Auditoría presenta su cifra más baja de denuncias por mal manejo de recursos en los últimos 9 años
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Cuartoscuro Archivo

Auditoría presenta su cifra más baja de denuncias por mal manejo de recursos en los últimos 9 años

Según la Auditoría Superior cambió de estrategia para presentar denuncias más sólidas y con mayor probabilidad de éxito.
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29 de noviembre, 2019
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha presentado en 2019 un total de nueve denuncias ante la Fiscalía General de la República (FGR), por malos manejos de recursos federales. Se trata de la cifra más baja de denuncias de los últimos nueve años y una caída de más del 80% en comparación con las que se habían presentado el año pasado.

Datos oficiales de la propia institución muestran que las denuncias presentadas este año se han concentrado solo en dependencias federales sin que se haya promovido, a diferencia de años anteriores, ninguna acción contra gobiernos estatales o municipales. La última denuncia, que data de julio pasado, estuvo relacionada con la adquisición de plantas de fertilizantes en Pemex.

La reducción de las denuncias coincide con el avance de la nueva administración del auditor David Rogelio Colmenares Páramo, quien según funcionarios de la dependencia ha preferido implementar una política que privilegie la recuperación de recursos antes de acciones penales, y que en su caso – de ser necesario- se dé paso a acciones legales más sólidas.

El descenso en las acciones promovidas ante la FGR por parte de la ASF en 2019 es significativo. La información oficial muestra que tan solo de enero a octubre de 2018, la Auditoría había promovido ya 55 denuncias penales, seis veces más que las que van este año.

En el mismo lapso de 2017 las denuncias presentadas ascendían a 78 en total, mientras que en 2016 sumaban 58. Y en los tres años anteriores el contraste es todavía mayor: en los primeros nueve meses de 2015 sumaban 121 las denuncias presentadas, mientras que en 2014 ascendían a 136, y en 2013 a 114 en ese mismo lapso.

Para encontrar un año con menos denuncias penales hay que remontarse hasta 2010 cuando en todo ese año se presentaron únicamente siete denuncias penales en contra de diversas dependencias.

La estadística oficial revela que la ASF acumula 981 denuncias penales presentadas desde el año 2000 a la fecha. Veracruz es el gobierno que registra la mayor cantidad de denuncias por malos manejos, principalmente en la gestión de Javier Duarte. 

A nivel federal la Sagarpa, Sedatu y la desaparecida Sedesol se ubican entre las dependencias más denunciadas, entre otras cosas por el mecanismo de corrupción conocido como “La Estafa Maestra”.

¿Por qué hay menos denuncias?

Funcionarios de la ASF informaron oficialmente a Animal Político desde hace algunos meses que este año habría una reducción en el número de denuncias penales presentadas, como resultado de una nueva política implementada por el auditor Colmenares Páramo. De hecho, hasta mayo pasado no se había presentado ni una denuncia este año.

El objetivo de la estrategia, según lo explicado, es llevar ante el Ministerio Público denuncias sustentadas en dictámenes de auditoría mas completos y profundos, que den paso a investigaciones más solidas y con mayor probabilidad de éxito. Es decir, privilegiar la calidad de los casos en vez de la cantidad.

Lo anterior parte de la pobre eficacia que han tenido históricamente las denuncias de la ASF. Más del 90% de las querellas promovidas no han llegado a alguna sentencia en contra de funcionarios involucrados. De hecho, fue apenas este año cuando las denuncias promovidas desde 2014 en contra del gobierno de Veracruz dieron paso al arranque de juicios penales.

Con motivo de la presentación del segundo informe de auditorías de la Cuenta Pública 2018, el pasado 31 de octubre, el auditor Colmenares hizo hincapié en que la presentación de denuncias penales tomaría mas tiempo, pues era necesario agotar primero otras vías para esclarecer los montos observados de recursos posiblemente mal manejados.

“Estamos en un proceso de notificación para el efecto de que los entes auditados realicen las aclaraciones correspondientes y posteriormente se realice el proceso de seguimiento para el efecto de determinar si las observaciones se solventan o no. Esto evidentemente trae como consecuencia el que las denuncias penales se presenten principalmente una vez que se agoten estas etapas”, dijo Colmenares ante el Congreso.

En la ASF explicaron que la Ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas de la Federación, en su artículo 89 fracción XXIII, señala que la presentación de denuncias penales debe realizarse “preferentemente” una vez que concluya el proceso administrativo, es decir, la oportunidad de solventar las anomalías registradas.

¿Qué sí se ha denunciado?

Entre las nueve denuncias penales que la ASF registra este año destaca la última presentada en julio pasado y relacionada con la compra de la planta de fertilizantes de Agro Nitrogenados, que habría dejado pérdidas a Pemex por más de 460 millones de dólares. En la denuncia se agrupan los resultados de cinco auditorías correspondientes a las cuentas públicas 2015 a 2018.

Cabe señalar que la adquisición de dicha planta es investigada por la FGR desde hace más de dos años por sospechas de sobornos, lo que ya derivó en una orden de aprehensión en contra del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya. Ello significa que si la denuncia de la ASF prospera, podría derivar en un segundo juicio relacionado con esta operación en la empresa petrolera.

Otras denuncias importantes este año fueron cuatro presentadas en contra de Sedesol, Sagarpa, Conagua, y Sedatu por convenios firmados con diversas universidades públicas a cambio de servicios que se realizaron de forma incompleta, o que de plano se simularon. Se trata de un esquema similar al de La Estafa Maestra.

Las denuncias restantes están relacionadas con tres auditorías practicadas a Sagarpa correspondientes a la Cuenta Pública 2017, y una más a Diconsa también de la Cuenta Pública 2017.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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