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Cuartoscuro

'Ya paren todo, ya me entregué': Sedena da detalles del operativo fallido contra Ovidio Guzmán

Autoridades federales difundieron un video en el que se observa al hijo del Chapo hablando por un teléfono y se le escucha decir: “Ya paren todo oiga, ya paren todo, ya me entregué, ya paren todo por favor… Dígales que ya se retiren, ya tranquilos, ya ni modo”.
Cuartoscuro
30 de octubre, 2019
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El titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval, dio a conocer paso por paso, lo que ocurrió en Culiacán, Sinaloa, el 17 de octubre, desde el origen de la petición de extradición de Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante Joaquín el Chapo Guzmán, por una Corte de Estados Unidos, así como el reporte de agresiones, hasta el fin del operativo.

Sin embargo, la cronología presentada solo fue una narración de hechos, pero se omitió explicar quién ordenó el operativo, tampoco se dieron a conocer los detalles sobre la liberación de Ovidio, cómo y en qué circunstancias se dieron. No se aceptaron preguntas de la presa hasta mañana.

En un video difundido por el gobierno federal sobre la detención de Ovidio se puede observar al hijo del Chapo hablando por un teléfono celular y se le escucha decir: “Ya paren todo oiga, ya paren todo, ya me entregué, ya paren todo por favor… Dígales que ya se retiren, ya tranquilos, ya ni modo”.

El video donde se observa la detención de Ovidio Guzmán y su llamada para pedir que frenaran los enfrentamientos con las autoridades es previo a su liberación, la cual se dio luego de los hechos de violencia por parte de grupos criminales en la capital sinaloense.

En la presentación se exhibieron también videos de los enfrentamientos entre soldados y los presuntos delincuentes.

Lee más: Operativo fallido y precipitado, el ‘error’ que dejó libre al hijo del Chapo

Esta es la cronología que presentaron las autoridades:

2018

2 de abril: La Corte Federal de Columbia, Estados Unidos, gira una orden de aprehensión en contra de Ovidio Guzmán por los delitos de asociación delictuosa para distribuir drogas.

2019

13 de septiembre: Gobierno de Estados Unidos solicita a México la orden de detención provisional del hijo del Chapo con fines de extradición.

25 de septiembre: La FGR solicitó al Centro de Justicia Penal Federal de Almoloya de Juárez, Estado de México la orden de detención provisional.

El Juez emite la orden de detención provisional con fines de extradición contra Ovidio Guzmán López.

4 de octubre: Se recibe denuncia en el MP.

7 de octubre: Inicio de la carpeta de investigación en contra de Ovidio Guzmán López y otros, por los delitos de delincuencia organizada con la finalidad de acopio y tráfico de armas, secuestro, cobro de piso y delitos contra la salud.

8 de octubre: La Guardia Nacional emite oficio de solicitud de colaboración a la Sedena.

9 de octubre: Salen fuerzas de la Ciudad de México rumbo a Culiacán, donde se ubicó al presunto criminal.

17 de octubre (día del operativo-hora del Pacífico)

13:00 horas: Inician los trabajos de preparación previos a la operación en el sitio, por parte de la Sedena, en Culiacán.

14:00 horas: Se confirma la presencia de Ovidio Guzmán en un inmueble de Culiacán. Se alista operativo.

14:30 horas: Se rodea inmueble donde se encontraba el hijo del Chapo con su familia.

14:50 horas: Se reportan las primeras agresiones a balazos contra elementos de las fuerzas armadas.

15:15 horas: Ovidio sale al estacionamiento del inmueble, donde elementos de las Fuerzas Armadas lo detienen y lo invitan a persuadir a sus hermanos para detener las agresiones debido a que se estaba poniendo en riesgo a la población.

15:17 horas Se invita a Guzmán López a persuadir a sus hermanos de cesar la actitud hostil de los integrantes de sus grupo criminal. Guzmán López estableció comunicación directa con Archivaldo Iván Guzmán Salazar, invitándolo a ordenar el cese de las agresiones, respondiendo con una negativa y lanzando amenazas en contra del personal militar y sus familias.

En el video que muestra el gobierno federal se ve a elementos armados en una entrada del domicilio y posteriormente los inquilinos, entre ellos el hijo del Chapo, salen del inmueble y se entregan a autoridades.

“Ya no quiero que haya desmadres, por favor”, pidió Ovidió por teléfono, de acuerdo con las imágenes mostradas.

¡Hey, Ovidio, páralos! –pide un elemento de las fuerzas de seguridad.

–¡Ya no quiero que haya desmadre por favor! –grita Ovidio por teléfono.

“Ya paren todo”, insistió en reiteradas ocasiones.

Durante la llamada telefónica con su hermano Iván Archivaldo, él le dice que no van a parar las acciones.

15:25 horas Se reportan los primeros militares heridos por las agresiones de grupos armados.

15:45 horas El Gabinete de Seguridad informa al presidente Andrés Manuel López Obrador de las actividades desplegadas por la delincuencia en Culiacán.

15:47 horas Reunión de vehículos con personas armadas en actitud hostil a proximidad del objetivo.

15:50 horas Se reportan vehículos con gente armada rodeando las Bases Militares de Operaciones en Cosalá, Costa Rica y El Fuerte, Sinaloa, así como retención de personal Militar de dichas Bases.

16:45 horas En el aeropuerto de la Ciudad de México el presidente López Obrador menciona que el Gabinete de Seguridad es quien informará de los hechos.

17:04 horas Se registran agresiones a instalaciones y fuerzas militares en distintos puntos de la ciudad, así como despojo y quema de vehículos civiles. Fuga masiva de reos del penal de Aguaruto, Sinaloa.

18:49 horas El gabinete de Seguridad Federal ordena dar fin a la operación.

19:30 horas Inicia el mensaje emitido por el gabinete de seguridad sobre los hechos.

Lee: No sabía del operativo para detener al hijo del Chapo por ‘procedimientos’: AMLO

Agresiones 

El titular de la Sedena también habló sobre las agresiones que sufrieron los militares en lugares en donde había población.

Primera agresión: Ocurre en la casa que se tenía en vigilancia, en la que estaba Ovidio.

Segunda agresión: Fue a personal de la Guardia Nacional que estaba en la zona del estadio. En el lugar murió un elementos de la Guardia y ocho elementos de tropa resultaron heridos.

Tercera agresión: A personal del 110 batallón.

Cuarta agresión: Fue al comandante de la Novena Zona Militar que iba hacia la caseta de Costa Rica, donde se había retenido a personal militar. Hubo un elemento de la Guardia herido.

Quinta agresión: Ocurrió en Unidad Habitacional Militar de Culiacán. Lanzaron granadas que no explotaron. En la zona estaba un elemento de tropa con niños que estaban jugando. Un sargento fue retenido dejando ir a los niños.

Sexta agresión: Contra un comandante que se dirigía a apoyar a la Unidad Habitacional.

Séptima agresión: En la zona de Jesús María contra un vehículo oficial que criminales detuvieron en un retén.

Octava agresión: Ocurrió en la caseta de Costa Rica, en donde militares que custodiaban autotanques fueron detenidos por criminales que los retuvieron.

Novena agresión: Retención de militares en la “Estación Sufragio”, los elementos se desplegaban a la casa en la que estaba Ovidio Guzmán.

Décima agresión: En El Fuerte, donde hay una pista; se evitó que elementos se dirigieran a la zona en donde estaba la casa del hijo del Chapo.

 

“Tropiezo táctico no invalida estrategia”

Los elementos que participaron en el operativo para capturar a Ovidio Guzmán López en Culiacán habrían vencido a los comandos armados que los atacaron en un “combate de exterminio”, pero con el costo de un derramamiento de sangre, aseguró Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública.

Por esa razón, insistió Durazo, el gabinete de seguridad tomó la decisión de retirarse del inmueble en el que se encontraba Ovidio Guzmán.

“En materia de seguridad no es prudente sobredimensionar las circunstancias, un tropiezo táctico no invalida la estrategia de seguridad en su totalidad”, sostuvo.

Te puede interesar: No se detuvo ni se trasladó al hijo del Chapo, se abortó la misión porque fuimos rebasados: Durazo

Durazo dijo que ninguna organización delictiva supera al Estado mexicano en términos bélicos, pero que en la decisión privó una razón que, de tan profunda, se convierte en razón de Estado para “salvaguardar la vida de aquellos que no figuraban entre los beligerantes”, sostuvo.

Reconoció que los elementos “se adelantaron” en la aplicación del operativo, pues rodearon la casa en la que se encontraba Ovidio Guzmán sin contar con la orden de cateo correspondiente.

Durazo habló también sobre las críticas a la estrategia de gobiernos anteriores de enfrentar al narcotráfico con la fuerza y no atender las causas que le dieron origen.

“A pesar de los cientos de miles de vidas perdidas (…) en la guerra contra las drogas, los anteriores gobiernos no lograron resolver el problema”.

Aquí puedes ver la presentación completa:

 

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Ignaz Semmelweis: el doctor al que metieron al manicomio por insistir en la importancia de lavarse las manos

En un mundo que no entendía los gérmenes, Ignaz Semmelweis descubrió y probó que lavarse las manos era clave para evitar la propagación de infecciones. Pero su historia no tuvo un final feliz.
22 de septiembre, 2019
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Hospital St. George

Getty Images
Los hospitales, como el St. Georges en Londres, eran conocidos como “casas de la muerte”.

En 1825, al visitar a un paciente que se estaba recuperando de una fractura compuesta en el Hospital St. George en Londres, sus familiares lo vieron acostado sobre sábanas húmedas y sucias llenas de hongos y gusanos.

Ni el afligido hombre, ni los demás que compartían el espacio, se habían quejado de las condiciones pues creían que eran normales.

Quienes tenían la mala suerte de ser admitidos en ese u otros hospitales de la época estaban acostumbrados a los horrores que residían en su interior.

Todo apestaba a orina, vómito y otros fluidos corporales. El olor era tan ofensivo que el personal a veces caminaba con pañuelos apretados contra sus narices.

Los doctores, por su lado, tampoco olían exactamente a rosas. Raramente se lavaban las manos o los instrumentos y dejaban a su paso lo que la profesión alegremente denominaba “el tradicional hedor hospitalario”.

Los quirófanos eran tan sucios como los cirujanos que trabajaban en ellos. En medio de la habitación solía haber una mesa de madera manchada con reveladoras huellas de carnicerías pasadas, mientras que el piso estaba cubierto de aserrín para absorber la sangre.

La clínica de Gross de Thomas Eakins

Getty Images
“La clínica de Gross” fue pintada por el estadounidense Thomas Eakins en 1875, justo antes de la adopción de un entorno quirúrgico higiénico y por eso a menudo se contrasta con la pintura posterior de Eakins, “La clínica de Agnew” (1889), que verás más abajo en este artículo.

Y había alguien a quien le pagaban más que a los doctores: el “cazador de insectos en jefe”. Su trabajo era librar los colchones de piojos.

Los hospitales eran caldo de cultivo para la infección y solo proporcionaban las instalaciones más primitivas para los enfermos y moribundos, muchos de los cuales estaban alojados en salas con poca ventilación o acceso a agua limpia.

En este período, era más seguro ser tratado en casa que en un hospital, donde las tasas de mortalidad eran de tres a cinco veces más altas que en entornos domésticos.

Como resultado de esta miseria, se les conocía como “Casas de la Muerte”.

Por favor lavarse las manos

En medio de ese mundo que aún no entendía los gérmenes, un hombre intentó aplicar la ciencia para detener la propagación de la infección.

Se llamaba Ignaz Semmelweis.

Retrato de Ignaz Semmelweis

Getty Images
Aunque Semmelweis llegó a la conclusión de que había que lavarse las manos entre procedimientos mediante un vigoroso análisis estadístico, no podía explicar por qué: aún no se sabía nada de los gérmenes.

Este médico húngaro trató de implementar un sistema de lavado de manos en Viena en la década de 1840 para reducir las tasas de mortalidad en las salas de maternidad.

Fue un intento digno pero fallido, pues fue demonizado por sus colegas.

Pero eventualmente llegó a ser conocido como el “Salvador de las Madres”.

Un mundo sin gérmenes

Semmelweis trabajaba en el Hospital General de Viena, donde la muerte acechaba las salas tan regularmente como en cualquier otro hospital de la época.

Antes del triunfo de la teoría de los gérmenes en la segunda mitad del siglo XIX, la idea de que las condiciones miserables en los hospitales desempeñaran un papel en la propagación de la infección no pasaba por la mente de muchos médicos.

"La clínica de Agnew" (1889), de Thomas Eakins

Getty Images
Este óleo es “La clínica de Agnew” (1889), de Thomas Eakins, al que se compara con “La clínica de Gross” pues que representa un quirófano más limpio, con los participantes en “batas blancas”. Más tarde, las medidas higiénicas serían más drásticas, hasta llegar a los quirófanos que conocemos.

“Es difícil para nosotros imaginarnos un mundo en el que no se sabía de la existencia de gérmenes ni bacterias”, le dijo a la BBC el doctor Barron H. Lerner, miembro de la facultad de la Escuela Langone de Medicina de la Universidad de Nueva York.

“A mediados del siglo XIX, se pensaba que las enfermedades se propagaban a través de nubes de un vapor venenoso en el que estaban suspendidas partículas de materia en descomposición llamadas ‘miasmas'”.

Desequilibrio notable

Entre las personas con mayor riesgo estaban las mujeres embarazadas, particularmente las que sufrían desgarros vaginales durante el parto, pues las heridas abiertas eran el hábitat ideal para las bacterias que médicos y cirujanos llevaban de un lado al otro.

Lo primero que notó Semmelweis fue una discrepancia interesante entre las dos salas obstétricas del Hospital General de Viena, cuyas instalaciones eran idénticas.

Una era atendida por estudiantes de medicina masculinos, mientras que la otra estaba bajo el cuidado de parteras.

La que era supervisada por los estudiantes de medicina tenía una tasa de mortalidad 3 veces más alta.

Tabla de mortalidad por fiebre puerperal

Power.corrupts
La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de parteras.

Quienes se habían dado cuenta de ese desequilibrio antes lo habían atribuido a que los estudiantes varones eran más rudos en su trato con las pacientes que las comadronas. Creían que eso comprometía la vitalidad de las madres, haciéndolas más susceptibles a desarrollar fiebre puerperal.

Pero a Semmelweis no le convencía esa explicación.

El sacerdote o la mugre

Poco después, notó que cada vez que una mujer moría de fiebre infantil, un sacerdote caminaba lentamente por la sala de médicos con un asistente tocando una campana.

Semmelweis teorizó que ese ritual aterrorizaba tanto a las mujeres después dar a luz que desarrollaban una fiebre, se enfermaban y morían.

Después de hacer que el sacerdote tomara otra ruta y abandonara la campana comprobó, frustrado, que el cambio no había surtido ningún efecto.

Streptococcus pyogenes

Getty Images
Esta era la causa que en ese tiempo no se podía ver: la bacteria Streptococcus pyogenes.

Pero en 1847, la muerte de uno de sus colegas por una cortada que se había hecho en la mano durante un examen post mortem, le dio la pista que necesitaba.

Una leve herida fatal

Cortar cadáveres abiertos en ese tiempo conllevaba riesgos físicos, muchos de ellos fatales.

Cualquier herida o grieta en la piel producida por el cuchillo de disección, por leve que fuera, era un peligro siempre presente, incluso para anatomistas más experimentados, como el tío de Charles Darwin -con el mismo nombre-, quien murió en 1778 después de sufrir una lesión mientras diseccionaba a un niño.

Mientras su colega moría, Semmelweis notó que sus síntomas eran muy similares a los de mujeres con fiebre puerperal.

¿Sería que los médicos que trabajan en la sala de disección llevaban “partículas cadavéricas” con ellos a las salas de parto?

El toque, placa de las "Nouvelles dmonstrations d'accouchements"

Getty Images
Los doctores, como se ve en esta placa de las “Nouvelles dmonstrations d’accouchements” (Nuevas demostraciones de partos) de Jacques-Pierre Maygrier, 1840, usaban sus manos al atender partos, pero no solían estar tan limpias como en esta ilustración.

Después de todo, Semmelweis observó que muchos de los jóvenes iban directamente de una autopsia a atender a las mujeres.

Como no se usaban guantes ni otras formas de equipo de protección en la sala de disección, no era raro ver estudiantes de medicina con trozos de carne, tripas o cerebros pegados a su ropa después de que las clases hubieran terminado.

La gran diferencia entre la sala de médicos y la de parteras era que los médicos realizaban autopsias y las parteras, no.

¿Sería esa la clave del misterio que atormentaba a Semmelweis?

Tumbar y reconstruir

Antes de que se entendiera bien el asunto de los gérmenes, era difícil encontrar un remedio para la miseria en los hospitales.

El obstetra James Y. Simpson (1811-1870) -el primer médico en demostrar las propiedades anestésicas del cloroformo en humanos- argumentó que si la contaminación cruzada no se podía controlar, los hospitales debían ser periódicamente destruidos y construidos de nuevo.

El cirujano John Eric Erichsen (1818-1896) -autor de “Ciencia y el arte de la cirugía”- concordaba: “Una vez que un hospital se ha vuelto incurablemente afectado por la piemia (infección purulenta), es tan imposible desinfectarlo por cualquier medio higiénico conocido, como lo es desinfectar un viejo queso de los gusanos que se han generado en él”, escribió.

Sólo había una solución: la demolición.

Semmelweiss no creía que fueran necesarias medidas tan drásticas.

Sólo tres palabras

Tras concluir que la fiebre puerperal era causada por “material infeccioso” de un cadáver, instaló una cuenca llena de solución de cal clorada en el hospital y comenzó a salvar vidas de mujeres con tres simples palabras: “lávese las manos”.

Ignaz Semmelweis se lava las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Getty Images
Ignaz Semmelweis lavándose las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Aquellos que pasaban de la sala de disección a las salas de parto tenían que usar la solución antiséptica antes de atender a pacientes vivos.

Las tasas de mortalidad en la sala de estudiantes de medicina se desplomó.

En abril de 1847, la tasa era del 18,3%.

Inmediatamente después de un mes de instituido el lavado de manos, las tasas cayeron a poco más del 2% en mayo.

Triunfo sin laureles

El experimento continuó; los resultados de Semmelweis eran muy convincentes, sus datos habían sido recogidos minuciosamente y sin duda salvó la vida de muchas madres durante ese periodo.

No obstante, no pudo convencer a todos sus colegas de los méritos de su teoría de que los incidentes de la fiebre puerperal se relacionaban con la contaminación causada por el contacto con cuerpos muertos.

Aquellos dispuestos a poner a prueba sus métodos a menudo lo hacían de manera inadecuada, produciendo resultados desalentadores.

Tabla de mortalidad antes y después del lavado de manos

Power.corrupts
Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847.

“Hay que tener en cuenta que lo que él estaba diciendo -aunque no en esas palabras- era que los estudiantes de medicina estaban matando mujeres, y eso era muy difícil de aceptar”, explica Lerner.

Tras varias críticas negativas de un libro que publicó sobre el tema, Semmelweis arremetió contra sus críticos y llegó a tildar a médicos que no se lavaban las manos de “Asesinos”.

El futuro que no llegó a ver

Cuando no le renovaron el contrato en el hospital de Viena, Semmelweis retornó a su nativa Hungría, donde asumió el cargo de médico honorario relativamente insignificante y no remunerado de la sala obstétrica del pequeño Hospital Szent Rókus de Pest.

Tanto ahí como en la clínica de maternidad de la Universidad de Pest, donde más tarde fue profesor, la propagación de la fiebre puerperal era rampante hasta que él virtualmente la eliminó.

Pero ni las críticas contra su teoría ni la ira de Semmelweis hacia la falta de voluntad de sus colegas para adoptar sus métodos de lavado de manos se apaciguaron.

Placa en honor a Ignaz Semmelweis

Getty Images
Sólo después de su muerte logró el reconocimiento que le habría alegrado la vida.

Su comportamiento se volvió errático. A partir de 1861 empezó a sufrir de depresión severa y se volvió distraído. Y cada conversación lo llevaba al tema de la fiebre puerperal.

Un día, un colega lo llevó al Asilo de locos vienés con el pretexto de visitar un nuevo instituto médico.

Cuando Semmelweis se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y trató de irse, los guardas lo golpearon severamente, le pusieron una camisa de fuerza y ​​lo confinaron a una celda oscura.

Dos semanas después, Semmelweis murió porque una herida en su mano derecha se había vuelto gangrenosa. Tenía 47 años.

Lamentablemente, nunca jugó ningún papel en los cambios que, en última instancia, serían llevados a cabo por pioneros anteriores a la teoría de los gérmenes, como Louis Pasteur, Joseph Lister y Robert Koch.

Una de las últimas cosas que Semmelweis escribió son inquietantes:

Cuando reviso el pasado, sólo puedo disipar la tristeza que me invade imaginando ese futuro feliz en el que la infección será desterrada La convicción de que ese momento tiene que llega inevitablemente tarde o temprano alegrará mi hora de morir“.

~ Si quieres escuchar más sobre Ignaz Semmelweiss y la importancia de lavarse las manos haz clic aquí.


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