Senado aprueba modificaciones del T-MEC; hubo poco tiempo para analizarlo, acusa oposición
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Senado aprueba modificaciones del T-MEC; hubo poco tiempo para analizarlo, acusa oposición

Con 107 votos a favor y 1 en contra, se ratificó la decisión de aceptar las modificaciones del nuevo tratado, firmado el pasado 10 de diciembre.
Cuartoscuro
12 de diciembre, 2019
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El Senado de la República aprobó el Protocolo Modificatorio del Tratado entre México, Estados Unicos y Canadá (T-MEC).

Con 107 votos a favor y 1 en contra, se ratificó la decisión de aceptar las modificaciones del nuevo tratado, firmado el pasado 10 de diciembre por Jesús Seade, negociador por México, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lightizer y la viceprimera ministra de Canadá, Chrystia Freeland.

Durante la discusión, el legislador independiente Emilio Álvarez Icaza, cuestionó al gobierno federal por acordar las modificaciones y solo dar dos días al Senado para deliberar al respecto.

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“La anunciada muerte del neoliberalismo tiene en el T-MEC su más acabada contradicción… Hay que decirle, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, que el neoliberalismo no solo no está muerto, resurge, se despeja, se celebra”, dijo.

“¿Dónde está la izquierda que hace 25 años cuestionaba el TLC?, ¿Dónde está la izquierda que cuestionaba este modelo económico? Yo creo compañeros, que Carlos Salinas de Gortari debe celebrar este momento”, expresó, y afirmó que su voto sería en contra.

De acuerdo con Álvarez Icaza, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) trató al Senado como “oficialía de partes”, porque los dejó al final y les dio solo dos días para su discusión.

“Un tratado de esta magnitud debería revisarse con más tiempo y con más cuidado”, aseveró.

Otro senador que se expresó contra la aprobación de las modificaciones del T-MEC fue Samuel García, de Movimiento Ciudadano, quien reclamó que la traducción del tratado tiene conceptos ambiguos que podrían resultar contraproducentes para el país.

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“Digámoslo claro, el presidente decidió ceder soberanía para ganar certidumbre, ceder soberanía para ganar economía”, dijo.

García reconoció que su grupo parlamentario defendió el T-MEC, pero ahora “vemos con preocupación que no es claro. Hace unas horas todavía el subsecretario Seade confundía y no dejaba claras las dudas de muchos senadores”.

“Hoy que se canta como una gran victoria, pudiera también ser una derrota. Esta victoria quizá de los demócratas no necesariamente es una victoria para México. El adendum tiene palabras confusas, la traducción tiene palabras ambiguas. Cada palabra puede cambiar completamente el significado del mismo”, aseveró.

Por su parte, la senadora Vanesa Rubio Márquez, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), dijo que su grupo parlamentario se encuentra convencido de las ventajas que otorga el tratado a México.

“En el PRI estamos convencidos de las enormes ventajas del libre comercio para la prosperidad de nuestro país. A 25 años de la entrada en vigor del TLC original, el comercio de América del Norte ha crecido un 600%”, explicó.

“Nosotros no estamos cambiando de principios, seremos congruentes, seremos consistentes, porque estamos a favor de México. Desde hace 25 años hemos apoyado el libre comercio que genera empleos y nos hace más competitivos y hoy no será la excepción”, expresó.

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Sin embargo, dijo, les hubiera gustado “haber sido informados que se estaba en curso un nuevo modelo de negociación, haber tenido el texto al mismo tiempo que nuestras contrapartes de Estados Unidos y Canadá y no haber sido informados hace tan solo unas horas de que además del protocolo modificatorio se habían negociado dos acuerdos paralelos”.

El Partido Acción Nacional (PAN) también anunció su voto a favor del protocolo modificatorio. Sin embargo, la senadora Alejandra Nohemí Reynoso reclamó que el país se comprometiera a cambiar los términos del T-MEC.

“Estamos firmando un cheque en blanco, porque no conocemos el contenido ni los alcances de dichos acuerdos. Es vergonzoso y lamentable que al Senado se le exija examinar una serie de compromisos para la relevancia de México en apenas unas horas”, dijo.

El senador por Morena, Ricardo Monreal, defendió el proyecto para aprobar las modificaciones al Tratado, pues dijo, “las cinco materias del T-MEC son y fueron ampliamente discutidas por los ejecutivos, asunto laboral, medio ambiente, biomedicinas, el tema fundamental de acero y aluminio, y el tema de financiamiento a través del Banco de América del Norte”.

“El contenido del protocolo de enmiendas me parece correcto. No aceptamos la grosera intervención de ningún país como inspectores en empresas de México, lo rechazamos tajantemente, y en su lugar se logró que se establecieran paneles de solución de controversias en igualdad de circunstancias”, afirmó.

“Somos optimistas y mostramos optimismo. (…) La mayoría legislativa creemos que lo que se hizo y lo que se está haciendo es una posición correcta, la mayoría legislativa opinamos que la conducción del país está en buenas manos, la mayoría legislativa consideramos que este instrumento generará desarrollo, crecimiento y empleo”, dijo.

El protocolo modificatorio y los acuerdos paralelos fueron remitidos al presidente, para los efectos constitucionales correspondientes.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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