el primer transfeminicidio de la historia de México.

Un acto de disculpas de la Fiscalía por el caso Paola Buenrostro

FGJCDMX
La Fiscalía de Ciudad de México pidió perdón en 2021 por las omisiones en el caso de Paola Buenrostro.

Es la expresión más violenta que pueda experimentar un ser humano, el transfeminicidio, por la modalidad en cómo nos asesinan.

A partir de entonces fundamos la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es una organización sin fines de lucro que da acompañamiento integral para los procesos de identidad, salud, trabajo, vivienda, derechos humanos. De todas las personas diversas y todas las personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad: personas de la calle, consumidores de sustancias, trabajadores sexuales, personas con VIH y todo el colectivo LGBT.

Brindamos un albergue para que las mujeres vivan un proceso de deconstrucción y construcción y así mismo de reconocimiento de los derechos propios y que se construyan académicamente y profesionalmente para colocarse en la sociedad.

También nos ocupamos de recuperar los cuerpos de las mujeres que mueren en situación de violencia extrema, para darles cristiana sepultura.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

El activismo que hacemos se ha convertido en uno de los más reconocidos del México, pero no solo defendemos a las personas trans, sino que en cualquier causa contra la discriminación ahí va a estar la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es parte de un trabajo de responsabilidad y de reconocimiento y de gestión que inició la noche del 30 de septiembre de 2016, cuando mataron a Paola Buenrostro.

“Es algo que te impacta para toda la vida”

Encontrar tu identidad sexual en un entorno incomprensivo es algo que te impacta para toda la vida.

Cuando no se tiene un acompañamiento ni un reconocimiento de esa identidad, lo que hacemos es salir a buscar el lugar donde nos sintamos seguras, donde sí nos identifiquemos.

Es a lo que nos orillan a hacer a las mujeres trans. Salimos de nuestras casas a temprana edad, a vivir la violencia que acabo de relatar.

Lanzan a estas mujeres a la discriminación, a que su expectativa de vida sea de 35 años por la violencia extrema a la que se enfrentan en espacios donde sí son aceptadas como el trabajo sexual, las drogas y los lugares en donde no hay ninguna formación.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

¿Qué le diría a un niña que está en este reconocimiento? Que siempre luche por lo que quiera ser. Que no haga lo que los demás quieran que haga. Todo lo que se imagine puede ser real.

Si tú lo imaginas y lo quieres en tu vida, va a ser real. No va a haber ningún impedimento para que tú lo logres.

Sí creo que en México hemos avanzado mucho.

Antes la causa no era visible, no era acompañado de las autoridades, y la comunidad trans estaba más segregada dentro de la comunidad LGBT.

Tras el asesinato de Paola Buerostro fue visible ante la sociedad, los medios, las autoridades y la academia y se ha logrado ante todos los contextos que se requiere inclusión de todas las comunidades poco favorecidas.

A quienes aún sienten transfobia les digo: dense la oportunidad de conocer a personas trans, a personas diversas.

Mujeres trans de Ciudad de México

CAMTAC

Dense cuenta que somos personas que reímos, que cagamos, que sentimos y que lloramos, igual que ellos.

No sean generadores de violencia a través de la ignorancia. Y prepárense para enfrentarse a sí mismos, deconstruyan sus prejuicios, para que no generen ni discursos ni violencia ni odio.

Yo soy una mujer libre y como otras trans, nos podemos desenvolver en cualquier ámbito social, económico, laboral, comunitario, sin problemas.

Y como siempre digo: nuestra mayor venganza es que seamos felices.


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