A un año de inaugurados, túneles de Libramiento Sur de Morelia tienen grietas
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Di sí a la Loma

A un año de inaugurados, túneles de Libramiento Sur de Morelia tienen grietas

La obra vial está construida sobre fallas sísmicas, riesgo que fue alertado hace siete años por geólogos.
Di sí a la Loma
12 de noviembre, 2019
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La construcción de dos túneles sobre fallas sísmicas activas en Morelia, una obra que geólogos, arquitectos e ingenieros denunciaron hace siete años que pone en riesgo la vida de al menos 14 mil personas, ya presenta fisuras y grietas a un año escaso de su inauguración. 

La obra del Libramiento Sur de Morelia fue iniciada en 2012 por la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) durante el sexenio de Felipe Calderón, y continuada en la administración de Peña Nieto que debía concluirla en su totalidad en 2018. Sin embargo, en la actualidad, la obra solo lleva un avance del 20%.  

De los 19.4 kilómetros que constan los cinco tramos de todo el proyecto, solo se han construido 4 kilómetros relativos al Tramo Ramal Camelinas. El tramo, precisamente, que conecta la principal avenida de Morelia con un mega complejo urbanístico y comercial de alto standing ubicado en la parte alta de la capital michoacana conocida como la Loma de Santa María.

Lee: 14 mil personas en riesgo por la construcción de una obra pública en Morelia

Por esos 4 kilómetros de obra, la SCT gastó más de mil millones de pesos, según informó en una solicitud de transparencia pública. Es decir, que cada kilómetro costó 274 millones de pesos a los mexicanos.

Animal Político publicó en 2013, en la investigación periodística Ecocidio en Morelia, que la construcción de esos 4 kilómetros también pone en riesgo el equilibrio ecológico de un Área Natural Protegida y la zona de recarga de acuíferos que surte de agua a diario a millones de personas en Morelia. 

Ahora, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) es la que señaló en su último informe múltiples irregularidades en la construcción del Tramo Ramal Camelinas, que van desde las mencionadas fisuras en los túneles, aunque la SCT aseguró que no suponen un riesgo para las estructuras ni para los ciudadanos, hasta observaciones en el gasto de más de 36 millones de pesos que no se sabe en qué fueron invertidos.

A pesar de todo lo anterior, el dos de noviembre del año pasado, Gerardo Ruíz Esparza, entonces aún titular de la SCT, presumió la conclusión de esos 4 kilómetros -el 20% de todo el proyecto- como un ejemplo de las promesas cumplidas de la administración del presidente Peña Nieto.

No se tomaron medidas para garantizar seguridad

De acuerdo con el informe de cumplimiento de inversiones físicas -número 356-DE-, el pasado mes de agosto personal técnico de la Auditoría hizo una revisión de los dos túneles del tramo Ramal Camelinas del Libramiento Sur de Morelia, los cuales fueron construidos sobre una zona inestable por la que geólogos de la Universidad Michoacana y de la Universidad di Firenze, en Italia, documentaron que pasan hasta tres fallas sísmicas activas: La Paloma, Altozano y Río Chiquito. 

La Auditoría detectó que, a tan solo un año de inaugurarse ese tramo, los dos túneles ya presentan fisuras y grietas en el concreto hidráulico que se utilizó para su construcción, debido a que la SCT “no vigiló ni controló” la calidad de los trabajos de la obra, incumpliendo el Reglamento de la Ley de Obras Públicas. 

La SCT, por su parte, respondió a la observación de la Auditoría asegurando que esas fisuras no ponen en riesgo la estructura de los túneles, ni la vida de los usuarios, y que ya tomó varias medidas para repararlas y vigilar su evolución.

Por ejemplo, la dependencia federal señaló que inyectó un tipo de resina en las fisuras para evitar desprendimientos de concreto. Y que puso un tipo de yeso en las grietas diagonales “para observar su comportamiento en el tiempo y en su caso tomar las acciones preventivas que correspondan para la seguridad de la obra”. 

Sin embargo, la SCT no entregó el dictamen técnico, ni ninguna documentación que acredite que, en efecto, hizo esos trabajos de reparación en los túneles. 

Por lo que la Auditoría mantuvo la observación, y ordenó al Órgano Interno de Control de la SCT que investigue la actuación de los funcionarios públicos de la dependencia federal, para determinar si hay elementos para sancionarlos. 

“Lo anterior se determinó -expuso la Auditoría- a razón de que, a la fecha de la integración de este informe (17 de octubre pasado), no se habían tomado las medidas necesarias para garantizar la seguridad de las obras y, en consecuencia, de los usuarios”.

“Alto riesgo geológico”

Estas fisuras y grietas surgen luego de que estudios como el elaborado en 2012 por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a petición de la propia SCT, desaconsejaban la construcción de esos dos túneles. 

El estudio de los ingenieros de la UNAM, que estuvo reservado por la SCT dos años, hasta que ya habían iniciado las obras, advertía que el proyecto era “de alto riesgo geológico” y que podría implicar graves consecuencias para la población y el medio ambiente, por lo que concluía que el trazo de la vialidad debía ser modificado para evitar las zonas de riesgo geológico por las fallas sísmicas activas.

Y la UNAM no fue la única en advertirlo: dictámenes de Protección Civil de los tres niveles de gobierno también señalaron los riesgos de la construcción de los dos túneles en el Tramo Ramal Camelinas. 

Mientras que arquitectos, ingenieros y geólogos, como la maestra en Desarrollo Urbano de la UNAM, Patricia Ávila, y el geólogo Víctor Hugo Garduño, quien fue director del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la Universidad Michoacana, también desaconsejaron tajantemente el proyecto. 

“Si seleccionáramos un sitio no adecuado para construir dos túneles, como geólogos, elegiríamos este lugar donde hay tres fallas sísmicas activas”, dijo el Garduño en una entrevista como parte del especial Ecocidio en la Loma, publicado en noviembre de 2013, en el que advirtió que un derrumbe de ladera en la zona donde desembocan los túneles se expandiría hasta 500 metros cuesta abajo. 

Esta situación pondría en riesgo a los vecinos de la colonia Ocolusen, y de otras colonias como La Floresta, Periodistas, y Jardines del Rincón, donde viven aproximadamente 14 mil personas, según un censo del INEGI. 

En esa misma investigación periodística, ecólogos, investigadores y académicos, también denunciaron que la construcción de los túneles, más un viaducto, podría ocasionar daños ambientales al ecosistema y a los mantos freáticos de la Cuenca del Río Chiquito que nutren de agua a Morelia, evitan inundaciones, y ejercen una función vital en el sostenimiento del suelo en una zona potencialmente sísmica. 

Incluso, la Secretaría de Hacienda canceló en noviembre de 2012 la clave de la obra debido a que no contaba con todos los requerimientos jurídicos, técnicos y ambientales.

Más irregularidades

Además de las grietas en los túneles, la Auditoría realizó otras observaciones derivadas de la construcción del Libramiento Sur. 

Otra de las más importantes es que hay inconsistencias en cuanto al avance de la obra. La SCT reportó un avance acumulado del 52% al señalar que finalizó 10 kilómetros de los 19.4 del total de la obra, argumentando que el resto no se inició “por situaciones de problemática y la falta de liberación del derecho de vía”. 

Sin embargo, la Auditoría señaló de nuevo que la SCT no presentó documentación que acredite que ejecutó 10 kilómetros de obra, por lo que mantuvo la observación “toda vez que solo ha ejecutado trabajos en el Ramal Camelinas con una longitud de 4.0 kilómetros, que equivale al 20.6% de la longitud del proyecto”.

Además, la ASF detectó que la SCT, durante la administración pasada de Gerardo Ruiz Esparza y el presidente Peña Nieto, gastó 36 millones 410 mil pesos en esta obra sin que, a la fecha, haya aclarado en qué los invirtió. 

Por ejemplo, la SCT gastó 7 millones 308 mil pesos en “conceptos extraordinarios” que no se encontraban dentro del objeto del contrato de la obra. 

La SCT también pagó 6 millones 705 mil pesos por conceptos de obra y por servicios de los que no hay pruebas que acrediten su ejecución, y otros 2 millones 469 mil pesos por la adquisición de equipos que “no están suministrados ni colocados”. 

Además, la SCT adjudicó contratos sin justificar por qué desechó el proceso de licitación pública que favorece la competencia entre empresas para obtener un mejor precio y mejores condiciones para el Estado, como lo marca la Constitución mexicana. 

“Lo advertimos: es carretera de elite”

Desde el inicio de la obra en 2012, el Libramiento Sur de Morelia generó una fuerte controversia entre los habitantes de la capital michoacana. 

Por un lado, grupos de ciudadanos integraron asociaciones como Unidos por Morelia, o Di Sí a La Loma, desde donde defendieron la necesidad y la importancia de construir el tramo Ramal Camelinas para dotar de accesos a la zona de la Loma de Santa María, en la parte alta de la capital michoacana. 

En una carta publicada por Animal Político en noviembre de 2014, Alfonso Cervantes, integrante de Unidos por Morelia, señaló que en la Loma de Santa María, además de centros residenciales de alto standing, también hay múltiples escuelas y centros educativos. Por lo que recalcó que se requería de “accesos dignos” para que 40 mil personas puedan acceder a diario a las escuelas y centros de trabajo, sin colapsar la zona. 

Y, por otra parte, grupos de ciudadanos y activistas formaron grupos como el Movimiento en Defensa de la Loma de Santa María, que desde 2012 rechazó el proyecto por los impactos ambientales y los riesgos geológicos que implica. 

Este grupo también denunció que el proyecto del Libramiento Sur escondía la intención de solo construir los 4 kilómetros del tramo Ramal Camelinas, el cual ha tenido un costo de 1 mil 096 millones de pesos, tal y como informó la SCT vía transparencia pública en un oficio fechado el pasado 27 de mayo. 

Motivo por lo que consideran que se trata de una carretera de ‘elite’, diseñada solo para aumentar la plusvalía de los complejos residenciales y comerciales de la Loma de Santa María, ignorando las otras cuatro fases de la obra que habrían beneficiados a otras colonias populares y a las zonas ejidales de la parte alta de Morelia, como Santa María o el ejido Jesús del Monte. 

“Desde un inicio lo advertimos: la SCT solo tenía el interés de construir el Tramo Ramal Camelinas y no le interesaba el resto del Libramiento Sur de Morelia”, apuntó en entrevista con este medio Moctezuma Madrigal, integrante del Movimiento en Defensa de la Loma de Santa María.

“Y, ahora, este informe de la Auditoría solo viene a corroborar las irregularidades que llevamos señalando desde hace siete años: que la obra del Libramiento Sur es de mala calidad, riesgosa, que no se ha concluido al 100%, y que es una carretera de elite en la que se ha gastado más de mil millones de pesos de todos los mexicanos”, hizo hincapié el activista.  

 

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Por qué la glucosa juega un papel clave en la obesidad (y la diabetes)

Los procesos químicos que tienen lugar en el cuerpo cuando consumimos azúcar nos dan una pista sobre cómo evitar dos de las enfermedades más extendidas del mundo: obesidad y diabetes.
24 de junio, 2020
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Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Getty
Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Cuando comemos un pedazo de pan o un simple caramelo y vemos qué ocurre en nuestra sangre resulta que, a los pocos minutos, nuestros niveles de glucosa (comúnmente denominada “azúcar”) han subido.

¿Qué es lo que ha ocurrido mientras?

Acompañemos a la comida en su recorrido para averiguarlo.

A los pocos minutos de tragarnos ese pedazo de pan, éste llega ya digerido (por el estómago) al intestino delgado.

Las células intestinales absorben los nutrientes que contenía, entre los que se encuentra la glucosa.

Y dado que estas células están en contacto directo con el sistema circulatorio, inmediatamente se vierten a la sangre y se dirigen al hígado.

Como consecuencia la concentración sanguínea de glucosa (glucemia) se dispara.

Lo que viene a continuación es fácil de deducir.

En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

Getty
En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

La sangre transporta la glucosa hacia los órganos que la necesitan como “combustible”.

De este modo, pueden obtener la energía necesaria (ATP) para llevar a cabo todas sus funciones.

El problema surge cuando un exceso o un déficit de glucosa en el organismo conduce al desarrollo de patologías.

De ahí la importancia de mantener su equilibrio.

Es el ying y el yang de la glucosa.

El hígado y el páncreas controlan el suministro

Las células requieren un suministro permanente de glucosa para realizar sus funciones vitales.

Sin embargo, su aporte es discontinuo, limitado a las comidas.

¿Cómo resolverlo para garantizar que las células reciben constantemente azúcar sin comer a todas horas?

El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Getty
El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Existen detectores celulares en distintos órganos (hígado, páncreas e hipotálamo, entre otros) que vigilan la disponibilidad de glucosa.

El papel del hígado

Cuando es alta (por ejemplo, inmediatamente después de comer), el hígado puede almacenar parte en forma de glucógeno para después, esto es, para cuando la glucosa escasee.

Como ocurre durante el ayuno entre comidas o mientras dormimos.

Entonces lo degrada y vuelve a obtener glucosa, que es liberada a la sangre para ser utilizada por otros órganos.

No acaba ahí su misión.

El hígado también convierte el exceso de azúcares en triglicéridos (grasa) y promueve su almacenaje en el tejido adiposo como reserva energética.

En momentos de ayuno prolongado, estos triglicéridos son hidrolizados y convertidos en ácidos grasos, que viajan donde se les necesita a través de la sangre para ser oxidados o degradados por las mitocondrias de las células y así producir energía.

Páncreas

Getty Images
La insulina es la hormona que produce el páncreas y que permite a nuestro cuerpo absorber la glucosa.

El pancreas, clave del proceso

Por su parte, el páncreas juega un papel importantísimo en el equilibrio de los niveles de glucosa.

Se ocupa de detectar el exceso o déficit de glucosa, y responde en consecuencia fabricando y secretando hormonas que intentan restaurar el equilibrio.

La más conocida es la insulina, que se libera a la sangre cuando sube la glucemia y manda una orden contundente a las células: “captad glucosa sanguínea, que hay demasiada, y gastadla o almacenadla”.

Como consecuencia, el azúcar en sangre disminuye.

Hambre, saciedad y obesidad

Entretanto, en el cerebro, el hipotálamo permanece ojo avizor a los niveles de glucosa.

Este área del cerebro tiene asignada la importante misión de regular la ingesta controlando las sensaciones de hambre y saciedad.

Después de comer, su mensaje es: “hay mucha glucosa, así que necesitamos parar de comer; voy a activar la señal de saciedad”.

Obesidad

Getty Images
Uno de cada cuatro hombres en Argentina, Uruguay, Chile o México es obeso.

A la vista de todo lo que hemos expuesto, es fácil deducir lo que ocurre si ingerimos más comida (nutrientes) de la que “quemamos” (gasto energético).

El equilibrio se descompensa, retiramos hasta donde podemos la glucosa sobrante de la circulación y fabricamos grasa.

La consecuencia inmediata es que desarrollamos sobrepeso.

Y, si la situación se mantiene, obesidad.

En ocasiones, el equilibro se puede descompensar porque alguno de los pasos que hemos explicado está alterado.

Por otro lado, si los niveles de glucosa en sangre se mantienen altos incluso en periodos de ayuno (hiperglucemia), hablaremos de la existencia de diabetes.

Dos elementos clave

Existen dos puntos clave a nivel molecular para controlar el desarrollo de obesidad o de diabetes.

Patatas fritas

Getty Images
La incorporación de comida procesada ha contribuido al aumento de la obesidad.

De un lado los sensores, esto es, dispositivos moleculares que se encuentran en las células que detectan los niveles de glucosa o el estado energético de la célula (niveles de ATP), respectivamente.

Ejemplos de éstos son las proteínas glucoquinasa (GCK), el transportador de glucosa 2 (GLUT2), la quinasa activada por AMP (AMPK), la quinasa con dominios PAS (PASK) o la diana de rapamicina en células de mamífero (mTOR).

De otro lado, debe generarse una correcta respuesta a la insulina, es decir, que las células sean capaces de identificar y responder a esta hormona adecuadamente.

De que respondamos adecuadamente a la insulina se encargan una serie de receptores de la membrana de las células, así como un conjunto de proteínas intracelulares (IR, IRS, PI3K, AKT, etc).

Si el mecanismo falla en algún punto, las células no responden a la insulina, y el azúcar sanguíneo sobrante no se elimina.

Es lo que se conoce como resistencia a la insulina.

La consecuencia es que la glucosa en sangre permanece alta y se desarrolla diabetes (diabetes tipo 2).

Obesidad

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La obesidad está catalogada como una enfermedad.

Diabetes tipo 2, compañera de la vejez

A lo largo de los años, las células envejecen, los mecanismos moleculares de respuesta a la insulina se deterioran y van perdiendo su funcionalidad, por lo que es frecuente desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Por eso es una enfermedad habitual de la tercera edad.

Incluso se puede adelantar en personas obesas.

En estos casos, lo que sucede es que el tejido adiposo, obligado a almacenar un exceso de grasa por encima de su capacidad, está hipertrofiado y alterado.

Como consecuencia, la respuesta a la insulina se ve mermada.

1 de cada 4

Para colmo, los tejidos son menos eficientes captando y gastando glucosa, lo que conduce a un aumento del azúcar en sangre (hiperglucemia) y, en consecuencia, diabetes tipo 2.

No es baladí, sobre todo si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas mayores padece diabetes tipo 2.

Es más, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología el 40% de personas mayores de 65 años padecen diabetes (2,12 millones).

Esto supone un problema de salud grave dadas las numerosas complicaciones asociadas a esta enfermedad: problemas cardiovasculares, retinopatía diabética, nefropatías, neuropatía diabética, etc.

Niños comiendo hamburguesas

Getty Images
El bajo precio de la comida poco saludable está vinculado a un mayor riesgo de obesidad en la población de bajos recursos.

Investigación para el futuro

Por ejemplo, cada año aparecen alrededor de 386,000 nuevos casos de diabetes en la población adulta española.

De ahí la importancia de llevar a cabo estudios encaminados tanto a conocer sus mecanismos moleculares como a diseñar fármacos dirigidos a controlar los sensores de glucosa y nutrientes.

A eso precisamente lleva años dedicándose nuestro grupo de investigación, en la Universidad Complutense.

Concretamente estudiamos sensores y nutrientes a nivel del hipotálamo, el hígado y el tejido adiposo que ayuden a atajar una enfermedad responsable de una gran mortalidad y morbilidad en el mundo.

En los tiempos actuales, se ha añadido una nueva enfermedad infecciosa que, cuando afecta a enfermos de diabetes, produce un incremento en su severidad y mortalidad.

Nos referimos, claro está, a la covid-19.

La investigación de la interrelación entre ambas enfermedades se hace necesaria y urgente.

*María del Carmen Sanz Miguel, Ana Pérez García, Elvira Álvarez García y Verónica Hurtado Carneiro forman parte de un equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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