Cerros de excremento enferman a la población y contaminan cenotes en Hunucmá, Yucatán
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Cerros de excremento enferman a la población y contaminan cenotes en Hunucmá, Yucatán

El excremento producido por una granja de vacas en Hunucmá, Yucatán, libera grandes cantidades de contaminantes sobre un sistema de ríos subterráneos que abastecen cenotes.
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20 de noviembre, 2019
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Cientos de toneladas de excremento de vaca están abandonadas al aire libre en Yucatán. Las dimensiones del excremento son tales que generan una cordillera de estiércol que estaría liberando grandes cantidades de gas metano y óxido nitroso, causantes de contaminación ambiental, crisis climática y enfermedades pulmonares en la población. 

El excremento, que equivale a la carga de 100 camionetas pequeñas tipo LUV, está en terrenos aledaños a una granja de vacas asentada a las afueras de una comunidad maya en el estado de Yucatán. La granja se encuentra justo encima de un sistema de ríos subterráneos que abastecen cenotes y pozos de donde toma agua la población. 

Un perito en materia forestal encontró los alrededor de 100 montículos de excremento cuando fue a revisar el lugar, como parte de los peritajes de un juicio de amparo interpuesto por los pobladores. 

Cerros de excremento en Yucatán

Desde 2016, los habitantes de la comunidad maya de San Antonio Chel, en el municipio de Hunucmá, en el noroeste de Yucatán, denunciaron ante las autoridades la existencia de la granja de unas 900 cabezas de ganado, que operaba sin los permisos necesarios y que estaría contaminando el agua de los cenotes, el suelo y el aire. 

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“La granja operaba sin permisos porque las autoridades ni siquiera podían expedirlos, el tipo de actividad ganadera que tiene es incompatible con el Programa de Ordenamiento Ecológico y Territorial del Estado de Yucatán, POETY (un instrumento de política ambiental para regular el uso de suelo y las actividades productivas) y con el Programa de Desarrollo Urbarno (PDU) del municipio de Hunucmá”, explica el abogado y activista Carlos Escoffié, quien lleva la defensa de los pobladores. 

Esa incompatibilidad se deriva justo del impacto que puede generar en la zona: el suelo es frágil por la presencia de rocas calizas que se disuelven ante el efecto del agua, además, el manto freático está muy cerca de la superficie. Es fácil que los desechos del ganado se filtren al subsuelo. 

Por eso es que aquí solo se permite la actividad agrícola y eso justo pensaron los pobladores que se haría. Jaime Hernández Can, poblador de San Antonio Chel cuenta que a través de un intermediario la empresa Yuca Agroalimentos, propietaria de la granja, compró a la comunidad los terrenos de uso común.

“Nos dijeron que iban a sembrar, que habría viveros y que nos darían trabajo. Nos engañaron, ya después nos dimos cuenta que estaban construyendo los corrales”. 

Los pobladores denunciaron la operación de la granja ante las autoridades municipales y de la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del estado de Yucatán (Seduma), pero nada pasó. “Las autoridades ni siquiera fueron a hacer inspecciones”, dice Escoffié. 

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Empezó el mal olor en la zona, dice Jaime Hernández, “hasta el agua olía mal y los niños se empezaron a enfermar, no solo del estómago, también de las vías respiratorias”. 

Frente a la inacción ante sus denuncias y los efectos en el área, los pobladores interpusieron, en marzo de 2019, una demanda contra las autoridades municipales, estatales y federales por permitir la operación de la granja y por no ejercer sus facultades de control y supervisión. 

Durante el juicio, los pobladores y sus abogados demostraron que la granja no tenía los permisos necesarios. Como medida cautelar, el Juzgado Segundo de Distrito ordenó a la CONAGUA, a la ahora Secretaría de Desarrollo Sustentable del Estado de Yucatán (antes Seduma) y al municipio de Hunucmá que ejercieran sus facultades de fiscalización y control sobre la granja para determinar si se estaba poniendo en riesgo al medio ambiente sano.

La Secretaría de Desarrollo Sustentable procedió a hacer las inspecciones y solicitó la suspensión progresiva de la granja por no contar con las medidas necesarias para prevenir y mitigar daños al medio ambiente.

Las autoridades encontraron, durante un recorrido de inspección en el que incluso se usaron drones para tomar fotos aéreas, que la granja no cumple con la canalización de aguas pluviales, no tiene un biodigestor adecuado para los desechos ni medidas de mitigación para los malos olores.

Ante esto, la dependencia estatal procedió a la suspensión de actividades de la granja, en el entendido de que se abstuvieran de ingresar más animales en cuanto no cumpliera con una serie de medidas. Pero no reportó haber encontrado montículos de excremento. 

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No fue sino hasta una semana después, cuando se realizaron diversos peritajes para el juicio, que un perito en material forestal los descubrió en unos terrenos al lado de la granja, también propiedad de la empresa. 

“No es que fuera tan difícil encontrarlos, están en un terreno al lado de las naves de la granja. Son propiedad de la misma empresa, que supuestamente los va a usar para ampliarla, antes de la medida cautelar del juez habría ahí unas 900 cabezas y la pretensión era llegar a las 20 mil”, dice Escoffié. 

Animal Político solicitó una entrevista con la Secretaria de Desarrollo Sustentable de Yucatán para saber por qué no actuó antes para inspeccionar la granja y cómo va a proceder ante el hallazgo del excremento, pero hasta el cierre de esta edición no obtuvo respuesta. 

Por su parte, el 16 de octubre, la CONAGUA –que tampoco respondió a la solicitud de información– otorgó a la granja los permisos para tratamiento de agua de los cuales carecía desde que inició sus operaciones y la concesión de aguas del suelo por un volumen de 336 mil 792.50 metros cúbicos anuales, de acuerdo a la resolución de las solicitudes de la empresa de las que Animal Político tiene copia. 

El juez respondió a esto, explica Escoffié, que la orden era ir a inspeccionar no otorgar o no permisos “y es hasta entonces que CONAGUA va y toma muestras del agua para evaluar si está contaminada, de esas pruebas estamos esperando los resultados”. 

Cecilio Bacab, habitante de la comunidad, señala que con todo esto no solo se ha demostrado la contaminación de la zona, sino la impunidad con la que ha operado la granja. “No tenían permisos prácticamente de nada, pero funcionaban sin que las autoridades interviniesen. Los de Desarrollo Sustentable vinieron, pero ni siquiera revisaron todos los terrenos y no vieron todos esos cerros de excremento”.

Carlos Escoffié Duarte y Guillermo Solís, abogados de la comunidad maya de San Antonio Chel, señalaron que este hallazgo demuestra que las dimensiones del riesgo ambiental son incluso mayores a las que se pensaban.

“Lo más preocupante es que esto es solo el caso de una granja, en la península de Yucatán hay cientos, que pueden estar operando así, sin permisos y sin lo necesario para mitigar su impacto ambiental, porque al parecer las autoridades sólo actúan bajo presión judicial, hay que llegar a la vía legal para conseguir que hagan su trabajo”, advierte Escoffié. 

De acuerdo a un estudio de la organización GeoComunes y del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) sobre megaproyectos en la península de Yucatán, solo en este estado hay un millón 116 mil 272 cerdos en pie, a eso hay que agregarle las 479 mil 351 cabezas de ganado bovino que reporta INEGI para entender el impacto que las granjas tienen en esta zona de suelo poroso, múltiples cenotes y escasa aplicación de la normatividad.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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