Qué pasó con los refugios para mujeres que recibieron dinero del gobierno
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Qué pasó con los refugios para mujeres que recibieron dinero del gobierno

Algunos sí recibieron dinero del gobierno, aunque una menor cantidad; además no está clara la estrategia del gobierno ni de dónde saldrá su presupuesto.
7 de diciembre, 2019
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Mujer Contemporánea AC fue el primer centro para mujeres víctimas de violencia del país, ubicado en Aguascalientes. En 2018, dio mil 800 atenciones de primera vez, pero este año, solo ha podido ayudar a 900 mujeres nuevas, además de las 38 mil atenciones subsecuentes que suele dar. Sufrió un recorte de alrededor de dos millones de pesos al proyecto que presentó en marzo.

Los refugios son supervisados puntualmente por el Centro de Equidad de Género, de la Secretaría de Salud, que es quien autoriza cuánto dinero reciben, para qué acciones y para cuánto personal. En este 2019, al de Aguascalientes le quitó 10 empleadas.

Se quedó sin una enfermera en el refugio, sin una trabajadora social del centro externo, solo con dos psicólogas de cinco que tenía y una abogada de tres, por lo que ya da mucho menos terapias y durante meses no pudo acompañar ningún nuevo proceso legal por atender los casos que se acumularon.

Roxana D’Escobar, fundadora de Mujer Contemporánea, explicó que mantuvieron casi igual los servicios en el refugio, que anualmente recibe a alrededor de 50 mujeres con sus hijas e hijos, mientras que lo castigado por Salud fueron los centros de atención externa.

Lee: Puerta Violeta, la estrategia del gobierno de AMLO para mujeres víctimas de violencia

El único refugio al que ya no le aprobaron subsidio y desapareció, fue Formación de la Joven Guanajuatense, en ese estado del Bajío, lo que dejó en ese momento en la calle a cuatro familias y a mil 500 mujeres sin otro tipo de atención.

Según la Red Nacional de Refugios, organización que agrupa a las asociaciones civiles dedicadas a dar albergue, en los casos de familias acogidas se invierten entre 250 y 400 pesos diarios. Dependiendo del número de familias que tienen capacidad de atender es que gobierno decide cuánto subsidio da a cada refugio, que reciben entre tres y cinco millones de pesos al año, a través del Centro de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud.

En febrero, el presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó no entregar dinero a organizaciones sociales y se suspendió la convocatoria de los refugios. Pero eso se convirtió en uno de los primeros tropezones de este sexenio, ante la lluvia de críticas y advertencias de que se ponía en riesgo de muerte miles mujeres.

Uno de los argumentos fue que no es un tema en el que se pueda dar el apoyo directamente a las beneficiarias, porque si una mujer huye de su casa porque un hombre está a punto de matarla, lo que necesita es protección inmediata, no dinero. Otro argumento fue que el Estado no era capaz de absorber esa responsabilidad porque la mayoría de refugios —como en todo el mundo— pertenece a asociaciones civiles.

Así que se dio marcha atrás y se reabrió la convocatoria de 2019. Ocho meses después, el pasado 25 de noviembre, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reiteró que en este caso sí se seguirá trabajando con asociaciones.

Lee: Suman casi 3 mil mujeres asesinadas en México en 2019; solo 726 se investigan como feminicidios

“Los refugios los seguimos operando también con sociedad civil, vamos juntos gobierno y sociedad civil, el tema de la Puerta Violeta es un claro ejemplo de que vamos precisamente en materia de refugios y de atención a toda la violencia, sociedad civil y gobierno”, dijo.

Apenas dos semanas después de la tormenta generada por el tema de los refugios, el 6 de marzo, se anunció la supuesta solución: el gobierno federal replicaría en todo el país el modelo de la ONG “Puerta Violeta”.

Para D’Escobar, esta estrategia ni es novedosa, ni sustituye lo que hacen las organizaciones, sino que más bien es como lo que ya se ha planteado antes desde gobierno en los Centros de Justicia Para las Mujeres.

“Por ejemplo el de Aguascalientes tiene su casa de transición, que le llaman ellos, entonces ahí pueden llegar las mujeres en la madrugada, sábados, domingos, días festivos, y en 72 horas le tienen que resolver su problema. ¿Cómo se lo resuelven?, puede venir a refugio; o bien necesita irse a otro municipio, a otro estado porque tiene familia, pues ahí en 72 horas busca los recursos y manda a la señora a donde se tiene que mandar. Y eso es en la casa de transición, y es un lugar que está dentro del Centro de Justicia para la Mujer, que tiene guardias de seguridad, bueno policías, entonces no hay necesidad de tener una Puerta Violeta”, ejemplifica.

Desde 2010 existen estos Centros, implementados por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim). Actualmente son más de 40, aunque no todos tienen casa de transición, y están definidos como: “la concentración de instancias gubernamentales, del poder judicial y Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que brindan servicios de manera interdisciplinaria, secuencial, interinstitucional, coordinada y especializada a mujeres víctimas de violencia, sus hijas e hijos bajo un mismo techo, con la finalidad de garantizarles el acceso a la justicia y a encontrar conjuntamente un proceso de redignificación”.

También en el gobierno pasado hubo un proyecto similar: la Ciudad de las Mujeres, creado por Rosario Robles como secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), en Tlapa de Comonfort, en la región de la montaña de Guerrero, y en Tepeji del Río, Hidalgo. Sin embargo, hace apenas unas semanas en una visita del presidente a Tlapa, las mujeres le pidieron apoyo porque desde el inicio de su gobierno ese Centro no ha recibido presupuesto y está en riesgo de cerrar.

Wendy Figueroa, directora de la Red de Refugios, cuenta que en las mesas de trabajo que han tenido con la Secretaría de Gobernación (Segob), la de Seguridad y Protección Ciudadana,la de Salud y otras instituciones para ver cómo van a funcionar ahora los refugios, preguntó específicamente cuál era la diferencia de las Puertas Violetas con los Centros de Justicia, y la respuesta fue que únicamente que no se va a obligar a las mujeres a denunciar.

Las directoras de refugios nunca han estado de acuerdo en que el gobierno centralice las atenciones a mujeres víctimas de violencia justamente por la falta de confianza en las instituciones de seguridad y justicia. Además, según datos de la red, el 15% de mujeres atendidas el último año eran pareja de un policía o militar.

“Por ejemplo, no podemos obligar a que el primer contacto sea un policía, simplemente llegan muchísimas mujeres que son parejas de policías. Entonces el policía que esté ahí de primer contacto, ¿a quién le va a ser más leal? Aunque sea un policía de proximidad. Nosotras aquí en Aguascalientes hemos capacitado a la policía y aun así nos enteramos de cosas… No es viable. O cuando llega la esposa de un político a pedir ayuda. ¿Dónde va a estar más la lealtad de ellos?”, cuestiona D’Escobar.

Figueroa también cuestionó la diferencia de las nuevas Puertas con cómo funciona la Red de Refugios, y la respuesta fue que ahora sí se iba a coordinar con las autoridades bajo un modelo homologado.

“Lo que hace falta y no quieren ver es que no es la coordinación el problema; nosotras nos coordinamos, pero las instancias de gobierno no responden a sus compromisos ni a sus obligaciones que tienen que promover y hacer para realmente garantizar los derechos de las mujeres”, replica.

La homologación también existe desde 2011, que se elaboró un modelo con el Instituto Nacional de las Mujeres. En 2015 la Red presentó una actualización, pero se archivó, y también está congelada una propuesta de Norma Oficial Mexicana para Refugios.

En cuanto a presupuesto, a Figueroa le dijeron que el de las Puertas Violetas saldrá de la misma bolsa que se tiene para refugios y que se está valorando si permanece en Salud o en Segob, o se crea como programa.

“Me parece absurdo. Los programas aparecen y desaparecen según los gobiernos. Los refugios están en el marco de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tienen todo un marco y blindaje nacional e internacional, y son mecanismos independientes y autónomos que no están dentro de ninguna otra estrategia, que en sí mismos son la estrategia”, comenta.

“Mi posición es que para 2020 no puede estar en otra secretaría porque el presupuesto ya está etiquetado en el Ramo 12 (de salud), todo cambio es un proceso y no se puede cambiar de la noche a la mañana porque eso puede poner en riesgo la continuidad y todos los mecanismos que hemos estado implementando en una secretaría”.

Así que por ahora, lo único cierto es que en la planeación del funcionamiento del Estado para el próximo año no hay ninguna partida específica o programa llamado Puertas Violetas, sino que por ahora se está negociando con cada Estado y Municipio donde hay proyecto de abrir una para que aporten los recursos necesarios, mientras que a las Organizaciones de la Sociedad Civil se les seguirá entregando el dinero como en años pasados para mantener los refugios para mujeres víctimas de violencia.

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Qué tan rápido dejamos de estar en forma cuando abandonamos el ejercicio

Tener un buen estado físico puede tomar meses de trabajo duro y los logros se pueden desvanecer si dejas de hacer ejercicio. Aunque puede que, cuando quieras retomarlo, no te toque comenzar desde cero.
18 de junio, 2021
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Ponerse físicamente en forma no es fácil. Y después de todo ese trabajo que hacemos con nuestro cuerpo, ¿por cuánto tiempo podemos mantener el buen estado?

Resulta que, incluso con el gran esfuerzo que dedicamos al entrenamiento, tomarse un tiempo de descanso puede significar perder la forma mucho más rápido de lo que tardamos en adquirirla.

Para comprender cómo podemos tan fácilmente perder lo ganado, antes necesitamos entender cómo logramos “estar en forma”.

La clave para conseguir un buen estado físico o mejorarlo —ya sea porque aumentamos nuestra capacidad cardiaca o nuestra fuerza muscular— es sobrepasar la “carga habitual”.

Esto significa hacer más de lo que nuestro cuerpo está acostumbrado.

El esfuerzo que esto implica hace que el cuerpo se adapte a la exigencia y mejore su tolerancia, lo que finalmente conduce a alcanzar un nivel de resistencia física más alto.

Ahora, el tiempo que nos lleva ponernos en forma depende de varios factores, entre los que se cuentan nuestro nivel de resistencia, la edad, el esfuerzo que hacemos en cada sesión de entrenamiento e incluso el lugar donde entrenamos (la contaminación y el calor pueden afectar la respuesta fisiológica al ejercicio).

Pero algunos estudios indican que incluso seis sesiones de entrenamiento a intervalos pueden aumentar el consumo máximo de oxígeno (V02 máx.), una medida de la condición física general, y mejorar la eficacia de nuestro cuerpo para abastecerse de combustible utilizando el azúcar almacenado en nuestras células durante el ejercicio.

Cpooredora

Getty Images
Si dejan de hacer ejercicio, los corredores comienzan a perder su aptitud cardíaca en unas pocas semanas.

En el caso del entrenamiento de fuerza, se puede observar un aumento de la fuerza muscular en tan solo dos semanas, pero los cambios en el tamaño de los músculos no se verán hasta las 8 o 12 semanas.

Capacidad cardiovascular

Cuando dejamos de entrenar, la rapidez con la que perdemos la forma física también depende de muchos factores, incluido el tipo de forma física de la que hablamos (como la fuerza o la condición cardiovascular).

Como ejemplo, consideremos a un corredor de maratón, que está en plena forma atlética y puede correr un maratón en dos horas y 30 minutos.

Esta persona seguramente entrena cinco o seis días a la semana y recorre un total de 90km.

Además, ha pasado los últimos 15 años de su vida entrenando para llegar a este nivel.

Ahora digamos que este corredor deja de entrenar de un día para otro. Debido a que el cuerpo ya no tiene esa exigencia casi todos los días, el maratonista va a comenzar a perder la forma física en pocas semanas.

La aptitud cardiorrespiratoria, indicada por el factor VO2 máx. (la máxima cantidad de oxígeno que una persona puede usar durante el ejercicio), comenzará a disminuir en alrededor de un 10% en las primeras cuatro semanas después del último entrenamiento.

Esta tasa va a continuar disminuyendo, pero más lentamente durante largos periodos.

Hombre levantando pesas.

Getty Images
12 semanas sin entrenamiento provocan una disminución significativa en la cantidad de peso se que puede levantar.

Aunque los atletas de alto rendimiento (como, por ejemplo, un maratonista) ven un rápido declive en su factor VO2 máx. en las primeras cuatro semanas, esta pérdida luego se detiene y logran mantener un VO2 máx. por encima del promedio.

Sin embargo, para quienes no son atletas de alto rendimiento y dejan de hacer ejercicio, en menos de ocho semanas el VO2 máx. caerá bruscamente a los niveles en que estaban antes del entrenamiento.

La razón por la que este factor se reduce está relacionada con la merma en los volúmenes de sangre y plasma de casi un 12% en las primeras cuatro semanas después de que la persona deja de entrenarse.

Y los volúmenes de sangre y plasma caerán debido a la falta de exigencia sobre nuestro corazón y músculos.

El volumen de plasma incluso podría disminuir cerca de un 5% en las primeras 48 horas después de dejar de hacer ejercicio.

El efecto de la disminución del volumen de sangre y plasma es que habrá menos sangre bombeada por todo el cuerpo con cada impulso del corazón.

Grafico de varios hombres corriendo

Getty Images
Para una persona que no es un atleta de alto rendimiento y deja de paracticar algún tipo de ejercicio, el VO2 max caerá bruscamente a niveles de preentrenamiento en menos de ocho semanas.

El efecto de la disminución del volumen sanguíneo y plasmático hace que se bombee menos sangre por el cuerpo en cada latido del corazón. Pero estos niveles solo descienden al punto de partida, lo que significa que no empeoramos.

Por supuesto, la mayoría de nosotros no somos maratonistas, pero tampoco somos inmunes a estos efectos.

En el momento en que dejemos de ejercitarnos, el cuerpo comenzará a perder esas adaptaciones cardiovasculares a un ritmo muy similar al de los atletas de alta competencia.

Entrenamiento de fuerza

En cuanto a la fuerza, las pruebas demuestran que, en la persona promedio, 12 semanas sin entrenar provocan una disminución significativa de la cantidad de peso que podemos levantar.

La buena noticia es que la investigación muestra que se logra mantener algo de la fuerza que se había ganado antes de dejar de entrenar.

Lo que llama la atención es que, a pesar de la disminución significativa en la fuerza, solo hay una reducción mínima en el tamaño de las fibras musculares.

La razón por la que perdemos fuerza muscular tiene que ver, en gran medida, con el hecho de que ya no estamos sometiendo nuestros músculos a una presión.

Por lo tanto, cuando ya no estamos trabajando nuestros músculos con fuerza, estos se vuelven «perezosos», lo que hace que el número de nuestras fibras musculares disminuya, y que se empleen menos músculos durante una actividad.

Esto, en última instancia, hace que seamos menos capaces de levantar el peso que solíamos levantar.

HOmbre haciendo abdominales

Getty Images
Perdemos fuerza porque ya no estamos poniendo nuestros músculos bajo presión.

La cantidad de fibras musculares utilizadas durante el ejercicio disminuye en alrededor de un 13% después de solo dos semanas sin entrenamiento, aunque esto no conlleva una pérdida de fuerza muscular.

Esto implica que las pérdidas observadas durante los períodos más largos sin entrenamiento son una combinación de esta disminución inicial en la cantidad de fibras musculares que usamos, pero también de la disminución más lenta de la masa muscular.

El aficionado al gimnasio promedio que levanta pesas experimentará una disminución en el tamaño de sus músculos y, con el tiempo, le resultará más difícil levantar cargas pesadas, ya que tienen menos fibras musculares ejercitadas.

Por lo tanto, incluso después de todo ese esfuerzo que hacemos para ponernos en forma, comenzamos a perder estado cardiovascular y fuerza dentro de las 48 horas posteriores a la interrupción del ejercicio.

Pero no comenzamos a sentir estos efectos hasta después de dos o tres semanas en el aspecto cardiovascular, y en el muscular hasta entre seis y 10 semanas.

La tasa de “desentrenamiento” es similar para hombres y mujeres, e incluso para atletas de mayor edad.

Pero cuanto más en forma estés, más lentamente perderás lo que has ganado.

*Dan Gordon es profesor asociado de fisiología dela Universidad Anglia Ruskin. Justin Roberts es profesor asociado de salud y nutrición física en la misma universidad.


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