Con gritos, insultos y algunos argumentos: así debatieron opositores y seguidores de AMLO
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Manu Ureste

Con gritos, insultos y algunos argumentos: así debatieron opositores y seguidores de AMLO

Los ciudadanos que marcharon en protesta por la situación del país y los simpatizantes de López Obrador debatieron en plena calle sus puntos de desacuerdo.
Manu Ureste
2 de diciembre, 2019
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-Acompáñenme al Museo de Memoria y Tolerancia. Allí nos daremos todos un abrazo. 

La invitación a “la unidad y a la tolerancia” la hizo el activista chihuahuense Julián Lebarón para poner fin al mitin que él y su hermano Adrián dieron en la explanada del monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, donde marcharon ciudadanos para protestar contra la violencia y también para exigir al presidente Andrés Manuel López Obrador justicia, crecimiento económico, y mejores servicios de salud. 

Pero a algunos asistentes la idea no les convenció: una cosa era protestar en el Ángel y el Monumento a la Revolución, a varios kilómetros de distancia de los miles de simpatizantes del presidente López Obrador que se reunieron en el Zócalo para dar su apoyo al nuevo Gobierno, y otra marchar hasta el Museo de Memoria y Tolerancia, a unos pocos cientos de metros del Zócalo; el territorio del presidente. 

El riesgo de colisión era alto. Aún así, un tercio de los manifestantes decidió continuar la protesta y caminó con los Lebarón en dirección a la Alameda. El resto, la mayoría, replegó banderas y pancartas, y se dispersó por entre las laberínticas calles próximas a la Plaza de la República luego de más de tres horas de protestas.

De camino al Centro Histórico, y ante el giro inesperado de la marcha, un puñado de agentes de tránsito comenzaron a hablar en clave por radio para tratar de improvisar lo más rápido posible un mínimo cinturón de seguridad ante la posibilidad de que las dos manifestaciones se encontraran en el trayecto.

De hecho, los dos bandos no tardaron en cruzarse. 

A unos metros de la Plaza de la República, a la altura del antimonumento de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, entre paseo de la Reforma y Bucareli, la marcha de oposición escuchó los primeros gritos de ‘fi-fís’, el término que el presidente utiliza para descalificar a los neoliberales y a sus adversarios políticos, y otros insultos como ‘vende patrias’. 

Como réplica, del lado opositor salieron disparadas rechiflas y gritos cambiando el clásico lema ‘Es un honor estar con Obrador’ por el de ‘Es un honor estar contra Obrador’. Todo, en una amalgama de gritos que se confundían en una masa sonora amorfa. 

Ante estos primeros intercambios de insultos, la consigna de quienes caminaban junto a los Lebarón fue insistir en “no caer en provocaciones” y evitar cualquier enfrentamiento. Incluso, Benjamín tomó un micrófono y pidió en un punto de la caminata que ya no se lanzaran consignas contra el presidente López Obrador y su Gobierno, puesto que la marcha buscaba la “unión contra la violencia”.

“Los verdaderos enemigos son los sicarios -se desgañitaba por su parte Adrián Lebarón-. Ellos no son mexicanos”. 

Sobre las 14.15 horas, la práctica totalidad del contingente ya se arremolinaba frente a las puertas de hierro que dan acceso al edificio del Museo de Memoria y Tolerancia, a unos pocos pasos del Hemiciclo a Juárez. 

Allí, la familia Lebarón colgó una enorme lona con las manos pintadas de niños que pertenecen a su comunidad en Chihuahua, en recuerdo de los seis menores que fueron asesinados el pasado 4 de noviembre, junto a tres mujeres, en el municipio de Bavispe, en los límites entre los estados de Sonora y Chihuahua. 

Durante varios minutos, en los que los activistas chihuahuenses volvieron a pedir la unión para enfrentar la violencia sin importar ideologías políticas ni colores partidistas, el ambiente se relajó. Hasta que, una vez que terminó el mitin de López Obrador en el Zócalo, muchos de sus simpatizantes regresaron caminando por la Alameda y se encontraron de frente con los integrantes de la marcha opositora. 

Al principio, las consignas y los insultos fueron tímidos. Algunas personas, ataviadas con banderas de Morena, gritaban ‘Obrador, Obrador’, y seguían rápido su camino entre risas. Otra mujer de la tercera edad se acercó a los manifestantes y les espetó un ‘wákala’, ‘fuchi’ y también continuó con su camino sin que nadie la tomara en serio.

Diálogo de sordos

Hasta que la tensión escaló. 

A unos pocos pasos del Museo de Memoria y Tolerancia, un grupo de personas comenzó a gritar con mucha más intensidad el nombre del presidente y consignas como “nunca más un gobierno rico y corrupto”, a lo que los opositores les respondieron con insultos, la acusación de ser “acarreados” y “borregos” del gobierno, y el grito de ‘¡México, México!’.

Los agentes de tránsito se miraban unos a otros con el semblante grave de los momentos tensos. 

Junto a ellos, y rodeados por una masa de camarógrafos, fotógrafos y reporteros, dos personas se escupían argumentos a favor y en contra del nuevo gobierno, en un bizarro diálogo de sordos. 

“AMLO es el mejor presidente que ha tenido México”, gritaba uno golpeándose el pecho. 

“Es un dictador y un fraude”, le respondía el otro mostrándole una pancarta en la que exigía al mandatario que “respete la democracia”. 

En el mismo lugar, a solo unos pasos, otro grupo de antagonistas hacía lo mismo: gritarse nariz con nariz y a vena en cuello, hasta el punto de que uno de los manifestantes abofeteó al otro dándole un ‘llegue’ con la manga de un jersey. 

Muy cerca, otros dos hombres septuagenarios se gritaban reclamos acerca de casos de corrupción del gobierno pasado, y sobre qué ha hecho en el gobierno actual para no dejarlos en la impunidad.

-¡Escúcheme lo que le digo! -exigía uno de los dos. ¡El Gobierno de Peña era un gobierno corrupto y de rateros! Y ahora Obrador está limpiando la casa de todo ese mugrero que dejaron tantos años de gobiernos priistas.

-¡Cállese usted de una vez y escúcheme a mí! Y dígame: ¿qué ha hecho el nuevo gobierno con La Estafa Maestra, ¿eh? ¿Y con la Casa Blanca? -preguntaba el otro golpeando con violencia el suelo con un bastón. 

Y, junto a ellos, otras dos mujeres, una con una gorra del partido en el gobierno, Morena, y otra señora con una playera de Chalecos México, una de las organizaciones civiles que organizaron la marcha para criticar el primer año de gobierno de AMLO, también se reclamaban a gritos acciones y omisiones del actual Gobierno.

-La Cuarta Transformación empieza desde mi persona hacia la sociedad, para cambiar a este país. Dígame, ¿qué ha hecho usted por el cambio? -preguntó la señora de Morena-. 

-Lo que ha hecho la 4T es dividir a la Nación -replicó de inmediato la otra con el dedo índice en alto, apuntando al cielo-. Tenemos a un presidente que ha dividido a México entre fifís y el pueblo bueno, y eso no es de ser un buen presidente. Necesitamos a un presidente que gobierno para todos los mexicanos, y no nada más para los que le lamen la bota o le aplauden. 

-Pues sepa usted que ahora tenemos al mejor presidente que México nunca ha tenido, el único que está combatiendo de verdad a la corrupción. Ahora estamos mejor que nunca -volvió a replicar la señora de Morena, que ante el griterío dio por terminado el diálogo dándole “bendiciones” de manera irónica a su oponente, a lo que ésta respondió que las aceptaba de buena gana, “porque con esta violencia, créame, todos las vamos a necesitar”. 

Todos son mexicanos

La tensión duró unos minutos más, tal vez una media hora. 

Durante todo ese tiempo, la chispa estuvo prendida, aunque el choque de posturas no terminó con el temido estallido de la violencia. No hubo intervención policial, ni granaderos, ni agresiones de ningún bando, más allá de los insultos y de las acusaciones de señalarse unos a otros como ‘fifís’, los opositores, y ‘chairos’, los que apoyan al gobierno, o son de una ideología política de ‘izquierdas’. 

De hecho, hubo hasta momentos de concordia a pesar del calor del debate, como dos manifestantes, un hombre y una mujer que portaban la bandera tricolor, que empezaron gritándose insultos y terminaron el enfrentamiento con un apretón de manos y deseando, “por el bien de México”, que el nuevo gobierno logre abatir los niveles de violencia. 

Mientras tanto, en mitad de los gritos, algunos turistas asistían en silencio y curiosos ante la escena del hombre y la mujer. 

-¿Por qué peleaban? -preguntó alarmado un turista estadounidense a su pareja, una mujer que fotografiaba el momento de tensión.  

-Son opositores del gobierno y personas a favor del gobierno, que están discutiendo -contestó la mujer, en una respuesta muy básica.

-¿Pero, entonces, por qué llevan la misma bandera? -insistió el turista.

A lo que su pareja, encogiendo los hombros, respondió: “Porque todos son mexicanos”.

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Cómo está siendo el regreso al trabajo en China después del confinamiento y qué cosas han cambiado

Después de meses de restricciones sociales en China para evitar la propagación de covid-19, los ciudadanos están volviendo a sus trabajos, aunque las cosas no son igual que antes.
6 de mayo, 2020
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Personas con máscaras en el metro de Pekín.

Getty Images
Poco a poco la vida está volviendo a la normalidad en Pekín tras la pandemia de coronavirus.

Gran parte de la población mundial permanece socialmente aislada para evitar la propagación de covid-19. Pero después de meses de encierro en China, la gente está volviendo al trabajo.

Este miércoles, además, han reabierto las escuelas en el epicentro de la pandemia, Wuhan, y los alumnos han asistido a clase después de pasar por el control de temperatura y con las mascarillas puestas y guardando el distanciamiento social.

Ante eso, nos preguntamos ¿cómo es la vida ahora en el gigante asiático?

Estudiantes en clase en Wuhan, China, el 6 de mayo de 2020.

Getty Images
Los alumnos han vuelto a clases este miércoles en Wuhan.

Cuando Gao Ting salió de Wuhan, en la provincia china de Hubei, para regresar a su ciudad natal para el Año Nuevo Lunar, estaba entusiasmada por ver a viejos amigos y salir a cenar.

En aquel entonces, recuerda que las mascarillas eran raras entre sus colegas y la gente en general. Ella tampoco la usaba.

Salió de la capital provincial, donde trabaja, tres días antes del 23 de enero, cuando sería sometida a un estricto cierre para frenar la expansión de la enfermedad que luego se llamaría covid-19.

Como consecuencia, Gao, de 34 años, pasaría 68 días atrapada en el apartamento de sus padres en Yichang, una ciudad de cuatro millones de habitantes a unos 300 kilómetros al oeste de Wuhan.

“Quedarnos en casa era la única opción. Todos los días venían personas a tomarnos la temperatura”, cuenta Gao.

“Fue bueno pasar más tiempo con la familia, comer juntos, conversar juntos. Éramos ocho, incluida la familia de mi cuñada y mi cuñado”.

Más de dos meses después, el 29 de marzo, Gao volvió a trabajar. “Había mucha gente en el metro”, dice sobre el primer viaje de regreso. “Todos llevaban mascarillas”.

Aparte de eso, el resto era lo de siempre, ya que la mayoría de las personas estaban absortas en sus teléfonos. Era casi como si nada hubiera cambiado.

Pero el panorama laboral contaba una historia diferente.

Un duro desafío

Gao trabaja en gestión de operaciones para el conglomerado chino Wanda Group en una de las zonas comerciales más populares de Wuhan.

Chǔhé Hànjiē es una calle larga y pavimentada llena de marcas internacionales y locales, pero el negocio es lento.

Hombre en bicicleta en Wuhan

Getty Images
En Wuhan el gobierno logró controlar el brote de virus y los empleados están regresando a trabajar bajo estrictos controles.

Parte del trabajo de Gao consiste en medir la cantidad de clientes que llegan a ese lugar para su empleador, quien invirtió y desarrolló el área.

“Llegaban 60,000 personas, en promedio, diariamente en 2019. Ahora son alrededor de 10,000 personas por día”.

A pesar de eso, Gao está cada vez más ocupada y su trabajo se ha vuelto más arduo, y suele quedarse en la oficina hasta las nueve de la noche.

Los fines de semana trabaja desde casa, para avanzar en lo que le quedó pendiente.

Su papel también implica llamar a las empresas locales para tratar de atraerlas y que así arrienden las unidades vacantes.

“Las marcas no están haciendo buenos negocios. Tratamos de ayudarlas. Muchas empresas no tienen dinero y no pueden pagar el alquiler. Algunas están cerrando”, dice Gao.

Y las que no lo han hecho deben tener cuidado de no contribuir al aumento de las tasas de infección.

Los restaurantes de Wuhan ahora cierran a las siete de la tarde y los clientes no pueden sentarse adentro. Se ve muy poca gente deambulando por las calles después de esa hora.

En el caso de Gao, la empresa se encarga de la entrega de almuerzos y cenas.

Fin de semana más largo

Durante gran parte de febrero, millones de ciudadanos chinos trabajaron desde casa, lo que para muchos fue una experiencia nueva.

Ahora algunos, pero no todos, han regresado a la oficina, aunque una menor actividad económica significa que algunas empresas en dificultades están reduciendo las horas de trabajo y los salarios.

Oficina en Pekín.

Getty Images
Antes de ingresar al trabajo los empleados deben someterse a un control de temperatura.

Otros, como Gao Ting, están trabajando más tiempo que antes mientras intentan poner en marcha otra vez el negocio.

Las autoridades locales de China han propuesto fines de semana de dos días y medio para alentar el gasto del consumidor.

La provincia de Jiangxi, en el este de China, implementó ese plan recientemente. Sin embargo, las nuevas medidas son voluntarias y las empresas pueden elegir cómo implementarlas.

Otras provincias, como Hebei, Gansu y Zhejiang, también han recomendado el fin de semana de 2.5 días para estimular la economía.

El miedo a una segunda ola de infecciones

La presencia de covid-19 todavía está en la mente de todos, mientras los funcionarios de salud se preocupan por una posible segunda ola de infecciones.

Muchos edificios de oficinas y departamentos cuentan con personal de seguridad para que midan la temperatura de quienes van a ingresar.

Amal Liu, de 26 años, trabaja para una importante compañía de seguros estatal china en el sur de Shenzhen.

En su oficina, y en muchas otras, todos deben usar mascarillas y practicar el distanciamiento social.

“En la cantina debemos sentarnos separados”, dice Liu.

Trabajador agrícola.

Getty Images
Después de meses de cuarentena los trabajadores y las familias han comenzado a utilizar los espacios públicos.

Cuenta que algunos trabajadores extranjeros, con quienes se comunica para trabajar, ahora sienten los efectos de sus propios confinamientos prolongados.

“No me gustaba trabajar desde casa, no era tan eficiente como en la oficina”, dice Liu, quien prefiere la regularidad del horario de la oficina.

Para otros, las relaciones con clientes internacionales también se han reducido.

Ariel Zhong, de 25 años, trabaja para una plataforma china líder de transmisión de videojuegos en Hu Ya, Guangzhou, y es responsable del desarrollo de los mercados emergentes.

Zhong estuvo viviendo en México y haciendo viajes regulares entre Asia y América Latina, pero para finales de marzo estaba de regreso en China.

Al llegar a su país, fue puesta en cuarentena en un hotel y luego trabajó desde su casa durante una semana. Desde el 15 de abril, regresó a la oficina, con algunos cambios notables.

Trabajadora en China

Getty Images
Algunas empresas han implementado horarios flexibles de trabajo para que los empleados no vayan a la oficina a la misma hora.

Antes del Año Nuevo Lunar, su horario de trabajo era fijo. “Pero ahora tenemos horarios flexibles de entrada y salida, siempre que trabajemos durante un período de nueve horas, incluido el almuerzo”, dice.

Estas horas escalonadas se deben en parte a que el distanciamiento social en el transporte público causa demoras y también impide que muchas personas entren y salgan del edificio al mismo tiempo.

A pesar de no poder viajar al extranjero, Zhong se siente feliz de estar de vuelta en la oficina, porque dice tener una rutina de trabajo más eficiente, especialmente porque necesita una velocidad de internet estable y rápida.

El problema es que su sueldo ha disminuido significativamente, dado que el 60% de su salario está compuesto por incentivos para viajar al extranjero, algo que no puede hacer en las circunstancias actuales.

Trabajo menos eficiente

Zhang Xiaomeng, profesor de comportamiento organizacional en la Escuela de Negocios para Graduados de Cheung Kong, en Pekín, descubrió que muchos empleados reportaron una reducción de la eficiencia cuando trabajaban desde casa.

En un sondeo llevado a cabo por su equipo, más de la mitad de los 5,835 encuestados informaron de una reducción de la eficiencia al trabajar desde casa.

Trabajador en China

Getty Images
Algunos trabajadores han visto reducidos sus salarios por las limitaciones comerciales que ha impuesto la pandemia.

Casi el 37% no informó un cambio en su eficiencia, mientras que menos del 10% dijo que trabajaba de manera más eficiente desde su hogar.

Krista Pederson, quien trabaja en Pekín para Hogan Assessment Systems, una compañía que realiza evaluaciones de personalidad, dice que China está en una posición ideal para incluir un estilo de trabajo más flexible, con la tecnología y la infraestructura para respaldar esta alternativa.

Pero esta flexibilidad adicional podría tener un costo.

Una mayor presión sobre los empleados

“También hemos visto un aumento en las expectativas sobre la capacidad de respuesta en todo momento, con una mayor presión para que los empleados respondan más rápidamente o estén dispuestos a tener reuniones en horario no laboral”, cuenta Pederson.

Sin embargo, esta tendencia no se ve en todos los sectores.

“Hemos escuchado que algunos de nuestros clientes de empresas estatales están investigando y tratando de volver al entorno laboral tradicional”, dice.

Pederson cree que esto se debe a que “son organizaciones altamente estructuradas que confían en la estructura para hacer las cosas”.

Ella dice que en las evaluaciones de personalidad, los líderes en estas compañías a menudo obtienen puntajes más altos en aspectos como “tradición” y “seguridad”.

“No podemos decir que estamos seguros”

No toda China se vio gravemente afectada por la covid-19, pero hubo efectos colaterales en el país en general.

He Kunfang, de 75 años, es una doctora jubilada que practicaba la medicina tradicional china.

Illustrations drawn by employees on coffee cups at Starbucks on during the Five-day May Day holiday on May 03, 2020 in Wuhan

Getty Images
Las tiendas han comenzado a abrir sus puertas y las autoridades buscan alternativas para incentivar el consumo.

Vive con su esposo en Kunming, en la provincia suroccidental de Yunnan.

“No hemos sido muy afectados por el virus”, dice. “El suministro de alimentos se mantiene estable, pero solíamos nadar tres veces por semana, y ahora no podemos ir a la piscina”.

Su hija de 30 años, quien residía en Pekín, ahora vive con ellos.

“Mi hija es intérprete en conferencias. Trabaja como autónoma y su empleo se ha visto afectado”, cuenta He.

Los viajes al país todavía están muy restringidos, por lo que el negocio de las conferencias internacionales, sin mencionar el turismo, se ha visto muy afectado, un efecto secundario que se está replicando en todo el mundo.

“Tiene que pagar el alquiler en Pekín, así como préstamos, tarifas y seguros”.

Muchos países están mirando a China para tener una idea de cómo sería la vida cuando se levanten las restricciones para quedarse en casa.

Pero todavía hay mucha incertidumbre en China y muchos están ansiosos mientras ven que otros países luchan por contener el virus.

“Todavía estamos en el período de coronavirus”, dice Ariel Zhong, y subraya que el final de esta pandemia global depende en gran medida de un esfuerzo colectivo mundial.

“Mirando a otros países, no podemos decir que estamos a salvo… Si otros países no lo controlan, todos nos veremos afectados”.

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