Robos violentos en cajeros automáticos de la CDMX se duplicaron este año respecto a 2018
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Robos violentos en cajeros automáticos de la CDMX se duplicaron este año respecto a 2018

El más reciente reporte de la Agencia Digital de Innovación Pública del gobierno capitalino muestra que también se disparó el robo a pasajeros de taxi; bajaron los asaltos en la vía pública y en el Metro.
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14 de noviembre, 2019
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Tras salir el miércoles de una sucursal bancaria de donde retiró 45 mil pesos en efectivo, el encargado de alimentos de la universidad Tecnológico de Monterrey, en el campus Santa Fe de la Ciudad de México, fue asaltado por dos hombres armados que le dispararon en una pierna y se dieron a la fuga con el botín, hasta que horas después fueron detenidos por la policía capitalina. 

Sucesos como este no son, desde luego, novedosos en la ciudad; de hecho, son una constante desde hace décadas. Sin embargo, las estadísticas oficiales advierten que, en lo que va de la nueva administración de Claudia Sheinbaum, hubo un aumento sobresaliente de los asaltos saliendo de un cajero o sucursal bancaria. 

De acuerdo con cifras presentadas el miércoles por la Agencia Digital de Innovación Pública en su informe más reciente, entre enero y octubre de este año van contabilizadas 586 carpetas de investigación por asaltos con violencia en cajeros; es decir, algo más de 2 atracos por día. 

Esta cifra supone que entre enero y octubre de este año se han cometido 303 asaltos más en cajeros que en el mismo periodo de 2018; un alza del 100%.

El aumento de asaltos en cajeros de la Ciudad también se aprecia si se mide en tasa por cada 100 mil habitantes: en 2018, la tasa era de 3.24 robos en cajero por cada 100 mil habitantes, mientras que este año aumentó al doble: 6.68 sucesos por cada 100 mil personas. 

En cuanto a la comparativa de diciembre de 2018, el primer mes de la nueva administración capitalina, con octubre de este año, ésta arroja un ligero aumento del 10%: se pasó de 50 denuncias cuando llegó Claudia Sheinbaum a 55 en octubre.

Las estadísticas publicadas por la Agencia Digital muestran que en los últimos dos meses la curva de evolución de los asaltos en cajero va en descenso, aunque las 55 denuncias de octubre aún están lejos de las 28 que se registraron en julio del año pasado. 

El miedo a ser víctima de un asalto en un cajero automático no es exclusivo de los habitantes de la Ciudad de México. De hecho, en su más reciente encuesta de junio de este año sobre percepción ciudadana de seguridad, el Inegi señaló que 8 de cada 10 mexicanos se sienten inseguros cuando sacan dinero de un cajero automático localizado en la vía pública, y 6 de cada 10 dijeron lo mismo cuando están en un banco. 

Se disparan robos violentos en taxi 

Otro delito que ha experimentado un aumento notable en la Ciudad de México es el de robo a pasajero a bordo de taxi con violencia. 

Según las cifras oficiales, en la presente administración de Sheinbaum se registraron 346 denuncias por asaltos en el taxi, hasta 192 más que el año pasado; un aumento del 124%. 

Por tasa, en 2018 ésta era de 2.18 robos a pasajeros de taxi por cada 100 mil habitantes, y en 2019 se disparó a más del doble: 4.15 por cada 100 mil habitantes. 

Otro delito que se disparó es el de robo a transportista con y sin violencia: en la presente administración, suman 102 denuncias por este ilícito; un 61.9% más que el año pasado. 

Mientras que el robo a casa habitación con violencia aumentó 48%: de 432 carpetas de investigación por este delito en 2018, se pasó a 643 en la presente administración.

Para todos estos delitos, incluido el de asaltos en cajeros, la Agencia Digital de Innovación Pública señaló que durante la pasada administración hubo un “maquillaje” de las cifras para reportarlas a la baja. 

Por ejemplo, en el caso de los asaltos en cajeros, la Agencia señaló que el año pasado se registraron 335 carpetas de investigación, cuando en realidad eran 368, casi un 10% más. 

En otro ilícito, el de las violaciones sexuales, la Agencia reportó un subregistro de más del 90%: el anterior gobierno capitalino reportó 729 carpetas por este delito en 2018, cuando en realidad sumaban mil 401.

Por otra parte, las estadísticas oficiales muestran que en lo que va del Gobierno de Claudia Sheinbaum 8 delitos se redujeron, entre estos varios de alto impacto social y de alta incidencia. 

Uno de los delitos de alto impacto que van a la baja es el de secuestro, que se redujo un 33.8%: se pasó de 242 denuncias en 2018, y una tasa de 2.7 cada 100 mil habitantes, a 160 casos en lo que va de 2019, y una tasa de 1.8 cada 100 mil.  

Los robos en el Metro también reportan un descenso notable: se pasó de 3 mil 893 denuncias el año pasado a 2 mil 556 en 2019, un descenso del 34%. 

Mientras que los robos a transeúnte en vía pública y sin violencia también bajaron 33.8%. 

¿Sí bajaron los homicidios?

Recientemente, el pasado lunes, la jefa capitalina presumió en un evento con secretarios de seguridad municipales que los homicidios también bajaron en la ciudad, al igual que otros ilícitos como el robo de vehículos con y sin violencia. 

Concretamente, la mandataria dio dos datos. 

Uno, si se compara el dato del mes de octubre de 2018 con el de octubre de este año, hay una reducción de los asesinatos del 12%. 

Y dos, si se compara diciembre de 2018, cuando ella entró al gobierno, con el último mes de octubre de este año, la reducción es aún más grande: el 34%.

“No estamos satisfechos con todo lo que se ha hecho, pero vamos por buen camino”, subrayó Sheinbaum.

Ambas cifras son ciertas. Sin embargo, la jefa capitalina no dijo que la comparativa de sus 11 meses de gobierno con el mismo periodo del año anterior no arroja una reducción global de homicidios dolosos, sino un aumento.

Según datos de la Procuraduría capitalina, en lo que va de gobierno de Sheinbaum suman mil 338 carpetas de investigación por homicidio doloso, 122 más que en el mismo periodo del 2018.   

Por ello, El Sabueso, el ejercicio periodístico de fact-checking de Animal Políticocalificó el dicho de Sheinbaum como discutible, pues dependiendo del periodo que se revise se puede concluir que los homicidios disminuyeron o aumentaron. 

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Burnout: qué es el síndrome de estar ‘quemado’ por el trabajo y cómo combatirlo

Fruto del estrés laboral crónico, el síndrome es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas que puede empeorar con la pandemia.
16 de julio, 2021
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¿Se ha encontrado en alguna ocasión de su vida agotado física y mentalmente? ¿Ha tenido una actitud de indiferencia y desapego en el trabajo? ¿Se ha sentido desmotivado, frustrado y ha disminuido su productividad laboral?

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa entonces ha sufrido el síndrome de burnout o síndrome del “quemado”.

Catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un riesgo laboral en 2019, se incluyó en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11), cuya entrada en vigor se ha fijado para el 1 de enero de 2022.

Se trata de un trastorno cada vez más conocido y diagnosticado.

Combina factores de riesgo personales con factores de riesgo relacionados con la organización.

De hecho, es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas.

Un chico tapándose la cara

Getty Images

Origen del síndrome

El término “burnout” fue descrito por primera vez en 1974 por el psicoanalista Herbert Freudenberger.

Observó en una clínica para toxicómanos en Nueva York cómo la mayoría de los voluntarios tenía una pérdida de energía progresiva hasta llegar al agotamiento.

También detectó síntomas de ansiedad, depresión y desmotivación en el trabajo, además de agresividad hacia los pacientes al cabo de un año de estar trabajando.

Su descripción fue la siguiente: “Una sensación de fracaso y una experiencia agotadora que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador”.

Doctora en su oficina

Getty Images

Principales características

El síndrome es consecuencia de un estrés laboral crónico.

Suele aparecer en personas cuya profesión demanda entrega y dedicación a los demás, como es el caso de la enseñanza, la salud o los servicios sociales.

Afecta especialmente a los profesionales de la salud, dado que se encuentran expuestos al sufrimiento humano y a la muerte.

Además tienen un alto nivel de exposición laboral, con largas jornadas de trabajo y un nivel elevado de exigencia y sobrecarga de tareas.

Esta exposición a largo plazo genera una pérdida de energía, un sentimiento de falta de realización personal y una despersonalización que pueden ocasionar trastornos de salud y poca motivación para el trabajo, generando errores y deterioro de la calidad del servicio.

Hombre en la cama, mirando el celular durante la noche

Getty Images

Tres componentes significativos caracterizan al síndrome del quemado:

  1. Estado de agotamiento emocional: sentimiento de estar sobrepasados emocionalmente y exhausto en el trabajo.
  2. Actitud cínica o distante frente al trabajo: percepción deshumanizada de las personas con las que nos relacionamos en el trabajo.
  3. Sensación de ineficacia, de no hacer bien las tareas: insatisfacción en el trabajo con sentimientos de descontento y desmotivación.

Instrumentos de evaluación

Existen varios instrumentos para medir el desgaste profesional por parte de los médicos.

Uno de los más conocidos es la escala de Maslach o Maslach Burnout Inventory, que consta de 22 ítems en forma de afirmaciones sobre los sentimientos y actitudes del profesional.

Otra escala es el inventario de burnout de Conpenhague, compuesto por 19 preguntas divididas en tres escalas para medir el agotamiento personal.

Ambos instrumentos son de utilidad para poder determinar si un trabajador sufre el síndrome del quemado.

Pero los tiene que utilizar un profesional, para realizar una correcta interpretación.

Edificio de oficinas con muchas personas trabajando de noche

Getty Images
Algunas sociedades glorifican el exceso de trabajo hasta el punto de agotamiento.

Otros factores que influyen

Existen varios factores que influyen en este síndrome.

Estos son los más destacables:

  1. Los turnos laborales y el horario de trabajo. Tienen influencias biológicas y emocionales claras: alteraciones del ritmo cardiaco, ciclo sueño-vigilia, etc.
  2. La seguridad y estabilidad del trabajo, especialmente en época de crisis. Perder el trabajo o estar bajo la presión de perderlo durante un tiempo prolongado.
  3. Falta de formación profesional para desempeñar las tareas y falta de asertividad. No estar preparado y, por lo tanto, no poder hacer correctamente el trabajo. No saber decir no y asumir más carga de trabajo de la que podemos llevar a cabo.
  4. La estructura y clima organizacional: organizaciones complejas, con muchos requerimientos, exceso de burocracia y responsabilidades que pueden afectar al grado de control del individuo, incluyendo un alto nivel de estrés, carga de trabajo excesiva o poca autonomía profesional.
  5. Las relaciones interpersonales con otros compañeros de trabajo basadas en la falta de confianza, poca o escasa cooperación o destructivas, con altos niveles de tensión.

Además de lo anteriormente expuesto, a nivel personal hay una serie de factores de riesgo, como son: el deseo de destacar y ser brillante, la autoexigencia, una baja tolerancia al fracaso, el perfeccionismo, la ambición, creerse indispensable, tener pocos intereses fuera del trabajo o ser excesivamente idealistas.

Bañistas sentados frente a la playa

Getty Images

¿Cómo lo podemos prevenir?

Existen algunas medidas eficaces:

  • Dar información sobre el síndrome de burnout, sus síntomas y consecuencias, de manera que lo podamos detectar de forma rápida.
  • Permanecer atentos a las condiciones del ambiente laboral.
  • Impartir formación sobre habilidades sociales y estrategias para enfrentarse a los cambios.
  • Fomentar actividades extralaborales.

Es muy importante no estar centrados en temas de trabajo siempre, dentro y fuera, sino romper y mantener una vida activa desconectados del trabajo.

Mejor tratamiento

El tratamiento se centra principalmente en la atención a la disminución del estrés o el desarrollo de nuevos hábitos positivos que reduzcan la aparición del mismo.

Trabajar la resiliencia es muy importante, para que la persona pueda aprender, mejorar y recuperarse.

La mejora de la autoestima, el ajuste de las expectativas a la realidad o el fomento de hábitos saludables, además de contar con herramientas para combatir el estrés, nos darán la llave del éxito frente a una enfermedad que ha crecido durante la pandemia.

*Fernando Díez Ruiz es profesor doctor en la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto y Pedro César Martínez Morán es director del Máster en Recursos Humanos de ICADE Business School de la Universidad Pontificia Comillas.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee el artículo original aquí.


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