Gobierno promete apoyar al campo, pero hay dudas sobre la estrategia para hacerlo
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Gobierno promete apoyar al campo, pero hay dudas sobre la estrategia para hacerlo

El gobierno busca dar mayores ayudas a los campesinos mexicanos, aunque aún quedan dudas sobre cómo va a lograr subir la producción para el mercado interno.
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6 de diciembre, 2019
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Anastasio Olivares tenía ocho hectáreas sembradas en Calakmul, Campeche. Cada ciclo agrícola le vendía al gobierno hasta ocho toneladas de maíz y sacaba entre 10 y 12 toneladas de pepita y dos o tres de arroz. La agricultura era su modo de vida y así fue hasta 1995. 

Pero Anastasio, como muchos pequeños agricultores, no aguantó la caída en el precio de las cosechas —de dos pesos con cincuenta centavos a 60 centavos por kilo—, cuando empezaron a llegar granos más baratos importados de Estados Unidos, con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

A partir de ese momento y los siguientes años, el apoyo del gobierno no llegó para los pequeños productores, si acaso tenían acceso a Procampo, después conocido como Proagro. Anastasio, por ejemplo, tenía cada año una transferencia de mil 500 pesos de ese programa que solo le alcanzaba para siembra de autoconsumo.

Lee: Agricultura promete emitir reglas de operación para nuevos programas de ayuda al campo

“Nos dejaron solos y simplemente tuvimos que buscar otra forma de vida, muchos dejaron su tierra, su casa y se fueron a Estados Unidos o a la Riviera Maya a trabajar de meseros en los hoteles, yo me metí a la apicultura”, dice.

Víctor Suárez, subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) refrenda que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enfocará en apoyar a los pequeños productores, sobre todo del sur y sureste del país. Dice que van a priorizar la producción para el mercado interno, con la meta de ser autosuficientes en maíz, frijol, trigo, arroz. 

Todo el cultivo de esos granos se va a reactivar, promete. “Vamos a dar los apoyos para liquidez, asistencia técnica y precios de garantía. Los pequeños productores van a tener ahora certidumbre en la comercialización de sus cosechas”.

¿Y cómo se apoyará al campo? 

El gobierno de López Obrador ha puesto en marcha su estrategia para impulsar al campo eliminando los programas que solían enfocarse en los medianos y grandes productores; y entregando recursos millonarios a otros que privilegian a los pequeños. 

Por ejemplo, Crédito Ganadero a la Palabra, que da apoyos para adquirir ganado e infraestructura, para el próximo año tiene asignados mil millones de pesos. El de Fertilizantes, que otorga apoyos en especie, tiene un presupuesto de mil 310 millones de pesos.

Entérate: Pequeños productores, la prioridad del gobierno en la nueva estrategia de apoyo al campo

Los más importantes por monto asignado y por el impulso que les quiere dar la administración federal son dos: Producción para el Bienestar, que tiene 11 mil millones de pesos para entregar transferencias monetarias, antes del cultivo, en la siembra de granos básicos. Y el de Precios de Garantía a Productos Alimentarios Básicos, que tiene 10 mil millones de pesos y busca adquirir, a precios preferenciales, las cosechas de los pequeños productores de maíz, frijol, arroz, trigo y leche.

Víctor Suárez asegura que con estos apoyos se impulsará la productividad de los pequeños productores y con eso también crecerán las economías locales.

“Antes se priorizaban los agroquímicos, que dañan el medio ambiente y a la gente, además de que elevan los costos. Ahora vamos a producir más, pero en forma justa, saludable y sustentable”.

Sin embargo, hay varios aspectos de la nueva estrategia de Sader que preocupan.
“Los principales programas del gobierno federal se van a basar en padrones generados a partir del llamado Censo del Bienestar, del que hay muchas dudas, porque no se conoce cómo se está estructurando, hay mucha opacidad en eso”, señala Juliana Martínez Nacarato, investigadora del área de Justicia Fiscal, de Fundar.

Lo que también genera duda es el diseño de los programas, puesto que no parecen tener una población objetivo bien definida ni los mejores esquemas para impactar en la producción.

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Uno de los programas más importantes de Sader ahora, dice Antonio Yunes Naude, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos (CCE) de El Colegio de México, es Producción para el Bienestar, “pero este en esencia es muy similar a Procampo, en el sentido de que son transferencias monetarias no condicionadas al incremento de producción, lo que ya se sabe que no ha funcionado”.

La diferencia, agrega el investigador, es que el compromiso es hacer llegar la transferencia a los productores antes de los cultivos, y que ahora el apoyo está acotado a no tener más de 20 hectáreas, “pero lo demás es lo mismo”.

Además, coinciden los especialistas, atender a los pequeños productores, que son muchos y muy diversos, es un gran reto y Sader no ha dicho exactamente cómo va a lograr subir la producción para el mercado interno.

“Vamos a coordinar bien los programas. Habrá austeridad en el manejo del presupuesto, cero corrupción, cero intermediarios para que los apoyos lleguen a quien tiene que llegar, y por el bien de todos, primero los pobres”, dice el subsecretario de Sader, pero no precisa acciones.

Sobre las metas que pueden comprometer, afirma, “tenemos la aspiración de que el sector crezca, al final de la administración, entre 3 y 4% promedio anual en el PIB agropecuario y un incremento de la producción de maíz para satisfacer el 80 o 85% de la demanda nacional; frijol, 100%; trigo y arroz, 65%; leche, autosuficiencia alimentaria y reducir la importación de carne de cerdo al 50%”.

Respecto a si esta administración medirá el impacto de los subsidios directos en la productividad del campo —más allá de las evaluaciones de desempeño, diseño, metas y transparencia de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer) y de Coneval— dice que sí, pero que no sabe cuándo.

El presidente de la Comisión de Desarrollo Rural, Agrícola y Autosuficiencia Alimentaria de la Cámara de Diputados, el morenista Eraclio Rodríguez, asegura que lo adecuado sería generar un programa donde se combinen subsidios con crédito y también asistencias técnica, “porque con 5 mil pesos mensuales nada más no se va a sacar de la pobreza a la gente ni se va a elevar la productividad”. 

Lee: Agricultura elimina programas con los que se desviaron recursos pero crea nuevos sin reglas de operación

Todavía en espera

Lo cierto es que a varios pequeños productores el apoyo aún no les llega. Anastasio dice que él, por parte de la Sader no está recibiendo nada. El apicultor cuenta que quiere volver a sembrar, pero necesita al menos 35 mil pesos para limpiar y preparar las ocho hectáreas que cultivaba y que ya se volvieron monte.

Por ahora, lo único que le han prometido es entrar al programa Sembrando Vida, de la Secretaría de Bienestar. “Pero de eso el apoyo va a ser para reactivar solo 2.5 hectáreas. Ya me dijeron que ya estoy en el padrón de beneficiarios y que ya me va a llegar el apoyo. Con los técnicos ya me reuní para ver cómo vamos a trabajar”.

Eso sí, Anastasio dice que a varios de sus vecinos ya les está llegando el apoyo de Producción para el Bienestar y que los cultivos en la zona ya se están reactivando, lo mismo que la economía.

Pero no todas las regiones del país han avanzado igual. En Acatepec, en la montaña de Guerrero, Producción para el Bienestar no llega todavía y la entidad no estuvo entre las que se seleccionaron para arrancar la primera fase de Sembrando Vida durante este año. 

Guerrero se eligió más bien para ser el piloto del programa de fertilizantes, pero Ángel Aguilar, campesino de esa zona, dice que ni eso llegó completo. “Nos dijeron que nos iban a dar también la semilla para sembrar y no llegó. Acá en Acatepec al menos se deben haber quedado sin fertilizante el 30% de los que supuestamente iban a ser beneficiarios, que ya tenían los vales para canjearlos por el producto y todo”.

 

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Coronavirus: por qué incluso después de ponerte la vacuna contra la COVID-19 deberás seguir usando mascarilla

Según médicos y científicos, las personas vacunadas deberán esperar por lo menos un mes y medio hasta quedar protegidos del virus.
15 de diciembre, 2020
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Una de las vacunas que ya ha demostrado eficacia contra el COVID-19, la de Pfizer/BioNTech, se distribuye en Reino Unido desde el lunes pasado. Se espera que se aplique desde diciembre en México, y en los meses posteriores en otros países de América Latina.

¿Qué sería lo primero que harías después de recibir la vacuna?

Si crees que podrías abandonar la mascarilla de inmediato, viajar, y ver a todos los que no viste en casi un año de pandemia, médicos e infectólogos advierten que de hecho, la vida no volverá a la normalidad tan pronto.

“Después de ponerte la vacuna, es necesario regresar a casa, mantener el aislamiento social, esperar la segunda dosis y luego esperar al menos 15 días para que la vacuna alcance el nivel de efectividad esperado“, explica la bióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciência, de Brasil.

“Incluso después, es necesario esperar a que una buena parte de la población ya esté inmunizada para que la vida vuelva a la normalidad”, añade.

Hay tres razones para mantener las precauciones.

Tiempo para que el cuerpo reaccione

El mecanismo general de funcionamiento de una vacuna es siempre el mismo: introduce una partícula en el cuerpo llamada antígeno.

Este antígeno puede ser un virus desactivado (muerto), un virus debilitado (que no puede enfermar a nadie), una parte del virus, alguna proteína que se parezca al virus o incluso un ácido nucleico (como la vacuna de ARN).

Una mujer con mascarilla.

Getty Images
Los científicos recomiendan mantener las medidas de prevención después de ponerse la vacuna.

El antígeno provoca una respuesta inmune, es decir, prepara al organismo para enfrentar un intento de contaminación, para ser capaz de reconocer un virus y producir anticuerpos para combatirlo, explica el médico de enfermedades infecciosas Jorge Kalil, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo (FMUSP).

La próxima vez que entre en contacto con ese virus, el cuerpo recordará cómo combatirlo y podrá enfrentar la amenaza de manera rápida y eficiente.

Esta respuesta se denomina respuesta inmune adaptativa y es específica para cada virus. “Es una respuesta que tarda al menos dos semanas”, explica Natália Pasternak.

La primera respuesta inmune del cuerpo después de la vacunación es la producción de anticuerpos, que se adhieren al virus y evitan que ingrese a las células del cuerpo y las use para producir más virus, explica Pasternak.

Es decir, en una persona inmunizada, desde el momento en que el patógeno ingresa al organismo, se liberan anticuerpos que evitan la contaminación de las células.

Pero existe un segundo tipo de respuesta inmune, llamada respuesta celular. “Son células, llamadas células T, que no se unen al virus, pero reconocen cuándo una célula está contaminada con el virus y la destruyen”, explica Pasternak.

Es decir, si un virus logra escapar de los anticuerpos y contaminar cualquier célula del cuerpo, las células T funcionan como “cazadoras” y destruyen las “células zombi”, evitando que se produzcan más virus.

Una persona recibiendo una vacuna.

Getty Images
La vida no regresará tan rápido a la normalidad después de que empiece la vacunación en tu país.

La respuesta celular tarda un poco más que la respuesta de los anticuerpos, otra razón por la que la inmunización solo se completa unas semanas después de recibir la vacuna, explica Jorge Kalil.

Es decir, después de recibir una vacuna, solo estás realmente protegido al cabo de unas pocas semanas, explican los científicos. Es como si el cuerpo necesitara tiempo para “procesar” la información y reaccionar de manera apropiada.

Dos dosis contra el coronavirus

En el caso específico del coronavirus, otra cuestión obliga a mantener las medidas de protección durante algún tiempo después de la vacunación: la mayoría de las vacunas que se están desarrollando contra la enfermedad requieren dos dosis para lograr la eficacia esperada.

Se necesitarán dos dosis para las cuatro vacunas que ya han demostrado su eficacia: las de Pfizer, Moderna, Oxford/AstraZeneca y la Sputnik V. Esto también es válido para la Coronavac, que está siendo desarrollada por el Instituto Butantan en colaboración con la farmacéutica Sinovac.

“Probablemente la indicación será recibir la primera dosis, esperar un mes, tomar la segunda dosis y mantener todos los cuidados pandémicos, como el aislamiento social y el uso de mascarillas, durante al menos 15 días. Solo así estarás protegido, según la efectividad de cada vacuna”, explica Jorge Kalil.

La primera dosis, explica Natália Pasternak, es lo que los científicos llaman el refuerzo principal. “Es como si (…) le diera un ‘impulso inicial’ al sistema inmunológico. La segunda dosis genera una mejor respuesta inmunológica”, explica.

Mujer con mascarilla.

EPA
La OMS estima que se necesita que un 80% de la población esté vacunada para contener la pandemia.

Combinando el tiempo necesario entre una dosis y otra y el tiempo que el cuerpo necesita para producir una respuesta inmunitaria, se necesitará al menos un mes y medio para que alguien que haya sido vacunado sea considerado inmunizado.

Pero, incluso después de eso, tomará tiempo para que la vida vuelva a la normalidad, y hasta que la mayoría de la población esté vacunada, la recomendación es que incluso las personas inmunizadas mantengan las medidas de prevención.

¿Es cierto que la vacuna puede no prevenir la contaminación por coronavirus?

No, explican los científicos, porque si hay una buena cobertura de vacunación, una vacuna puede reducir en gran medida la circulación del virus a través de la llamada inmunidad colectiva.

Es cierto que individualmente ninguna vacuna es 100% efectiva, y esto también es cierto para el covid-19. La vacuna de Pfizer, por ejemplo, tiene un 95% de efectividad, según los resultados de la tercera fase de prueba.

Esto significa que existe un 5% de probabilidad de que esa vacuna específica no produzca una respuesta inmune en el cuerpo de la persona vacunada.

Pero, entonces, ¿cómo evitan las vacunas que el virus se propague si hay algunas personas que pueden infectarse?

Vacuna

Getty Images
Ninguna vacuna es 100% efectiva a nivel individual.

“La vacuna funciona a través de la inmunidad colectiva”, dice Jorge Kalil.

“La vacuna reduce el número de personas susceptibles (a la enfermedad) de manera tan significativa que el virus no puede circular más y queda contenido. Así fue como erradicamos la viruela”, explica el médico.

La inmunidad colectiva es importante no solo porque las vacunas no son 100% efectivas, sino porque hay muchas personas que ni siquiera pueden aplicársela.

“Hay personas que no pueden recibirla porque no son mayores o porque no forman parte del programa de vacunación. Las vacunas contra el coronavirus aún no se han probado en niños o en mujeres embarazadas”, explica Kalil.

Las personas con alguna enfermedad que comprometa su sistema inmunológico tampoco pueden vacunarse.

“Cuando haya una cobertura mínima de vacunación para la población, estas personas vulnerables estarán protegidas por la inmunidad colectiva”, explica Kalil.

En el caso del coronavirus, la OMS estima que la cobertura de vacunación necesaria para estabilizar y contener la pandemia es del 80% de la población, idealmente el 90%.

Por eso es importante que, incluso quienes ya se han vacunado y esperaron mes y medio, no abandonen las medidas contra la pandemia.

En el caso de la vacunación contra el coronavirus, pasará algún tiempo antes de que la vacuna llegue a la mayoría de la población.

La producción de millones de dosis no es algo que ocurra de la noche a la mañana. También hay cuestiones como los acuerdos gubernamentales con las empresas farmacéuticas, la lista de espera de varios países, la dificultad de distribución y almacenamiento (algunas vacunas deben almacenarse a temperaturas muy por debajo de cero), etc.

“Es importante que quien reciba la vacuna primero mantenga las medidas para combatir la pandemia porque, incluso después de un mes y medio, aunque esté inmunizado, no hay garantía de que no pueda ser vector de la enfermedad hasta que no haya inmunidad colectiva”, dice Pasternak.

La científica explica que las vacunas probadas hasta ahora evitan que el virus se reproduzca en el cuerpo y enferme a la persona. Pero no hay pruebas, por ahora, que demuestren que la persona vacunada no transmitirá el virus a otras personas.

El resumen de todo esto es que, aunque te pongas las dos dosis de la vacuna, hay que esperar a que la mayoría de la población esté vacunada para que la vida vuelva a la normalidad, aconseja Jorge Kalil.

Es decir, hay que esperar hasta que la inmunidad colectiva generada por la amplia cobertura de vacunación permita contener la pandemia definitivamente.

* Este artículo apareció originalmente en portugués BBC Brasil y puedes leerlo aquí.


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