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Cuartoscuro Archivo

Fiscalías de los estados manipulan datos sobre delitos y fallan en su registro

Una auditoría del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la ONU muestra que las estadísticas de incidencia delictiva que se publican mensualmente no reflejan el tamaño real del fenómeno criminal en el país.
Cuartoscuro Archivo
19 de diciembre, 2019
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Una auditoría oficial realizada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirma que los datos de incidencia delictiva que aportan las fiscalías del país adolecen de graves y múltiples fallas, desde subregistros por incompetencia del personal responsable, hasta ocultamiento y reclasificación deliberada de ilícitos como feminicidio o extorsión.

Son irregularidades que, en los hechos, significan que las estadísticas de incidencia delictiva que se publican mensualmente no reflejan el tamaño real del fenómeno criminal que padece el país.

Entérate: Gobierno anterior clasificó mal 29 mil delitos para simular baja criminalidad en CDMX, acusa Procuraduría

La presentación de este informe, con sus resultados y recomendaciones, se daría esta semana pero fue pospuesta por lo menos hasta enero de 2020, luego de que no se alcanzó el consenso necesario para darlo a conocer en la XLV Sesión Ordinaria del Consenso Nacional de Seguridad Pública.

De acuerdo con autoridades del gabinete de seguridad el problema es la resistencia de algunos gobernadores, pero sobretodo de los propios fiscales del país para transparentar dicha información, hasta en tanto ellos no analicen y revisen los resultados.

Hace unos días los fiscales estatales, con el apoyo de la Fiscalía General de la República, dieron a conocer que a partir de 2020 manejarán su propia información de incidencia delictiva separada de la que maneja el SESNSP. Esto con el argumento de que son ellos los dueños de esa información, que hay que presentarla con mayor calidad y que ya gozan de autonomía.

Incluso el fiscal estatal de Oaxaca, Rubén Vasconcelos, sugirió en su calidad de vocero de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia (CNPJ) que se reforme la ley del Sistema Nacional de Seguridad para que se reconozca la autonomía de los fiscales, así como la posibilidad de desaparecer el Centro nacional de Información (CNI) del SESNSP.

Ayer, en la sesión de Consejo Nacional de Seguridad realizada en Palacio Nacional, se aprobó un punto de acuerdo para exhortar a las fiscalías del país a que continúen aportando la información al CNI lo que, además, es una obligación legal.

La evaluación

La auditoría que realizó el gobierno federal con el apoyo de la Oficina contra las Drogas y el Delito de la ONU recibió el nombre técnico de Modelo de Revisión Estadística de Incidencia Delictiva Nacional (MORE).

Su objetivo, como se dio a conocer en su momento, fue “evaluar la veracidad, consistencia y transparencia de la información de la incidencia delictiva” que publica periódicamente el SESNSP, a partir de los datos que aportan las procuradurías, hoy fiscalías estatales.

En los hechos se trató de una auditoría realizada por personal especializado en cada una de las 32 fiscalías del país, donde se tuvo acceso no solo a los registros estadísticos sino también a las carpetas de investigación. La idea era documentar y dimensionar las inconsistencias en estos registros que desde hace varios años se reportan en algunas entidades como Veracruz o Ciudad de México.

Los trabajos comenzaron desde principios de 2019 financiados en buena medida por la ONU. En agosto pasado se dio a conocer que las revisiones llevaban un avance del 75%, y para finales de noviembre la evaluación estaba prácticamente terminada.

Cabe señalar que, en todos los casos, los propios fiscales autorizaron por escrito la revisión de sus áreas estadísticas.

Los resultados: datos lejanos a la realidad

El informe de resultados del MORE no se conoce en su totalidad dado que se decidió posponer su apertura y por ende su publicación.

No obstante, de la información a la que Animal Político ha podido tener acceso se sabe que la auditoría habría identificado al menos una decena de focos rojos en los registros estadísticos de las Procuradurías. Algunas son fallas generalizadas mientras que otros son problemas que se identifican en estados en específico.

Se trata de deficiencias que en algunos momentos ya se han advertido públicamente o se sospechaba de ellas, pero lo relevante es que ahora se han documentado y confirmado oficialmente, y se conoce la dimensión de estas.

Entre los hallazgos destaca, por ejemplo, el grave subregistro (en algunos estados premeditado) de asesinatos de mujeres que tienen rasgos claros de posibles feminicidios desde un inicio, pero que son clasificados como homicidios dolosos. Ello provoca que los datos de carpetas de investigación sobre feminicidio que se conocen actualmente no sean, ni de cerca, un parámetro real del fenómeno.

También se detectaron subregistros alarmantes en casos de posibles extorsiones que son denunciadas por las víctimas pero que las agencias del ministerio Público clasifican con otro delito menos grave, como amenazas. Si a eso se suman los casos que ni siquiera se denuncian, se concluye que los datos de carpetas de extorsión tampoco son un parámetro confiable.

En la auditoría realizada por los especialistas también se detectaron hechos criminales en los que se cometieron múltiples delitos, pero donde las fiscalías solo registraron uno de ellos. Se consideró que esa falla también contribuye a subestimar la incidencia de la actividad delictiva.

Resistencia y división

Desde el mes pasado se había planificado que los resultados del MORE fueran presentados y aprobados en la XLV Sesión Ordinaria del Consenso Nacional de Seguridad Pública realizada ayer en Palacio Nacional. Ocurrido lo anterior se prepararía el documento para ser difundido públicamente.

Pero ayer, en la reunión previa donde se analizan los temas que son votados públicamente, el SESNSP no consiguió el consenso necesario para respaldar el informe. Para evitar que públicamente se mostrara el desacuerdo, se optó por sacar el tema de la orden del día.

El problema, según las fuentes consultadas, surge principalmente por la resistencia de algunos fiscales estatales – respaldados por la FGR y la CNPJ – a que se publiciten los datos sin que sean revisados por ellos mismos.

En la primera mitad de 2019 la aplicación de esta evaluación contó con el aval de todas las fiscalías locales, sin embargo, en los últimos meses se ha registrado un distanciamiento de estas con el SESNSP y con la Secretaría de Seguridad federal por diversos temas, como la implementación Registro Nacional de Detenciones o la propuesta de Alfonso Durazo de dar facultades de investigación a las policías y no solo a las fiscalías.

La ruptura se hizo evidente el pasado 6 de diciembre cuando la CNPJ anunció que a partir del 2020 las fiscalías presentarán sus propias cifras de incidencia el denominado Sistema Estadístico Nacional de Procuración de Justicia, respaldado además por INEGI. Ello significa, de facto, apostar por un sistema distinto al del SENSP y por ende trabajar en su mejoramiento.

Además, diversas notas periodísticas reportaron la opinión de algunos fiscales en el sentido de desaparecer el Centro Nacional de Información (CNI) del SESNSP, que es justo el ente responsable del MORE y de publicar los datos de incidencia mensualmente.

El CNI respondió con un comunicado público en el que recordó que las fiscalías están obligadas a continuar aportando informados al SESNSP porque así lo marca la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y los invitó a sumar esfuerzos para construir una estadística común.

Pero el fiscal Rubén Vasconcelos, vocero de la CNPJ, respondió a su vez que es definitiva la decisión de las fiscalías de optar por su propio sistema, y de paso recordó que ahora son instancias autónomas.

“Es necesario que la Ley General del Sistema Nacional se adecue a esta nueva realidad constitucional, con objeto de respetar dicha autonomía de nuestras instituciones (las fiscalías), que siempre se han coordinado con todas las instancias necesarias, y así lo seguirán haciendo”, dijo Vasconcelos.

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#YoSoyAnimal

Cómo calcular la edad humana de tu perro (y por qué la regla de los 7 años no funciona)

Pero esa regla matemática no es tan exacta como muchos creen. Te contamos cómo se puede saber de manera más precisa la edad de estos animales en "años humanos".
17 de enero, 2020
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Si tu perro ha estado vivo y pateando por una década, generalmente se cree que ha envejecido tanto como lo habría hecho un humano de 70 años.

Este factor de conversión, de que cada año de vida de un perro representa siete humanos, proviene de dividir la esperanza de vida humana, que es de alrededor 77 años, entre la esperanza de vida canina (cerca de 11).

La suposición es que cada año que vive un perro es equivalente a 7 años humanos. Pero una nueva investigación sugiere que las cosas no son tan simples.

Y si observamos algunos hitos básicos del desarrollo, se nos hace claro el porqué.

Por ejemplo, la mayoría de las razas caninas alcanzan la madurez sexual entre los 6 y los 12 meses; el extremo superior de ese rango corresponde, según la conversión tradicional, a una edad humana de 7 años.

Y en el otro extremo del espectro, aunque inusual, se sabe que algunos perros viven por más de 20 años. Bajo la regla de conversión que se suele utilizar, esto equivaldría a 140 años humanos.

Para complicar aún más las cosas, la esperanza de vida de los perros depende significativamente de la raza. Los perros más pequeños suelen vivir significativamente más tiempo, lo que sugiere que envejecen más lentamente que los perros más grandes.

Todo esto plantea la siguiente pregunta: ¿qué entendemos exactamente por edad?

Mujer acariciando a su mascota.

Getty Images
Nuevas ideas sugieren que nuestras mascotas se mueven más rápido cuando tienen una edad intermedia.

Edad biológica vs edad cronológica

La forma más obvia de describir la palabra edad es simplemente “el tiempo transcurrido desde tu nacimiento”. Esta es su definición cronológica.

Sin embargo, existen otras definiciones. La edad biológica, por ejemplo, es un concepto más subjetivo, que se basa en evaluar los indicadores fisiológicos para identificar el desarrollo de un individuo.

Estas incluyen medidas como el “índice de fragilidad” (encuestas que tienen en cuenta el estado de enfermedad de un individuo), deficiencias cognitivas y niveles de actividad.

Luego están los biomarcadores de envejecimiento más objetivos, como los niveles de expresión génica (los genes producen proteínas a diferentes velocidades en diferentes etapas de la vida) o el número de células inmunes.

La velocidad a la que aumenta la edad biológica depende de factores genéticamente heredados, de la salud mental y también del estilo de vida.

Por ejemplo, si has estado consumiendo mucha comida chatarra y fumando cigarrillos en lugar de ejercitarte y alimentarte de manera saludable, es probable que tu edad biológica supere tu edad cronológica.

O bien, podrías ser un hombre de 60 años con el cuerpo de uno de 40, si has llevado una vida saludable.

La vida de un perro

Perro celebrando su cumpleaños.

Getty Images
En lugar de celebrar la edad cronológica, una medida mucho más precisa de envejecimiento es observar los niveles de metilación en el ADN de un perro.

Cuando se trata de comparar edades de animales entre especies, la edad biológica es mucho más útil que la cronológica.

Saber que un hámster tiene seis semanas de edad no te da una buena imagen de en qué etapa de su vida se encuentra, incluso si sabes que la esperanza de vida de un hámster es de solo tres años. Por el contrario, el conocer que un hámster ha alcanzado una edad en la que puede reproducirse ofrece una imagen mucho más precisa de su nivel de madurez.

Los autores del nuevo estudio sobre el envejecimiento de los caninos sugieren que una forma sensata de medir la edad biológica es a través de los llamados “relojes epigenéticos”, cambios en el empaque de nuestro ADN que se acumulan con el tiempo en todos los mamíferos.

En particular, la “metilación”, la adición de grupos metilo (un átomo de carbono unido a tres átomos de hidrógeno) al ADN, parece ser un buen indicador de la edad.

Muchos marcadores fisiológicos prominentes, como el desarrollo de los dientes, parecen ocurrir en los mismos niveles de metilación en diferentes especies.

Cachorro jugando con un hueso.

Getty Images
En su primer año de vida, los cachorros crecen tan rápido que envejecen el equivalente a 31 años humanos.

La nueva fórmula

Al hacer coincidir los niveles de metilación en perros perdigueros de labrador y humanos, los investigadores lograron una fórmula para asignar la edad del perro a su equivalente humano.

Esa fórmula es: edad humana equivalente = 16 x ln (edad cronológica del perro) + 31.

“ln” representa una función matemática conocida como el logaritmo natural. La función logarítmica es bien conocida en las escalas no lineales para la energía liberada durante los terremotos (Richter) o para medir el sonido (decibelios).

Es útil para medir cantidades cuyos tamaños varían en muchos órdenes de magnitud. Incluso es posible que una experiencia logarítmica del paso del tiempo explique por qué percibimos que el tiempo se acelera a medida que envejecemos.

Perro disfrazado de pirata.

Getty Images
En ocho años calendario, un perro habrá envejecido aproximadamente el equivalente a 64 años para una persona.

1 año humano corresponde a 31 caninos

Un atajo útil puede ser recordar que el primer año del perro equivale a 31 años humanos. Luego, cada vez que la edad cronológica del perro se duplica, el número de años humanos equivalentes aumenta en 11.

Por lo tanto, ocho años representan tres “duplicaciones” (de uno a dos, de dos a cuatro y luego de cuatro a ocho) dándole al perro una edad equivalente a 64 (eso es 31 + 3×11).

La mayoría de los amantes de los perros ya habrán sospechado que la relación de edad entre humanos y perros no es lineal, habiendo notado que, inicialmente, sus mascotas maduran mucho más rápido de lo que sugiere la regla de los siete años.

Un refinamiento más sofisticado de la regla de los siete años ha sugerido que cada uno de los primeros dos años del perro corresponde a 12 años humanos, mientras que todos los años posteriores cuentan para cuatro equivalentes humanos.

En la práctica, los nuevos conocimientos moleculares sobre la conversión de la edad de un humano a la de un perro de la ley logarítmica sugieren que los perros se mueven a una edad intermedia incluso más rápido de lo que la mayoría de sus dueños sospechaba que podían.

Y vale la pena tener en cuenta que cuando descubras que Rex ya no persigue la pelota como lo hacía antes, es que probablemente tenga más edad de la que creías.

*Este artículo fue escrito por Christian Yates, profesor titular de Biología Matemática en la Universidad de Bath.

Puedes leer el artículo original en The Conversation aquí

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