8 claves para tener un nuevo modelo policial y reducir la impunidad en México
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Cuartoscuro Archivo

8 claves para tener un nuevo modelo policial y reducir la impunidad en México

La estrategia, que ya ha funcionado en algunos municipios, requiere un presupuesto de 40 mil millones de pesos.
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6 de diciembre, 2019
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México tiene un plan para abatir la impunidad y mejorar las condiciones de seguridad y de justicia cotidiana en el país. Se trata del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, estrategia surgida a partir de la experiencia exitosa de ciudades que han conseguido que la gente vuelva a confiar en los policías, y que se reduzcan los conflictos e incluso los delitos.

Pero su implementación a nivel nacional requiere de un presupuesto de más de 40 mil millones de pesos, con el que aún no se cuenta. La opción principal, que era recabar el dinero elevando el porcentaje que se destina para seguridad de los fondos municipales, no fue incluida en el presupuesto de 2020, pese a ser aprobada en el Consejo Nacional de Seguridad.

Por ello, se estudian ahora alternativas como un nuevo impuesto, o hasta gestionar recursos con Estados Unidos para sacarlo adelante.

La secretaria Adjunta del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Bertha Alcalde Luján, dijo que el plan parte de una premisa base reconocida por el Estado: no es posible revertir la situación de inseguridad e impunidad en el país si no se atacan los problemas más cercanos, y que afectan a la gente. Si no se mejora la justicia cotidiana.

Consulta aquí el especial sobre la #JusticiaCotidiana en México

“Ni la Guardia Nacional ni ninguna fuerza federal nos dan para atender el problema de seguridad en el país. Mejorar la justicia penal y las fiscalías ayuda, pero la puerta de entrada de todo son las policías locales. Son ellos los que realmente saben qué pasa en la comunidad y es a quienes hay que fortalecer. Y junto con ello un modelo de justicia cívica que solucione problemas”, dice la funcionaria.

Hay pruebas de que esta estrategia funciona. En Morelia, Michoacán, por ejemplo, durante la implementación de una estrategia similar la tasa de homicidios disminuyó hasta 15% y la ciudad dejó de encabezar el primer lugar en conflictos vecinales en las estadísticas de INEGI.

En Escobedo, Nuevo León, donde se comenzó con un trabajo similar desde hace 10 años, el índice de confianza ciudadano en la policía estatal es de casi 80%, la mas alta de todo el país, mientras que la confianza en la policía municipal llega a 68%, muy arriba del promedio nacional que es inferior a 50%.

La puesta en marcha del modelo ya se formalizó. El pasado 8 de julio el Consejo Nacional de Seguridad Pública aprobó su diseño e hizo un exhorto a los poderes legislativo y ejecutivo para arrancar su implementación. 

¿En que consiste este modelo que promete revertir la crisis de impunidad y violencia que azota al país desde hace más de una década? ¿Qué alternativas hay ante la falta de recursos?  A partir de lo revelado por funcionario federales y de un documento interno donde se describe el modelo, Animal Político detalla a continuación los puntos clave de la estrategia.

Depuración real de las policías:

El éxito en Morelia y Escobedo partió de la depuración de más del 50% de la policía municipal. Fue uno de los pasos iniciales para revertir el problema.

Los lineamientos del modelo nacional ya aprobado retoman dicha experiencia y fijan un plazo de 18 meses, que vence en marzo de 2021, para cumplir al 100% con la depuración de las fuerzas de seguridad. Se trata de una obligación que, de hecho, debió cumplirse desde hace una década.

Se plantea que esta depuración no sea solo de elementos que no superen control de confianza, sino además de casos en donde existan datos de inteligencia sobre el vínculo del policía con grupos delictivos o corrupción. Se está diseñando un protocolo para ello.

Homologación salarial y reclutamiento:

Las autoridades calculan que México requiere de 250 a 300 mil policías municipales. Es decir: el doble de los que hay ahora. Por este motivo se plantea un intenso reclutamiento para los próximos meses.

No obstante, con el fin de que ser policía resulte atractivo y haya personas interesadas, el modelo plantea el diseño y aprobación de un salario homologado para todas las policías municipales del país, ya sea a nivel nacional o al menos por regiones. Ello junto con el rediseño del servicio profesional de carrera, el establecimiento de una base mínima de prestaciones, entre otros.

Proximidad e investigación, las nuevas misiones:

Replantear la función de la policía local es uno de los puntos centrales del modelo. Se busca sustituir la idea clásica de “prevención” (que se traduce solo en patrullajes aleatorios) por dos pilares en los que se sustentará el funcionamiento de las corporaciones:

1) Proximidad: Los policías estarán asignados a sectores en específico y una de las tareas primordiales serán las reuniones y contacto con los vecinos, con el objetivo de atender sus problemas cotidianos. Ello permitirá recuperar confianza de los ciudadanos y a su vez obtener datos y generar inteligencia para conocer, con precisión, lo que ocurre en cada cuadra y colonia.

2)Investigación: Los policías podrán recibir denuncias e investigar formalmente delitos. Inicialmente serán de bajo impacto como robos sin violencia. Ello para auxiliar a las fiscalías que no cuentan ni con el despliegue cotidiano ni con el material humano para hacerlo. En Escobedo esto ya funciona mediante convenios, pero se prevé que a nivel nacional se realice una reforma legal para dar a las policías municipales y estatales esta facultad.

Justicia cívica, una sola ley:

En México hay más de 2 mil 400 municipios y cada uno tiene su propio reglamento, bando o normativa para atender y sancionar faltas administrativas y conflictos cotidianos. Hay tremendas disparidades, desde normas que contemplan temas que otros no, hasta algunas que no incluyen fundamentos básicos como el derecho a un debido proceso.

Por ello se facultó desde 2017 al Congreso de la Unión para expedir una sola Ley General de Justicia Cívica que sirva de base para los ordenamientos municipales. Se dio un plazo de seis meses que no se cumplió. En ese escenario el SESNSP diseñó una nueva iniciativa de Ley (de la que Animal Político tiene copia) que espera aprobarse a mas tardar en la primera mitad de 2020.

Solución en vez de castigo, también en tránsito:

El nuevo modelo pretende que los juzgados cívicos se conviertan en una instancia que tenga como prioridad la atención y solución de conflictos, y no solo la imposición de sanciones.  Por ello se privilegiará el servicio comunitario, talleres de concientización y programas de rehabilitación (en casos de consumo de alcohol o drogas) como medidas a aplicar sobre multas o arrestos.

El modelo busca además que se traslade a los juzgados cívicos la atención de las infracciones de tránsito. Lo anterior para que el policía ya no sea juez y parte al detectar e imponer él mismo una sanción, y dar oportunidad de audiencia a los automovilistas. Un efecto secundario deseado con esta medida es disminuir la corrupción.

Audiencias públicas y transparentes:

Se buscará poner en marcha un modelo de audiencias públicas y videograbadas en los juzgados cívicos, similares a las que ocurren en el sistema penal oral, pero con mayor dinamismo y resolución en una sola sesión. Este modelo ya se ha implementado con éxito en al menos una decena de municipios.

Se pretende además que a través de audiencias públicas también se desahoguen las infracciones de tránsito. Un modelo para seguir es el de Escobedo, Nuevo León, donde al infractor se le presenta el video de su falta en la audiencia, y si reconoce su responsabilidad se le conmuta la multa inicial a cambio de asistir a un taller sobre normativa vial.

Información estadística de calidad:

Otro de los puntos clave del modelo es el poder generar estadística tanto de problemas cotidianos (faltas administrativas) así como de los reportes de delitos e infracciones que recibe la policía (directamente o a través del 911 e informes homologados) y los juzgados cívicos.

Lo anterior tiene como objetivo medir la problemática de cada zona en la ciudad para generar estrategias, pero también se busca contar con datos mucho más precisos sobre conflictividad e incidencia delictiva.

La falta de presupuesto y las alternativas:

Cuando el Consejo Nacional de Seguridad aprobó el diseño del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica en julio pasado, se estableció que ante la imposibilidad de contar con un presupuesto exclusivo para el mismo, se utilizarían recursos provenientes de los llamados fondos municipales (Fortamun).

Ello se lograría incrementando de 20 a 50% el porcentaje que se contempla del Fortamun para seguridad, y estableciendo además candados para que el dinero solo se use en fortalecimiento de los policías.

Sin embargo, pese a las gestiones realizadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ante el Congreso, esta modificación no fue incluida en Presupuesto de Egresos para 2020.

La organización México Evalúa señaló en un comunicado que esto es preocupante, pues se suma a una reducción de 3.6% en términos reales en el Fondo para el fortalecimiento de la Seguridad (FORTASEG) y del 0.24% en el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública. 

“Con los recursos actuales no se garantiza que los policías locales puedan cumplir con las atribuciones planteadas en el Modelo Nacional, por ejemplo, mediar conflictos entre ciudadanos, recibir denuncias y generar capacidades de inteligencia policial para investigar y prevenir delitos” indicó México Evalúa.

Funcionarios consultados sobre esta situación indicaron que ahora se analizan otras alternativas para recabar recursos, que permitan implementar el Modelo al menos en los municipios con mayor población e incidencia.

Entre las alternativas que se estudian se encuentra la obtención de recursos provenientes de los Estados Unidos a través de la llamada Iniciativa Mérida, o la imposición de un impuesto denominado “Derecho de policía” que se sumaría al predial que recaban los municipios. Ninguna ha sido confirmada todavía.

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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