Niñez interrumpida: la realidad de los matrimonios forzados en Veracruz
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Niñez interrumpida: la realidad de los matrimonios forzados en Veracruz

Los matrimonios arreglados por los padres y madres a cambio de la entrega de una dote, ya sea en recursos o en especies, existen en varias comunidades indígenas del estado de Veracruz. 
Por Ana Alicia Osorio/Testigo Púrpura*
4 de noviembre, 2019
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“Yo lloraba”, dice Juana una y otra vez al recordar el día de su boda. Una boda que sus papás y la familia de su ahora esposo arreglaron cuando ella apenas tenía 12 años, sin tomar en cuenta su opinión y a cambio de un cochino. Su papá le advirtió que no podía oponerse, pese a que su futuro marido era un completo extraño para ella: solo lo había visto una vez en su vida.

Desde entonces ella vive en un matrimonio forzado, como más de 523 mil mujeres en México según estima el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, aunque las cifras varían entre distintas instituciones, en un reflejo de lo complejo que es medir este fenómeno.

El matrimonio forzado que vive Juana, a quien se le cambió el nombre para proteger su identidad, tiene una pena de entre 4 y 10 años de prisión y es considerado una forma de trata de personas según la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas.

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Pero ella no lo sabe, como muchas de las mujeres que viven una situación similar. 

Por eso Juana, que ahora tiene 33 años, aún vive con su marido. Ya han pasado más de 20 años desde que su ahora esposo llegó a la comunidad popoluca de la Sierra de Soteapan, al sur del estado de Veracruz, a pedirla en matrimonio.

Juana no hablaba español, su esposo no hablaba popoluca. Pero eso no le importó a las familias, quienes consideraron que debía seguirse la tradición de la forma en que se pactan las bodas en su comunidad, y planearon una fiesta de tres días tras acordar que el novio debía entregar un cochino a la familia de ella. Así se hizo. 

“Yo lloraba, le digo (decía) ´yo no quiero ir allá (a la casa que compartiría con su esposo), es que allá no tengo familia, allá con quién voy a platicar y yo que no sé hablar en español  (…) dice mi papá aquí mando yo, aquí las chamacas no escogen su novio, aquí ir cuando el chamaco ya llegó y tú ir”, cuenta Juana sentada afuera de la casa de madera que comparte con sus esposo y parte de sus siete hijos, en un español aún confuso. 

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La directora General del Instituto Veracruzano de Asuntos Indígenas (IVAIS), Xóchitl Molina González, aseguró que los matrimonios arreglados por los padres y madres a cambio de la entrega de una dote, ya sea en recursos o en especies, existen en varias comunidades indígenas del estado de Veracruz. 

Sostuvo que una de las problemáticas que enfrentan es que las personas no lo identifican como un delito ni como algo que no debiera suceder, debido a la educación machista que aún persiste. 

Matrimonios sin registro

El primer día de la boda de Juana, la familia de su ahora esposo llegó con una caja de refrescos y una de cerveza para brindar. Así marca la tradición en su pueblo. 

El segundo los invitados comieron y rieron. El tercero sentaron a los dos novios en medio del patio, donde las personas mayores les dieron consejos para su matrimonio y después caminaron con ellos hacia donde vivirían. 

La boda de Juana, según la costumbre en la región, no pasó por el Registro Civil ni está legalizada ante ninguna institución; es decir, ella vive en concubinato. 

Ivonne Piedras, directora de organización y campañas de Save The Children México, afirmó que la  mayor parte de las uniones donde hay menores de edad involucradas son informales; sin embargo esa problemática no ha sido atendida. 

En Veracruz y en todo México el matrimonio antes de los dieciocho años está prohibido desde el año 2018; pero el Fondo de Población de Naciones Unidas en su programa sobre matrimonio infantil advirtió que la prohibición legal es insuficiente para desaparecer estas prácticas, por lo que es necesario implementar otras medidas, especialmente para aquellos casos donde los padres ven el casamiento de sus hijas como una fuente de ingresos. 

Además, señala que son necesarias acciones para casos como el de Juana, donde ya hubo una unión. 

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Falta de detección

A unos cuantos metros de la casa de Juana, Martín observa pasar a las jóvenes que salen de la secundaria y caminan por la calle principal del pueblo. 

Allí, lamenta que no todas sigan la tradición popoluca y que conozcan a sus novios por redes sociales antes de que el “embajador” llegue a preguntar por su estado civil. 

Recuerda hace 19 años cuando vio a su ahora esposa cerca de la cancha de futbol y ella le sonrió.

Aunque nunca habían hablado, decidió que quería casarse con la  joven de 15 años, contactó a su familia y envió a una persona mayor (conocida como embajador) a preguntarle a los papás de ella si tenía compromiso. Así se cerró el trato y ahora están casados. 

Mientras ve a su esposa y a su nuera, con un vestido satinado y de colores brillantes tradicional de la zona, cuenta que la historia de su hijo es muy similar, aunque él lleva solo dos años casado. 

La Comisión Nacional de Derechos Humanos, en su informe Prevención del Matrimonio Temprano de Niñas, Niños y Adolescentes, señala que la práctica cultural de los “arreglos” nupciales de menores de edad violenta sus derechos, pero es muy común principalmente en casos de niñas y adolescentes indígenas. Martín no lo percibe así. 

Aunque las estimaciones son altas, la Fiscalía General del Estado de Veracruz y el Instituto Veracruzano de las Mujeres no han identificado  en los últimos cinco años a ninguna mujer que haya sido víctima de este tipo de matrimonios forzados, que por ley son considerados trata de personas, según las respuestas a las solicitudes de información enviadas por este medio.

Sin embargo, a pesar de que estas instituciones no lo tengan registrado y no hayan tomado acciones, el Gobierno del Estado sí identificó un caso durante este año. 

La directora General del Instituto Veracruzano de Asuntos Indígenas (IVAIS) señaló que el caso ocurrió en la zona norte del estado de Veracruz , donde una joven que acababa de cumplir los 18 años llegó a pedir ayuda. 

“Una niña, una joven, fue entregada, sufrió mucho maltrato. Tuvo un hijo y cuando es así por dote pues la tienen como mandadera, a las órdenes de la persona. La jovencita ya tuvo la mayoría de edad y acudió con nosotros, pero tenía un bebé de cuatro meses, entonces ella huye, nosotros la refugiamos”, contó. 

Explicó que lograron separarla del esposo y que se fuera con otros familiares. Su caso no está registrado por las dependencias que debieron ayudarla. 

Mónica Salazar, directora de la ONG especializada en trata Dignificando el Trabajo (DITRAC), sostuvo que es necesario capacitar a las autoridades para que conozcan cómo actuar y detectar matrimonios forzados y trata de personas. 

“Muchos de los casos de violencia que están en México contabilizados como casos 

de violencia contra las mujeres partirían de una situación de matrimonio forzado”, sentenció. 

Sin estudios ni dinero 

Soteapan es un municipio enclavado en la sierra donde el 89.3 por ciento de las personas viven en pobreza, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Socia (Coneval). Desde allí es donde Juana cuenta su historia. 

“Mi papá no me dio estudio. Mi papá dijo que a las niñas no les voy a dar estudio porque luego nada más encuentran macho allá en la escuela“, contó Juana sobre por qué no pudo terminar la primaria. 

Si su papá no le permitió estudiar, menos pudo hacerlo después de estar casada. Sobre todo porque a los 15 años ya se había convertido en madre. 

Ahora Juana tiene siete hijos (y tuvo otro que murió) y narra entre risas que el número podría aumentar porque aún no se ha operado para evitarlo. 

Se dedica al hogar, a mantener limpia la ropa y cocer el maíz, tal y como le recomendaron el día de su boda. 

La directora de organización y campañas de Save The Children señaló que algunas de las consecuencias que dejan los matrimonios infantiles son justamente que las mujeres abandonan la escuela, tienen hijos muy jóvenes y viven en condiciones de pobreza. 

“Las profundas desigualdades de género siguen haciendo que la sociedad vea normal que una adolescente esté unida o casada y todo el tiempo en el proceso de crecimiento nos están recordando que el mejor papel que podemos desempeñar como mujeres es ser madre o esposa”, afirmó. 

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) establece que los gobiernos de los países deben asegurar que las mujeres tengan derecho de elegir libremente a sus cónyuges así como los mismos derechos y responsabilidades en el matrimonio; pero además pide que se tomen medidas especiales para evitar el matrimonio de menores de edad. 

México no es un caso aislado. A nivel mundial, los matrimonios forzados también son un fenómeno que preocupa. Según un informe elaborado por la Oficina Internacional del Trabajo y la ONG Walk Free Fundation 15.4 millones de personas en el mundo viven en un matrimonio forzoso, de las cuales 88 por ciento son mujeres y 37 por ciento se casaron antes de los 18 años. 

¿La salida? 

Según la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, Juana y todas las otras víctimas de estos delitos debieran tener alojamiento, atención médica y acceso a la educación, entre muchos otros derechos. 

Sin embargo, Juana no piensa en pedir ayuda o en salir de allí, pues para ella ha sido cotidiano los matrimonios como el suyo. Así vio casarse a sus hermanas y primas y así fue como ella negoció el matrimonio de su hijo mayor a cambio de un toro. 

Además, según contó, considera haber tenido suerte, pues ella no es parte de las estadísticas de violencia física como lo son muchas de sus conocidas.

“Gracias a Dios que nunca me golpean como a las otras señoras que dicen que les pegan, les maltratan. Yo no, no somos casados por el civil, estoy en unión libre pero no tenemos problemas, nunca peleamos y nunca nos agarramos a golpes”, narró sonriente. 

*Este reportaje fue realizado con apoyo de la Fundación Thomson Reuters.

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Cómo los agricultores y científicos modifican tus alimentos para que tengan mejor sabor

Los científicos dicen que manipulando genes pueden crear frutas y verduras más sabrosas ¿Cómo lo están haciendo?
26 de junio, 2021
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“La del sabor es una tendencia que está resurgiendo, sin lugar a dudas”, dice Franco Fubini, fundador de la empresa proveedora de frutas y verduras Natoora.

Es posible que te sorprenda que el sabor haya pasado alguna vez de moda.

Pero encontrar variedades de frutas y verduras realmente sabrosas puede ser difícil, en gran parte debido a los requisitos de los supermercados, dice Fubini.

“Empezaron a exigir que las variedades tuvieran una vida útil más larga, en el caso del tomate, por ejemplo, que tuviera una piel más gruesa para que la piel no se rompiera fácilmente, un tomate que quizás madurara más rápido, que pudiera absorber más agua”.

“Así que con el tiempo cultivas tus variedades con el objetivo de conseguir otros atributos que no sean el sabor. El sabor comienza así a perder importancia y, debido a que se trata de la naturaleza, si cultivas para otros rasgos, extraes el sabor”.

La empresa de Fubini se especializa en productos de temporada seleccionados por su sabor y vende sus productos a restaurantes y tiendas de alta calidad en todo el mundo.

“Parte de este renacimiento proviene de los restaurantes, porque los chefs tienen mucha influencia”, explica. “Eso y los viajes han estimulado este renacimiento del sabor, esta búsqueda de sabor”.

Los agricultores y los investigadores están liderando esta búsqueda, utilizando técnicas sofisticadas para producir frutas y verduras que tengan todo el sabor de las variedades tradicionales y, al mismo tiempo, mantengan contentos a los supermercados.

Profesor Harry Klee

H Klee
Harry Klee utiliza el tomate para entender la composición química y genética de las frutas y vegetales.

El profesor Harry Klee, del Departamento de Ciencias Hortícolas de la Universidad de Florida, en Estados Unidos, está trabajando para comprender la composición química y genética del sabor de las frutas y las verduras, centrándose en el tomate.

“El tomate ha sido un sistema modelo a largo plazo para el desarrollo de fruta. Tiene un tiempo de generación corto, grandes recursos genéticos y económicamente el cultivo de frutas más importante en todo el mundo”.

“Fue la segunda especie de planta cuyo genoma se secuenció completamente, una gran ayuda en el estudio de la genética de un organismo”.

El sabor de las plantas es un fenómeno complejo.

En el caso del tomate, es una combinación de azúcares, ácidos y más de una docena de compuestos volátiles derivados de aminoácidos, ácidos grasos y carotenoides.

El profesor Klee quiere identificar los genes que controlan la síntesis de estos compuestos volátiles y usarlos para producir un tomate de mejor sabor.

“No estamos todavía en la etapa en la que hayamos completado en una sola línea el ensamblaje de las características de un sabor superior, pero esperamos lograrlo en un año más o menos”, dice.

Es posible utilizar la modificación genética (GM) para mejorar el sabor mediante la importación de genes de otras especies, pero en gran parte del mundo los productos creados de esta manera están prohibidos.

frambuesas Pairwise

Pairwise
Pairwise usa tecnología de edición genética para crear nuevos cultivos.

Sin embargo, otras formas de manipulación genética son más aceptadas.

La firma estadounidense Pairwise está trabajando en nuevas variedades de frutas y verduras utilizando CRISPR, la tecnología de edición de genes con licencia de Harvard, el Instituto Broad y el Hospital General de Massachusetts.

En lugar de tomar genes de otras especies, como los transgénicos, con CRISPR se modifican los genes existentes dentro de la planta mediante cortes y empalmes.

“Estamos haciendo cambios muy pequeños en uno o dos fragmentos del ADN”, explica el cofundador de Pairwise, Haven Baker.

En la mayor parte de América del Norte, América del Sur y en Japón lo producido mediante el uso de esta técnica se considera “no modificado genéticamente”.

Sin embargo, en Europa, donde la cuestión de la modificación genética es muy polémica, se considera transgénico y se mantiene bajo una estricta regulación.

Después de salir de la Unión Europea, el Reino Unido lanzó una consulta sobre el uso de la edición genética para modificar el ganado y los cultivos alimentarios en Inglaterra.

Incluso en EE.UU., donde las opiniones están menos arraigadas, algunos productores desconfían de la modificación genética.

“No somos fanáticos de esto en absoluto. Aunque a veces la innovación bien hecha puede funcionar, creemos en la tradición y no necesariamente en intervenir las cosas. Se trata de volver la mirada a la naturaleza y a la forma en que la naturaleza funciona”, señala Fubini.

Pero hay innovaciones que serían extremadamente difíciles de conseguir sin una intervención a nivel genético.

Uno de los primeros productos en lo que trabaja Pairwise, que se espera tener listo en uno o dos años, es una zarzamora sin semillas que, según dice, tendría un sabor más consistente que las variedades tradicionales.

También está trabajando en una cereza sin hueso.

Todo esto podría hacerse mediante técnicas tradicionales de mejoramiento, pero como los árboles frutales tardan años en crecer, sería un proyecto a muy largo plazo.

“La cereza es una de las frutas que nos interesa y teóricamente podríamos conseguir una variedad sin hueso por medio del cultivo, pero nos llevaría entre 100 y 150 años”, asegura Baker.

remolacha

Row 7
El abastecedor de semillas Row 7 tiene 150 cocineros y chefs que ofrecen críticas sobre sus cultivos.

Algunos en la industria agrícola están combinando técnicas nuevas y antiguas.

La empresa de semillas orgánicas Row 7, con sede en EE.UU., lleva a cabo programas de mejoramiento para desarrollar productos nuevos y de mejor sabor.

Sus proveedores de semillas utilizan técnicas tradicionales de polinización cruzada, junto con la selección genómica (la capacidad de examinar marcadores genéticos moleculares en todo el genoma de la planta) para predecir rasgos como el sabor con una precisión razonable.

Además, cuenta con una red de 150 cocineros y agricultores que evalúan su trabajo.

“Evalúan las variedades que aún están en desarrollo y opinan sobre su potencial en el campo y en la cocina”, señala la directora de operaciones Charlotte Douglas.

Uno de sus productos estrella es la remolacha Badger Flame, cultivada para ser consumida cruda, de sabor dulce sin resultar terrosa.

“Esta variedad se habría perdido si no hubiera sido por la defensa de los chefs y productores. Está ampliando nuestra comprensión de lo que puede ser una remolacha, introduciendo nuevas oportunidades para la exploración”, afirma Douglas.

col rizada

Getty Images

Algunas plantas pueden tener el tipo de sabor incorrecto. Con la col rizada, por ejemplo, aunque su hoja verde es nutritiva, su poderoso sabor puede resultar desagradable a algunos.

Baker y su equipo en Pairwise están trabajando en una planta más dulce y de un sabor más suave.

“La col rizada es muy nutritiva, pero a la gente no le gusta comerla. Por eso, hemos utilizado la ingeniería genética para producir verduras de hoja verde que tengan una mejor nutrición, pero que tengan el sabor de las lechugas a las que estamos acostumbrados”, dice.

En el caso de la col rizada, el sabor fuerte se considera una desventaja, pero en general, el sabor tiende a ir de la mano con la nutrición.

“Cultivar para obtener sabor significa cultivar para obtener exquisiteces; significa cultivar para la nutrición porque la mayoría de las veces, cuando se selecciona un sabor complejo, también se hace en función de la densidad de nutrientes”, señala Douglas.

“Implica cultivar con sistemas orgánicos, con un tipo de agricultura cuyo objetivo es obtener el mejor sabor posible y una mayor diversidad”.


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