'Estamos checando' si hubo delitos en marcha #25N: Sánchez Cordero; manifestaciones deben ser ordenadas, dice
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Foto: Elizabeth Cruz

'Estamos checando' si hubo delitos en marcha #25N: Sánchez Cordero; manifestaciones deben ser ordenadas, dice

"Estoy en contacto con la Jefa de Gobierno para ver en realidad cuáles son las conductas que se realizaron, que pudieran ser conductas ilícitas", dijo la titular de Segob.
Foto: Elizabeth Cruz
26 de noviembre, 2019
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La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo que están analizando si durante la protesta de mujeres del lunes en la Ciudad de México hubo conductas ilícitas.

“Estoy en contacto con la Jefa de Gobierno para ver en realidad cuáles son las conductas que se realizaron, que pudieran ser conductas ilícitas”, mencionó la funcionaria federal a medios, ante los hechos de pintas y objetos que rompieron mujeres con el rostro cubierto.

La Procuraduría de la Ciudad de México indicó que ninguna persona había sido detenida durante la marcha, para la que fue desplegado un operativo de 2,500 policías mujeres.

“Hoy en la mañana vi a la Jefa de Gobierno, estamos checando. Entiendo y comprendo la impotencia que muchas de estas mujeres sienten, sobre todo por la falta de respuesta que muchas veces tienen a los feminicidios y violencia que sufren, sin embargo, el respeto a los monumentos históricos, el respeto al orden deben de privar”, mencionó la secretaria de Gobernación.

Sánchez Cordero insistió en que “las manifestaciones deben ser ordenadas” y se requiere tomar en cuenta a los demás. “No es posible que los monumentos históricos sean pintados y sean maltratados como se hizo”, dijo.

Ella descartó que los hechos violentos registrados en la manifestación feminista sean actos de provocación al gobierno federal.

“Yo no siento que nos están provocando, sinceramente te lo digo, yo no siento una provocación en lo personal, ni tampoco el presidente siente esa provocación”, comentó a la prensa.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, dijo que él ha sido siempre feminista, pero que el vandalismo “actúa en contra de la causa en la que creemos”.

En su cuenta de Twitter, el canciller primero lanzó un mensaje presumiendo que las pintas de protesta que hicieron mujeres el lunes, durante la marcha contra los feminicidios y la violencia machista, le habían hecho al monumento “lo que el viento a Juárez”.

“Bien por el Gobierno de la Ciudad y Claudia Sheinbaum !!!!”, expresó Ebrard, junto a una fotografía en la que ya se observa limpio el Hemiciclo.

Ese mensaje recibió críticas en Twitter, señalando que así debería celebrar cada que una mujer es encontrada viva después de semanas de ser reportada como desaparecida, entre otros comentarios.

Este martes el colectivo Restauradoras con Glitter criticó “la cobertura tendenciosa” de medios de comunicación que ponen “el énfasis únicamente en los actos violentos de protesta cuando son causados por mujeres, incluidas las alteraciones a los bienes culturales”, como el caso del Hemiciclo.

Al visibilizar la anécdota y el escándalo, han invisibilizado el problema estructural y el mensaje de fondo que debe ser atendido con urgencia: la insostenible violencia hacia las mujeres en nuestro país”, expresaron en su publicación en Facebook.

Con información de Notimex y Reforma (suscripción necesaria)

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Cómo la maquinaria de propaganda nazi creó una imagen hogareña de Hitler y engañó al mundo

Tanto en Alemania como el extranjero, Hitler era retratado como un hombre sensible, culto y de buen gusto, incluso después de iniciada la Segunda Guerra Mundial.
30 de agosto, 2020
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Hitler mirando por una ventana

Getty Images
El régimen nazi fomentó el mito de un Hitler que en privado se comportaba como un hombre hogareño y buen vecino.

El 16 de marzo de 1941, mientras las ciudades europeas ardían y los judíos eran conducidos a guetos, The New York Times Magazine publicó una historia ilustrada sobre el retiro de Adolf Hitler en los Alpes de Berchtesgaden, en el sur de Alemania.

Adoptando un tono neutral, el corresponsal C. Brooks Peters señaló que los historiadores del futuro debían valorar la importancia del “dominio privado y personal del Führer”, un espacio donde las discusiones sobre el frente de guerra se entremezclaban con “paseos con sus tres perros ovejeros a lo largo de majestuosos senderos de montaña”.

Durante más de 70 años hemos ignorado el reclamo de Peters de tomar en serio los espacios domésticos de Hitler. Cuando pensamos en los escenarios del poder político de Hitler, somos más propensos a imaginar el campo Zeppelín de Núremberg que el salón de su casa.

Sin embargo, fue a través de la arquitectura, el diseño y las representaciones mediáticas de sus casas que el régimen nazi fomentó el mito de un Hitler que en privado se comportaba como un hombre hogareño y buen vecino.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial esa imagen se utilizó de manera estratégica y eficaz, tanto en Alemania como en el extranjero, para distanciar al dictador de sus políticas violentas y crueles.

Incluso después del inicio de la guerra, la impresión favorable sobre el Führer fuera de servicio jugando con perros y niños no se desvaneció de inmediato.

Un cambio radical

Las mitologías nazis sobre los orígenes de Hitler enfatizaron su pobreza y la carencia de hogar cuando era joven, así como su desdén por las comodidades.

Pero cuando Hitler se convirtió en canciller, sobre todo después de que las regalías del libro Mein Kampf (“Mi lucha”) lo convirtieran en un hombre rico, gastó mucha energía en rediseñar y amueblar sus residencias: la antigua Cancillería de Berlín, su apartamento de Múnich y el Berghof, su casa en la montaña en Obersalzberg.

El momento en que realizó esas renovaciones, a mediados de la década de 1930, coincidió con el cambio de imagen pública de Hitler como estadista y diplomático, una transformación que también fue promovida por las películas de propaganda nazi de Leni Riefenstahl.

Las facetas más ásperas del extremista antisemita y agitador de masas fueron suavizadas, creando una personalidad nueva y sofisticada que surgió en un entorno doméstico cuidadosamente diseñado.

Interior de uno de los salones de Berghof

Getty Images
La vista alpina del chalet Berghof de Hitler, el cual remodeló tras convertirse en canciller.

A través de las cortinas de seda y los jarrones de porcelana los diseñadores de Hitler sugirieron la existencia de un mundo interior refinado y pacífico.

Gerdy Troost, la decoradora de interiores de Hitler, desempeñó un papel importante en transmitir una imagen de su cliente como un hombre culto y de buen gusto.

Inspirada en los movimientos de reforma del diseño británico, puso énfasis en la calidad de los materiales y la artesanía en lugar de la exhibición llamativa.

Hitler era un cliente comprometido y admiraba su gusto, aunque a veces chocaban por su tendencia hacia lo grandioso.

Troost fue una mujer respetada y temida en la Alemania nazi, a pesar de que las historias escritas sobre ese período la han ignorado. Sin embargo, nuevas fuentes de archivos revelan su sorprendente influencia sobre Hitler y su importancia dentro de los círculos de élite nazi.

El chalet de Hitler

Con vistas a Alemania por un lado de la montaña y a Austria por el otro, Berghof era la propiedad más pública de las casas privadas de Hitler y ejercía un poderoso influjo en el imaginario nazi del imperio.

Hitler y sus publicistas se inspiraron en las imágenes de las montañas de los movimientos literarios y artísticos de Alemania, en especial del Romanticismo, para mitificar al Führer y convertirlo en un líder místico que se sumergía y encarnaba a la vez las terribles y magníficas fuerzas de la naturaleza.

Hitler abrazando a una niña.

Getty Images
La naturaleza y el contacto con niños fueron usados para humanizar a Hitler.

Al mismo tiempo, la montaña sirvió como una herramienta para humanizar al líder de Alemania a través de su contacto con los animales y los niños. Mediante postales, revistas y libros oficiales, los alemanes consumieron fantasías sobre una vida doméstica ideal arraigada en un paisaje natural.

Entre la expansión del lebensraum (espacio vital) y el aire puro de la montaña, un sitio donde brillaba el sol y jugaban niños rubios, los nazis animaron a los alemanes a imaginar un futuro maravilloso si sacrificaban en cambio sus bolsillos y libertades.

Para la prensa extranjera era un caballero bávaro

El auge de la cultura de las celebridades en las décadas de 1920 y 1930 desencadenó un apetito voraz por la información sobre la vida cotidiana de los ricos y famosos.

El equipo de Hitler se dio cuenta rápidamente y aprovechó el hambre del público para promover estrategias de relaciones públicas muy comunes en la actualidad.

Los periodistas que escriben para la prensa en inglés engulleron la propaganda, alimentando una imagen falsa de Hitler al publicar historias brillantes del Führer, incluso cuando contrastaban con una realidad diferente e inquietante.

El 30 de mayo de 1937, un mes después de que aviones alemanes bombardearan Guernica, en España, The New York Times Magazine publicó un artículo en primera plana sobre el idílico retiro de montaña de Adolf Hitler.

En esa pieza llena de admiración, escrita por el corresponsal extranjero Otto Tolischus, los cielos no fueron representados como un medio para provocar la destrucción, sino como un raro topo de meditación, belleza y vida simple.

Guernica después de ser bombardeada en 1937

Getty Images
El 26 de abril de 1937 Guernica fue salvajemente bombardeada, pasando a la historia como a la primera población urbana de Europa destruida sistemáticamente, el primer ensayo de guerra total.

El artículo describía cómo el líder de Alemania, rodeado de picos alpinos y en comunión con la naturaleza, contemplaba el Reich y se deleitaba comiendo chocolate. No se mencionó el ataque de Hitler contra Guernica ni el sufrimiento de sus víctimas, un hecho que Pablo Picasso inmortalizó más tarde.

En noviembre de 1938, poco después de la anexión de Sudetenland en Checoslovaquia y el mismo mes en que se produjo la Noche de los Cristales Rotos, la revista Homes and Gardens publicó un artículo titulado “La casa de montaña de Hitler”, en el que atribuyó al Führer el diseño de Berghof.

El artículo aplaudió su gusto y describió su vida privada como un entorno de refinamiento, cenas apacibles y amistades agradables.

Días antes de la firma del pacto nazi-soviético en agosto de 1939, The New York Times Magazine publicó otro artículo entusiasta sobre la residencia, donde se relataba de nuevo la saludable vida doméstica del Führer, su hospitalidad sin pretensiones y la pasión por los dulces.

Life, Vogue y otras publicaciones ampliamente difundidas también ofrecieron a sus lectores la oportunidad de ver ensayos fotográficos brillantes y minuciosos de las habitaciones de Hitler.

Hitler con un perro.

Getty Images
La prensa internacional demoró en dejar de lado la imagen sensible de Hitler, incluso después de varios sangrientos ataques de la Alemania nazi.

Sin embargo, las historias en la prensa británica que admiraban los gustos y actividades nobles de Hitler se evaporaron cuando comenzaron las hostilidades.

Con los aviones de guerra alemanes bombardeando las ciudades y pueblos de la nación, los británicos perdieron rápidamente el interés por cómo Hitler tomaba el té.

El público estadounidense tardó más en admitir que lo habían estafado, lo que refleja la ambivalencia más amplia que predominaba en el país sobre su participación en otra guerra.

Durante las últimas semanas de la guerra en Europa, las fuerzas aéreas aliadas bombardearon el Berghof y las tropas de las SS de Hitler lo incendiaron mientras se retiraban. Los residentes locales y soldados estadounidenses y franceses saquearon lo que sobrevivió.

En 1947, las ruinas se habían convertido en un destino para multitud de turistas curiosos.

Soldados estadounidenses dentro de las ruinas de Berghof, la casa de Hitler

Getty Images
El Berghof quedó en ruinas tras el bombardeo aliado y los soldados estadounidenses y franceses saquearon lo que sobrevivió.

Sin embargo, a las autoridades les preocupaban los seguidores de Hitler que peregrinaban hasta el sitio para rendir homenaje a su líder caído.

Con la aprobación del ejército estadounidense, que ocupó Obersalzberg, el gobierno bávaro demolió lo que quedaba del Berghof. Posteriormente plantaron árboles en esa zona.

En 2008 se colocó un letrero oficial que identifica la ubicación donde se encontraba la casa de Hitler. Ofrece una breve historia de la residencia en inglés y alemán, que echa por tierra la visión simplista y ampliamente difundida de su función doméstica.

“Aquí pasó Hitler más de un tercio de su tiempo en el poder. Aquí se llevaron a cabo importantes discusiones y negociaciones políticas y se tomaron decisiones cruciales, lo que condujo a las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, causando la muerte de millones de personas“, dice.

Nunca más

El exitoso cambio de imagen doméstica de Hitler, creado por sus diseñadores y publicistas, subraya la necesidad de asumir una postura mucho más crítica con las industrias que se centran en las noticias del hogar o el estilo de vida, las cuales pueden tener una enorme influencia.

En los últimos años, los medios de comunicación occidentales han adulado a Asma al-Assad, la primera dama de Siria, y han dicho que ejerce una influencia refinada y doméstica sobre su esposo. Aunque algunos de estos medios, incluida la revista Vogue, han intentado eliminar los rastros de esos artículos en internet, las historias siguen publicadas con orgullo en el sitio web del presidente Bashar al-Assad.

Pero no debemos olvidar que, tras el hogar de una persona, a menudo hay más de lo que parece.


*Despina Stratigakos es profesora de Arquitectura de la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo, Estados Unidos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons. Puedes leer la nota original leer aquí.


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