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Cuartoscuro Archivo

Universidades tienen áreas de atención a salud mental, pero faltan protocolos y difusión

Aunque universidades tengan líneas de atención u otros servicios, falta capacitación para que profesores y autoridades detecten a alumnos en riesgo. 
Cuartoscuro Archivo
17 de diciembre, 2019
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Al tercer semestre de cursar Ciencias Políticas en la UNAM, Ángel Rodríguez comenzó a tener episodios de ansiedad e insomnio, y vivir solo en la Ciudad de México le impedía tener el apoyo de su familia para afrontar lo que le ocurría. Una amiga le dijo que en la Universidad existían programas de apoyo psiquiátrico y psicológico y, después de una crisis, decidió acudir.

Fue tratado en la Clínica de Atención Mental de la Facultad de Medicina, que atiende a la población estudiantil, profesores y trabajadores. Después de una primera entrevista médica le asignaron un médico psiquiatra, y a partir de entonces comenzó a recibir sesiones mensuales.

El diagnóstico fue trastorno de ansiedad generalizado y trastorno límite de personalidad, por eso tenía esas crisis y sentimientos que no alcanzaba a comprender. Desde entonces ha recibido tratamiento farmacológico y terapia psicológica, que le han hecho “entender y manejar lo que me pasa”.

“Mi tema no fue generado por la universidad, pero hay condiciones en esa etapa de la vida que detonan mucho de esos padecimientos. En la clínica me explicaron ‘este es el diagnóstico, este es el tratamiento, estos son los medicamentos’ y no sólo me ayudó a entender y prepararme para ver cómo me tenía que cuidar, sino también saber las opciones”, relata a Animal Político.

Entérate: #ITAMDateCuenta, estudiantes piden atender salud mental tras suicidio de compañera

Pero Ángel no era el único, su grupo de amigos también tenía sentimientos de tristeza, estrés, ansiedad que, cuando lo hablaron, comenzaron a reunirse más a menudo, hablar de lo que sentían, lo que les pasaba en la escuela, “era una especie de terapia grupal y de autocuidado”. Incluso, para aquellos estudiantes que venían de los estados y no tenían familia en la Ciudad de México, “le decíamos pues cáele a mi casa el fin, o en los puentes, como hacer una segunda familia.”.

Incluso después de egresar, Ángel fue canalizado desde la UNAM a instituciones públicas de salud mental como el Instituto Nacional de Psiquiatría Juan Ramón de la Fuente y el Instituto Nacional de Neurología, aunque hubo periodos en los que dejó la atención. Tuvo dos crisis severas, y en la última decidió regresar a terapia y a la medicación que mantiene, pero en menores dosis. Recién se mudó a Mérida y ahí continuará con su proceso médico, porque “sé que todavía falta”.

En su experiencia, dice, el tema de la salud mental sigue siendo tabú, pero así como se habla de salud física, también debería hablarse de salud mental y, en su caso, la ayuda de las instituciones universitarias fue indispensable, porque antes no la había tenido.

La UNAM tiene diversas opciones de atención psicológica, como la Clínica de Atención Mental de la Facultad de Medicina, en la Facultad de Psicología y la línea de atención telefónica Línea UNAM aunque según Ángel, no ha habido una campaña de difusión al respecto, ni tampoco profesores o autoridades que puedan detectar alumnos en riesgo y los canalicen a las áreas correspondientes.

Una de las problemáticas que propició que las universidades tuvieran un protocolo de atención específico fueron las denuncias sobre acoso sexual que se han hecho públicas en diferentes universidades en los últimos cuatro años. Es por ello que existe protocolo de atención a violencia de género en la UNAM, como en el CIDE, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Yucatán, el ITESO, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la Universidad Autónoma de Nuevo León, entre otras, y son de reciente creación.

Sin embargo, aún no hay protocolos como tal para atender la salud mental, detectar casos de vulnerabilidad y canalización en todas las escuelas, aunque sí existen áreas de atención psicológica o proyectan implementarlas.

Las acciones

La semana pasada, tras el presunto suicidio de Fernanda Michua Gantus, estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales en el ITAM, estudiantes de la instituciones iniciaron protestas para demandar atención a la salud mental de los alumnos, y cero tolerancia a la violencia pedagógica y al hostigamiento escolar.

El ITAM respondió a las peticiones de los estudiantes anunciando que creará una instancia especializada para atender la salud mental de los alumnos, pero al considerar que aún están pendientes demandas, como crear un protocolo de denuncias transparente que dé seguimiento a las acusaciones en contra de los profesores y personal administrativo por situaciones que vulneren su salud mental, hicieron un paro activo de labores este lunes.

En otras universidades como la Universidad Autónoma Metropolitana ha operado desde hace 14 años “Línea UAM”, en la que atiende a la población estudiantil y general, y ofrece orientación en diversos temas, tiene un chat, un cuestionario para determinar si el usuario requiere ayuda psicológica y un listado de instituciones de apoyo que va desde la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, hasta Mexfam o Gire.

“El dispositivo o programa de Línea UAM tiene una estricta metodología para atender e intervenir en diferentes casos como depresión, violencia, acoso sexual, suicidio, entre otros”, afirma Roberto Salazar, responsable y creador de la línea.

En el Tec de Monterrey, existen programas de prevención “TQueremos” que incluye asesoría de psicólogos, línea de atención 24 horas, el programa de capacitación para identificar algún problema entre compañeros llamado “testigo activo”; organizan la “semana TQueremos” en la que promueven estilos de vida saludables y hasta “punto blanco”, que es un espacio de silencio dentro del campus para meditar.

Estas acciones no las presentan como un “área ventaja” en la oferta universitaria, sino como estrategias indispensables para la comunidad; por eso, debería existir colaboración entre todas las universidades e intercambiar experiencias, asegura en entrevista Carlos Ordoñez, director nacional de Salud Integral y Bienestar Estudiantil del Tec.

Desde hace 10 años, el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) tiene una Oficina de Asesoría Psicopedagógica para alumnos de licenciatura, maestría y doctorado. En ella laboran dos personas, cada uno para las sedes con las que el CIDE cuenta (Región Centro y Santa Fe).

“Su objetivo es otorgar a los estudiantes de la comunidad del CIDE un acompañamiento personalizado y profesional que los lleve a concluir satisfactoriamente sus estudios; además de otorgar las herramientas necesarias para optimizar el proceso de aprendizaje y pueda enfrentar las dificultades personales y académicas por las que pueda atravesar”, informó la institución a este medio.

El Colegio de México tampoco tiene un protocolo de atención a la salud mental, pero comenzaron a implementar acciones. En agosto pasado aplicaron cuestionarios de tamizaje a la población estudiantil, y quienes lo requieran pueden llamar a la línea de atención telefónica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Harán un convenio de colaboración con la Universidad Nacional que permitirá que psicólogos puedan atender a la comunidad del Colmex, en caso de requerir atención personalizada y de manera gratuita. “Esto es parte de cómo concebimos la enseñanza. Es una cuestión que tenemos que hablar”, afirma Fernando Nieto, coordinador académico del Colegio.

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#YoSoyAnimal

Por qué es incorrecto decir que descendemos de los monos y 4 cosas que no sabías sobre nuestro origen

Te contamos algunos hechos que pueden resultarte sorprendentes sobre la historia de nuestra especie.
22 de noviembre, 2019
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Este 24 de noviembre se cumplen 160 años desde la publicación de “El origen de las especies”, el libro en el que Charles Darwin estableció las bases de la teoría de la evolución por selección natural.

¿Pero cuánto sabemos sobre la historia de nuestra especie?¿Y por qué es un error decir que “descendemos de los monos”?

En BBC Mundo recordamos cinco datos que tal vez puedan resultarte sorprendentes sobre la evolución humana.


1. No descendemos de los monos

Los humanos modernos, la especie Homo sapiens sapiens, no evolucionó de los monos, sino que comparte un ancestro común con ellos.

Un error muy común es pensar que ‘descendemos de los monos’. Ese error hace que mucha gente niegue la teoría de la evolución”, explicó a BBC Mundo el paleoantropólogo español José María Bermúdez de Castro.

“Para empezar, es mejor afirmar que somos una especie más del orden primates”, dijo el coordinador del Programa de Paleobiología del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana de Burgos y codirector del proyecto de investigación y excavaciones en los yacimientos de la sierra de Atapuerca.

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

Este linaje de primates “comienza su historia evolutiva hace unos 7 millones de años. En ese tiempo, un ancestro común con los chimpancés divergió en dos linajes diferentes, seguramente por cuestiones climáticas“.

“El linaje que dio lugar a los chimpancés, Pan paniscus y Pan troglodytes, se quedó en el oeste de África. El linaje que a la postre dio lugar a la humanidad actual evolucionó en el sur y este de África”.

Ilustración de la evolución

Getty Images
“Un ancestro común con los chimpancés divergió en dos linajes diferentes, seguramente por cuestiones climáticas”.

Bermúdez de Castro agregó que compartimos cerca del 99% de nuestros genes con los chimpancés, pero la diferencia (aproximadamente de 1,2%) es importante, puesto que tenemos entre 20.000 y 25.000 genes operativos.

“Deberíamos reflexionar sobre nuestra estrecha relación con estos primates, nuestro primos hermanos”, agregó el científico español.

2. Más de la mitad de tu cuerpo no es humano

Se estima que cerca de la mitad del cuerpo humano está compuesto por células humanas, pero el resto es una mezcla de bacterias, virus y hongos que componen lo que se conoce como el microbioma.

Ese microbioma, que es tan peculiar de cada persona como su huella digital, influye en una gran variedad de funciones que van desde la digestión al sistema inmunológico.

Ilustración de bacterias en el intestino

Science Photo Library
Ilustración de bacterias en el colon. Las células humanas componen solamente el 43% de nuestro cuerpo.

Eres un 43% humano según las estimaciones más recientes, si cuentas todas las células”, señaló a la BBC en 2018 el profesor Rob Knight, de la Universidad de California en San Diego.

Si pensamos en términos genéticos, las cifras son aún más sorprendentes. Microbiólogos de la Escuela de Medicina de Harvard y del Centro Joslin de Diabetes analizaron el ADN de unas 3.500 muestras de la boca e intestinos.

Los resultados del trabajo, publicado este año en la revista Cell Host & Microbe, indican que había cerca de 46 millones de genes bacterianos, 24 millones en el microbioma de la boca y 22 millones en los intestinos.

3. Estamos llenos de vestigios evolutivos

La evolución es un proceso que puede ser muy lento y algunos de sus vestigios pueden permanecer mucho tiempo después de que dejan de cumplir una función.

Un ejemplo es el apéndice, que habría cumplido en nuestros antepasados una función relacionada con la digestión de la celulosa de las plantas.

Ilustración de huesos de la columna y cadera

Science Photo Library
El coxis, la última pieza ósea de la columna vertebral, es uno de nuestros vestigios evolutivos.

Otro ejemplo es el de las muelas de juicio, que eran útiles para moler alimentos fibrosos.

El coxis es considerado también un vestigio evolutivo que en el pasado contribuyó a mantener el equilibrio. El coxis es el vestigio de una cola que en el caso de los embriones humanos aparece hacia el final de la cuarta semana del desarrollo embrionario para desaparecer en el inicio de la octava semana.

Y si te erizas cuando sientes frío o estrés, eso significa que tus fibras musculares conocidas como arrector pili se están contrayendo en forma involuntaria, lo que seguramente te dará escalofríos.

Si eres un animal en su medio silvestre, que se te pongan los pelos de punta puede ser útil, ya que tus pelos pueden atrapar más aire para retener calor. O puedes parecer más grande de lo que eres, lo que podría desanimar a tus predadores.

Pero en el caso de los seres humanos nuestros arrector pili no proveen ninguno de esos beneficios.

4. Nuestra especie surgió hace unos 300.000 años

La historia de nuestros orígenes está cambiando constantemente a medida que se descubren nuevos fósiles.

“Nuestra especie, Homo sapiens, surgió en África hace algo más de 200.000 años. Algunos investigadores piensan que ciertos fósiles de un yacimiento de Marruecos (Jebel Irhoud) ya pertenecían a nuestra especie. Esos fósiles tienen 315.000 años de antigüedad“, explicó Bermúdez de Castro.

Comparación del tamaño del cerebro de homo naledi (especie de hominino extinta) y homo sapiens según fósiles hallados en Jebel Irhoud en Marruecos

Science Photo Library
Comparación del tamaño del cerebro de Homo naledi (especie extinta) y Homo sapiens según fósiles hallados en Jebel Irhoud en Marruecos.

“Con independencia de este debate en la cifras, no se conocen cambios importantes en el medio ambiente de África en esta época del Pleistoceno”.

Las glaciaciones afectaron al hemisferio norte y tuvieron repercusión en el debilitamiento de la especie Homo neanderthalensis.

“Pero en África subsahariana y en el norte de África el clima no experimentó cambios notables. Así que se nos escapa saber qué circunstancias favorecieron que surgieran los primeros homínidos similares a nosotros en la mayor parte de su anatomía“.

“Ciertos aspectos culturales como el arte o el simbolismo, aún tardarían un cierto tiempo en consolidarse en Homo sapiens. Pero desde el punto de vista de la anatomía, los humanos africanos de hace 200.000 años eran prácticamente indistinguibles de nosotros”.

En la actualidad se discute mucho sobre la posibilidad de que la expansiones fuera de África por parte de Homo sapiens fueran varias y por dos lugares diferentes: el Corredor Levantino y el estrecho de Bab El-Mandeb, en el cuerno de África.

“No sería extraño que esto fuera así. Los datos no son contradictorios y no afectan al resultado final: ahora somos la única especie de homínido del planeta”.

5. No hemos dejado de evolucionar

Vaso de leche

Getty Images
En regiones de larga tradición de producción de lácteos, como Europa, la población es mucho más tolerante a la lactosa que en Asia.

Aún seguimos adaptándonos al mundo que nos rodea. Un ejemplo es la rápida extensión en las últimas 100 generaciones en Reino Unido del gen de tolerancia al azúcar en la leche, la lactosa.

Se estima que hace unos 11.000 años los humanos adultos no podían digerir la lactosa.

A medida que los seres humanos en ciertas regiones comenzaron a depender de la producción lechera para alimentarse, sus cuerpos se adaptaron a digerir ese alimento que antes era tolerado solamente por niños.

En regiones de larga tradición de producción de lácteos, como Europa, la población es mucho más tolerante a la lactosa que en Asia.

Por supuesto no hemos dejado de evolucionar y nunca lo haremos mientras sigamos siendo una especie de la Tierra“, señaló Bermúdez de Castro.

“La propia cultura está influyendo de manera decisiva en nuestra evolución. Y cada vez será más importante esa influencia, en el momento en el que la tecnología permita manipular sin riesgos el genoma humano”.

“Los experimentos de los que tenemos noticia puede que no sean muy éticos y que asuman riesgos. Pero con el paso de los años se podrán realizar esas manipulaciones. Si llegamos a ese punto, el cambio evolutivo sería extremadamente rápido”.


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