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Especial

Estancias se volvieron muy caras para niños con menos recursos, tras recorte del gobierno

Al dejar de recibir el dinero directamente, por decisión del gobierno, estancias se han convertido en servicios privados que están funcionando sólo "con las mamás profesionistas que tienen un nivel económico más alto".
Especial
4 de diciembre, 2019
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A las 7 de la mañana en Zacatlán de las Manzanas, Puebla, los primeros niños comienzan a llegar a la estancia “Angelitos felices”, porque sus madres trabajan desde temprano. Serán 35 niños en las siguientes horas, aunque prácticamente son la mitad de los que asistían hasta enero, cuando el lugar operaba a su máxima capacidad, con 60 pequeños de 1 a 4 años de edad. 

Quienes dejaron de ir son los hijos de empleadas de tiendas departamentales, o de pequeños comercios como tortillerías, de venta de telas, quienes trabajaban en un restaurante, o en cooperativas donde ganaban 80 pesos por día. “Ellas fueron las primeras que desertaron porque los sueldos no son buenos”, esa era la población que atendía y ya no asisten, dijo Margarita Luna, encargada de la estancia. 

Esto porque a partir de febrero, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que hubo actos de corrupción en las estancias infantiles que operó la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) durante los últimos 12 años, las reglas de operación cambiaron. 

Antes, el gobierno federal entregaba a las estancias 950 pesos por cada niño atendido durante al menos 15 días al mes, ahora entrega mil 600 bimestrales directamente a cada mamá y ésta puede decidir enviar a sus hijos a una estancia, o que lo cuide alguien más.  

En este caso, la mayoría de mamás optó por gastar el dinero en otra cosa y no pagar la estancia, o no le llegó el apoyo prometido. 

Es por ello que las estancias, al dejar de recibir el dinero directamente, rompieron vínculo con el gobierno y para subsistir se han convertido en servicios privados que están funcionando sólo “con las mamás profesionistas que tienen un nivel económico más alto”.

“Se oye feo, pero la verdad es que la gente que tiene el servicio de estancia es quien tiene para pagar, y los que no son los que tienen que dejar a los niños abandonados con la tía, con la vecina”, aseguró Margarita. 

Con el apoyo del gobierno a las estancias, las madres sólo pagaban una cuota de corresponsabilidad que, en este caso, era de 150 pesos semanales. Pero sin el subsidio, el servicio asciende a mil 100 pesos mensuales que debe ser absorbido por los padres completamente. 

Sin embargo, para recibir el apoyo del gobierno, las madres deben ser censadas por los “servidores de la nación”, quienes recorren los estados buscando a posibles beneficiarios de los programas sociales del gobierno federal, pero en algunos casos el apoyo no les llegó en los primeros meses, y les prometieron que se acumularía. 

Con esa promesa la estancia siguió prestando el servicio, pero cuando algunos padres recibieron el dinero de dos bimestres, o sea, 3 mil 200 pesos, “tuvimos problemas. Les decíamos que ‘lo justo es que pagues porque ya te dimos el servicio’, pero nos respondían que ‘las personas (los servidores de la nación) dicen que el dinero es de nosotros’. Muchos se salieron sin pagar”, y ya no llevaron a sus hijos, contó Margarita. 

Las estancias 

Hasta 2018, la Sedesol tenía 9 mil 126 estancias en todo el país registradas en un padrón público. En febrero pasado, el DIF informó que había realizado la supervisión de 7 mil 363 guarderías, según reportó el periódico El Universal. Esto significa que entre un número y otro hay mil 763 estancias menos. 

Animal Político solicitó a la Secretaría de Bienestar (antes Sedesol) el número de estancias que tienen registradas actualmente pero no hubo respuesta. En Zacatlán de las Manzanas, por ejemplo, había seis estancias registradas en el padrón, pero dos tuvieron que cerrar.   

La red de estancias mantenidas por el gobierno y que servían a las mujeres que no tenían seguridad social ni prestación de guardería, se desmanteló y ahora esos mismos inmuebles sólo funcionan de manera particular.

Se perdió también la inversión inicial pública. Aunque los inmuebles no son propiedad del gobierno, sí hubo un aporte inicial para que quienes quisieran atender una estancia adecuaran el espacio que podría ser incluso su propia casa. 

En el caso de Margarita, rentó un sitio que ocupa el lugar de dos casas para atender hasta a 60 niños. “El gobierno nos aportó 70 mil pesos para adecuar el inmueble, pagar el seguro de daños a terceros y la carpeta de protección civil. Iniciamos el 31 de septiembre de 2013”. 

Para recibir el apoyo, las madres hacían el trámite de inscripción de sus hijos a las estancias en las delegaciones de Sedesol de cada estado. Una vez inscrito, las madres debían firmar la entrada y salida de sus hijos que, al menos, debían tener 15 días de asistencias. 

Esas listas eran llevadas por la encargada de la guardería a la delegación estatal de Sedesol que, después de validar los datos, liberaba los recursos por cada niño y entregaba a través de un cheque a cada estancia. 

Con ese dinero la encargada de la estancia debía pagar salarios, renta de inmueble, servicios y alimentación de los niños. Por eso, “cuando el presidente dijo que nos hacíamos ricas a costillas de los niños sí me dio mucho coraje, porque estoy segura que él nunca visitó una estancia ni el trabajo que nosotras hacemos”, afirmó Margarita. 

Su trabajo, de hecho, era avalado por las usuarias a través del Índice de Satisfacción con la calidad en los servicios de cuidado infantil. De 2014 a 2017 se ubicó entre 92 y 97 puntos de 100 posibles, según reportó la ficha de monitoreo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). 

El programa era el tercero con mayor presupuesto asignado en el ramo. Entre 2012 y 2017 tuvo alrededor de 3 mil millones de pesos para operar en mil 300 municipios y 2 mil 169 localidades, atendiendo a 310 mil 968 madres y padres solos, y 327 mil 854 niños y niñas en 9 mil 399 estancias hasta 2017. 

La corrupción, según informó la subsecretaria de Bienestar, antes Sedesol, Ariadna Montiel, fue no haber localizado a 97 mil niños porque los domicilios son inexistentes o las personas no son localizadas en el domicilio que está registrado.  

Por eso, dijo en conferencia de prensa del 3 de abril, al nuevo padrón sólo habían incorporado a 203 mil mamás y 213 mil niños. Sin embargo, hasta el momento no existe un informe público detallado sobre las supuestas irregularidades, ni un padrón público de las beneficiarias. 

Por esas acusaciones y supuesta depuración del padrón, el programa sufrió un recorte de casi la mitad. Mientras en 2018 tuvo 4 mil 70 millones de pesos para 2019 sólo le fue etiquetado 2 mil 41 millones de pesos. 

Para 2020, el programa que ahora se llamará “de apoyo para el Bienestar de las Niñas y Niños, Hijos de Madres Trabajadoras” volverá a tener poco más de 2 mil millones de pesos para atender a los 202 mil 310 niñas y niños y 193 mil 797 madres, padres o tutores, según informó la Secretaría de Bienestar a este medio. 

Y aunque prácticamente tendrán el mismo presupuesto, según la dependencia planea que el próximo año se atienda a 223 mil niñas y niños, es decir, 21 mil más que en 2019. 

Margarita aseguró que un niño puede tener todo el amor de su abuelita o tía que lo cuide, en el mejor de los casos, pero el que un niño esté en estancia “quiere decir que son totalmente independientes, tienen convivencia con otros niños, son más ordenados, aprenden a comer frutas, verduras y leguminosas. Es cuidado, atención, alimentación. Y también tiempo para los papás”. 

Quienes trabajan en la estancia tuvieron capacitaciones de DIF en el cuidado de los pequeños, de Sedesol para las medidas de seguridad, búsqueda y rescate, manejo de extintores y de protección civil, sobre primeros auxilios, por eso es que los niños eran cuidados por profesionales. 

“A partir de que el gobierno nos suspendió el apoyo hemos tenido reportes de accidentes de los niños o los encargan de un lado a otro, y no tienen estabilidad. Cuando los papás reciben el apoyo, los beneficiados son ellos pero no los niños”, dijo Margarita Luna. 

Animal Político también contactó a otras estancias infantiles en Chiapas, Ciudad de México y Estado de México, y en todos los casos los testimonios coinciden: las estancias que antes eran públicas ahora sólo funcionan de manera privada. 

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¿Son las avellanas que utiliza Nutella producto del trabajo infantil?

Ferrero, el fabricante de Nutella, adquiere un tercio de las avellanas producidas por Turquía. Pero parte de las mismas son recolectadas por niños que cargan sacos pesados a sus espaldas y cobran menos del salario mínimo de ese país.
19 de septiembre, 2019
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Alrededor del 75% de la avellanas del mundo se recogen en Turquía y el principal comprador es Ferrero, el fabricante de la popular marca de chocolate para untar Nutella.

Pero detrás de este monopolio de producción y compra-venta se esconde otra realidad: la mayoría de estos frutos se recogen por inmigrantes, incluyendo niños, que trabajan durante largas horas al día y reciben una paga muy baja.

“Cuando hablamos de avellanas, para mí significa miseria y trabajo duro”, dice Mehmet Kelekci mientras carga a su espalda 35 kilogramos de avellanas recién recogidas.

Alrededor de él, en una zona montañosa de Turquía, una familia de inmigrantes kurdos que trabaja en la recogida se acerca a los árboles de avellanas.

El padre usa un bastón de madera para sacudir las ramas sobre su cabeza y su esposa e hijos se sitúan en cuclillas para recoger los racimos y frutos desde el suelo.

Mehmet Kelekci

BBC
Mehmet Kelekci carga un saco de 35 kilogramos a su espalda.

Es un trabajo agobiante, durante 10 horas al día, en pendientes tan inclinadas que se pierde el equilibrio con facilidad.

Dos recolectores, Mustafa y Mohammed, trabajan de forma ilegal. Tienen 12 y 10 años cada uno, cuando la edad mínima para trabajar en Turquía son 13 años para tiempo parcial y 15 para tiempo completo.

Esta es una escena típica del mes de agosto, el momento en que se trae la cosecha en la costa turca del Mar Negro, donde se originan tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas.

Niños.

BBC
Algunos niños recogen cargas pesadas de avellanas.

La mayoría de recolectores son inmigrantes estacionales que vienen de las zonas pobres del sur y el este de Turquía. La mayor parte de ellos son kurdos.

El salario oficial ajustado por las autoridades locales para realizar este trabajo es de 95 liras (US$16) al día. Calculando este salario por número de horas trabajadas, es menos que la remuneración mínima en Turquía de 2.020 liras (US$353) al mes trabajando entre 40 y 45 horas por semana.

Pero esta familia recibe incluso menos.

Cómo máximo, 65 liras (US$11) al día, de los cuales seguramente se queden con solo 50 (US$8) después de pagar un 10% de comisión al contratista que les trae y aún después deben pagar la tarifa de desplazamiento y los gastos de manutención mientras están fuera de casa.

“Hacen que los niños trabajen como máquinas. Piensan: ¿cuántos niños, cuántos beneficios?“, explica Kazim Yaman, dueño de una de las huertas de la zona, en contra de la explotación infantil.

Pero la mayoría de granjeros lo aceptan, y a Yaman no le queda más opción que pagar a los niños por trabajar debido a que los propios padres insisten que así sea.

“Intento no hacerles trabajar, pero entonces dicen que se van. Los padres quieren que sus hijos trabajen y se les pague. Es una cadena que debe romperse“, afirma Yaman.

Kazim Yaman, hazelnut farmer

BBC
Kazim Yaman opina que “la cadena debe romperse”.

¿Pero cómo romper la cadena?

Los eslabones

Turquía posee alrededor de 400.00 huertas de avellanas cuyos dueños son familias. La mayoría, como la de Yaman, comprenden unas pocas hectáreas. Muchos granjeros, como él, desconocen el destino final de la cosecha.

Al final de la compleja cadena de suministros se encuentra la firma italiana Ferrero, quien fabrica otras marcas mundialmente conocidas como los bombones Ferrero Rocher, la pasta de cacao para untar Nutella y los chocolates Kinder.

Solo Ferrero adquiere un tercio de toda la cosecha turca. Y lo necesita: la producción anual de Nutella pesa tanto como el Empire State de Nueva York, cerca de 365.000 toneladas.

En su sitio web, Ferrero publicita que conocer de dónde vienen sus productos es “esencial para asegurar estándares de calidad tanto en la producción como en sus productos”.

La compañía se ha puesto como objetivo conocer al 100% la procedencia de sus avellanas para el año 2020. Sin embargo, de acuerdo a su último informe, el objetivo apenas llega al 39%.

Enginay Akcay es uno de los miles de comerciantes independientes de avellanas que en Turquía se conocen como manavs.

Los granjeros le traen lo producido en sacos, y él les paga de acuerdo a la calidad antes de venderlo a intermediarios o directamente a exportadores como Ferrero.

Enginay Akcay

BBC
Enginay Akcay valora la calidad y de acuerdo a la misma paga a los granjeros.

Pero Akcay asegura que Ferrero no le pregunta de qué granjeros viene la cosecha o en qué condiciones trabajan los recolectores.

“El trabajo infantil no tiene nada que ver con nosotros. El control y la supervisión pertenecen al Estado y las fuerzas de seguridad“, dice.

El siguiente eslabón de la cadena son intermediarios como Osman Cakmak. quien compra el producto a comerciantes para luego revenderlo a Ferrero, otros exportadores y fabricantes.

Cakmak también afirma que Ferrero no le pregunta por la procedencia y las condiciones de la recolección.

“Yo compro y vendo. En ese momento, es imposible monitorizar tantas toneladas de avellanas”, dice Cakmak, y añade: “si Ferrero no tiene sus propios proyectos en la granja, no se puede sabe de qué productor vienen“.

Avellanas.

BBC
Tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas se producen en Turquía.

El Programa de Valores Agrícolas lanzado por Ferrero en Turquía en 2012 ofrece entrenamiento gratuito para que cultivadores de avellanas realicen su trabajo en la forma más eficiente posible y así aumenten sus ingresos. Luego, tienen libertad absoluta para vender sus frutos a quien quieran.

En una de las granjas modelo desarrolladas por Ferrero, el agrónomo Gokhan Arikoglu muestra cómo, con la correcta irrigación y control de plagas, un árbol de avellanas puede producir racimos de hasta 21 frutos.

En las granjas tradicionales, lo típico son racimos de unas cuatro avellanas.

Gokhan Arikoglu

BBC
Gokhan Arikoglu con un racimo de 10 avellanas, tras aplicar las técnicas modelo de Ferrero.

En colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro y otras agencias, Ferrero también capacita a productores, trabajadores agrícolas, contratistas laborales, comerciantes, intermediarios y otros miembros de la comunidad, como los jefes de las aldeas, para que sean conscientes de cómo el sector puede ser más sostenible.

Esto incluye la capacitación sobre los derechos de los trabajadores, en particular sobre cómo evitar el trabajo infantil. La compañía se esfuerza por involucrar a las mujeres, incluidas las agricultoras, en sus programas de enseñanza.

Ferrero dice que el programa hasta ahora ha llegado a más de 42.000 agricultores, aproximadamente la décima parte de los cerca de 400.000 que hay en Turquía.

Entonces, ¿cómo se asegura Ferrero de que sus avellanas no son recogidas por niños?

Nutella contents list

Getty Images
Nutella is 13% hazelnuts – it also includes sugar, palm oil and cocoa

Bamsi Akin, gerente general de Ferrero en Turquía, afirmó en una entrevista que si “determinaban que uno de sus productos es obtenido con prácticas poco éticas, no lo tocarían”.

Sin embargo, sobre si estaba seguro que el sistema era completamente limpio, dijo que “nadie puede asegurarlo”.

También se le preguntó acerca de que su compañía no preguntaba a los negociantes por la procedencia de las avellanas.

No preguntamos, pero tenemos las herramientas para supervisar desde una perspectiva distinta. Antes de que la temporada comience, hemos hablado con los comerciantes y demostrado nuestros requerimientos de prácticas sociales”.

A la pregunta sobre si los estándares de procedencia de los que Ferrero presumen en su sitio web son sinceros, Akin respondió: “Ferrero siempre es honesto en el lado del consumidor”.

Mehmet Kelekci

BBC
“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas”.

En la vereda de su huerta del Mar Negro, el granjero Kazim Yamam observa como Mustafa, de 12 años, vacía otro pesado saco de avellanas.

“El otro día, vi cómo su padre ponía un saco pesado sobre los hombros del chico. Le pregunté: ¿qué haces?, y me respondió: deja que lo haga”, lamenta Yamam.

Choza

BBC
Una familia de kurdos pasará el próximo mes en una choza de madera sin electricidad.

Ferrero invitó a Yaman para que participase en su Proyecto de Valores Agrícolas, pero declinó la invitación. Como muchos otros granjeros, pertenece a otra generación-tiene 60 años-y desconfía del cambio.

“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas, pero quizás dentro de un tiempo sí que se pueda”.

Mientras tanto, otra familia de kurdos se desplaza a una minúscula choza de madera sin electricidad que será la casa de seis personas durante el próximo mes.

A la pregunta sobre si come chocolate con avellanas, la madre de la familia responde: “personalmente no me gusta”, sonríe, “el sufrimiento y la miseria que tengo con este producto... no quiero ni verlo”.


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