¿Retirarte a los 66 años? Sí, y estas son las razones que da la OCDE para los trabajadores
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¿Retirarte a los 66 años? Sí, y estas son las razones que da la OCDE para los trabajadores

Según el organismo para 2060 la esperanza de vida aumentará alrededor de 4.1 años, por lo que es posible incrementar la edad para pensionarse.
Cuartoscuro
27 de noviembre, 2019
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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) exhortó a los gobiernos a crear reformas para los sistemas de pensiones con el fin de alargar la edad de retiro de los trabajadores e incluir a más trabajadores independientes o de tiempo parcial.

En su informe “Las Pensiones de un vistazo 2019”, presentado este miércoles, la OCDE señaló que los 36 países que la conforman no se están adaptando a las tendencias del mercado laboral y alertó sobre las desigualdades entre los trabajadores asalariados y los independientes.

Lee más: Adultos mayores trabajan por bajos sueldos y reciben pensiones precarias

Sobre el tema de aumentar la edad de retiro, la OCDE argumentó que la medida serviría para mejorar las finanzas de los sistemas de pensiones en cada país, así como para ofrecer “mejores tasas de reemplazo a los trabajadores”.

Según la OCDE, el “prolongar la vida laboral permite a las personas acumular derechos de pensión adicionales, aumentando los beneficios”.

El organismo agregó que la edad de retiro en los países aumentará, en promedio, de 64.2 a 66.1 en los próximos años.

La expectativa de la OCDE es que de aquí al 2060, la esperanza de vida aumente alrededor de 4.1 años, por lo que el incremento de edad para pensionarse no sería un problema para los trabajadores.

Los riesgos de no aumentar la edad

Ante la aceleración del envejecimiento de la población en los países que conforman la OCDE, el organismo advirtió que si los gobiernos no implementan reformas de pensiones cada vez habrá más trabajadores cerca de jubilarse y menos jóvenes.

Expuso que en 1980 en los países de la OCDE había dos personas mayores de 65 años por cada 10 en edad de trabajar (entre 20 y 64 años), cifra que aumentará a algo más de tres en 2020, y se prevé que para 2060, este número alcance casi seis.

“Se espera que el envejecimiento sea particularmente rápido en Grecia, Corea, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia y España, mientras que Japón e Italia permanecerán entre los países con las poblaciones más envejecidas”, expuso.

Pobreza en la vejez

El organismo, con sede en París, indicó que en la actualidad las personas mayores de 65 años reciben menos del 70% del ingreso disponible promedio de toda la economía en Estonia y Corea del Sur, pero un poco más del 100% en Israel, Francia y Luxemburgo.

Detalló que en promedio en la OCDE, los mayores de 65 años reciben el 87% de los ingresos de la población total.

La tasa de pobreza relativa para los mayores de 65 años es de 13.5%, ligeramente más alta que para la población en general que es de 11.8%.

Precisó que en Dinamarca, Francia, Islandia y los Países Bajos la tasa de pobreza en la vejez es inferior al 4.0%. Mientras que en Australia, Estonia, Corea, Letonia, Lituania, México y Estados Unido es superior al 20%.

Agregó que en 2018, la edad normal de jubilación para los hombres era de 51 años en Turquía, mientras que en Islandia, Italia y Noruega era de 67 años tanto para hombres como para mujeres.

Entérate: Programa de pensiones para adultos mayores funcionará al 100% en 6 meses, promete AMLO

La OCDE indicó que la edad de jubilación normal futura variará de 62 años en Grecia, Luxemburgo, Eslovenia y Turquía; a 71 años o más en Dinamarca, Estonia, Italia y los Países Bajos.

El organismo alertó que retroceder en las reformas de pensiones que abordan las necesidades a largo plazo, puede provocar que “los sistemas de pensiones sean menos resilientes a las crisis económicas en el futuro y no estén preparados para enfrentar el envejecimiento de la población”.

Igualdad para todos los trabajadores

La OCDE también pidió a los gobiernos que sus reformas para los sistemas de pensiones garanticen que la creciente proporción de trabajadores en empleos temporales o de medio tiempo, contribuyan lo suficiente durante su vida laboral para recibir un ingreso adecuado en la jubilación.

El organismo consideró que el empleo no estándar, como el autoempleo, el trabajo temporal o a tiempo parcial, representa en la actualidad más de un tercio del empleo en las naciones de la OCDE.

“El trabajo a tiempo parcial es tres veces más frecuente entre las mujeres que entre los hombres y el trabajo por cuenta propia es particularmente común entre los trabajadores de más edad”, precisó el organismo.

“Los gobiernos deben establecer rápidamente pensiones más inclusivas y armonizadas para todos”, llamó el secretario general de la OCDE, Angel Gurría, destaca el informe.

“Es esencial reformar las políticas de pensiones en los países de la OCDE para reducir las brechas entre los trabajadores estándar y no estándar en términos de cobertura, cotizaciones y derechos”, agregó.

Gurría acotó que en el panorama actual por lo general los trabajadores no estándar ganan menos, a menudo contribuyen también menos a las pensiones, señaló.

Como ejemplo señaló que sí un trabajador independiente contribuye durante su vida laboral completa, “termina con alrededor del 80% del beneficio de pensión que los empleados asalariados con ingresos similares recibirían de esquemas obligatorios, en promedio en toda la OCDE”.

Por ello, llamó a los gobiernos a crear pensiones más inclusivas y armonizadas para todos, en lugar de un cambio radical en el diseño y la financiación de las pensiones.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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