Competencia por dar conexión: Internet para Todos de AMLO y la Red Compartida de Peña Nieto
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Competencia por dar conexión: Internet para Todos de AMLO y la Red Compartida de Peña Nieto

Mientras que Red Compartida ha cumplido metas que no se traducen en beneficios para la sociedad, Internet para Todos intenta llegar a las comunidades más remotas sin transparentar obstáculos de rentabilidad.
21 de noviembre, 2019
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El proyecto Red Compartida del gobierno de Enrique Peña Nieto sigue en marcha en la actual administración, y en los próximos cinco años debe cumplir su principal reto: llevar conexión a las zonas donde no la hay, aunque ese es el mismo objetivo de la nueva propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador a través del proyecto Internet para Todos. Esto, dicen expertos, podría significar competencia entre ambos proyectos gubernamentales.

La diferencia radica en que Internet para Todos pretende conectar gratis sitios públicos utilizando la fibra óptica de CFE, mientras que la Red Compartida vende servicios a empresas mayoristas para que éstas a su vez ofrezcan servicios a la población. Si bien podrían ser complementarias, dependerá de la estrategia para hacer convivir ambas sin inhibir el sentido comercial de la Red Compartida, es decir, su razón de ser.

Las metas del proyecto lanzado en el sexenio de Enrique Peña Nieto quedaron asentadas en un calendario por “hitos”. En el primero estaba previsto que Altán Redes debía llegar a 30% de la población para marzo del 2018. Logró superarlo al alcanzar 32.2%.

Lee: El proyecto de Peña Nieto para ampliar la cobertura de internet no generó competencia ni redujo tarifas

Los siguientes hitos implican llegar a 85% de la población a más tardar el 24 enero de 2022 y a 92.2% de la población el 24 de enero de 2024. Además cubrir en forma progresiva a 111 Pueblos Mágicos para el 24 de enero 2022.

De acuerdo con Altán Redes, la cobertura alcanza a 36 millones de mexicanos, más de 8 millones de ellos en poblaciones de menos de 10 mil habitantes, y se encuentran desplegando la red para llegar a la siguiente meta a final de año. Para conseguir que la Red Compartida esté disponible en más de 30 mercados comerciales, sus zonas conurbadas y 19 mil poblaciones rurales con más de 3 mil 500 de ellas catalogadas de alta y muy alta marginación.

Si bien las metas previstas en el contrato están cumplidas, el problema está en que justamente se hayan previsto en porcentaje de población y no en número de usuarios, ni en número de empresas participantes en el mercado para lo que originalmente se pensó este proyecto, asegura el fundador de Digital Policy & Law Group, Jorge Fernando Negrete.

“Se hizo el apagón analógico para usar esa banda (la televisión digital), luego se lo entregas a una empresa que no tiene la capacidad, y más bien, le entregas ese espectro a un modelo de negocio que no tiene experiencia en el mundo, que no tiene referencia. Ha sido una pérdida de tiempo. Esa regulación lleva más de cuatro años de castigar a los más pobres”, insiste Negrete.

Más allá del primer hito alcanzado, el especialista señala que la verdadera prueba de que este proyecto no ha funcionado es que no ha habido un incremento significativo en el número de usuarios de telefonía con internet, ni de conexión en los hogares, ni mejores servicios.

Lee: CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, la primera empresa ‘creada’ por AMLO

De acuerdo con los informes estadísticos del Instituto Federal de Telecomunicaciones, el número de teléfonos móviles por cada 100 habitantes en el país pasó de 91 en 2016, a 92 el año siguiente y a 96 al primer trimestre de 2019. Sin embargo, esta cifra cambia radicalmente al compararlo por entidad, pues mientras en la Ciudad de México está en 109 móviles por cada 100 habitantes, en Chiapas y Oaxaca se encuentran en 60.

Esto muestra la desigualdad, pero también el atraso como país incluso al comparar las cifras con otros países de América Latina, pues Chile tiene 147 móviles por cada 100 habitantes; Argentina, 135 y Brasil, 99.

Sobre las líneas de teléfono móvil con internet, pasamos de 67 por cada 100 habitantes en 2018 a 71 en 2019; pero México aún está lejos de países como Argentina que tiene 104 o Chile con 98, mientras que Brasil suma 87 hasta el primer trimestre de este año.

Sin embargo, ese pequeño crecimiento ha sido motivado por otras razones distintas a la Red Compartida, como el abaratamiento de equipos y de servicios, con la baja de tarifas.

Y es que si bien en México ha crecido el número de usuarios de internet al pasar de 71.3 millones en 2017 a 74.3 millones en 2018, según datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih), las diferencias están marcadas.

El uso del internet es un fenómeno urbano, puesto que el 73.1% del total de la población urbana son usuarios de este servicio, en cambio, sólo 40.6% de la población conectada está en zonas rurales.

Según la encuesta hay 29.9 millones que no tienen acceso a este servicio, y de ellos, 4 de cada 10 dicen que es por falta de recursos para costearlo, mientras que 2% no lo usa por falta de cobertura.

“Esto ilustra cómo la brecha digital no es ajena a la brecha económica de este país. Claramente hay una correlación en alguna medida entre las variables macroeconómicas y también nuestras brechas que tenemos que atajar”, dijo el comisionado presidente del IFT, Gabriel Contreras, durante la presentación de la encuesta en abril pasado.

Jorge Fernando Negrete Pacheco, también integrante del Consejo Consultivo del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), sostiene que se trata “de un desperdicio de espectro radioeléctrico, de un nivel de ineficiencia inaceptable que le quitó el estímulo al mercado mexicano porque empresas como AT&T, Movistar y América Móvil no tienen la menor intención de invertir en áreas rurales por el régimen de preponderancia”.

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Esto significa que cada vez que conecta a un nuevo usuario se vuelve más preponderante, entonces “eso los obliga a mantenerse en su propia red y ya no generar cobertura, invierten en calidad y servicios porque la red se ha vuelto súper poderosa, porque nada más tiene que invertir en su red y no invierten en áreas rurales, y además bajamos el precio”.

Altán Redes comenzó en las áreas donde ya existía conectividad, es decir, ofreciendo servicios a los que ya lo tenían y sólo dentro cinco años se prevé llegar a zonas sin conectividad, pero “me parece unas condiciones de ineficiencia y de castigo a la población, en materia de conectividad absolutamente absurdas”.

Para que la Red Compartida sea capaz de llegar a las zonas rurales en 2024 deberá desplegar infraestructura, pero también atraer a concesionarios o comercializadores autorizados por el IFT con el fin de reventa de la capacidad y servicios de la red a la población. Sólo así podría conseguirse que el proyecto sea exitoso.

Por ello, los clientes naturales tendrían que ser los operadores locales, asegura Salomón Padilla, presidente de la Asociación de Telecomunicaciones Independientes de México, (ATIM), una organización de 73 operadores de telecomunicaciones con presencia en poblaciones rurales o urbanas de tamaño medio en 30 estados de la República.

Y aunque Altán está operando desde marzo de 2018, apenas en junio pasado hubo más acercamiento con los operadores que pertenecen a ATIM, pero “Altán no tiene cobertura en la mayoría de las poblaciones donde nosotros estamos, las pequeñas, rurales y son apartadas y eso es algo que también se ha estado platicando para ver cómo hacemos una coinversión o una coparticipación para que lleguen a esto”.

Salomón Padilla explica que en ATIM podrían ser clientes potenciales siempre y cuando el proyecto sea factible, el tipo de productos que ofrezca Altán y el precio, porque “llegar a Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, es sencillo, el reto de ingeniería de costos, de mercado y de productos está en las poblaciones más alejadas, y sobre todo hacer que sea económicamente viable”.

De acuerdo con Antal Redes, a 18 meses de operación comercial, “se tienen más contratos mayoristas firmados con Altán que los 26 de este tipo que se firmaron por los tres operadores móviles conjuntamente en sus ofertas mayoristas en los 6 años anteriores a la Red Compartida. Y la mayoría de estos clientes ya están operando y ofreciendo servicios bajo la red, mientras los demás se encuentran en sus procesos de integración a la Red Compartida, de acuerdo con sus condiciones técnicas y planes comerciales”.

Fernando Borjón, quien también fue comisionado presidente del IFT, advierte que el proyecto no se pensó como una medida para llevar internet a quienes no lo tienen sino “fue una decisión basada en lo técnico y en lo económico en materia de competencia. Lo que se está buscando es impulsar la competencia en el mercado abriendo una opción para que aquellos que no podían contar con una red móvil a nivel nacional”.

Aunque considera que con la Red Compartida “se ha ganado alternativa ya casi para la mitad de la población del país, de contar con otro proveedor de infraestructura de servicios móviles y el internet al hogar”.

Por eso, los precios del internet fijo son accesibles ya para por ejemplo población en Nezahualcóyotl o Ecatepec, pese a que ya habían otros servicios. “Aquí es donde se ha ganado también la posibilidad de que otras gentes que tienen mercados identificados como Elektra que tiene una masa crítica de clientes en la parte de electrodomésticos entre a estos mercados móviles a aprovechar su conocimiento del mercado comercial.

La capacidad ya se está ofreciendo, eso es lo que hoy ya está ganando el mercado”.

Sin embargo, también reconoce que en el caso del servicio de telefonía móvil “el mercado no se ha movido tan rápido como había unas previsiones que se planteaban en su momento, porque se requiere más inversión y más conocimiento en lo técnico, y también pues un desafío desde el punto de vista de negocios para competir con gente que conoce perfectamente el mercado con Telcel, AT&T o Telefónica”.

Internet para Todos y la Red Compartida

Internet para Todos es el proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador para llevar internet gratuito hasta las localidades más apartadas del país a través de la fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad con la nueva empresa CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, y será una inversión completamente pública.

Para 2019 se etiquetaron mil millones de pesos de presupuesto y el primer paso fue la creación de la empresa subsidiaria CFE Telecomunicaciones Internet para Todos, el pasado 2 de agosto, que tiene como objetivo “prestar y proveer servicios de telecomunicaciones, sin fines de lucro, para garantizar el derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación, incluido el de banda ancha e internet”, de acuerdo con el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación.

El gran reto para este proyecto es alcanzar las 47 mil localidades donde vive 5% de la población en el país a donde no ha llegado ninguna empresa de telecomunicaciones. Pero hacerlo con fibra óptica resulta poco viable, pues ésta “es muy útil cuando se tiene una densidad muy alta de habitantes, y va a ofrecer servicios de alta velocidad, pero si va a llegar a una población con 50 personas con fibra óptica el costo beneficio es muy alto, y ahí hay otras tecnologías como las satelitales, por ejemplo”, afirma Fernando Borjón, excomisionado del Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Al respecto, el actual comisionado presidente del IFT, Gabriel Contreras, ha reiterado en diversas entrevistas que el país tiene esta capacidad ya está contemplada en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, pues a través de Telecomunicaciones de México, tiene ya una concesión para dar ese tipo de servicios y llevar conectividad a través de diferentes programas.

En esto coincide el especialista Jorge Fernando Negrete Pacheco, toda vez que “la subsecretaria de telecomunicaciones tiene facultades para generar cobertura directamente, se tiene a la empresa Telecom de México y también está Altán Redes con la Red Compartida que hace lo mismo, entonces vas a crear una cuarta empresa con infraestructura de la CFE y ahora la va a hacer el presidente”.

Para Borjón, Internet para Todos y Red Compartida podrían llegar a complementarse, pero “en el momento en el que se complemente el gobierno ya no puede ofrecer el gobierno servicios ahí. Habría una contradicción: si llega CFE con fibra y no han terminado con una red móvil de la red compartida ya no puede ofrecer servicios el gobierno porque ya habría un operador”.

Además, las zonas donde Altán despliegue infraestructura, según la ley, deberá vender a empresas concesionarias que, a su vez, den servicio al usuario final, por lo que su objetivo es lucrativo.

Hasta el momento, el actual gobierno no ha determinado si la Red Compartida sería compatible con Internet para Todos.

Aunque se solicitó entrevista con el director de Altán, Javier Salgado, el consorcio optó por entregar un posicionamiento por escrito en el que asegura que la Red Compartida e Internet para todos son “absolutamente complementarias” y mientras CFE Telecomunicaciones e Internet para todos “será una entidad sin fines de lucro, es distinto al mandato de red de telecomunicaciones móvil compartida”.

Por tanto, insiste, “no vemos la existencia de ningún potencial conflicto. La empresa estatal tiene la capacidad de celebrar contratos y participar en asociaciones y alianzas para alcanzar su objetivo, lo que le permitirá hacer sinérgica su misión con los actores existentes del sector para alcanzar su cometido, incluido Altán”.

Sin embargo, a 10 meses de gobierno del presidente López Obrador, Altán reconoce en su escrito que su proyecto no ha sido contemplado para la iniciativa Federal hasta el momento, pero “estamos en la mejor disposición de explorar todas las alternativas y en colaborar con el gobierno para conseguir dar cobertura a las localidades desconectadas. Ayudaremos en lo que se nos solicite para lograrlo”.

Para conocer la postura del Gobierno Federal, se solicitó entrevistas a la subsecretaria de Comunicaciones, Salma Jalife; con Raimundo Artis Espriu, coordinador de la Estrategia Digital Nacional de la Presidencia y a la Comisión Federal de Electricidad, pero no hubo respuesta.

La Red Compartida aún no concluye el proceso previsto para el despliegue, pero aún sin certeza sobre su funcionamiento con el proyecto de la actual administración, ni con beneficios claros, Jorge Fernando Negrete asegura que “la red compartida es uno de los fracasos más demoledores en materia de políticas de cobertura y acceso universal no sólo en México, puede serlo pronto en la historia de las telecomunicaciones”.

*Esta investigación forma parte de “Transparencia y rendición de cuentas de las APP: Recomendaciones de política pública”, un estudio de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas, coordinado por José Luis Chicoma, Yahir Acosta, Ana Laura Barrón y Silvia Márquez. Edición: Salvador Frausto.

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
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13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

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Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

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Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

Getty Images
Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

PA Media
Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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https://www.youtube.com/watch?v=2l6SQqdn2Y8

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