'¿Cómo podemos unirnos antes de que nos maten a todos?': el discurso de los LeBarón en protesta en CDMX
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'¿Cómo podemos unirnos antes de que nos maten a todos?': el discurso de los LeBarón en protesta en CDMX

Seguir "viviendo nuestras vidas como si nada sucediera es un acto de cobardía infinita", dijo Adrián LeBarón sobre la violencia en el país y el asesinato de integrantes de su familia.
Cuartoscuro
1 de diciembre, 2019
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Parte de la familia LeBarón marchó este domingo junto a otros ciudadanos desde el Ángel de la Independencia hacia el Monumento a la Revolución para exigir al presidente Andrés Manuel López Obrador -que cumple este 1 de diciembre un año de gobierno- seguridad y justicia.

Adrián LeBarón, padre y abuelo de víctimas del ataque del 4 de noviembre en Bavispe, Sonora, pidió no quedarse callados ante la violencia que golpea al país. Aquí su discurso completo:

“Mi corazón está lleno de dolor, mi voz tiembla de furia, perdón por venir aquí a decir que hoy no me importa la economía, ni la corrupción, ni el aeropuerto, ni los colores de partidos políticos. Ni las razones que este día nos tienen aventando discursos en dos plazas distintas en esta ciudad capital.

Perdonen que no es mi interés mentarle la madre al presidente, ni a los fifí, ni a los chairos. Perdonen por no haber dejado de creer en todo lo que nos hacen diferentes unos de otros.

Perdonen pero mi corazón está lleno de dolor y extrañamente el día de hoy solo puedo pensar en mi deseo de vivir. Y es que vivimos en un país en que perdemos la vida solo por la más injusta de las razones: por querer vivir.

Por decidir, y eso se los digo en el nombre de Ronitha, mi hija, por decidirme a ser mujer, decidirme a ser novia, decidirme a ser esposa, amante, próspera, luchona, dadora de vida, hija, nieta, por eso me matan.

Por ser estudiante, pobre, marginado, rebelde, deseoso de progreso. por levantar fuerte la voz por la injusticia de la pobreza. Por eso me matan, por decidirme a cruzar por un camino mis hijos, un camino, sí peligroso, porque unos matones decidieron que era su camino, por resistirme a ser una madre esclava del miedo, por eso me matan a mi y a mis bebés.

Vivimos en un país que ha perdido el respeto por la vida, y ha perdido el respeto a la vida, porque ha perdido la capacidad de sentir.

Perdonen si ofendo a alguien pero el día de hoy vengo a gritar con toda la fuerza de mi espíritu porque quiero me escuche el mundo entero. Este es un grito desesperado que busca respuesta a una pregunta: ¿cómo podemos unirnos antes de que nos maten a todos? ¡Por favor!

Si alguien de ustedes tiene la respuesta, alguien en este mundo tiene la respuesta, ¿alguien me puede ayudar? ¿alguien me puede ayudar a detener mi sangre antes de que se salga de mi pecho? ¿puede alguien hacerlo?

Matar a mujeres y niños y bebés es un acto despiadado, es la peor pesadilla para un padre, para una madre, para una familia y para un país.

Pero seguir viviendo nuestras vidas como si nada sucediera es un acto de cobardía infinita.

Cada muerte, lo quieran o no aceptar, es un pedazo de vida que se apaga dentro de ti, dentro de mí, dentro de nosotros. Ese es el dolor, perdonen si los ofendo pero las lágrimas brotan y no las puedo contener, y ahorita ni me salen de tanto que he llorado.

Mi furia es del mismo tamaño que mi deseo de vivir. Yo quiero que todos nosotros sigamos vivos, que no nos maten.

Y voy a caminar por el mundo entero si es necesario, hasta encontrar el conocimiento, las prácticas y los consejos para construir desde mi municipio Galeana, desde mi municipio Bavispe, un ejemplo de pueblo en el que la prioridad número uno sea el respeto a la vida.

Mi hija y mis nietos ahora son estrellas que viven junto a la Luna, es un cielo de miles de estrellas que han dejado de brillar entre nosotros porque nos las han matado. Ellos me guían, ellos nos guían y nos piden, nos exigen que no nos quedemos con los brazos cruzados y la boca abierta babeando como tontos.

Ellos nos guían y nos piden, invito a las buenas conciencias este día, a las más valientes, donde quiera que estén, aquí en México y en el mundo, a esas conciencias a sembrar vida cada día y plantarle cara sin descanso, como lo hace Julián (LeBarón) a cualquier tipo de violencia que se nos presente.

Miren a su alrededor, mírate tú, mirense unos a los otros, por favor, mírense a los ojos, miren con cuidado, respiren profundo y mírense. Yo he recibido mucho, mucho amor viéndole los ojos a todos ustedes y se los agradezco. Ustedes han visto mis ojos llorar.

Todos nosotros somos un tejido hermoso, hermana, hermano, y cada acto de violencia es un agujero que destruye nuestro tejido, poco a poco. Es momento de levantar del piso todas las piezas de dolor que hemos acumulado para construir con ellas un nuevo sol que derrita el miedo que nos tiene paralizados.

Puro pa’delante Julián, puro pa’delante México”.

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¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca pese al triunfo de Biden?

El anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.
8 de noviembre, 2020
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En 244 años de historia de Estados Unidos, nunca ha habido un presidente que se rehúse a abandonar la Casa Blanca después de haber perdido una elección.

La transferencia ordenada, legal y pacífica del poder es uno de los sellos definitorios de la democracia estadounidense.

Por eso, el anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden, genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.

Y presenta para los analistas el reto de considerar escenarios antes impensables.

“Lejos de haber terminado”

Trump jugaba golf a las afueras de Washington cuando se confirmó el triunfo electoral de Biden este 7 de noviembre.

Poco después, la campaña del candidato derrotado emitió un comunicado asegurando que la “elección está lejos de haber terminado”.

Donald Trump jugando al golf.

Getty Images
Trump estaba jugando al golf cuando se conoció la victoria de Joe Biden.

“Todos sabemos por qué Joe Biden se está apresurando a presentarse falsamente como el ganador, y por qué sus aliados de los medios se están esforzando en intentar ayudarle: no quieren que se sepa la verdad”, señala el comunicado, en donde además indica que Trump seguiría oponiéndose mediante demandas judiciales al resultado anunciado, alegando la existencia de supuestos fraudes.

La constitución estadounidense es clara, más allá de cualquier duda, en establecer que el actual período presidencial termina “al mediodía del día 20 de enero”.

Joe Biden ha conseguido ganar en una cantidad de estados que le aseguran más de 270 votos en el Colegio Electoral. Por lo que tiene el derecho a ocupar la presidencia por los siguientes cuatro años.

Donald Trump tiene recursos legales y legítimos que todavía puede emplear para disputar el resultado de la votación.

Pero a no ser que ocurra de aquí a allá un giro dramático en las cortes y que pueda probar en los juzgados la existencia de las irregularidades en la elección que él reclama, todavía sin presentar evidencia, el 20 de enero es la fecha en que el actual presidente debe abandonar el poder.

Trump con su equipo en la oficina oval de la Casa Blanca.

Getty Images
¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca?

Posición anunciada

Trump fue claro a lo largo de la actual campaña en advertir que no aceptaría una derrota.

Dijo en repetidas ocasiones que estaba decidido a seguir al mando, sin importar lo que dijeran las autoridades electorales, indicando que la única posibilidad de que perdiera era si le robaban las elecciones.

Por lo que el país empezó a discutir qué pasaría en el caso de que Trump cumpliera su amenaza e intentara aferrarse al poder a la fuerza.

Una hipótesis incluso comentada por el propio Joe Biden cuando era candidato.

En una entrevista televisada el pasado 11 de junio, el humorista Trevor Noah le preguntó a Biden si había pensado en la posibilidad de que un Trump perdedor se negara a desocupar la residencia presidencial.

“Sí, lo he pensado”, respondió Biden, agregando que estaba convencido de que en una situación semejante, las fuerzas militares se encargarían de impedir que se quedase en el cargo y lo desalojarían sin más de la Casa Blanca.

También se ha dicho que podría ser el Servicio Secreto el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Ese cuerpo civil, encargado de la seguridad del mandatario, tiene por ley también la obligación de proteger a todos los ex presidentes, y seguirá escoltando al ya expresidente a partir del 20 de enero.

Donald Trump con un miembro del Servicio Secreto en la Casa Blanca

Getty Images
El Servicio Secreto es el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Desde que se hizo evidente la ventaja electoral de Biden y parecía inminente el anuncio de su victoria, el Servicio Secreto extremó las medidas de protección sobre el presidente-electo, empezando a darle efectivamente un nivel de seguridad “presidencial”, pese a que Trump insistía en que el demócrata había sido derrotado.

¿El escenario impensable?

Pero en ese punto habría que entrar a evaluar la lealtad a este presidente de las fuerzas de seguridad, tal como lo hacen los analistas que buscan entender la situación de cualquier país en un momento de inestabilidad institucional.

BBC Mundo le preguntó a expertos si era factible que Trump intentase utilizar a las fuerzas de seguridad del estado para quedarse ilegalmente en el poder.

“Que un presidente llegara a abusar de los poderes de la presidencia para quedarse en el cargo después de aparentemente perder la elección, sería duro y destruiría normas vitales. Pero no es inconcebible“, le dice a BBC Mundo el profesor Dakota Rudesill, experto en legislación y política de seguridad nacional, afiliado a la Universidad Ohio State en Estados Unidos.

Causaría un gran daño al país, a principios importantes de las relaciones entre civiles y militares, y a los prospectos globales para la democracia”, advierte.

Sin embargo, aclara que, en su opinión, el escenario en que Trump pudiera aferrarse a la presidencia apoyado en las fuerzas de seguridad es difícil de realizarse.

“El personal militar jura lealtad a la Constitución, no al político que actualmente ocupe la presidencia. Y el que es en este momento el militar de mayor rango en el país, el General Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, ha dicho repetidamente que los militares no tendrán rol alguno en esta elección”.

Gráfico de quién podría involucrarse si se impugnan los resultados

BBC

Rudesill no es el único que se hace estas preguntas. Keisha Blaine es catedrática de la Universidad de Pittsburgh y experta en el estudio de movimientos de protesta social.

“El solo hecho que tengamos que preguntarnos si las fuerzas armadas intervendrán en la elección revela mucho acerca del triste estado de las cosas en nuestro país“, le dice a BBC Mundo.

Agrega Blaine que “hace cuatro años la mayoría de los estadounidenses no se preguntaban esto. Pero después de haber visto a Trump desplegar agentes federales en Portland y Washington en los últimos meses, es una preocupación seria. No creo que esto sea un escenario probable, pero no podemos descartarlo como una posibilidad seria, teniendo en cuenta todo lo que pasó este año”.

Efectivamente, durante las protestas sociales que surgieron con el movimiento anti-racismo de mediados de año, Trump consideró movilizar a las fuerzas armadas para disolver las manifestaciones.

El pasado 5 de junio, el diario New York Times aseguraba que el general Milley “convenció a Trump de no invocar la Ley de Insurrección de 1807 para movilizar tropas regulares en todo el país para reprimir las protestas, una línea que varios oficiales del ejército estadounidense han dicho que no cruzarán, ni siquiera si el presidente se los ordena”.

Al final, ante la negativa del ejército regular a verse involucrado, Trump ordenó para contener las protestas el uso de efectivos de la Guardia Nacional, que dependen de los gobernadores de cada estado.

Trump con Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto

Getty Images
El 1 de junio, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, acompañó a Trump a tomarse una foto con una biblia a metros de la Casa Blanca y en medio de las protestas por la muerte de George Floyd. A los días, Milley se arrepintió.

También estuvieron involucrados en la contención de las protestas en Washington, Portland y otras ciudades, miembros de las fuerzas de seguridad no militares que dependen del Ministerio de Seguridad Interior (Homeland Security).

Por lo que algunos contemplan que en una crisis surgida a raíz de las elecciones, Trump potencialmente tendría acceso a ordenar el despliegue de cierto número de personal armado no militar.

Sin embargo, asumiendo que las fuerzas armadas no se pondrían a disposición de la supervivencia política del presidente, es difícil imaginar una maniobra exitosa de Trump para quedarse en el poder en esas condiciones.

¿Violencia en la espera?

Rudesill dice que le produce preocupación escenarios relacionados.

“He escrito acerca de la posibilidad de que el presidente Trump intente usar un decreto ejecutivo, o que el Departamento de Justicia controlado por sus aliados políticos intente emitir una ‘directriz’, indicando que la Rama Ejecutiva debe considerar a Trump como el ganador de una elección disputada”, el experto le dice a BBC Mundo, pero advierte que eso sería “totalmente inapropiado e impermisible”.

“Ordenar al ejército continuar rindiendo saludo al presidente mas allá del final de su período al mediodía del 20 de enero pondría a los militares en una situación imposible”, señala.

Un seguidor de Trump armado en Minesota este 7 de noviembre.

Getty Images
Los analistas dicen que una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado puede llevar a “la posibilidad de desorden civil serio”.

“La mitad del país y mucha gente alrededor del mundo pensaría que las fuerzas armadas apolíticas estadounidenses habían tomado una posición partidista. Los militares nunca, nunca deben recibir esa orden“, puntualiza Rudesill.

Y sin llegar al caso extremo de una situación en la que se ponga en juego la autonomía de las fuerzas armadas ante las disputas partidistas, otros advierten que una extensión de la actual coyuntura política puede generar violencia en otros campos.

Una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado ciertamente lleva a “la posibilidad de desorden civil serio”, le dice a BBC Mundo Keisha Blaine.

La retórica presidencial “ha incrementado la posibilidad de protestas e incluso de violencia”, argumenta.

La situación presenciada en distintas ciudades estadounidenses en los últimos meses, de manifestantes armados hasta los dientes expresando su apoyo por el presidente, así como la aparición en las calles de esas mismas urbes de grupos radicales de oposición, son un recordatorio del potencial de violencia que conlleva la actual tensión política en Estados Unidos.

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BBC

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