Aumentan los estados del país con niveles de impunidad superior al 91%
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Aumentan los estados del país con niveles de impunidad superior al 91%

En 2015 solo tres entidades registraban un nivel superior al 91% de impunidad en casos de homicidio doloso y en 2018 la cifra se disparó a 11, de acuerdo con un nuevo estudio de la organización civil Impunidad Cero.
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3 de diciembre, 2019
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En México, los estados donde los asesinatos quedan impunes por arriba del 90% de los casos aumentó de manera considerable en apenas tres años: mientras en 2015 solo tres entidades registraban un 91% de impunidad, en 2018 la cifra se disparó a 11, de las cuales hasta en siete la impunidad rebasó el 95% de los casos. 

Es decir, que en al menos 7 entidades prácticamente ningún asesinato se resuelve. 

Consulta aquí el especial Matar en México: impunidad garantizada

Además, aunque también en tres años el número de víctimas por asesinato se disparó en el país un 87.4%, las sentencias condenatorias han ido a la baja, lo cual muestra un deterioro de la capacidad de investigación criminal de las fiscalías en México, cuya capacidad de disuasión del homicidio es prácticamente nula en estados donde el nivel de impunidad es de hasta el 99%.

Estos son algunos de los principales hallazgos de un nuevo estudio de la organización civil Impunidad Cero, que presenta este martes públicamente y que fue elaborado por los investigadores Guillermo Zepeda Leucona y Paola Jiménez Rodríguez a partir de cifras oficiales y de solicitudes de información que abarcan hasta 2018, el último año del presidente Enrique Peña Nieto.

Morelos, el más impune; CDMX, donde más creció

El estudio subraya que desde 2006 hay una clara tendencia al alza en los niveles de impunidad en homicidio doloso. 

Al inicio del sexenio de Felipe Calderón, la impunidad era del 59.4%. Y un año más tarde, en 2007, llegó a reducirse hasta el 54.7%. Es decir, poco más de 5 de cada 10 asesinatos quedaban sin resolverse en ese entonces.

Sin embargo, esa estadística ha ido evolucionando al alza: en 2011, el nivel de impunidad rebasó el 80%. En 2016, ya con Peña Nieto, la cifra llegó al 86.6%.

Y, en 2018, en el último año de Peña, la media nacional de impunidad en asesinatos alcanzó el 89%; una cifra cercana a la registrada por Belice, el país con más impunidad del mundo, con 96.4%, y a la de Honduras, el segundo en la lista con el 92.2%.

La evolución de la impunidad al alza en México queda también reflejada en un dato clave del informe: en 2015, solo tres estados presentaban más del 91% de impunidad para asesinatos, siendo Oaxaca la entidad con mayor impunidad, con 97% de los casos. 

Solo tres años después, en 2018, hasta 11 estados ya exceden el 91% de impunidad.

Y de esos 11, en 7 el nivel de impunidad está por arriba del 95%. 

De acuerdo el estudio, la entidad donde existe una mayor impunidad (a cifras de 2018) en homicidio doloso es Morelos, con 99.6%, seguido de Chiapas (99%), Oaxaca (97.8%) y Quintana Roo (96.6%). 

Por el contrario, las entidades con menor impunidad son Yucatán (27%), Aguascalientes (45.5%) y Nuevo León (61%). 

Para dimensionar el tamaño del problema: una de las tres entidades en el top 3 con menos impunidad en México es Nuevo León, con el 61% de los casos, mientras que un “indicador aceptable”, según el estudio, debería de estar por debajo del 30%. 

En cuanto a cómo creció la impunidad en un año, los datos señalan que la Ciudad de México es la entidad donde más se disparó: en 2017, 65.8% de los asesinatos quedaban impunes, mientras que en 2018 aumentó hasta el 86.7% de los casos, una variación del 31.8% al alza. 

Le sigue Durango: pasó del 52.4% de impunidad al 64.8%, un aumento de la tasa del 23.6%. Y Quintana Roo, con un aumento del 22.2%.

Hidalgo (14.6%) y Puebla (11.2%), son otros de los dos estados donde aumentaron los niveles de impunidad en casos de asesinato. 

Aguascalientes, por el contrario, es la entidad donde más se redujo la impunidad en homicidios: en 2018, registró una impunidad del 45.5%, 36% menos que en 2017. 

Sistema de justicia estancado

El informe de la organización Impunidad Cero expone que este aumento progresivo de los índices de impunidad en asesinatos se ha agravado por el crecimiento de la violencia frente a un sistema de justicia que se encuentra “estancado”, y que muy difícilmente castiga a los culpables. 

Según datos oficiales, en 2018 el número de víctimas de homicidio doloso en el país fue de 33 mil 521, un aumento de hasta el 87% en comparación con 2015. 

Sin embargo, el número de sentencias condenatorias no aumentó a la par. Al contrario, la proporción de sentencias por víctima se redujo. 

De acuerdo con el informe, en 2018 se registraron 3 mil 600 sentencias condenatorias, frente al registro de las 33 mil 521 víctimas de asesinato. Esto supone una media de una sentencia por cada 9 víctimas. En 2015, la media fue de una sentencia por cada 6 víctimas. 

“A la par del aumento de la violencia, se empezó a observar un estancamiento en la capacidad del sistema de justicia para castigar a los responsables, ya que -independientemente del aumento o disminución de los homicidios y la violencia- las sentencias condenatorias por homicidio doloso nunca han rebasado las 4 mil 803 logradas en 2005, e incluso se ha observado una tendencia decreciente en los últimos años”, subrayó el informe de Impunidad Cero

Todo lo anterior, añadió el documento, “ha derivado en el colapso de la gestión de carpetas de investigación y en la reducción en la efectividad de su resolución por parte de las Fiscalías y Ministerios Públicos, que entre 2017 y 2018 pasó de 21.7% de los casos a 19.4%”. 

Sobre los factores que explicarían el retroceso en efectividad en materia de investigación, el estudio planteó que, si bien la inversión pública se incrementó de manera significativa en la contratación de personal policiaco y en la incorporación de contingentes militares en materia de seguridad, así como en su equipamiento, el incremento en materia de procuración de justicia “es mucho menor”. 

Lo anterior, “se refleja en el aumento en los tiempos de espera de los denunciantes en las oficinas del Ministerio Público, en los rezagos y las crisis forenses que experimentan varios estados, en el mínimo incremento en el número de policías investigadores y en los modelos de gestión de investigaciones obsoletos”. 

En cuanto a este último punto relativo al aumento mínimo de policías investigadores, el estudio refiere que, de acuerdo con el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal (CNPJE) del INEGI, en 2016 había 10 mil 599 policías ministeriales, investigadores o judiciales. En 2017, pasó a 11 mil 972, un aumento de apenas el 13%; mientras que, para 2018, la cifra cayó a 10 mil 237 policías investigadores, un 14.4% menos que en 2017. 

A esta reducción, hay que sumar a que “en muchos lugares del país” hay falta de capacitación de la policía de investigación –“es común que contaminen escenas del crimen y se pierdan evidencias por un mal manejo de la cadena de custodia y un mal procesamiento de las pruebas”, y falta de insumos para realizar las labores de investigación criminal.

Blindar las unidades de investigación

Ante este panorama, la investigación de Impunidad Cero plantea varias propuestas para mejorar la capacidad de investigación criminal en México. 

Una de las iniciativas es que el estado mexicano brinde mayor seguridad y apoyo a los ministerios públicos, policías, y peritos forenses, puesto que enfrentan a diario la presión y los ataques de los grupos criminales. 

“Blindar las unidades de investigación implica garantizar la seguridad personal de los funcionarios y también de sus familiares. De hecho, sus espacios de trabajo deben estar en instalaciones distintas del resto de las áreas de las fiscalías y policías”, apunta el informe, que también destaca la necesidad de que a los agentes de investigación se les dote de mayor capacitación y de más insumos. 

Otras recomendaciones señalan que las fiscalías deben mejorar los procesos y las metodologías de recolección de datos y de evidencias, la planeación de la investigación, el trabajo de campo, el análisis del entorno y de la información, y generar labores de inteligencia “para lograr dirigir operativos y enfocar la investigación criminal en el esclarecimiento, la captura, la imputación y la defensa de las investigaciones en las salas de audiencia, así como en sancionar a los responsables de los delitos graves”. 

Lee aquí el informe completo de Impunidad Cero. 

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Variante de COVID que llegó a Brasil por la Copa América, más transmisible y con una mutación inédita

Esta nueva versión del coronavirus fue detectada por primera vez en Colombia, donde ya es bastante común en algunas regiones del país, pero aún hay poca información sobre su impacto real en la pandemia.
14 de julio, 2021
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Detectada por primera vez en Colombia, la variante B.1.621 de coronavirus también llegó a Brasil, donde fue registrada en dos hombres que formaban parte de las delegaciones de Ecuador y Colombia que disputaron la Copa América en el país sudamericano.

Ambos casos fueron diagnosticados en Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso.

La B.1.621 fue descrita por primera vez en enero de 2021 en Colombia. Desde entonces, se ha extendido a otros 19 países de América y Europa, según el sitio web Pango Lineages, que reúne a expertos en vigilancia genómica de diversas universidades y centros de investigación.

Por ahora, los lugares con más casos de covid-19 relacionados con esta variante son Estados Unidos, Colombia, España, México y Holanda.

¿Qué tiene de diferente esta variante y qué ya sabe la ciencia al respecto?

Actualmente, la B.1.621 forma parte de una “lista de alerta” de la Organización Mundial de la Salud junto con otras versiones virales que necesitan ser monitoreadas y estudiadas.

Como es relativamente nueva, aún no fue nombrada con una letra griega, como sucedió con la variante Alfa (Reino Unido), la Beta (Sudáfrica), la Gama (Brasil) y la Delta (India).

Gráfico de las 11 variantes del coronavirus

BBC

Una sopa de letras y números

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Europa señala que la B.1.621 trae al menos cinco mutaciones importantes en la proteína de espiga, la estructura que se encuentra en el exterior del coronavirus y es responsable de pegarse en los receptores de nuestras células y dar inicio a la infección.

Cuatro de estas alteraciones genéticas (E484K, N501Y, D614G y P681H) ya se habían observado en otras variantes más preocupantes, como Alfa, Beta, Gamma y Delta. Perola mutación R346K parece ser nueva y no se ha descrito en otras versiones del virus.

Estas modificaciones en el código genético pueden hacer que el agente infeccioso sea aún más transmisible, lo que representa un peligro para el control de la pandemia.

El CDC europeo también informó que esta variante podría tener algún impacto en la inmunidad obtenida después de haber pasado la covid-19 o por vacunación, pero esto aún debe estudiarse más a fondo.

Presencia en Colombia

En la práctica, esta versión del coronavirus parece haberse propagado con relativa facilidad a ciertos lugares.

Según información de Gisaid, una iniciativa de vigilancia genómica global, la variante representa el 24% de todas las muestras recolectadas y analizadas en Colombia.

En algunas localidades, como Córdoba, Bolívar, Atlántico y Chocó, ya está presente en más del 60% de todas las investigaciones genéticas realizadas desde principios de año.

La situación de la pandemia en Colombia, de hecho, es muy preocupante: el país latinoamericano tiene actualmente el tercer peor promedio móvil de muertes del mundo (solo por detrás de Namibia y Túnez).

Ataúdes en una sala en una ciudad próxima a Bogotá, en Colombia,

Getty Images
Colombia registra 4,5 millones de casos y 113.000 muertes por covid-19.

Pero, ¿esta variante tiene algo que ver? Se desconoce. Colombia no cuenta con un sistema bien estructurado de vigilancia genómica del coronavirus, que realice una gran cantidad de pruebas diarias. Por eso, no se puede conocer con exactitud la presencia y el impacto de las variantes en el país.

Aun así, la B.1.621 ha llamado la atención del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud.

En un artículo publicado en mayo, muestran su preocupación por “el rápido aumento de la frecuencia” de esta variante “en poco tiempo”, especialmente en ciudades que “parecían estar cerca de una eventual inmunidad colectiva”.

La situación en Brasil

El virólogo Fernando Spilki, profesor de la Universidad Feevale de Rio Grande do Sul, señala que, por ahora, no hay razón para entrar en pánico con la variante B.1.621.

“Hay pocos casos reportados en Brasil. Está claro que hay que monitorearla, pero los datos de Colombia y otros países no indican mayor agresividad, a pesar del aumento de casos en algunas regiones”, evalúa.

“Tampoco tenemos datos sobre una posible resistencia de esta nueva variante a las vacunas ya disponibles”, agrega el especialista.

Según una nota difundida por el gobierno de Mato Grosso, los casos de covid-19 provocados por esta versión del coronavirus fueron detectados en dos hombres de 37 y 47 años, que formaban parte de las delegaciones de fútbol de Ecuador y Colombia, respectivamente.

El 13 de junio, los dos países se enfrentaron en la primera ronda de la fase de grupos de la Copa América. El partido se desarrolló en Cuiabá.

Arena Pantanal

Getty Images
El Arena Pantanal, en Cuiabá, Mato Grosso, uno de los estadios donde se jugó la Copa América.

La buena noticia, según información de las autoridades de Mato Grosso, es que los dos pacientes fueron aislados en un hotel luego de su diagnóstico y permanecieron en cuarentena hasta que recibieron un certificado que les permitía regresar a sus países de origen.

Pero aunque el protocolo posterior al diagnóstico se siguió estrictamente, no se sabe si los dos hombres tuvieron contacto con otras personas antes de someterse a los exámenes.

Por lo tanto, existe el riesgo de que hayan extendido la variante por todo el país, de ahí la necesidad de monitorear de cerca la situación y ver si la B.1.621 gana terreno en territorio brasileño o no.

Aún en el terreno de la incertidumbre, no es posible determinar si esta variante causará mayor daño en Brasil, donde están en circulación otras versiones del coronavirus que son bastante dominantes, como el caso de la Gama, detectada originalmente en Manaus).

Independientemente de las mutaciones en la espiga del virus o del mayor potencial de virulencia, una cosa es cierta: las medidas preventivas contra la covid-19 siguen siendo eficaces y necesarias.

Por ello, es importante reforzar la distancia física, el uso de mascarillas (preferiblemente la PFF2 o N95), la higiene de manos y la circulación del aire en las habitaciones. Otra medida esencial es tomar ambas dosis de la vacuna.

Las vacunas disponibles siguen siendo eficaces contra las variantes ya descubiertas y, con un buen número de personas vacunadas, consiguen evitar que otras versiones aún más peligrosas del coronavirus aparezcan en algún rincón del planeta.


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