Comunidades en México demuestran que es posible vivir del bosque y, al mismo tiempo, conservarlo
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Cortesía Conafor

Comunidades en México demuestran que es posible vivir del bosque y, al mismo tiempo, conservarlo

Poco más de dos mil ejidos y comunidades se han organizado para realizar un manejo forestal sustentable de los bosques que están en su territorio.
Cortesía Conafor
Por Thelma Gómez Durán / Mongabay Latam
22 de noviembre, 2019
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Laura Jiménez, Manuel Herrera y Elías Santiago crecieron en una tierra en donde los mayores contaban con orgullo cómo lograron recuperar sus bosques. Oyeron a esas voces narrar cómo el gobierno mexicano permitió durante dos décadas que compañías privadas aprovecharan la madera de los árboles que crecían en los territorios de las comunidades. Esto llegó a su fin, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, cuando los pueblos sacaron a las empresas y demostraron que podían hacerse cargo del manejo de sus recursos forestales.

Treinta y cinco años más tarde, Laura Jiménez es bióloga y maestra en desarrollo rural, Manuel Herrera es ingeniero forestal y Elías Santiago es maestro en ciencias forestales. Los tres, en diferentes comunidades, forman parte de una generación que continúa con el trabajo que empezaron sus abuelos, sus padres, sus vecinos: vivir del bosque y, al mismo tiempo, conservarlo.

México es pionero en lo que hoy ya se conoce como manejo forestal comunitario, un modelo que se basa en la organización de las comunidades para aprovechar, en forma sustentable, los bosques o selvas que están dentro de su territorio.

El investigador Salvador Anta, miembro del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), explica que este modelo se pudo desarrollar en el país gracias a que entre el 60 y 70 % de los bosques y selvas se encuentran dentro de territorios que pertenecen a ejidos o comunidades, en donde la propiedad de la tierra es comunitaria.

Sembrar un modelo de conservación

Durante los años cincuenta, sesenta y buena parte de los setenta, el gobierno mexicano entregó a compañías privadas las concesiones para la explotación forestal de esos lugares.

En la Sierra Juárez de Oaxaca, por ejemplo, una empresa fabricante de papel tenía la concesión para talar y aprovechar los bosques, comenta el maestro Elías Santiago, director técnico forestal de la comunidad Ixtlán de Juárez.

“La gente de las comunidades —explica Elías Santiago— se organizó. Hicieron alianzas y lograron —a través de amparos— que ya no se entregaran más concesiones a esas empresas”. Las comunidades también se organizaron para que les dieran el reconocimiento oficial de su territorio y se les dejara manejar el bosque.

“El gobierno les dijo toma los bosques y hazlo, creyendo que las comunidades no tenían la capacidad para hacerlo”, destaca la bióloga y maestra en desarrollo rural Laura Jiménez, de la Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecos-Chinantecos de la Sierra Juárez (UZACHI).

Las comunidades utilizaron sus métodos tradicionales de organización, como tomar decisiones en asambleas comunitarias, y se asesoraron con especialistas en manejo forestal.

Este proceso que comenzó a principios de los años ochenta en comunidades de Oaxaca, Durango y Quintana Roo se extendió a otros estados como Michoacán, Guerrero, Chihuahua, Veracruz, Campeche, Puebla, Jalisco, Estado de México y otros más. Incluso, durante un tiempo se implementaron programas gubernamentales —como el Proyecto de Conservación y Manejo Sustentable de Recursos Forestales (Procymaf)— para apoyar a las comunidades en su organización forestal.

En el México actual, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), hay 2362 ejidos y comunidades que realizan manejo forestal en sus territorios y que representan alrededor de 18.2 millones de hectáreas, de las cuales el 73 % son bosque, 21 % selva y 6 % zonas de matorrales.

No todas estas comunidades tienen el mismo nivel de desarrollo en términos de manejo forestal, destaca el investigador Salvador Anta. La mayoría aún se encuentra en un nivel básico; es decir tienen un Programa de Manejo Forestal —estudio que les permite conocer cuántos árboles pueden cortar para garantizar la sustentabilidad de su bosque—, pero no cuentan con sus propios aserraderos, por lo que venden su madera en rollo y, por lo tanto, sus ganancias son menores.

Algunos ejidos y comunidades han logrado tener un desarrollo importante, a tal grado que han formado empresas forestales y se han transformado en importantes fuentes de empleo en su región. Además de que impulsan la formación de sus propios especialistas e implementan proyectos —con biólogos y otros científicos— para monitorear la presencia de especies de flora y fauna que hay en su territorio y garantizar su conservación.

Cultivar el bosque

La Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecos-Chinantecos de la Sierra Juárez (UZACHI) surgió el 14 de septiembre de 1989. Es una organización integrada por cuatro comunidades de Oaxaca, tres zapotecas (Capulálpam de Méndez, Santiago Xiacuí y la Trinidad Ixtlán) y una chinanteca (Santiago Comaltepec).

Las cuatro comunidades manejan 24 mil hectáreas de selva baja, bosques de pino-encino y uno de los bosques mesófilos de montaña más conservados del país. Cada comunidad tiene su propio aserradero y produce al año un promedio de 9 mil metros cúbicos de pino y 8 mil metros cúbicos de encino.

“Cortar un árbol no siempre significa hacer un daño, siempre y cuando se haga de una forma responsable”, dice la bióloga Laura Jiménez, quien explica que a partir del Programa de Manejo Forestal se determina la zona en donde se va a extraer la madera, un área en donde también se trabaja para poder propiciar una regeneración natural del bosque.

Con los mismos recursos del manejo forestal han logrado tener un centro ecoturístico, carpinterías comunitarias y una empresa que fabrica muebles. Además, tienen unidades de manejo ambiental para la conservación de orquídeas y venado cola blanca (Odocoileus virginianus).

En Oaxaca también se encuentra la comunidad de Ixtlán de Juárez, que desde el 22 de agosto de 1986 logró que el Estado mexicano le reconociera 19 310 hectáreas de uso comunal, en las que es posible encontrar ecosistemas como bosque tropical y bosque templado.

“La comunidad pudo haber optado por desarrollar la agricultura, pero eligió hacer un aprovechamiento adecuado del bosque”, dice Elías Santiago, maestro en ciencias forestales y director técnico forestal de la comunidad de Ixtlán de Juárez.

El promedio anual de madera que producen en esta comunidad es de 18 mil metros cúbicos de pino y ocho mil de encino. “La selección de la madera que se corta —dice Santiago— se hace a partir del análisis de información estadística, ecológica y también tomando en cuenta aspectos sociales. Tenemos que conocer el comportamiento del bosque, de esa forma es que podemos aprovecharlo y conservarlo”.

Como ejemplo algunos datos: en 2016 esta comunidad aprovechó 500 árboles en una hectárea. En esa misma superficie, para 2019, ya se tenían mil árboles.

Y como en el caso de la UZACHI, la comunidad de Ixtlán de Juárez el manejo forestal comunitario les ha permitido ser una fuente de trabajo en la región (212 empleos directos), así como diversificar sus actividades y contar con un centro ecoturístico, una fábrica de muebles, una purificadora de agua y una “beneficiadora forestal” que otorga créditos a proyectos productivos.

En los bosques de esta comunidad también hay programas de monitoreo de la flora y la fauna. “Estamos en una región de alta biodiversidad, así que tenemos que cuidar esos recursos”, remarca Santiago.

Tres comunidades de la UZACHI e Ixtlán de Juárez tienen el certificado internacional Forest Stewardship Council (FSC), organización con sede en Bonn, Alemania, que valida si se está realizando un manejo adecuado del bosque, que proporcione beneficios ambientales, sociales y económicos. En el país, de acuerdo con datos de Conafor, un millón 300 mil hectáreas en el país ya cuentan con un certificado de la FSC.

El manejo forestal comunitario “es la manera probada de conservar biodiversidad y bosques con la gente, es una conservación que no es excluyente”, destaca la doctora en antropología Leticia Merino, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Su afirmación se respalda por varios estudios que ella y otros investigadores —como David Bray, Salvador Anta y otros más— han realizado.

Por ejemplo, Eric Van Vleet, investigador de la Universidad Internacional de Florida, publicó en 2013 los resultados de un estudio sobre las comunidades que tienen un manejo forestal comunitario en la Sierra Norte de Oaxaca, en el que señala que ante el panorama del cambio climático y la extinción de especies, la conservación es más necesaria que nunca, por lo que se le debería dar más apoyo a “las comunidades que conservan la biodiversidad, almacenan carbono y realizan un manejo equilibrado de los bosques que no significa deforestación”.

Contra viento y marea

Las comunidades que apuestan al manejo forestal comunitario no solo ponen a prueba la fortaleza de su organización comunitaria. También tienen que escalar una pendiente llena de obstáculos. La doctora Merino menciona algunos de ellos: se enfrentan a una normatividad excesiva; por ejemplo, “les piden estudios que las comunidades deben financiar y que luego no les sirven de nada”; y a un sistema fiscal que “no toma en cuenta el carácter social de las empresas comunitarias ni su beneficio ecológico”.

Elías Santiago, director técnico forestal de la comunidad de Ixtlán de Juárez, explica que se les trata como si fueran una empresa privada y no comunitaria, “en donde además de generar empleos, se conserva el bosque”.

Algo que caracteriza a muchas empresas forestales comunitarias —explica el investigador Salvador Anta— es que su objetivo no es el lucro, sino obtener beneficios para el ejido o la comunidad. Buena parte de los ingresos se destinan a obras de beneficio social como escuelas, casas de salud, mejora de caminos y a realizar buenas prácticas en el manejo del bosque. Sin embargo, esto no se toma en cuenta cuando tienen que pagar impuestos.

Manuel Herrera, director técnico forestal de UZACHI, menciona que además de los obstáculos administrativos y fiscales que enfrentan están los ambientales que han ido en aumento. “Hay alteraciones de los períodos de lluvia y también tenemos nuevas plagas, como los insectos defoliadores —que se alimentan del follaje de los árboles— y que antes solo se distribuían en las partes bajas; ahora ya están presentes en las zonas altas”.

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Las empresas comunitarias forestales también tienen que enfrentar el impacto que tiene el tráfico ilegal de madera en el precio que se establece en el mercado. “Es mucho más barata una madera ilegal, que aquella que debe cumplir con muchos requisitos para estar certificada”, resalta Merino, quien también menciona que en los últimos años se ha incrementado la importación de madera.

El crimen organizado se ha instalado como un desafío más para las comunidades forestales, sobre todo en estados como Guerrero, Chihuahua, Michoacán, Durango y Tamaulipas, donde los grupos que controlan el tráfico de drogas también manejan el tráfico ilegal de madera y extorsionan a las comunidades.

Además, en los últimos años, las comunidades se han ido enterando, poco a poco, que buena parte de sus territorios se ha concesionado a empresas mineras. La doctora Merino señala que 33 % del territorio montañoso forestal se concesionó a la minería.

Planes con poco presupuesto

Con los sexenios de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, las comunidades que realizan manejo forestal comunitario también enfrentaron en forma constante la disminución de apoyos gubernamentales. En el gobierno de Andrés Manuel López Obrador quien está al frente de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) es Jorge Castaños Martínez, ingeniero agrónomo, especialista en bosques y quien en el pasado dirigió proyectos de apoyo a comunidades forestales, como el Procymaf.

Para el actual sexenio, “la intención es encontrar mejores mecanismos para incorporar mayor superficie al manejo forestal. Estamos fortaleciendo el concepto y retomando la experiencia de otros años”, asegura el ingeniero Julio César Bueno Talamantes, titular de la Unidad de Educación y Desarrollo Tecnológico de la Conafor.

Entre las metas que se ha puesto la Conafor está el aumentar el número de hectáreas que cuentan con una certificación nacional (750 mil hectáreas en la actualidad) y las de certificación internacional (un millón 300 mil hectáreas).

El gran inconveniente que tiene Conafor para desarrollar sus planes es el presupuesto. En 2019 fue 30.7 % menos de lo que tenía en 2018. En la propuesta de presupuesto para 2020, que podría aprobarse a finales de noviembre, se plantea otorgar al “apoyo para el desarrollo forestal sustentable” 1325 millones 486 mil pesos (alrededor de 68 millones de dólares), casi la misma cantidad que tuvo este año.

Laura Jiménez, Manuel Herrera y Elías Santiago coinciden en que, así como lo hicieron los mayores cuando apostaron por el aprovechamiento sustentable de los bosques, hoy su mejor herramienta para enfrentar los retos que tienen enfrente sigue siendo su organización comunitaria. Y eso es algo que, al igual que el bosque, siembran todos los días.

Lee el artículo original publicado por Mongabay Latam aquí.

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Vacunas COVID: qué pasó con las millones de dosis de AstraZeneca que México y Argentina prometieron producir

Los presidentes de México y Argentina anunciaron en 2020 que empresas privadas en sus países producirían hasta 250 millones de vacunas de Oxford-AstraZeneca para inocular a la región en el primer semestre de este año, pero aún no se dispone de una sola dosis.
29 de abril, 2021
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Entre 150 y 250 millones. Esa era la cantidad de vacunas de AstraZeneca que supuestamente iban a estar disponibles para combatir el coronavirus en América Latina en el primer semestre de 2021.

Al menos eso es lo que habían anunciado en agosto pasado los presidentes de Argentina y México, tras dar a conocer que empresas privadas en sus países producirían en conjunto la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y la farmacéutica con sede en Reino Unido.

El proyecto, financiado por la fundación del millonario mexicano Carlos Slim, tenía como objetivo producir y distribuir las vacunas en toda América Latina (con excepción de Brasil, que tiene su propio acuerdo).

Sin embargo, llegando a mayo, todavía no está disponible ni una sola dosis de este preciado antiviral.

La ausencia de este elemento clave en la lucha contra el covid-19 se está sintiendo particularmente en Sudamérica, que vive un rápido aumento de casos por la segunda ola de la pandemia.

Uno de los más presionados por la falta de esta vacuna es el mandatario argentino, Alberto Fernández, quien contaba con el antiviral producido por su país y México como la principal arma en su estrategia de vacunación.

A finales de 2020 el gobierno de Fernández firmó con AstraZeneca su primera y más grande compra de vacunas: 22,4 millones de dosis.

Las primeras 2,3 millones de inoculaciones debían estar disponibles en marzo pasado, y otras 4 millones en abril. Sin embargo, hasta el momento el país -que vive un récord de contagios diarios- no recibió una sola dosis de ese contrato.

Alberto Fernández (izq.) y Andrés Manuel López Obrador

BBC
Alberto Fernández (izq.) y Andrés Manuel López Obrador anunciaron la producción conjunta de la vacuna en agosto pasado.

Esto llevó a que muchos criticaran al gobierno por haber priorizado el acuerdo con AstraZeneca por sobre otras opciones, como la vacuna de Pfizer-BioNtech, farmacéuticas con las que las autoridades argentinas no lograron llegar a un acuerdo, como sí lo hicieron varios de sus vecinos, incluyendo a Uruguay y Chile.

Algunos incluso acusaron al gobierno de haber ninguneado a Pfizer-BioNtech para favorecer al Grupo Insud, responsable de la “pata argentina” de la producción de la vacuna de Oxford- AstraZeneca, algo que las autoridades negaron.

En medio de los rumores y las tensiones, el empresario farmacéutico argentino Hugo Sigman, dueño del Grupo Insud, acudió a las redes sociales para rechazar las acusaciones y explicar por qué se ha retrasado la producción de la vacuna.

¿Qué pasó?

Sigman, cuyo laboratorio, mAbxience, es el que fabrica el principio activo de la vacuna de AstraZeneca, aseguró a través de una serie de tuits que el problema no tiene que ver con ese proceso, que se realiza en Argentina, sino con el que viene después: el envasado, que se realiza en México.

“Envasar cada tipo de vacuna requiere una serie de equipos e insumos específicos que, por la alta demanda global, hoy resultan imposibles de conseguir rápidamente“, escribió en su cuenta de Twitter el pasado 19 de abril.

“Este es, de hecho, el problema que enfrentó en México el laboratorio Liomont, quien formula, fracciona y envasa el principio activo que mAbxience produce en Argentina y que determinó una demora en el inicio de la producción”.

De esta forma Sigman se desmarcó completamente de los retrasos.

Incluso aclaró que “al día de hoy mAbxience ha cumplido y fabricado el principio activo al que nos habíamos comprometido, tanto en tiempo como en cantidad”.

Planta de mAbxience en Garín, provincia de Buenos Aires

Grupo Insud
El laboratorio argentino mAbxience ha producido decenas de millones de dosis del principio activo de la vacuna AstraZeneca, pero los problemas de envasado han retrasado el proceso.

BBC Mundo se comunicó con Liomont en México, que hasta ahora no ha realizado declaraciones públicas sobre el retraso en la producción de vacunas, pero hasta el momento de publicación de este artículo no obtuvo respuesta.

Fuentes del laboratorio sí aseguraron que el proceso continúa “en tiempo y forma”. Sin embargo, el propio gobierno de México ya reconoció el retraso existente con el envasado de las vacunas de AstraZeneca en el país.

Qué dicen en México

El corresponsal de BBC Mundo en ese país, Marcos González Díaz, señaló que las demoras fueron reconocidas recientemente por quien es considerado el “zar del coronavirus” y principal cara del gobierno mexicano frente a la pandemia, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell.

Consultado el pasado 22 de abril, durante su conferencia de prensa diaria sobre el covid, sobre cuándo estarían listas estas vacunas en México, el funcionario admitió que es un tema “que causa inquietud”.

“El proceso de envasado ha requerido varios elementos de calibración para que esté en los estándares de calidad más altos posibles”, explicó.

“Durante un tiempo, un pequeño retraso de aproximadamente unos 10 y 12 días que tuvo que ver con la escasez mundial de unos filtros, de un componente muy específico del proceso de fabricación. Esto ya fue solventado hace varias semanas, más de un mes y medio, y ahorita ya se está en el proceso de envasado”, señaló.

No obstante, aclaró que aún falta la última parte del proceso: “La verificación sanitaria (…) que dura 18 días”.

López-Gatell agregó que “todavía hay un paso adicional”.

“La empresa, no Liomont, sino la empresa Astra(Zeneca), en su matriz en Oxford, está planteando que se necesitan unos días más para un proceso específico técnico que tiene que ver con la calidad del envasado”.

Logo de AstraZeneca

Reuters
La farmacéutica sueco-británica difundió un comunicado este miércoles en el que lamentó los retrasos, pero aseguró que se entregarán 150 millones de dosis “en la primera mitad del año”.

“En síntesis”, concluyó, “aún tenemos retraso y no hay una fecha precisa de liberación“, reconoció.

Por su parte, este miércoles el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, también se refirió al retraso: “El comunicado oficial que tenemos es que son dificultades en insumos, ajustes en sus fórmulas respecto a la sustancia activa, pero en resumen, que en mayo se regularizaría la entrega de esta vacuna para México”, sostuvo.

Comunicado de AstraZeneca

Las declaraciones de Ebrard coincidieron con la publicación de un comunicado por parte de AstraZeneca en Argentina.

Tras un encuentro con la ministra de Salud de ese país, representantes de la farmacéutica sueco-británica difundieron un mensaje en el que reconocen un retraso, pero garantizan la pronta entrega de las vacunas.

Lamentamos confirmar un retraso en nuestra intención de iniciar envíos antes para América Latina a pesar de trabajar incansablemente para acelerar el suministro”, indicaron.

No obstante, aseguraron que “AstraZeneca continúa en camino de suministrar 150 millones de dosis de la vacuna de covid-19 en América Latina, excluyendo Brasil, en este año”.

“Estamos entregando nuestra vacuna, sin ninguna utilidad financiera para nosotros durante la pandemia, a partir de la primera mitad del año tal como lo anunciamos en agosto pasado“, resaltaron.

¿Sputnik latinoamericana?

A pesar de los problemas en la fabricación de la vacuna de Oxford-AstraZeneca, México y Argentina podrían volver a colaborar en la fabricación de otra vacuna contra el coronavirus: la Sputnik V de Rusia.

“Tras una reunión en Moscú entre el canciller Ebrard, y su homólogo ruso Sergei Lavrov, este miércoles se anunció que México comenzará a envasar la vacuna rusa Sputnik en mayo”, informó el corresponsal de BBC Mundo en México.

“Ebrard dijo que será el laboratorio de propiedad estatal Birmex el que produzca la vacuna en el país, en colaboración con el Fondo Ruso de Inversión Directa”, detalló.

La semana última, el laboratorio argentino Richmond anunció que producirá la sustancia activa de la vacuna rusa en Buenos Aires.

Así, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en comenzar la producción de la Sputnik V.

Alberto Fernández recibiendo la vacuna Sputnik V en enero de 2021

Reuters
El presidente argentino, Alberto Fernández, se vacunó con la Sputnik V en enero pasado. Ahora la vacuna se producirá en su país.

El Fondo Ruso de Inversión Directa anunció que la empresa farmacéutica argentina ya produjo un primer lote de la vacuna, que será enviado al Centro Gamaleya (creador de la Sputnik V) para que realice el control de calidad.

La producción a gran escala en Argentina está prevista para junio, y Richmond anticipó que comenzará con 1 millón de dosis, aunque planea aumentar la producción mensual a 5 millones.

La agencia EFE reportó que el gobierno mexicano ve con “simpatía” la posibilidad de importar el biológico desde Argentina para envasarlo en el país.

“La pregunta ahora es saber si alguna de las causas del retraso en el envasado de AstraZeneca en México podría afectar también a este nuevo plan con la vacuna rusa”, señaló González Díaz.

“¿De qué podría depender? Pues de equipos que no tengamos en México, que haya que conseguir en el mercado internacional”, respondió Ebrard sobre la posibilidad de que el envasado de Sputnik también sufra retrasos.


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