Artistas "pintan la libertad" desde el Reclusorio Norte…puedes ver y comprar sus obras
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Foto: Secretaría de Cultura

Artistas "pintan la libertad" desde el Reclusorio Norte…puedes ver y comprar sus obras

Las obras de cada uno de los artistas que están dentro y fuera del reclusorio están a la venta, las ganancias de cada cuadro se convierten en un ingreso económico para sus familias
Foto: Secretaría de Cultura
Por Verónica Santamaría
25 de diciembre, 2019
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En Kolëctiv.Feat están de fiesta, en este año uno más de sus 16 integrantes obtuvo su libertad y dejó el Reclusorio Preventivo Varonil Norte de la Ciudad de México, y entre sus planes está iniciar el proyecto llamado Casa de Medio Camino dedicada al arte para continuar sus estudios artísticos.

Este colectivo de artistas, conformado por reos y exreos del Reclusorio Norte encontraron en el arte un medio para expresar lo que es el encierro y la libertad a través de imágenes y bocetos creados por ellos, de la mano de la artista Lulú Sánchez Puig, quien desde marzo de 2017 se encarga de impartir el Taller de Expresión Artística en este reclusorio, como parte de la readaptación social de la personas en situación de reclusión.

“Todo inició con un grupo de artistas que comenzamos a preguntarnos qué es la libertad, si somos libres y que nos diferencia de las personas que llaman personas privadas de la libertad, entonces decidí entrar al reclusorio norte a dar un taller de arte y ver qué podemos encontrar”, dijo Lulú Sánchez Puig, en entrevista para Animal Político.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura, entre los éxitos de los integrantes de este colectivo, conformador por 16 personas (cuatro ya libres), está el crecimiento y desarrollo artístico, a lo que se suma el festejo que este 2019 uno de sus integrantes obtuvo su  libertad.

Sánchez Puig, quien además es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana, dijo que el trabajar con este colectivo le dejó muchas lecciones, entre ellas la forma en cómo el arte cambió la vida de estos artistas dentro del reclusorio y las intervenciones que hacen.

“Ellos, mediante la pintura se vuelven libres, hacen lo que quieren y hacen lo que aman. Tienen una disciplina increíble, se levantan temprano, y creo que de ahí reside la libertad”.

Fue hasta el mes de noviembre que Kolëctiv.Feat contaba con tres de sus miembros en libertad hasta que Manuel Álvarez se sumó a Alejandro Sandria, Moisés Bucio y Alejandro Ríos en abandonar el Reclusorio Norte.

Este grupo de creadores se consolidó a partir del Taller de Expresión Artística que, durante tres horas y dos días a la semana, imparte la artista Lulú Sánchez Puig al interior del penal.

Sin embargo, antes de que Sánchez Puig llegará, el reclusorio ya contaba con Francisco Tejeda Jaramillo, un pintor que se hizo artista dentro de la cárcel tras pasar 31 años preso. Dentro, gestionó espacios de pintura donde tuvo varios alumnos en estas tres décadas. 

“Cuando yo entré, me encontré con artistas que ya trabajaban con él y 16 artistas que pintan muy bien, quienes están de las 8 de la mañana y salen de pintar a las 5 de la tarde, que es la hora en que les cierran el taller. Ahí comen y se la pasan pintando de lunes a domingo. Es como un Oasis”, señaló la artista.

Hoy día, Kolëctiv.Feat junto con Sánchez Puig son aliados de Cultura Comunitaria, un programa de la Secretaría de Cultura que tiene como propósito promover el ejercicio efectivo del derecho a la cultura y los derechos culturales de personas, grupos y comunidades, especialmente aquéllas que han quedado al margen de las políticas culturales, mediante el diseño de estrategias que fomenten la cultura para la paz, la transformación social, la participación en la vida cultural, el desarrollo cultural comunitario y el fortalecimiento de capacidades locales, bajo los principios de inclusión y no discriminación. 

En busca del artista que llevan dentro

Entre las obras que les encargan están las reproducciones de cuadros, fotos, retratos, paisajes para que ellos las repliquen. Se busca que cada artista encuentre al autor que cada uno lleva dentro; así como el estilo de cada uno de ellos para que se conviertan en artistas de verdad al salir.

Todas las obras de la expo y que generan en el taller están a la venta,  el 80% de la ganancia por cuadro va directamente al artista que pintó la obra y un 20%  para la gestión del proyecto.

“De eso es que los artistas mantienen a su familia afuera. Nos piden entregar el dinero a sus madres a sus esposas porque con eso apoyan a la economía de su familia”, dijo Sánchez Puig.

Manuel Sánchez, artista que recientemente dejó el reclusorio, contó que desde niño le ha gustado dibujar, “pintaba en las calles, era grafitero y esa expresión, de manera más urbana la llevé a cabo de chico pero ahora se me dio la oportunidad de expresarlo en óleo, acrílico y sobre pintura”, dijo.

En el taller de expresión artística, Lulú S. Puig le habla a los artistas de pintores históricos y contemporáneos, y sobre las obras que se exponen en galerías y museos, con el objetivo de que las personas privadas de su libertad encuentren al autor que lleven dentro.

Ahora que Manuel es libre, buscará continuar su preparación artística especializándose en la plástica, para él, este taller, además de ser un pasatiempo fue un crecimiento espiritual “porque podía compartir mis emociones a través de la pintura y de la escultura que hago en madera. Ahora me siento muy contento”, comentó.

Tanto para Sánchez Puig como para los integrantes de este colectivo, el arte les ha permitido expresar el significado de la libertad, darle rostro a las emociones que han mantenido atrapadas para liberarlas.

“Me sentía en libertad porque todo el tiempo estuve en escultura y pintura, era mi manera de liberar emociones”, agregó Álvarez.

Una Casa de Arte en Los Pinos 

Quienes forman parte del colectivo tienen entre 23 y 50 años de edad, muchos de ellos están por salir y se prevé que en los próximos cuatro años más de la mitad del colectivo esté ya en libertad.

Con apoyo de la Secretaría de Cultura, Lulú S. Puig adelantó que pronto estrenarán el proyecto Casa de Medio Camino, un espacio dedicado al arte en el Centro Cultural de Los Pinos.

Los artistas que salgan libres podrán vivir 2 años y medio en la casa del arte para terminar su formación como artistas, además de concluir la preparatoria o empezar una carrera.

“Al terminar ese tiempo, ellos deciden si siguen en la casa o prefieren vivir de manera independiente y trabajar con nosotros, porque la casa estará lleno de materiales, tendrá galería y talleres de arte que es de lo que se va a mantener”.

Con casi tres años de conocer a estos 16 artistas, Puis señala que la libertad que han adquirido en el reclusorio ha hecho que sus familias se sientan orgullosos de ellos, lo que permite que cierren círculos y lazos familiares.

“Incluso, vuelven a visitarlos después de ver las exposiciones que presentan y se vuelven el orgullo de la familia. Vuelven a tener la libertad de abrazar a los suyos y creo que encuentran la libertad mucho más de los que estamos afuera”, agregó.

Actualmente, Kolëctiv.Feat exhibe su más reciente muestra bajo el título De Ícaros y Alas, libertad desde la cárcel en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) y podrán visitar de martes a domingo, hasta el dos de febrero de 2020.

La exhibición se presentó desde el 13 de diciembre con el trabajo colaborativo de la Secretaría de Cultura, a través del programa Cultura Comunitaria y la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México.

Al terminar, continuarán con la gestión de espacios de exposición, para que los artistas acrecientan su calidad de artistas plásticos contemporáneos mexicanos, creen curriculum robusto para que cualquier galería los tome en cuenta. 

“Han salido exposiciones y propuestas muy buenas, además de invitaciones para exponer en el Centro Cultural Veracruzano y propuestas para exponer en Marruecos, Portugal, Los Angeles, San Antonio, todo, con el apoyo de la Secretaría de Cultura que empezó en enero tras la entrada al programa de libertad cultural”, mencionó

La exhibición se presentó desde el 13 de diciembre con el trabajo colaborativo de la Secretaría de Cultura, a través del programa Cultura Comunitaria y la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México.

Si no te es posible visitar la exposición que actualmente tienen en exhibición, te recomendamos ver el video de la intervención de la obra Tengo un sueño de Arturo Márquez, sobre la fotografía de Martin Luther King por Kolëctiv.feat, artistas dentro y fuera del Reclusorio Preventivo Varonil Norte

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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