Más de mil 300 detenidos por crimen organizado, pero solo 7% va a juicio por ese delito
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Cuartoscuro Archivo

Más de mil 300 detenidos por crimen organizado, pero solo 7% va a juicio por ese delito

Solo 98 personas fueron procesadas por crimen organizado en los últimos tres años. 
Cuartoscuro Archivo
9 de diciembre, 2019
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En los últimos tres años más de mil 300 personas fueron detenidas y puestas a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR) por sus presuntos vínculos con actividades del crimen organizado en México. Pero de todos ellos, apenas el 7% (98) fueron procesados por ese delito.

Así lo evidencian estadísticas oficiales de la Subprocuraduría Especializada en investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) de la FGR obtenidas por Animal Político a través de una solicitud de transparencia.

La información muestra que, si bien más del 90% de las personas detenidas en este lapso sí fueron sometidas a un proceso penal, en la mayoría de los casos se les abrió por un delito menor como portación de algún arma o de sustancias ilegales, pero sin ligárseles con actividades de crimen organizado.

Entérate: Grupos criminales crecieron 900% durante la guerra contra el narco de Calderón

Esto es relevante no solo porque las penas son mucho menos graves si los detenidos llegan a ser declarados culpables, sino porque los casos terminan ante el juez como hechos aislados, sin que se pruebe y se conozca jurídicamente sobre la operación de las redes criminales organizadas ni su supuesta desarticulación.

En números exactos, de acuerdo con la información entregada por la SEIDO, de enero de 2017 a septiembre de 2019 fueron detenidas y presentadas ante el Ministerio Público Federal un total de 1 mil 342 personas por presuntos vínculos con grupos y/o actividades de delincuencia organizada.

En este mismo lapso la SEIDO reportó únicamente a 98 personas vinculadas a proceso, por actividades criminales organizadas contempladas dentro de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, y que pueden ir desde operaciones con recursos de procedencia ilícita, hasta narcotráfico, trata de personas, secuestros, entre otros.

Lo anterior equivale apenas a una proporción del 7.3% de personas procesadas por crimen organizado, en comparación con el total de personas que fueron detenidas por ese mismo motivo. Dicho de otra forma: en promedio apenas 7 de cada 100 personas detenidas por delincuencia organizada fueron procesadas por un juez, por este tipo de delito.

Los datos de la SEIDO también muestran que en este periodo hubo 1 mil 177 personas que fueron vinculadas a proceso por algún delito, pero no por crimen organizado. Es decir, son presuntos delincuentes sometidos a proceso por cualquier tipo de delito federal como trafico de drogas o lavado de dinero, pero sin que se les relacione judicialmente con una actividad organizada o a gran escala.

Muchos detenidos, poca efectividad

La SEIDO proporcionó – a petición de este medio – el registro completo de las personas en contra de las que ha procedido durante los últimos dos sexenios, así como el resultado de todos esos procesos. La información se entregó parcialmente.

De acuerdo con la estadística proporcionada, desde diciembre de 2006 a septiembre pasado la SEIDO procedió penalmente en contra de 31 mil 163 personas por diversos delitos, sin detallar específicamente (con excepción de los últimos tres años) en cuántos fue por delincuencia organizada y en cuántos por otros delitos.

Se trata de personas en contra de las cuales el Ministerio Público de la Federación consideró que tenía evidencias para imputarles algún cargo ante un juez.

Pero en ese mismo lapso los jueces federales solo dictaron auto de formal prisión (viejo sistema penal) o de vinculación a proceso (nuevo sistema) en contra de 16 mil 705 personas.

Lo anterior significa que, en promedio, 1 de cada 2 personas en contra de las cuales intentó proceder la SEIDO no fueron sometidas a un proceso penal, ya que los jueces consideraron que no había evidencia suficiente para ello, y por lo tanto fueron puestas en libertad.

De lo que la subprocuraduría no proporcionó dato alguno fue de la cantidad de personas que recibieron sentencia condenatoria, tras haber sido procesadas. No obstante, la Fiscalía si entregó a través de otra área esta información, pero solo en relación con personas detenidas en algunos estados.

Los números muestran que, de un total de un total de 2 mil 181 personas detenidas en 22 entidades federativas y vinculadas a proceso por delincuencia organizada, en el periodo de doce años y medio ya mencionado, un total de 485 terminaron con una sentencia condenatoria.

Esto equivale a un promedio de apenas un 22.2% de las más de 2 mil personas procesadas que terminó con sentencia condenatoria por cargos de crimen organizado. 

Casos complicados

De acuerdo con exfuncionarios que han estado en la Procuraduría General de la República (hoy FGR), el reducido número de personas procesadas exitosamente por delitos de delincuencia organizada se explica porque son casos complejos de integrar, ya que además de probar que el imputado participó en un delito (secuestro, narcotráfico, o lavado por ejemplo), hay que evidenciar que se cometió en contubernio con más personas.

“Es un delito grave porque es una actividad que, como dice la ley, se comete por más de tres personas que se ponen de acuerdo para perpetrarlo de forma reiterada, que tienen una organización donde hay jerarquías, donde se cumplen roles. Para ello necesitas un cúmulo probatorio, concatenar evidencias. No es sencillo”, indicó un exsubprocurador cuyo nombre se reserva a petición de él mismo.

De acuerdo con el exfuncionario, en muchas ocasiones el Ministerio Público opta por una ruta mas sencilla, que es la de imputar solo el delito simple o una organización menos compleja (como asociación delictuosa donde no es necesario probar que se actúa repetidamente ni las jerarquías específicas), para asegurar la probabilidad de una posible sentencia y reducir el riesgo de exoneración.

Un ejemplo público de una situación de este tipo fue el caso del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, a quien se vinculó a proceso originalmente por lavado de dinero y delincuencia organizada pero luego este último fue modificado por el de asociación delictuosa.

El entonces subprocurador Felipe Muñoz reconoció en una entrevista que se optó por cambiar el delito, ya que había complicaciones para reunir la evidencia necesaria que probara el cargo de crimen organizado, situación que ponía en riesgo todo el juicio. El cambio al ilícito de asociación delictuosa le permitió además a Duarte declararse culpable y ser condenado.

No obstante, lo anterior significó que una pena de prisión que pudo haber superado los 25 años de cárcel, terminara reducida a 9 años.

El exfuncionario consultado explicó que con el nuevo sistema penal se hizo aun mas complejo construir un caso sólido de delincuencia organizada, sobre todo si se carece de una buena investigación previa. Esto ya que los tiempos con dicho sistema son mas breves, y a que cualquier evidencia debe ser presentada y defendida en una audiencia pública. El nivel de exigencia procesal es mucho más alto.

Con el sistema penal anterior tampoco había una garantía de éxito en cuanto a obtener una condena, pero sí resultaba mucho más sencillo para la PGR privar de su libertad a personas con la sola sospecha de pertenecer a grupos del crimen organizado. Esto derivó en abusos como el arraigo de personas que llegaba a extenderse hasta seis meses, sin que fueran presentadas ante un juez, o el encarcelamiento de presuntos culpables por años para que a final de cuentas fueran declarados inocentes.

Uno de los fracasos mas evidentes de esto fue la llamada “Operación Limpieza”, implementada en el sexenio del expresidente Felipe Calderón, y que derivó en el encarcelamiento de numerosos funcionarios por “sospechas de crimen organizado”, entre ellos el del exdirector de Interpol México, Rodolgo de la Guardia García, o del exsubsecretario de la Defensa Tomás Ángeles Dauahare.

Se trató de personas que estuvieron en prisión desde uno hasta cinco años pero que a la postre, y gracias a la interposición de demandas de amparo, fueron absueltos por falta de pruebas.

Lo que quedó al descubierto con esos casos es que la PGR construyó a través de la SEIDO acusaciones de delincuencia organizada “sustentadas” en declaraciones de testigos protegidos (muchos de ellos delincuentes), pero sin que hubiera otras evidencias que las confirmaran. En la mayoría de los casos esos dichos resultaron totalmente falsos.

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La doctora que contrajo COVID y fue salvada por el método de ventilación que ayudó a crear

La intubación de la neumóloga en la USP Carmen Valente Barbas ha sacudido la moral de los médicos que luchaban contra el coronavirus recién llegados a Brasil.
1 de agosto, 2020
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A mediados de abril, el reconocido patólogo de la Universidad de São Paulo (USP), Paulo Saldiva, habló en vivo por televisión sobre la epidemia del covid-19; no pudo evitarlo y comenzó a llorar frente a las cámaras.

“En ese momento, había personas que negaban la existencia o minimizaban el impacto de la enfermedad, así que fui a decirle a las gente que se cuidara porque nosotros en salud estábamos pagando un alto precio. Entonces recordé a Carmen y otros seres queridos y perdí un poco el control”, le dice Saldiva, médico y profesor con 40 años de experiencia, a BBC News Brasil.

Para muchos en la comunidad de médicos que trabajan en los frentes de batalla contra el covid-19 en el país, el llanto de Saldiva no requería explicación.

La noticia de la hospitalización de la neumóloga Carmen Valente Barbas había circulado dentro y fuera de Brasil, sacudiendo la moral de las tropas en la guerra contra un enemigo poco conocido.

La médica de los hospitales Das Clínicas y Albert Einstein, investigadora y profesora con 60 años de edad y más de 35 años de carrera, es una experta internacional en ventilación mecánica, un método utilizado en el tratamiento de casos graves de covid-19.

Reconocimiento internacional

Hija del neumólogo y ex profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Pablo (USP) João Valente Barbas, Carmen siguió los pasos de su padre. Se graduó de la USP y comenzó su doctorado en ventilación mecánica en 1995.

En 1998, se publicó un estudio clínico dirigido por ella y su colega Marcelo Amato en el New England Journal, una revista científica estadounidense de alto impacto.

Paciente con covid-19

Getty Images
Se estima que el 5% de los infectados por el coronavirus requieren respiración asistida.

Hasta entonces, las posibilidades de que un paciente con enfermedad pulmonar aguda muriera por ventilación mecánica eran grandes.

En su investigación, Carmen y su grupo plantearon la hipótesis de que la ventilación en sí podría perjudicar los pulmones de los pacientes.

“Estábamos estudiando ventilación mecánica en pacientes con síndrome de incomodidad respiratoria aguda, SDRA”, le dice Carmen a BBC News Brasil. “En ese momento, la tasa de mortalidad por este síndrome era del 70%. Los que trabajaban en cuidados intensivos se desanimaban porque la mayoría de los pacientes morían”.

En ese momento, explica, los pacientes con el síndrome eran ventilados con el mismo volumen corriente (el volumen de aire que entra y sale del pulmón durante la ventilación mecánica) utilizado en cirugías.

“En la cirugía, cuando aplicas anestesia general, intubas y ventilas al paciente. Pero el pulmón dañado por ARDS tiene una distensibilidad menor, es más difícil. Cuando pones un alto volumen corriente, genera presiones muy altas en el sistema sistema respiratorio y terminas dañando más el pulmón “.

Carmen y su grupo comenzaron a ventilar a los pacientes con un volumen corriente más bajo, entre otros ajustes.

Al final del estudio clínico, el número de muertes entre los pacientes tratados con la nueva técnica se redujo al 40%. En 2000, un gran estudio estadounidense confirmó, también en el New England Journal, que el enfoque del grupo de USP era mucho mejor.

Desde entonces, la tasa de mortalidad de pacientes con SDRA se ha reducido aún más, al 30%. Y el equipo dirigido por Carmen y Amato ganó una voz internacional, ayudando a transformar la ventilación mecánica en el mundo.

Carmen Barbas

Arquivo pessoal/Carmen Valente
Carmen Barbas siguió los pasos de su padre, también neumólogo.

La técnica se conoce hoy como ventilación pulmonar protectora.

“Carmen y su equipo son uno de los líderes de la comunidad mundial (de intensivistas y neumólogos)”, le dijo a BBC News Brasil el italiano Paolo Pelosi, médico de cuidados intensivos y profesor de la Universidad de Génova en Italia, colega y amigo de la médico durante 20 años.

El tratamiento de pacientes en unidades de cuidados intensivos (UCI) es complejo, por lo que se necesitan varias estrategias diferentes, explica.

“La técnica propuesta por Carmen es parte de un conjunto de enfoques discutidos y aplicados en el mundo”.

Lo que Carmen nunca hubiera esperado es que algún día la salvarían con la misma técnica.

Llegada de coronavirus

En marzo de 2020, los médicos brasileños comenzaron a darse cuenta de que el nuevo coronavirus era realmente peligroso.

“Al estudiar los virus durante muchos años, vimos que este nuevo virus es muy diferente, muy agresivo, sobrevive a temperaturas muy altas, lo que no es normal para los virus respiratorios”, dice Carmen.

Cuenta que incluso escribió un artículo para la Sociedad Paulista de Terapia Intensiva alertando sobre Sars-Cov-2.

Debido a su edad y porque era hipertensa, Carmen estaba en el grupo de riesgo.

Dibujo de respirador

Getty Images
El respirador no es una cura, pero permite es ganar tiempo para que el tratamiento haga efecto.

“Estaba tomando todas las medidas preventivas, cuidando a los pacientes con máscaras, sin permitir que se acercaran demasiado. Con mis colegas, fui una de las primeras en decir, ‘no te acerques, mantengamos nuestra distancia’. Dejé de besar a los colegas, de darle la mano a los pacientes, siempre andaba con el gel de alcohol colgando de la bolsa”.

Los primeros síntomas aparecieron el 19 de marzo.

“Empecé a tener un poco de dolor de garganta, un poco de tos, un dolor corporal muy importante”.

Ella no estaba cuidando a pacientes con coronavirus, pero comenzó a cansarse mucho.

“Todo lo que hacía me producía una fatiga absurda. ‘Me está pasando algo extraño‘, dije”.

Carmen fue al hospital para pedir que le hicieran la prueba. Sin los síntomas clásicos (no tenía fiebre ni oxígeno bajo), tuvo que insistir. La prueba se realizó el día 23. El resultado llegó el día 27: la doctora había contraído el covid-19.

Lo vi en la computadora: positivo. Llamé a colegas pidiendo que me admitieran porque estaba muy cansada”.

Gustavo Faissol Janot

Arquivo pessoal/Gustavo Faissol Janot
Gustavo Faissol Janot, jefe del equipo que intubó y cuidó a Carmen durante su ingreso en la UCI del Hospital Albert Einstein.

Dilema

Carmen fue al hospital Albert Einstein, donde ha trabajado durante más de 30 años como intensivista. Inicialmente, su condición no era crítica, así que la enviaron a la enfermería. Pero como es común en pacientes con covid-19, su condición empeoró rápidamente.

“Fui hospitalizada el 27 de la noche. El 29 de la mañana, me llevaron a la UCI y me intubaron porque tenía una insuficiencia respiratoria grave”.

Ella había dedicado su carrera a los pacientes, la enseñanza y la ciencia. Ahora Carmen confió su propia vida a la técnica que había ayudado a desarrollar y a los médicos que había entrenado.

“Fui a la UCI. Todos mis colegas ya estaban allí, gente conocida“, recuerda Carmen.

“Cuando te sientes mal, quieres aliviarte. Estaba tan incómoda, tan sin aliento, que cuando me anestesiaron, me alivió”.

Antes de perder el conocimiento, cuenta, escuchó las palabras de la anestesióloga Roseny Rodrigues: “Puede estar segura de que la cuidaremos bien“.

Al frente del equipo que la intubaría y se encargaría de la ventilación mecánica de Carmen estaba un ex estudiante de doctorado de la médica, el intensivista y médico general de Río de Janeiro, Gustavo Faissol Janot. Ha trabajado con Carmen durante 16 años.

“Carmen siempre ha sido nuestra gran mentora. Verla enferma, necesitando intubación, fue uno de los momentos más difíciles, quizás el más difícil, de mi carrera“, le dice Janot a BBC Brasil.

La presión sobre él era tan grande que Janot decidió abandonar la sala.

“En ese momento, dada mi proximidad con ella, pedí no estar presente en la intubación”, dice.

“Cuando uno está emocionalmente involucrado con la persona, tiende a evitar realizar procedimientos invasivos porque puede cambiar la forma en que realiza el procedimiento y poner en riesgo al paciente”, explica.

Roseny Rodrigues se hizo cargo de la tarea. Después de la intubación, Janot regresó a la UCI.

Ahora, de acuerdo con los principios de ventilación pulmonar protectora, era necesario ajustar el respirador para ventilar suavemente el pulmón de la paciente, evitando daños en el órgano, y monitorear cuidadosamente su progreso, las 24 horas del día.

Janot recuerda que fue difícil dormir esa noche.

“A las 3 de la mañana, me desperté y salté de la cama. Había soñado con Carmen diciendo: ‘ve a revisar mis exámenes, no me dejes’. Así que fui a la computadora para revisar los exámenes en la madrugada”.

Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

PAULO PELOSI
Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

La noticia reverbera en el extranjero

Ese mismo domingo, en Génova, Italia, el colega y amigo de Carmen Paolo Pelosi recibió un mensaje en su teléfono celular.

“Todas las noches, hablaba con amigos de todo el mundo para averiguar cómo estaba evolucionando la pandemia”, dice Pelosi. “En Italia, tuvimos covid-19 unos 25 días antes que los otros países, y yo estaba apoyando a mis colegas”.

“Entonces, llegó un mensaje de un colega en Brasil. Era casi medianoche: Carmen fue hospitalizada y será intubada”, recuerda Pelosi.

“Cuando tratas a un paciente, es como si estuvieras protegido, no te afecta. Es un recurso psicológico, una actitud que te permite reaccionar ante esa situación”, explica. “Pero cuando le sucede a un amigo y colega, es como si te estuviera sucediendo a ti“.

Gustavo Janot trata de explicar la sensación de consternación que afectó a muchos médicos, entre ellos, el experimentado Paulo Saldiva, el ex maestro de Carmen, que había llorado en el programa de televisión:

“Primero, por el tipo de persona que es, con buen corazón, incansable en la enseñanza y la ayuda”, dice.

“Segundo, por lo que representa en ventilación mecánica. Tercero, porque ella es una de nosotros. Y nosotros, los médicos, en la línea del frente, estamos todos asustados”.

Con la experiencia adquirida en más de 30 años de práctica e investigación, Carmen Valente era muy valiosa para los equipos de médicos que luchaban en la primera línea contra el covid-19. Y nadie podía contar con ella ahora.

“¿Quién no querría poder preguntarle qué hacer en ese momento?”, dice Janot.

Síntomas de la covid-19

BBC

“Hoy tenemos una experiencia de meses. No solo nuestra, sino también de europeos, estadounidenses, canadienses. Hay un gran intercambio de información en la comunidad científica a este respecto”, explica.

Carmen Valente dejó la ventilación mecánica después de una semana, pero permaneció hospitalizada por otros 18 días. En ese período, llovieron mensajes de alivio.

Una mañana, recibió una visita de su colega y amigo Marcelo Amato, que había seguido de cerca su caso.

“Recuerdo que ya estaba sin tubos y apareció al amanecer y habló conmigo. Me habló de los colegas internacionales que habían enviado mensajes. Me contó que un médico que siempre nos ayudó, que trabaja y vive en Miami, lloró como un niño cuando se enteró de que el coronavirus me tenía entubada”.

De vuelta al trabajo

Carmen fue dada de alta del hospital el 20 de abril. A principios de junio, sin secuelas, pero aún sometida a fisioterapia, regresó al trabajo.

Ella dice que no sabe cómo contrajo a covid-19, pero no cree que fue durante la atención.

“(Creo que pillé el virus de) alguien infectado asintomático y que se acercó mucho, o dentro del ascensor en el hospital”, dice.

Por esto, todo cuidado es poco. Está tratando pacientes con coronavirus, y usa todo el equipo de protección personal.

“Ellos (los científicos) no están seguros de si la inmunidad que adquieres después de enfermarte es permanente y si te defiende si te expones a una carga muy alta (del virus)”.

Reducir contagio coronavirus

BBC

“A veces llego a lugares y la gente viene a besarme. Yo digo que no. ‘¡Pero si ya la tuviste!’ Pero hasta que estemos seguros de las cosas, mantendremos el aislamiento”.

Carmen bromea, diciendo que ella era “una especie de neurótica” después de su encuentro con el coronavirus.

“Creo que el gran problema con este virus es que no sabemos dónde está“, reflexiona.

“No sabemos dónde están las personas asintomáticas que son positivas. Están circulando. Tenemos que hacer pruebas, diagnosticar quién tiene el virus y aislar a esas personas durante 14 días hasta que se reduzca la transmisión”.

Enfrentando a covid-19 en Brasil

Invitada a dar una opinión sobre las políticas para combatir la pandemia en Brasil, Carmen hizo algunas recomendaciones.

Primero, necesitamos informar bien a la población.

“Los servicios de prensa y el gobierno tienen que ser muy transparentes. La gente ve que está ocurriendo un problema. No quieren ver la realidad de las cosas”, dice.

“Es muy importante ver la realidad de las cosas y ser transparente”.

“La población necesita comprender que tienen un virus altamente infeccioso, que el 5% evolucionará a la intubación. Solo el 5%”.

“Creo que eso tranquiliza a la población. Pero necesitan saber que la enfermedad es un hecho”.

Con la población haciendo su parte, queda por organizar mejor la atención y capacitar a los profesionales, comenzando con la detección de pacientes.

“El paciente con dolor corporal y fiebre no necesita ser hospitalizado, solo el 15% que tiene una afección respiratoria más grave debe ser hospitalizado”, explica.

El siguiente paso es formar los equipos que intubarán y ventilarán el 5% de este grupo que necesitará ir a la UCI.

Necesitamos personas que sepan intubar, que sean anestesistas”, sugiere.

“También necesitamos radiólogos para hacer una ecografía de tórax y una tomografía para detectar quién tiene enfermedad pulmonar”.

Finalmente, es necesario capacitar a los médicos de la UCI. “Necesitan saber que es grave y que hay algunas cosas que deben hacerse para prevenir una lesión pulmonar”, explica.

Carmen dice que tanto en el Hospital das Clínicas como en Albert Einstein, la mortalidad entre los intubados -la cifra es de junio- fue inferior al 20%.

“Puedes aprender si tienes entrenamiento. Necesitas tener esta buena voluntad para entrenar”, concluye.


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