Menos niños atendidos, madres sin apoyos: el impacto de quitar recursos a estancias infantiles
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Menos niños atendidos, madres sin apoyos: el impacto de quitar recursos a estancias infantiles

Aunque la secretaria de Bienestar prometió que no habrían niños sin apoyo tras el cierre de las estancias infantiles, en lugares como Ahuacatlán, Puebla, la ayuda para las madres nunca llegó.
3 de diciembre, 2019
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Juan José, de un año y seis meses de edad, tiene una pluma entre las manos, le quita el tapón para llevárselo a la boca mientras su madre lo sostiene en los brazos. Ella, Rocío Gil, se hace cargo de un local de dulces al mayoreo, y durante ocho horas al día acomoda la mercancía y atiende a los clientes con su hijo en el costado. Cada vez que intenta soltarlo, el pequeño llora y grita. 

Su primera hija, que ahora tiene 5 años y cursa el preescolar, no creció en el local porque desde el primer año la inscribió en la única estancia que había en Ahuacatlán, en la sierra de Puebla, donde viven. Era parte del programa de Estancias infantiles para madres trabajadoras sin seguridad social que operaba la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) desde 2007. 

El gobierno sostenía su funcionamiento entregando 950 pesos mensuales por cada niño inscrito de 1 año y hasta antes de cumplir 4 años y, según establecían las reglas de operación, las tutoras debían dar una cuota de corresponsabilidad acorde a su nivel de ingresos. 

En este municipio en la sierra norte de Puebla, 8 de cada 10 personas vive en pobreza moderada o extrema, según las mediciones de ingreso. Por eso, aquí las mamás sólo podían dar 10 pesos diarios, o sea, Rocío entregaba 200 pesos al mes de los 2 mil 400 pesos que gana.

Pero el 15 de febrero, justo cuando el pequeño Juan José ya tenía un año de edad para poder entrar a la estancia, a 300 kilómetros de su pueblo en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en su conferencia matutina que su gobierno detectó actos de corrupción en las estancias infantiles. 

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“Hubo muchas irregularidades. De cada tres estancias infantiles hay dos irregulares, (por ejemplo) falta de permisos para funcionar. Tenemos un millón 500 mil casos de pruebas documentadas, en su momento les vamos a presentar y se le va a entregar a la Fiscalía General los padrones de cómo se destinaban recursos para la gente y no llegaba el dinero”, expuso el Presidente

A partir de entonces, el gobierno dejo de entregar dinero a las estancias infantiles y, en cambio, los padres de familia recibirían directamente mil 600 pesos bimestrales para el cuidado de los niños y con eso los tutores decidirían llevar a sus hijos a estancias o quedarse el dinero, y que alguien más los cuidara. 

El 3 de abril, en otra conferencia de prensa, la subsecretaria de Bienestar, antes Sedesol, Ariadna Montiel, dijo que en la revisión que hicieron “no localizamos” a 97 mil niños porque los domicilios son inexistentes o las personas no son localizadas en el domicilio que está registrado. 

Por eso, en el nuevo padrón sólo incorporaron a 203 mil mamás y 213 mil niños. Las tutoras, incluso, “todos aceptaron por escrito, con su firma, que el modelo que se les está planteando del programa es correcto y lo aceptan”, aseguró Montiel.

Sin embargo, nunca se entregó un informe detallado sobre las supuestas irregularidades, ni siquiera ubicación geográfica de los domicilios registrados e ilocalizables. Y tampoco existe un padrón público de las beneficiarias. 

La titular de la Secretaría de Bienestar, María Luisa Albores prometió que no dejarían sin apoyo “a ningún niño que lo necesite y que esté dentro de la validación”. Aunque aclaró que el funcionamiento o cierre de las estancias “no nos implica a nosotros. Lo que nosotros haremos es que le llegue el recurso a la madre o al padre para que esa niña y ese niño tengan los cuidados”.

Rocío no supo en ese momento que esa decisión de gobierno le impactaría directamente. Lo comprobó dos meses después, cuando no pudo inscribir a su hijo porque la única estancia de su pueblo cerró y en los nueve meses siguientes, el apoyo prometido nunca llegó.

Para esta investigación, Animal Político realizó primero entrevistas telefónicas con encargadas de 10 estancias infantiles en la Ciudad de México, Estado de México, Chiapas, y Puebla, registradas en el padrón público que la Sedesol mantuvo hasta 2017. 

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En todos los casos las respuestas coincidieron en que debido al cambio de dinámica las madres dejaron de llevar a sus hijos a las estancias y el número de niños atendidos disminuyó hasta 80%, y también que el apoyo no llegaba a todos pese a haber sido censados. 

Se seleccionó visitar Ahuacatlán porque era la única estancia registrada en ese municipio indígena y que, además, está incluido como prioritario en las reglas de operación de la actual administración.    

Sin estancia y sin ayuda 

En 2007, María de Jesús Díaz Vázquez, quien entonces tenía 28 años, pensó que podría crearse una fuente de empleo y al mismo tiempo cuidar a su propio hijo haciéndose cargo de una estancia de la Sedesol en su comunidad, Ahuacatlán, un municipio de 14 mil habitantes donde 715 hogares son encabezados por una mujer. 

El municipio prestó un inmueble al lado del preescolar del pueblo y la Sedesol le entregó 35 mil pesos para adecuar el espacio de acuerdo a las necesidades de atención. En los siguientes cuatro meses utilizó el dinero del gobierno para comprar y habilitarlo, entregó los comprobantes y la dependencia le dio un documento de “liberación” acreditando con facturas el destino de los recursos. 

El 28 de abril de 2008 inició operaciones con tres aulas, para lactantes, maternales y preescolares. A partir de entonces firmó un convenio de colaboración con la dependencia para poder operarla cada año. 

Ella y las seis personas más que trabajaban ahí recibieron capacitaciones de Sedesol y el DIF para estimulación, educación y tipo de alimentación que cada niño debía recibir de acuerdo a su edad. También recibieron cursos por parte de Cruz Roja sobre primeros auxilios.

Además la Secretaría pagaba la póliza de Seguro de Responsabilidad Civil y Daños a Terceros, y para los gastos relacionados con la elaboración de un Programa Interno de Protección Civil Protección Civil. Las instalaciones debían cumplir con las normas de seguridad. Recibían supervisiones del DIF y Protección Civil sin previo aviso y en caso de incumplir con alguna obligación de operación, podrían ser suspendidas. 

Pero ese no fue el caso de la estancia infantil “Ahuacatlán”, pues operó ininterrumpidamente durante 12 años. Por eso, Chuy, como le llaman de cariño, quien antes había estudiado la licenciatura en preescolar, se ganó la confianza del pueblo por cuidar a decenas de niños todo ese tiempo. 

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“No sólo era llevar a los niños a una guardería, sino que las mamás sabían que les enseñábamos hábitos, hacíamos ejercicios de estimulación para control de esfínteres, para caminar, de aprendizaje. Sabían que no se tenían que preocupar porque sus hijos estaban bien cuidados y ellas podían trabajar”, narró Chuy.

El programa nació en el sexenio del panista Felipe Calderón, de hecho fue una promesa de campaña y aunque en 2012 el PRI regresó al poder con Enrique Peña Nieto, las estancias se mantuvieron porque, según las evaluaciones, funcionaban. Sumaron 9 mil 125 estancias en todo el país hasta 2017. 

De acuerdo al monitoreo del programa en 2017-2018 realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval),  93.9% de las personas beneficiarias consideraron que el programa “contribuyó a mejorar su calidad de vida y la de sus hijos, ya que les brindó la posibilidad de contar con empleo, salud mental, salud física e ingresos monetarios”. 

Mientras que 96.5% consideró que la atención y cuidado de sus hijos tuvo un impacto positivo en el desarrollo del lenguaje, en el 96% de los casos desarrollaron habilidades sociales y un 97.5% observaron una mejora en el desarrollo motriz de sus hijos. 

Sin embargo, tras la acusación de corrupción, el mecanismo de entrega de recursos cambió. Las estancias dejaron de recibir dinero y sólo se daría a las madres que fuesen registradas en el censo que han estado realizando los llamados “servidores de la nación”, a cargo del Coordinador General de Programas para el Desarrollo, Gabriel García Hernández, y que le reporta directamente al Presidente.

En el caso de Ahuacatlán, Seferina Sosa Pérez, de 59 años y abuela de dos pequeños, dijo en el cuestionario del censo que su nieto Dylan, de dos años, asistía a la guardería del pueblo. “Llevaba a uno a la estancia y al otro al preescolar, que está ahí a lado”, luego regresaba a atender la tienda de abarrotes que tiene en su casa, preparar de comer y limpiar. 

La mamá de los pequeños es licenciada en informática y trabaja en el banco del municipio, es madre soltera y debe cumplir con jornadas completas para poder mantener a sus hijos. Sale temprano de su casa y regresa a las 8 de la noche, por eso la abuela se hace cargo de todo. 

Los servidores de la nación le dijeron a Seferina que “el apoyo era para los abuelos que cuidaban a los niños. Si nosotros queríamos dar ese dinero a la guardería para que los siguieran cuidando ya era cosa de nosotros. Pero yo sí lo iba a dar, porque Chuy cuida bien a los niños y me ayudaba”.

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Pero “nunca llegó el apoyo, yo le preguntaba a Chuy, ‘¿oye y el apoyo que dijeron que iba a mandar?’ pues nunca llegó.

Rocío Gil, igual que Jazmín Muñoz, también madre soltera que trabaja atendiendo un hotel, fueron censadas porque sus hijos apenas entrarían a la estancia. “Me dijeron que había el programa de apoyo a mamás solteras. Medio pasaron así una visita ‘¿es usted fulana de tal?, va a pasar un compañero’ y de ahí nadie regresó y pues hasta la fecha no hay apoyo”, dijo Jazmín.

Ahuacatlán se quedó sin nada: la estancia dejó de recibir recursos públicos y las mamás, aunque fueron censadas, tampoco tuvieron los mil 600 pesos mensuales prometidos. 

Chuy, la directora de la estancia, pensó que el dinero llegaría, por eso durante marzo y abril hizo el esfuerzo de mantenerla. Pidió que, además de la cuota de corresponsabilidad, las madres llevaran también despensa. Sin embargo, se necesitaba dinero para pagar el salario de las seis personas que trabajaban ahí, más los servicios del inmueble como agua y luz. 

Esto significaba que las madres tenían que pasar de 200 pesos mensuales a pagar la totalidad del servicio: mil 150 pesos. Esto sería, por ejemplo, 47% del sueldo de Rocío. Era un gasto impagable para ella y las otras 30 mamás. 

Chuy tuvo que cerrar la estancia. Se quedó sin empleo, igual que la cocinera y las otras cinco maestras, y las madres trabajadoras domésticas, comerciantes y empleadas con salarios bajos, que utilizaban ese servicio se quedaron sin ayuda. Ahora, contó Rocío, “sí estamos viendo un poquito complicado ahorita con mi niño que lo traigo a trabajar”.

Jazmín, a cargo de un hotel, debe atender a los huéspedes y limpiar las habitaciones. “A veces es un poco complicado el subir y bajar con el bebé, pero cuando se duerme pues me apuro”.

Seferina reconoció que se cansa más ahora porque “aquí cuido la tienda, luego tengo que atender mi casa y cuidar a los niños. A veces al grandecito le digo quédate en la tienda en lo que yo hago esto”.

Paradójicamente, en las nuevas reglas de operación, Ahuacatlán está considerada como una zona de “alta marginación” y, por tanto, es uno de los lugares prioritarios para que el programa llegue. 

Cuando Chuy escuchó al presidente acusar corrupción en las estancias le dio “muchísimo coraje. Porque en mi caso, tantos años que trabajé, aquí no tenía niños fantasma, yo estaba dedicada a mi trabajo con todo mi esfuerzo. Si este Presidente hubiera visto cómo trabajábamos, hubiera investigado, hubiera llegado a estos lugares donde estaban las estancias y sí dábamos el servicio. A la mejor sí lo hicieron por algún lado pero pues a nosotros no. Por unos pagamos todos. Pagamos justos por pecadores”.

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Género fluido: "Ahora sé quién soy"

Para algunas personas, la identidad y la expresión de género no son fijas, sino que pueden cambiar, incluso a diario.
27 de septiembre, 2022
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Carla Hernando, de 26 años, nunca sintió que encajara en un género en particular. Después, cuando la covid-19 se afianzó en marzo de 2020, tuvo mucho tiempo a solas para reflexionar sobre su identidad.

El trayecto continuó durante el mes del Orgullo en junio, cuando Hernando encontró un artículo y un documental sobre identidades de género no binarias, de la publicación Time Out Barcelona, que abrieron aún más su mente a las posibilidades que existen más allá del género binario de “mujer” u “hombre”.

“ está muy por detrás en términos de género”, cree Hernando, quien reside en Barcelona, y usa los pronombres “elles” y “ella”.

“No sabía lo que significaba no binario. Me he sentido completamente diferente toda mi vida“. Pero cuanta más educación recibió sobre el rango de posibilidades fuera del género binario de “mujer” u “hombre”, más sintió que se relacionaba con ello.

Esa experiencia fue la puerta de entrada a otro descubrimiento: el término “género fluido”. Hernando sintió que era una descripción aún más adecuada para su identidad de género.

“Un día me despierto y me siento más femenina, y tal vez quiera usar una blusa corta y ponerme aretes. Y luego hay momentos en los que pienso, ‘necesito mi faja (del pecho) para minimizar (la apariencia de mis senos)’, porque me siento así”, dicen.

La experiencia vivida de la fluidez de género (usar una faja un día y un atuendo más femenino al siguiente) es lo que finalmente ayudó a Hernando a descubrir que el término se aplicaba a ellos.

El concepto “fluidez de género” logra describir mejor la forma en la que algunas personas sienten que encajan fuera del género binario.

El término reconoce que el género no tiene que ser fijo y quita énfasis a la necesidad de alinearse con un género específico, un concepto del que cada vez más personas se alejan, a medida que proliferan las conversaciones sobre formas alternativas de expresar y experimentar el género.

La fluidez de género se ha vuelto aún más visible a medida que celebridades como Miley Cyrus, Ruby Rose y Cara Delevingne la abrazan ante el ojo público.

Persona de género fluido

Getty Images

El término es difícil de definir con precisión, ya que describe una gran variedad de personas y experiencias, dicen los expertos.

“Hay tantas formas de navegar por la fluidez de género como personas con fluidez de género”, dice Liz Powell, una psicóloga de fluidez de género en Filadelfia, que trabaja con muchos clientes de género fluido.

Pero en su base, explica, la fluidez de género permite que las personas adopten su identidad y expresión un día a la vez, en lugar de sentirse atadas a una única etiqueta de género general.

Para muchas personas que tienen género fluido, el descubrimiento del término ha sido liberador, ayudándoles a entenderse a sí mismos y la forma en que viven.

El género “no es un punto fijo”

El origen de la fluidez de género tiene sus raíces en la noción de fluidez sexual: la idea de que existen orientaciones sexuales más allá de heterosexuales, bisexuales u homosexuales, y pueden cambiar a lo largo de la vida de una persona.

“En muchos sentidos, nuestras definiciones de fluidez de género que usamos ahora están tomadas del lenguaje que nos ayudó a comprender la fluidez sexual”, dice Lisa Diamond, profesora de Psicología y Estudios de Género en la Universidad de Utah, EE.UU., quien comenzó a estudiar el tema en la década de 1990.

“Solíamos pensar que la gente venía en dos formas, heterosexuales y homosexuales… luego nos dimos cuenta de que hay algunas personas que sienten que no encajan en ninguna de las dos categorías“.

Eso dio origen al término bisexual, pero, como explica Diamond, tampoco funcionaba para todo el mundo.

“Otros dijeron: ‘Eso no me queda bien porque no tiendo a permanecer en una categoría de manera completamente consistente con el tiempo'”, señala Diamond.

“La fluidez sexual fue una forma de tratar de describir y explicar ese fenómeno de cambio, desarrollo, oscilación, crecimiento y sensibilidad a los contextos ambientales… Rápidamente descubrimos que el mismo problema se aplica al género”.

Portada de National Geographic

Twitter
El género está dando lugar a múltiples reflexiones.

Todas las personas con las que BBC Worklife habló para este artículo describieron la fluidez de género de maneras ligeramente diferentes, pero todas llegaron a la misma idea: que el género “no es un punto fijo”, como dice Powell, sino más bien flexible y capaz de cambiar dependiendo de varios factores, tanto dentro del yo interno de una persona como de su entorno externo.

Por ejemplo, ciertos entornos pueden dictar cómo se expresa una persona con fluidez de género, dice Erin Davis, profesora de Sociología en Cornell College en Iowa, EE.UU.

Tal vez un ambiente de trabajo tradicional pueda hacer que una persona con fluidez de género se presente más femenina o masculina para encajar con sus colegas, sugiere.

Al igual que Hernando, Powell se viste diferente según cómo se sienta en un determinado día o momento.

Al mismo tiempo, sin embargo, Powell dice que las normas sociales de género también influyen en cómo deciden vestirse para presentar mejor su identidad de género.

“Para mí personalmente, porque tengo un cuerpo muy curvilíneo… si uso ropa que sea femenina, la gente simplemente me verá como una mujer y no me sacará de la categoría de mujer”, explica Powell.

Para retratar mejor que no son simplemente una mujer, Powell tiende a vestirse con atuendos más masculinos, de modo que sea más probable que otros reconozcan su fluidez de género.

Sin embargo, Davos dice que es importante tener en cuenta que la expresión de género de alguien en un día determinado no necesariamente tiene que reflejar cómo percibe su propia identidad de género en general.

Por ejemplo, en los días en que Hernando se presenta exteriormente más femenina, no necesariamente se identifica con ser mujer.

Vivir como género fluido

Mucho antes de enterarse de la fluidez de género, Hernando, a quien se le asignó el sexo femenino al nacer, se sentía diferente de quienes se identificaban como hombre o mujer.

Incluso en la infancia, dicen, su madre recordó que Hernando “quería ser un niño”.

Sin embargo, a medida que Hernando crecía, se dieron cuenta de que su género no era tan simple como “querer ser un niño”.

Pero sin un nombre para describir cómo se sentían, se quedaron con la opción predeterminada: mujer.

“Sentía que supuestamente tenía que ser una mujer, pero tal vez eso significaba que era una mujer más masculina”, dicen. “Tampoco me sentía cómodo con eso, así que era una constante que no encajaba en ninguna parte”.

Ahora, Hernando siente “libertad” en “no darle forma al género”, dicen. Expresan esa libertad tanto en su forma de vestir como en su forma de relacionarse con los demás.

Hernando ha notado que hay menos suposiciones automáticas de que deba representar un cierto rol de género entre conocidos, y pueden comunicar mejor lo que quieren o necesitan.

En el pasado, por ejemplo, si un hombre cisgénero se dirigía a ellos como una “chica muy bonita”, Hernando dice que podrían haber seguido el juego e incluso tratar de actuar de manera más femenina.

Persona de género fluido

Getty Images

Hoy, Hernando responde a tales comentarios indicando su identidad de género y pronombres preferidos. Si la persona no respeta eso, es una bandera roja para Hernando y se mantienen alejados.

Pero también hay desafíos. Si bien sus padres finalmente aceptaron su identidad de género, Hernando todavía tuvo problemas para explicarle a su madre el concepto del uso de pronombres sin género. Y los amigos a veces hacen preguntas invasivas, como “¿Qué tipo de baño usas?”.

Además, todavía hay lugares donde Hernando no se sienten tan cómodos identificándose públicamente como género fluido.

Por ejemplo, muchos consultorios médicos aún requieren que los pacientes se identifiquen como “hombre o mujer” en los formularios de admisión. “Si voy al ginecólogo y quiero hablar con ella sobre , recibir este formulario me empieza a poner un poco ansiosa”, dice Hernando, “porque pienso, ¿entenderá lo que yo necesito decirle?”.

En general, sin embargo, Hernando dice que entenderse a sí mismos como una persona de género fluido ha sido una bendición.

“Como sé quién soy, puedo establecer límites muy claros cuando me relaciono con ciertas personas, límites que antes no ponía porque sentía que tenía que complacer a todos todo el tiempo para ser aceptada”, dice Hernando.

Por ejemplo, han podido ser más explícitos con los demás sobre lo que les resulta cómodo sexualmente. “He hecho del placer de este cuerpo una prioridad, sea cual sea el aspecto de ese placer”, dicen, una prioridad que ha facilitado encontrar parejas que muestren respeto por Hernando y los hagan sentir seguros.

Más jóvenes que expresan fluidez de género

Algunos datos indican que experiencias como la de Hernando pueden estar en aumento.

Según la investigación de Diamond de 2020, la cantidad de niños y adolescentes que reportan identidades o expresiones de género que difieren de lo que se les asignó al nacer está creciendo.

En un estudio de 2018 de más de 80.000 estudiantes de 9º y 11º grado en Minnesota, EE.UU., el 3% dijo que se veían a sí mismos como “transgénero, queer, género fluido o inseguros de su identidad de género”.

Símbolo transgénero en un semáforo

BBC
Los sentimientos sobre la identidad de género pueden surgir tan pronto como a la edad de 2 o 3 años.

En una encuesta de la revista Splinter de 2015 citada en el artículo de Diamond, en la que los investigadores encuestaron a más de 1.000 adultos jóvenes, más de la mitad de los milenials dijeron que “creían que el género existe en un espectro y no debería limitarse a categorías masculinas y femeninas”.

Sin embargo, Diamond cree que esto no indica que la fluidez de género sea un fenómeno nuevo.

“El aumento en las expresiones de fluidez de género no significa que esté ocurriendo una nueva experiencia en el mundo”, señala.

“Hay un nuevo vocabulario disponible para describir lo que ha estado sucediendo en el mundo”.

Ese vocabulario, sugiere, se ha difundido ampliamente a través de internet. “ les dio a las personas en sus sótanos que nunca habían oído hablar de transgénero o queer ni nada, desde Mozambique hasta Francia y Nebraska, de encontrar instantáneamente y sin costo financiero sus experiencias reflejadas en las voces de los demás”, dice.

“Eso era impensable para aquellos de nosotros que alcanzamos la mayoría de edad… en la era anterior a internet”.

Dado que Hernando dice que no han visto conversaciones extensas sobre la fluidez de género en Barcelona, y España en general, se han basado mucho en internet para obtener información.

En particular, han recurrido a las cuentas de redes sociales de personas no binarias o de género fluido en EE.UU. y Reino Unido, donde ven que estas conversaciones ocurren de manera más amplia y abierta.

“Parece que hay más conciencia sobre esto que aquí”, dicen, y agregan, sobre España, que “vamos por buen camino”.

A pesar de que sienten que aún queda trabajo por hacer, Hernando se encuentra en un lugar positivo, particularmente porque ya no sienten la necesidad de complacer a las personas que les asignan características de género, como quienes los llaman “chica bonita”.

Como dice Hernando, “algo realmente poderoso sucede cuando… ya no necesitas esa validación , porque estás realmente feliz con quien eres”.


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