Indígenas mazahuas del Edomex viven acosados por deudas tras engaño con oficios falsos
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Manu Ureste

Indígenas mazahuas del Edomex viven acosados por deudas tras engaño con oficios falsos

Testimonios de la asociación civil Mazahua para la Transformación Integral (MATI AC) hablan del desfalco de 5 millones 330 mil pesos a través de engaños del exasesor de Sedatu, José de Jesús Hernández García.
Manu Ureste
1 de noviembre, 2019
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Nerviosa y con los ojos negros muy abiertos, la señora Catalina Urbina no deja de observar la puerta entreabierta de su casa; una pequeña construcción hecha con un puñado de bloques desnudos de pintura, en cuyo interior solo hay una mesa de madera, unas sillas de plástico, y un hornillo.

Desconfiada, la mujer sale al umbral de la vivienda. Divisa en silencio los campos que se extienden por la localidad mexiquense de San Nicolás Guadalupe, y tras comprobar que nadie se acerca agazapado entre los densos maizales, regresa al salón rectangular de su casa con el rostro de tez cobriza aún desencajado.

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“La mera verdad, sí me estoy escondiendo”, susurra visiblemente avergonzada. 

Tras cerrar la puerta de un jalón, Catalina rompe a llorar. 

“Ya no puedo pagarle más dinero -dice ahogando los sollozos-. A cada rato viene a buscarme para decirme que, si no le pago lo que le debo, que le entregue mi casa. ¿Pero, cómo le voy a dar lo único que me queda y que yo me gané con años de trabajo? ¿Dónde van a vivir mis hijos?”.

Doña Cata, como la llaman los vecinos, jura que no hizo nada malo para vivir con la angustia de andar escondiéndose todos los días como si fuera una delincuente. De lo único que se arrepiente en su vida, asegura ahora con rabia contenida en los ojos negros, es de haber confiado en ese señor que decía ser del gobierno federal y que la estafó para dejarla pagando una deuda que la persigue a diario.

El señor se llama José de Jesús Hernández García, un exasesor técnico de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) que en 2013 prometió a Catalina, y a otros 48 integrantes de la asociación civil indígena mazahua de la que forma parte, que les facilitaría cuantiosos apoyos gubernamentales para aspirar a mejores oportunidades de vida. 

Doña Cata quería dejar de limpiar casas ajenas, por lo que necesitaba los apoyos para comprar cabezas de ganado y abrir su propia granja. Y por eso dice que aceptó pagar en efectivo los 60 mil pesos que el asesor José de Jesús le pidió con la excusa de “agilizar” los trámites burocráticos de los programas sociales de Sedatu. 

“Él nos prometió que nos entregaría todos los proyectos. Pero lo que hizo fue robarnos. Agarró nuestro dinero y jamás nos volvió a dar la cara”.

Catalina habla en plural. Dice que el exasesor de Sedatu no solo la estafó a ella, sino también a los otros 47 integrantes de la asociación civil Mazahua para la Transformación Integral (MATI AC), a quienes, en total, les sacó 5 millones 330 mil pesos a través de mentiras y la falsificación de documentos oficiales de Sedatu y de otras instancias, como el Sindicato de Maestros del Estado de México y Fundación Walmart. 

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Con esos oficios falsos, el exasesor de Sedatu convencía a los integrantes de la comunidad indígena de que los proyectos para abrir papelerías, tiendas de abarrotes, o para construir viviendas de concreto, ya habían sido aprobados. Pero eso nunca sucedió y el dinero de las personas indígenas, que obtuvieron de prestamistas que les cobran intereses desorbitados, se esfumó. 

Ahora, asegura Catalina, amanece casi todos los días llorando. Llora de coraje, dice masticando las palabras. De impotencia.  

Y su situación, como la del resto de integrantes de la asociación civil indígena, no es para menos: se quedó sin dinero y sin los apoyos prometidos; con una deuda que creció al doble por los intereses y un terreno embargado; y aferrada a unas autoridades de investigación que, a pesar de contar con decenas de evidencias y de testimonios, no ha conseguido en cuatro años hacerles justicia. 

Documentación falsa 

Rosa María Aguilar y su hija Victoria Cruz caminan por las calles de la Ciudad de México, en la colonia Cuauhtémoc, cargadas con miles papeles que han ido recabando desde diciembre de 2015, el año en que, como fundadoras de la asociación civil MATI AC, denunciaron por fraude a José de Jesús Hernández ante la Fiscalía General del Estado de México. 

Desde ese entonces, Rosa María y Victoria no solo trabajan exclusivamente para pagar la deuda que les dejó José de Jesús. También han dedicado su vida, literal, a que se les haga justicia y les regresen su patrimonio. Tanto a ellas, a las que un prestamista ya les embargó un predio y una camioneta por impagos, como al resto de integrantes de MATI AC. 

Por ello, en estos cuatro años, las dos mujeres de origen mazahua aprendieron leyes y se convirtieron en sus propias investigadoras y defensoras. De hecho, por eso viajaron más de dos horas para llegar a la capital. Para ir, otra vez, a la ruta de siempre: Presidencia de la República-Fiscalía General de la República.

Sin embargo, lamenta doña Rosa, hoy tampoco hubo suerte. De nuevo, les pidieron que fueran a Atlacomulco, a la unidad de robos con violencia y cuantía mayor de la Fiscalía mexiquense donde se abrió la carpeta de investigación del caso. 

Pero Rosa exclama que ya está harta. Que han pasado cuatro años desde que denunciaron y que las investigaciones siguen sin dar resultados claros, a pesar de que cuentan con múltiples elementos de prueba y con más de 30 testimonios. 

Y, en efecto, la lista de pruebas es amplia. 

Por ejemplo, la asociación indígena presentó 32 recibos firmados por José de Jesús Hernández, en los que el exasesor técnico dejaba constancia de que recibía dinero en efectivo de los 48 integrantes de MATI AC a cambio de gestionar los proyectos de Sedatu que, a la postre, no hay pruebas de que entregara. 

La autenticidad de la firma fue corroborada por un perito en grafoscopía, mientras que la cantidad presuntamente estafada, de 5 millones 330 mil pesos, fue también corroborada por una perito certificada, quien presentó a las autoridades de investigación mexiquenses un dictamen pericial en materia de contabilidad, al que Animal Político tuvo acceso.

MATI AC también aportó a la Fiscalía estatal las docenas de oficios de Sedatu, Fundación Walmart, y del Sindicato de Maestros del Estado de México, que les entregó José de Jesús Hernández para garantizarles la entrega de los apoyos, y que fueron denunciados como falsos por las tres instancias, tal y como documentado en esta nota que Animal Político publicó este jueves.

También presentó copia del acta SFP/OMYC/0310/2015, de fecha 19 de noviembre de 2015, firmada ante el encargado de la Oficialía Mediadora y Conciliadora del municipio de San Felipe del Progreso, José Luis Andrade Carranza. 

Ante el conciliador, José de Jesús firmó que, en efecto, debía 5 millones 330 mil pesos a los integrantes de MATI AC. Y que, o les entregaba los apoyos y proyectos en una semana, o se comprometía a regresar la suma íntegra del dinero. Ninguna de las dos cosas sucedió. 

Además, José de Jesús firmó a MATI AC recibos por más de 5 millones de pesos sin que estuvieran amparados por facturas fiscales, evadiendo presuntamente el pago de impuestos ante el Servicio de Administración Tributaria, lo cual también constituye un delito fiscal. 

“Su caso es basura”

A pesar de todo lo anterior, expone ahora Victoria Cruz, la Fiscalía mexiquense aún no ha llevado ante la justicia a José de Jesús. Al contrario, en cuatro años, el proceso se ha atorado en múltiples ocasiones por trámites burocráticos que, según denuncia MATI AC, dilataron de manera absurda todo el proceso. 

Sobre este punto, Victoria lamenta que la Fiscalía pidió cosas incomprensibles, como que el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) hiciera un exhaustivo estudio antropológico para corroborar que los 48 integrantes de la asociación civil indígena son, efectivamente, indígenas. 

Y, una vez realizado, entonces la Fiscalía pidió al INPI la presencia de varios traductores de mazahua para las entrevistas con los integrantes de MATI AC, a pesar de que todos hablan y entienden el castellano. 

Victoria también denuncia que durante años la Fiscalía fue renuente a entregarles copia de las carpetas de investigación, mismas que les entregaron hasta mayo de este año, luego de que advirtieron que, de no recibirlas, pondrían una queja ante la Comisión estatal de derechos humanos. 

Cuando revisaron el expediente, detectaron anomalías graves, como que no todas las copias están foliadas -con el riesgo de que alguien pueda quitar o añadir documentos sin que quede registro- y que hay un tomo de la investigación en el que las copias no están certificadas. 

Además, apunta Rosa María, en estos cuatro años han tenido que aguantar presiones, intimidaciones y todo tipo de comentarios por parte de los agentes del Ministerio Público, como que su caso era “una basura sin sustento”, o que no se metieran a indagar nada porque “son unas chismosas que no saben nada”.

“Se están burlando de nosotros”

Don Hilario García Torres, indígena de 62 años, vive en La Concepción Mayorazgo, en una zona serrana del Estado de México a la que se llega por una empinada carretera que va serpenteando hasta hacer cumbre en un cerro colmado de nubes blancas. 

Ahí, frente a una pintoresca iglesia pintada de blanco y azul claro, don Hilario tiene una pequeña tiendita de abarrotes que está vacía de clientes y de productos porque no hay dinero suficiente para llenar los estantes. Por eso necesitaba el apoyo de Sedatu. Y por eso también le entregó a José de Jesús una suma de dinero que prefiere no precisar, que lo dejó al borde de la ruina y de la ruptura familiar. 

“Llevo años trabajando, como quien dice, solo para para José de Jesús”, dice con una sonrisa amarga. 

A continuación, Hilario se remanga la camisa sobre los antebrazos, apoya la espalda en la pared de ladrillos de su casa, y asegura que no entiende cómo han pasado ya cuatro años y el exasesor técnico de Sedatu sigue libre y sin darles cuenta de su dinero.

“La Fiscalía solo nos trae de aquí para allá y en cuatro años no nos ha resuelto nada. Dicen que le han mandado citatorios para que se presente por su pie ante el juez, pero no ha pasado absolutamente nada. Se están burlando de nosotros, tanto José de Jesús como la justicia”.

“Montañas” de papeles

A unos kilómetros de la casa de Hilario, entre criaderos de truchas y ríos de agua limpia donde lavan su ropa algunos de los pocos habitantes que aún viven en la localidad de Rosa de Palo Amarillo, el señor Adán Federico Vázquez muestra las casas de madera donde vive con su esposa, hijos y nietas. 

Varias de las casitas están a punto de desmoronarse por la lluvia y la fuerte humedad que reblandece la tierra arcillosa. Por eso necesitaba el proyecto de Sedatu, para cambiarlas por unas de bloque de concreto. 

Sin embargo, Adán Federico, que viste pantalones y chamarra café, camisa de cuadros, y un sombrero vaquero, asegura que él y su familia no tiene más remedio que seguir habitando esas viviendas e ir malvendiendo los pocos animales que le restan para hacer frente también a la deuda que les dejó el exasesor de Sedatu. 

“En el Ministerio Público nos han pedido montones de papeles -dice el señor Adán mesándose el mostacho que luce a lo Pancho Villa-. ¡Les hemos dado montañas de papel! Pero siempre les falta algo. Siempre. Por eso no sabemos para qué sirve ir con ellos. Porque no han hecho nada para ayudarnos”, lamenta.

Tras al menos cinco citatorios sin respuesta, y sin que se haya presentado a ninguna de las audiencias iniciales, José de Jesús Hernández está nuevamente citado a comparecer el próximo 12 de noviembre en los juzgados de Ixtlahuaca, Estado de México. En caso de presentarse, un juez decidirá si los elementos de la Fiscalía mexiquense son suficientes o no para vincularlo a proceso por el presunto fraude de 5 millones 330 mil pesos a los integrantes de MATI AC. 

Previo a la publicación de este reportaje, Animal Político buscó a José de Jesús Hernández para conocer su versión de los hechos a través del abogado Salomón Valverde. Sin embargo, éste respondió a la solicitud de entrevista asegurando que desde hace dos años ya no defiende al señor José de Jesús y que desconoce su paradero actual.

Este medio también preguntó a la Fiscalía General del Estado de México por una postura. Pero, al momento de publicar este reportaje, no dio respuesta. 

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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