Comisión de Refugiados pidió 124 mdp y solo le dieron 47, aunque hay récord de solicitudes de asilo
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Comisión de Refugiados pidió 124 mdp y solo le dieron 47, aunque hay récord de solicitudes de asilo

Andrés Silva, titular de la Comar, admitió que el dinero aprobado por los legisladores “no es el presupuesto ideal, ni es lo que solicitamos” ante el incremento en las peticiones de asilo.
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25 de noviembre, 2019
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Para atender un aumento del 195% de las solicitudes de asilo este año, la Comisión Mexicana de Ayuda los Refugiados (Comar) tendrá un presupuesto aprobado por los diputados de poco más de 47 millones de pesos, casi tres veces menos de los 124 millones que solicitó la Comisión para operar el próximo 2020.

Y, originalmente, el presupuesto era todavía menor: 27 millones. Pero a última hora los diputados concedieron en la madrugada del jueves pasado una ampliación por otros 20 millones de pesos, de los cuales diez serán para “servicios personales” y los otros 10 para “gastos de operación” de la Comar. 

Entérate: Robos, abuso de autoridad y extorsión: Los datos sobre la violencia que padecen migrantes en México

Andrés Silva, titular de la Comar, admitió que el dinero aprobado por los legisladores “no es el presupuesto ideal, ni es lo que solicitamos”, especialmente teniendo en cuenta que este 2019 va a cerrar siendo el año en el que se batió el récord histórico de solicitudes de refugio en México, y que las proyecciones para 2020 es que se vuelva a romper el récord de este año.

Sin embargo, el funcionario también destacó que los 47 millones de pesos etiquetados suponen un “incremento sustancial” en comparación con el presupuesto de la Comisión para este año. Y sí, de acuerdo con cifras oficiales, el presupuesto de la Comar aumentó 127% para el próximo 2020.

Además, Silva explicó en entrevista con Animal Político que, a esos 47 millones de pesos aprobados en el Congreso, se le pueden sumar otros 15 millones 362 mil pesos cuando la Comisión de la Frontera Sur haga efectiva la transferencia de 34 plazas de funcionarios, que pasarán a formar parte del personal de la Comar.

Por lo que, en total, la Comisión puede llegar a disponer de 62 millones 360 mil pesos para el próximo año, más el apoyo de la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR), que aportará personal, asesorías técnicas y capacitaciones.

“No es todo el presupuesto que habíamos pedido. Pero sí nos da un mayor margen para operar en mejores condiciones que otros años”, señaló Silva, que precisó que de los 124 millones que solicitaron inicialmente, 34 millones eran para atender la problemática de desplazamiento interno forzado en México, y los 90 millones restantes para atender las solicitudes de refugio de personas extranjeras.   

Récord histórico de solicitudes

No obstante, Silva se mostró cauto durante la entrevista acerca de este aumento presupuestal, puesto que, del otro lado de la ecuación, el aumento de las solicitudes de asilo y de refugio también se dispararon, y en proporciones todavía mayores que el presupuesto. 

Según cifras oficiales, entre enero y octubre de este año la Comar recibió la solicitud de 62 mil 299 personas que buscan refugio en México. 

Esta cifra refleja un aumento del hasta 195% en comparación con el mismo periodo de 2018; año que, hasta ahora, tenía el récord. 

Para dimensionar el aumento de solicitudes este 2019 basta un dato: en julio del año pasado, la Comar recibió mil 827 solicitudes. En julio de este año se recibieron 8 mil 670; un 374% más. 

Y otro dato: en julio de este año, es decir, en un solo mes, se registraron más solicitudes de refugio en México que en todo 2013, 2014 y 2015, juntos. 

“De enero a julio de este año, mes con mes se fue rompiendo el récord de solicitudes”, subrayó Andrés Silva, quien dijo que esperan terminar este año con hasta 70 mil solicitudes de refugio, récord absoluto. Mientras que, para el próximo año, aunque hay muchas variables que no se pueden predecir, como situaciones de conflictos políticos y sociales en América Latina y el mundo, la estimación es todavía mayor: 85 mil solicitudes de refugio. 

Estas cifras récord de solicitudes también trajeron como consecuencia lógica el aumento de la carga de trabajo del personal de la Comar, para atender cada caso de solicitud de refugio. 

Por ello, la Comisión admitió que aún tiene casos rezagados de 2017 y de 2018, mientras que este año el 69% de las solicitudes (43 mil 053), es decir, casi 7 de cada 10, están en suspensión o siguen en trámite. 

La delegación de Chiapas, en la frontera sur de México y puerta de entrada natural para miles de migrantes procedentes del Triángulo Norte de Centroamérica, es la que acumula este 2019 un mayor número de solicitudes en trámite, con 23 mil 167 casos, el 77% del total de solicitudes que están en trámite en todo el país. 

Pero, por otra parte, en comparación con años pasados aumentó la tasa de solicitudes ‘positivas’, es decir, que concluyeron con el reconocimiento de la persona como refugiado. 

El caso más significativo es el de Honduras, uno de los países de los que más personas huyen en la actualidad por sus elevados índices de violencia: en 2017, la tasa de casos positivos en México era de apenas el 27%. En este 2019, la tasa escaló hasta el 70%. 

El Salvador, otros de los países que históricamente más migrantes expulsa de Centroamérica por la violencia y la inseguridad, pasó de tener una tasa de casos positivos de refugio del 38% en 2017, a tener una tasa del 56% este año. 

Mientras que, en el caso de Guatemala, el otro país que completa el Triángulo Norte de Centroamérica, el aumento de positivos ha sido más lento: del 27% de 2017 pasó a un 35% este año. 

En total, de las cinco nacionalidades que más solicitudes de refugio hicieron a México este 2019 y que ya fueron resueltas -Honduras, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, por ese orden con 7 mil 581 solicitudes-, el 87% de los casos concluyeron con el reconocimiento de la condición de refugiados, o con la implementación de medidas de protección complementarias. 

“Ha sido un año muy complejo”

En entrevista, se cuestionó a Andrés Silva cuáles pueden ser los factores que expliquen el aumento de solicitudes de refugio en México este 2019. 

“Ha sido un año muy intenso en materia migratoria y de mucha complejidad”, planteó el funcionario federal, quien matizó que, más allá del aumento notable en cifras, múltiples factores han contribuido para hacer mucho más complejo el panorama migratorio y de refugio en México este año.

Uno de ellos, es que aumentó el número de mujeres y de niños, niñas y adolescentes, que buscan refugio. De hecho, Silva apuntó que hasta el 71% de las solicitudes de este año son de este grupo de personas, lo cual complica aún más la situación, puesto que los menores requieren de medidas de protección especiales y de personal especializado para atenderlos. 

Otro factor es que, a diferencia de años pasados, donde prácticamente el 90% de las solicitudes de refugio las realizaban personas del Triángulo Norte de Centroamérica, ahora las nacionalidades se diversificaron. 

“Este año tenemos del orden de 70 nacionalidades diferentes solicitando refugio, incluyendo personas de Asia y África, especialmente de Camerún, que con 360 solicitudes comienzan a cobrar una cierta relevancia en comparación con años previos”, planteó Silva, que añadió que también aumentaron las solicitudes de países caribeños como Haití, Cuba y Venezuela. 

Y otro factor importante que complicó más el panorama, planteó el titular de la Comar, fue la decisión unilateral del gobierno de Donald Trump de devolver solicitantes de asilo a México, para que esperen aquí durante todo el tiempo que dure su trámite en Estados Unidos, en lo que se dio a conocer como el programa ‘Remain in Mexico’ (Quédate en México).

“Ahora no solo tenemos que estar con los ojos puestos en nuestra frontera sur, sino que también tenemos que mirar al norte, donde históricamente la gente cuando llegaba allí no estaba interesada en solicitar refugio a México, sino cruzar a Estados Unidos”, señaló Silva. 

“Y eso nos agrega un elemento más de complejidad, porque tenemos que estar pendientes de si en el norte también puede haber personas interesadas en solicitar refugio en México, porque ya se cansaron de esperar a que termine su proceso en Estados Unidos”. 

Para atender estos factores, Andrés Silva destacó la importancia que ha tenido la colaboración con la ACNUR, a diferencia de lo que sucedía en años previos, cuando la participación de la agencia de refugiados de la ONU era más limitada. 

El titular de la Comar dijo que, actualmente, la ACNUR apoya con asesorías técnicas para simplificar los procedimientos en las solicitudes de refugio, con cursos de capacitación en derechos humanos y refugio en las oficinas de la Comar, y con personal e instalaciones. 

Sobre este último punto, Silva explicó que, a las cuatro delegaciones de la Comar en todo el país, se sumaron otros tres espacios de la ACNUR en Tijuana, Monterrey y Palenque. Aunque estos espacios, por ahora, son más de asistencia y de apoyo, puesto que el personal de la ACNUR no tiene facultades jurídicas para firmar resoluciones en los procedimientos de asilo. 

“El apoyo de la ACNUR tiene la limitante de que su personal no tiene esas atribuciones jurídicas, pero aún así es un apoyo importantísimo para nosotros y para los refugiados”, subrayó el titular de la Comar.

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La hazaña de comunidades zapotecas que instalaron sus propias redes celulares en Oaxaca

Contar con algo tan "simple" como telefonía celular fue algo que le negaron durante mucho tiempo a comunidades indígenas de Oaxaca, pero algunos de sus habitantes no se quedaron con los brazos cruzados.
15 de octubre, 2022
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La “gozona” es uno de los conceptos más hermosos de una tierra hermosa como la de las montañas de Oaxaca, en el sur de México.

En comunidades con pocos habitantes, unir la fuerza laboral bajo la idea de que “tú hoy trabajas para mí, yo mañana trabajo para ti”, adquiere una importancia crucial para completar tareas como la cosecha de café o la reparación de un camino dañado.

El solo reunir a hombres y mujeres para la “gozona”, luego de visitarlos casa por casa, es una labor que puede llevarse toda la jornada.

O también solo unos minutos, a través de algo tan común para casi todo el mundo como una llamada telefónica o un mensaje de texto. Solo que en algunos lugares marginados esto es más bien un privilegio.

Ese servicio lo ha conseguido Santa María Yaviche, una pequeña comunidad indígena zapoteca del estado mexicano de Oaxaca donde lograron una hazaña admirable: instalar y manejar una red celular independiente.

“Dentro de la comunidad, siempre había que ir hasta la casa de una persona para hablar. Pero a veces no estaba, que se fue a trabajar, que se fue a ver a sus animales. Teníamos que regresar sin respuesta”, cuenta Gerardo Arteaga, un vecino de Yaviche.

“Pero si es cosa de un mensajito o un recordatorio con el teléfono, ya quedas para realizar un trabajo. Es una ventaja, porque no importa que estemos lejos, nos acerca la telefonía comunitaria“.

Gerardo Arteaga mira su celular

BBC
Gerardo Arteaga es uno de los más de 100 usuarios del servicio celular comunitario de Yaviche.

Aquí en Yaviche en 2013 empezaron a generar la señal con una antena de bambú sujetada con un débil alambre recocido, que eran los materiales que había a la mano. En lo más alto pusieron el emisor de señal.

Pero hoy ya tienen una infraestructura sólida y han comenzado a hacer pruebas de telefonía 4G para acceder a internet desde los celulares, una tecnología que en países como Estados Unidos llegó en 2010 pero que hoy aquí es la diferencia.

Además de contar con un medio de comunicación para la vida diaria y, más importante, para casos de emergencia, la idea central de la comunidad es no depender de nadie, incluidas las grandes telefónicas.

Y también que la tecnología se adapte a los usos y costumbres de Yaviche, como la “gozona”.

“Hay una palabra en zapoteco que eskiery kass, que significa ‘nuestro’, ‘propio’, ‘de todos’. Es como decir autonomía en nuestra lengua”, dice con orgullo Oswaldo Martínez, uno de los fundadores del proyecto en Yaviche.

Pero entrar en el disputado terreno de la telefonía celular, dominado por gigantes de la industria, es una batalla tipo David contra Goliat que deben librar.

Cansados de pedir apoyo

Yaviche está a solo 130 km de la ciudad capital de Oaxaca. Pero esa distancia relativamente corta se convierte en un trayecto de más de 4 horas debido a las condiciones geográficas.

En tiempos de lluvias, el asfalto mojado, la caída de árboles, los deslaves y los caminos sin pavimento enlodados hacen más prolongado y peligroso el trayecto.

Un mapa de la ruta a Santa María Yaviche y San Juan Yaeé

BBC

A lo largo de las laderas de esas montañas se asientan pequeñas comunidades zapotecas de varios cientos de habitantes. Un par de miles las más grandes.

Para ofrecerles cobertura, las grandes compañías de telefonía celular que operan en México -como Telcel, Movistar o AT&T- requieren un mínimo de entre 2.500 y 5.000 usuarios.

Lugares como Yaviche, con 700 habitantes, buscaron a esas empresas durante años, pero se cansaron: “Nos acercamos a las telefónicas y nos dijeron que éramos pueblos chicos, que no era negocio para ellos. Y eso que fue entre varias comunidades”, dice Oswaldo Martínez.

“Pedían como mínimo 5.000 usuarios. Y nosotros teníamos que poner la infraestructura, que eran como 6 millones de pesos [unos US$460.000 de 2013). Y encima ellos iban a cobrar el servicio”.

Oswaldo Martínez

BBC
Oswaldo Martínez es uno de los fundadores del proyecto de red comunitaria de Santa María Yaviche.

No muy lejos de ahí, en Villa Talea de Castro, la fundación Rhizomática -una asociación civil con experiencia en telefonía comunitaria en Nigeria- ya había puesto a prueba con éxito una red de telecomunicaciones similar, por lo que en 2013 los habitantes de Yaviche pidieron su ayuda para poner los “fierros”, como le dice a la infraestructura operativa.

“Empeñamos un coche para poder comprar el equipo y empezamos el experimento. Nos pidieron un cuarto y sacamos unas camas para colocar el equipo. Nuestra primera torre fue de bambú en 2013”, explica Martínez.

“La gente preguntaba si era Telcel, Movistar o cuál. Pero les decíamos que no, que era de nosotros. Kiery kass(de todos)”.

En la actualidad son 14 comunidades de Oaxaca las que cuentan con una red celular propia y que son parte de una asociación civil sin fines de lucro, Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias (TIC), que cuenta con el acompañamiento técnico de Rhizomática.

Atienden alrededor de 4.000 usuarios de telefonía celular. Todos ellos son a la vez usuarios y dueños de cada la red comunitaria local, pues el objetivo de TIC es que la independencia de cada pueblo se mantenga así.

¿Cómo se opera una red celular?

Instalar y operar una red celular no es algo que venga en un manual de “hágalo usted mismo”.

Requiere de conocimientos en ingeniería en sistemas y telecomunicaciones, así como representación jurídica, algo de lo que se encargan los expertos integrantes de TIC.

Un comparativo de las antenas de Yaviche

BBC
Lo que en un inicio fue un sistema apoyado en una antena de bambú hoy es una estructura sólida.

Desde una modesta oficina operativa en la capital de Oaxaca, Javier de la Cruz maneja el “cerebro” de las redes comunitarias que permite conectar llamadas locales e internacionales. Y ahí resuelven los problemas técnicos del día a día.

“Entregamos una señal que los teléfonos puedan recibir, que puedan recibir llamadas y mensajes locales”, explica De la Cruz.

Hasta antes de la pandemia, instalar un sistema 2G costaba más de US$8.000 en términos de equipo de radiofrecuencia y computación. Pero “si es un sistema reciclado, disminuye el costo un poco”, explica el ingeniero.

Y es que en TIC se encargan de buscar donativos de equipos a nivel internacional y echan mano de un software abierto, que no requiere pago de licencias pero sí de muchas horas de trabajo para la corrección de errores.

Esa labor se traduce no solo en un servicio celular, sino en su bajo costo: mientras las compañías telefónicas en México ofrecen paquetes de servicio de voz y datos, el más básico de US$2,5 por 7 días, los usuarios de las redes comunitarias pagan US$2,1 por un mes de acceso a llamadas de voz y mensajes de texto (SMS).

En un estado con una histórica marginación económica y una alta generación de migrantes, el poder hacer llamadas a EE.UU. cuesta US$0,15 por minuto. “Y el saldo no se borra por pasar una cantidad de días. Si la gente pagó, se le da una continuidad al servicio que ha tenido”, destaca De la Cruz.

Una recarga celular

Desinformemonos

Luego de que instalan una red en una comunidad, los miembros de TIC capacitan a gente del mismo pueblo, “jóvenes, adultos, hombres, mujeres, que tengan ganas de aprender”, para manejar aspectos como el registro de nuevos usuarios y los abonos mensuales.

Pero también aprenden sobre la operación básica de los aparatos y “fierros”, pues si hay una falla que pueda ser solucionada localmente, eso evita que los siete técnicos de TIC deban viajar varias horas desde la capital de Oaxaca hasta una comunidad apartada como Yaviche.

Cada una de las 16 comunidades tienen sus propios administradores.

“Muchos usuarios son personas mayores. El reto es cómo explicarle a un abuelo sin que te desesperes. Entonces, más allá de saber qué es el 4G, el reto de los administradores es cómo explicarle eso a la gente. La idea es que la asociación sea un acompañamiento para que la comunidad lo sostenga”, explica Lisset González, una capacitadora de TIC.

Una lucha David vs. Goliat

Hasta antes de la llegada de la telefonía terrestre y celular, comunicarse con otros fuera de las comunidades de la Sierra Norte requería métodos antiguos.

“Antes se mandaban recados o cartas. Si un familiar iba a Oaxaca (la capital), mandábamos ahí en el autobús. Tardaban mucho pues, hasta días”, dice Olga Ramírez, una vecina de la comunidad de San Juan Yaeé.

Un pueblo vecino de Yaeé es Santiago Lalopa, que se encuentra al otro lado de la cañada, a menos de 4 km de distancia lineal. Llevar un recado a alguien ahí implica un rodeo de una hora por los sinuosos caminos de las montañas.

Hombres recogen piedras de un deslave

Getty Images
Los caminos en la Sierra Norte de Oaxaca son complicados. En tiempos de lluvias suelen ocurrir grandes deslaves que los cortan.

“La larga distancia es lo que más ocupamos. Por ejemplo, mi esposo viaja diario a la ciudad de Oaxaca y se comunica y me marca a la línea comunitaria. Si no entra (la llamada), ya se preocupa”, dice Lizeth García.

Si bien las redes comunitarias como las de Yaeé y Yaviche tienen cobertura para llamadas locales, la larga distancia, más allá de Lalopa, implica que el servicio comunitario entre al disputado espectro de frecuencias radioeléctricas.

Las bandas de frecuencia son como las “autopistas” en el aire por las que las ondas de una señal (radio, TV, telefonía fija y celular) viaja a través del aire.

Las grandes compañías pagan sumas millonarias para acceder el espectro radioeléctrico que subasta el Estado. El que una comunidad quiera participar es una lucha tipo “David contra Goliat” que había que librar no solo ante las compañías, sino ante las mismas instituciones del gobierno mexicano.

Javier de la Cruz

BBC
Javier de la Cruz opera el “cerebro” de TIC desde la ciudad de Oaxaca.

“A TIC le habían asignado espectro de manera directa, sin necesidad de licitación. Pero el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) le hizo el cobro de derechos de un millón de pesos (US$76.000 en ese momento). Y peleamos para que no nos cobraran una tarifa equivalente a la del operador comercial”, explica Erick Huerta, el asesor jurídico de TIC.

“Ellos mismos habían reconocido que donde operamos nosotros nadie va (compañías) porque no hay utilidad comercial. Era ilógico. Obtuvimos amparos favorables, pero el IFT volvía a insistir y nos congelaron nuestra cuenta. Pero finalmente la Suprema Corte determinó que esa medida era inequitativa”.

Los retos en las montañas

En los últimos 10 años, varias comunidades se sumaron a la asociación civil sin fines de lucro que conforma TIC. Pero otras también se han desconectado.

La entrada de las grandes telefónicas a algunas de las regiones más marginadas de Oaxaca, así como el servicio de internet Wi-Fi de algunos proveedores locales, ha reducido el número de usuarios de TIC de 6.000 a 4.000 en los últimos años, así como las comunidades participantes (de 16 a 14).

Y en el último año, el gobierno de México lanzó un proyecto para proveer acceso a internet y voz a través de la basta red de la Comisión Federal de Electricidad, lo que en teoría implica que en todo lugar donde haya servicio de electricidad (+90% del territorio) puede haber servicio de internet.

Una tienda que ofrece servicio Wi-Fi

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Los servicios locales de Wi-Fi, como el de San Juan Yaeé, ofrecen una conexión a través del pago de fichas de duración.

Por otra parte, los servicios comunitarios en ocasiones también enfrentan retos técnicos, como la saturación del servicio o imprevistos, como las descargas eléctricas que inhabilitan los aparatos de transmisión.

En Yaviche se “quemó” una fuente de transmisión este año, por lo que los usuarios quedaron sin cobertura durante meses hasta que se puso a prueba el servicio 4G con un nuevo transmisor.

Esos son los retos que enfrentan las comunidades de TIC para subsistir en una industria altamente rentable y competitiva para los grandes capitales nacionales y trasnacionales (y ahora los proyectos de gobierno).

Pero eso no desanima a quienes forjaron este acceso a la comunicación.

“En Yaviche no le apostamos al negocio, al pensamiento de acumulación, sino en cómo hacemos sostenible este proyecto, por eso estamos apostando en esto y seguiremos”, dice Oswaldo Martínez.

“Queremos preservar nuestro pensamiento”

Contar con una radio propia, una señal de televisión los fines de semana y una red celular es todo un orgullo para comunidades como Santa María Yaviche.

Y si bien tienen disponibles nuevas vías de comunicación, como el Wi-Fi a través de fichas de varios minutos u horas, para ellos es importante sostener lo propio.

San Juan Yaeé

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San Juan Yaeé también busca sostener su red celular independiente con ayuda de toda la comunidad.

“Esto es de la comunidad y eso nos hace sentir más nosotros. No dependientes de una compañía de fueraque en cualquier momento lo pueden quitar porque no es rentable”, dice Gerardo Arteaga.

Hay algunas funciones de la red celular que incluso la hacen sentir más propia, más “xhidza (zapoteca)” como la distribución general de mensajes en su propia idioma en casos especiales o de emergencia.

“Con esta herramienta nosotros podemos seguir usando nuestra lengua. Va más allá de lo que las otras compañías buscan. Es una forma de que la tecnología sea una parte para mantener nuestra identidad xhidza”, dice Oswaldo Martínez.

“La idea de nosotros es generar nuestros propios procesos. Y ahora con los jóvenes queremos preservar nuestro pensamiento. Porque cuando uno habla español, solo es como una reproducción, pero cuando uno habla xhidza, lo hacemos desde nuestro corazón“.


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