Elementos de la Guardia disuelven caravana con antimotines y gas; 800 migrantes detenidos
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Foto: Alberto Pradilla

Elementos de la Guardia disuelven caravana con antimotines y gas; 800 migrantes detenidos

Los agentes y elementos antimotines rodearon a los migrantes que transitaban por una carretera en Chiapas.
Foto: Alberto Pradilla
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Decenas de agentes de la Guardia Nacional replegaron a la caravana migrante que llegó a la carretera entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, en Chiapas, este jueves 23 de enero. 

En un comunicado, el gobierno informó sobre la retención de 800 migrantes, trasladados en 20 autobuses hacia a albergues migratorios, “donde son atendidas de manera personalizada” para “iniciar el procedimiento administrativo correspondiente o en su caso, proceder al retorno asistido”.

Cuando los elementos de la Guardia comenzaron a acercarse en la carretera, los migrantes se concentraron en un grupo, y ondearon algunas banderas de Honduras mientras gritaban “estamos en paz, aquí estamos en paz”.

Pero eso no detuvo el paso de los guardias, quienes en formación en línea caminaron hacia los migrantes golpeando su tolete en el escudo antimotines.

Aunque los migrantes también formaron una barrera, los guardias les arrojaron gas, obligándolos a correr y así disolver la caravana. Un joven se desmayó, por lo que un par de ambulancias llegaron al lugar.

Los elementos comenzaron a perseguir a los migrantes por los sembradíos cercanos a la carretera.

Minutos después llegaron autobuses en los que los migrantes detenidos serían trasladados a una estación migratoria.

El gobierno informó también que busca a alrededor de 200 personas migrantes que, “ante la presencia de las autoridades, se dispersaron en los alrededores de esta región, ubicada a aproximadamente 12 kilómetros del Río Suchiate, frontera con Guatemala”.

En una tarjeta informativa, el Instituto Nacional de Migración señaló que “atiende el exhorto realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en el sentido de trabajar de manera coordinada para proteger y salvaguardar los derechos de las personas en contexto de migración”.

Además, señaló que hasta ahora ha actuado “en total apego a los derechos humanos, a la Ley de Migración y a su reglamento, al realizar de manera segura, ordenada y regular el registro de las personas extranjeras al internarse a territorio mexicano”.

La mañana de este jueves, cientos de migrantes centroamericanos cruzaron el río Suchiate y comenzaron a caminar por la carretera con el objetivo de cruzar México para llegar a Estados Unidos.

Se trata de personas que permanecían en el campamento de Tecún Umán, en Guatemala, y que el lunes pasado se encontraron con una barrera de la Guardia Nacional cuando intentaban ingresar a México, cruzando el río Suchiate.

A diferencia de hace unos días, en esta ocasión las y los migrantes no trataron de cruzar por las cercanías del puente internacional Rodolfo Robles, sino que lo hicieron por un punto muy cercano al paso fronterizo Suchiate II, que está ubicado a un par de kilómetros del puente.

Lee: INM impidió que ONG ingresara a estación donde tienen encerrados a migrantes de la caravana

Igualmente no se encontraron con elementos de la Guardia Nacional, por lo que pudieron entrar sin impedimentos a territorio mexicano y caminar por varias horas sobre la carretera que conecta Ciudad Hidalgo y Tapachula.

El grupo de migrantes avanzó hacia Tapachula con una bandera de Estados Unidos y otra de Honduras, además de pancartas dirigidas a los presidentes Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, pidiendo que les permitan llegar a EU.

Varios de ellos también portaban mensajes donde solicitaban una reunión con el presidente mexicano.

Durante la mañana la Guardia Nacional no implementó alguna acción para frenar el paso de estos migrantes, y su paso solo fue vigilado por agentes de la Policía Estatal, personal de la Cruz Roja y elementos de Protección Civil.

“Vengo aquí porque hay escasez y pobreza en mi país Honduras; sube la luz, sube la electricidad, pero no suben los sueldos”, declaró Wilmer Enrique Funes, integrante de la caravana y que trabaja como albañil.

Wilmer tiene 37 años y viaja con su esposa y su hijo desde Trujillo, Honduras.

Wilmer viajó desde Honduras con su familia en busca de una mejor vida. Foto Alberto Pradilla.

Otro de los migrantes, Harvin Daniel, de 19 años, caminó con una manta en la que solicitó una reunión con el presidente López Obrador.

Harvin tiene apenas 19 años. Acusa que no hay trabajo en su país. Foto: Alberto Pradilla.

Harvin viene de Santa Bárbara, Honduras, y señaló que espera que el gobierno mexicano lo ayude, ya que viene de un país donde no hay empleo.

Los migrantes señalaron que los grupos que han ingresado a México lo han hecho de forma pacífica, y exhortaron al gobierno a que los apoye para regularizar su estatus migratorio, sin hacer uso de la violencia.

Este nuevo cruce de migrantes se da luego de que el pasado lunes alrededor de 500 personas de origen centroamericano, en su mayoría de Honduras, ingresaron de manera irregular a territorio mexicano. El mismo día, el INM informó sobre la detención de 402 migrantes. 

Lee: Gobierno dice que no hubo incidentes con migrantes, pero imágenes muestran otra cosa

La autoridad migratoria también refirió que otros 58 migrantes “se internaron por caminos no seguros de la zona selvática de la región”, por lo que “elementos de los Grupos Beta del INM se encuentran en su búsqueda”.

Los migrantes detenidos el lunes fueron trasladados a la estación migratoria de La Mosca, en Tuxtla Gutiérrez, en la que el INM impidió el acceso a tres integrantes del Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos del Sureste Mexicano que disponen de permiso para visitar el centro de detención.

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Día de Muertos: Pomuch, el pueblo de México donde sacan los cadáveres para limpiar sus huesos

La tradición de un pequeño pueblo en Campeche de limpiar los restos de sus familiares antes de cada 1 de noviembre atrae la atención desde hace décadas incluso de turistas.
1 de noviembre, 2021
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Atención: este artículo contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores.

Al entrar por primera vez en el cementerio de Pomuch es probable sentirse incómodo e incluso asustado al creerse observado por la atenta mirada de decenas de cráneos.

Aunque, durante esos primeros minutos de la visita, la persona que pasea por los estrechos y laberínticos callejones de este camposanto puede estar más preocupada incluso por no tocar y mucho menos tirar al suelo involuntariamente alguna de las cajas que contienen -y muestran- los huesos de los cadáveres.

Porque sí, en este poblado del estado de Campeche, en el sureste mexicano, los restos óseos de los fallecidos descansan todo el año en cajas entreabiertas que reposan en sus nichos del cementerio.

Sin embargo, es en esta época del año, justo antes del Día de Muertos, cuando sus vecinos protagonizan otra curiosa tradición que atrae a cientos de turistas: la limpieza de los huesos de sus familiares.

Este ritual, que en maya se conoce como Choo Ba’ak, se celebra en el pueblo desde hace al menos 150 años, según Hernesto Pool, promotor local de esta tradición.

“Nos basamos en la cosmología maya, que aseguraban que los muertos tenían más allá de una vida. Con esta tradición de tenerle culto a los muertos, entendemos que existe vida después de la muerte, que existe el paso del inframundo y luego regresa de nuevo”, le explica a BBC Mundo.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El proceso de limpieza

Pomuch pertenece al municipio de Hecelchakán, un caluroso y tranquilo lugar en la península de Yucatán.

Map

El ambiente relajado que se percibe en su cementerio ayuda a que, pasados unos minutos, vaya desapareciendo ese impacto inicial durante una primera visita al lugar.

Desde mediados de octubre, parientes de los fallecidos acuden para hacer la limpieza de huesos de sus difuntos y tenerlos listos para el 31 de octubre y 1 de noviembre, días en los que se cree que regresan los niños y los adultos respectivamente.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Las familias conversan tranquilamente entre sí mientras lo realizan. La mayoría trae flores y velas para adornar el nicho y también bellos paños bordados o pintados con flores y el nombre del difunto, sobre el que reposarán los huesos limpios y que permitirá retirar el usado el año anterior.

“Con la limpieza es como si se les bañara y con el nuevo paño es como cambiarles la ropa, porque están a punto de venir de visita y tienen que estar preparados. Las veladoras se ponen para que vean el camino y puedan regresar con nosotros”, cuenta Ricardo Yam, quien trabaja pintando los nichos y que se encarga cada año de limpiar los huesos de uno de sus gemelos, fallecido al nacer hace 28 años y por el que se sigue emocionando cuando lo recuerda.

Ricardo Yam

Marcos González
Ricardo Yam trabaja como pintor en el cementerio de Pomuch.

A algunos vecinos, sin embargo, les resulta duro ocuparse personalmente de limpiar los huesos de sus familiares, por lo que piden ayuda a personas como Venancio Tuz, sepulturero del cementerio.

Con asombrosa rapidez y tranquilidad, don Venancio limpia de manera mecánica el conjunto de huesos de quien se lo pide en menos de 15 minutos.

Uno a uno, va retirando el polvo de cada hueso con ayuda de una brocha y los vuelve a depositar en su caja sobre el paño nuevo.

Limpieza de huesos

Marcos González

“El orden para limpiarlos es como si ellos estuvieran parados (de pie), de abajo para arriba. Por eso a los lados de la caja van las costillas, luego los huesos de pierna y brazos, y lo último es el cráneo que va arriba en el centro. El cabello, como ve, nunca se pierde”, relata a BBC Mundo, sin dejar ni un minuto su trabajo.

El sepulturero cuenta que al menos deben pasar tres años desde la muerte de la persona para poder realizar la primera limpieza de huesos, una vez que el cuerpo se ha descompuesto.

Don Venancio

Marcos González
Don Venancio lleva 20 años limpiando huesos de cadáveres del cementerio.

Entiende que su trabajo no sea apto para todos. Cuenta que realizarlo “costaba al principio”, pero que ya está más acostumbrado tras 20 años dedicándose a ello. Durante estas semanas puede llegar a limpiar hasta 15 cuerpos al día. A cambio, pide 30 pesos (US$1,5).

Frente a él, dos jóvenes extranjeras observan el ritual en silencio mientras graban con su teléfono. Hay más localidades en la zona con tradiciones similares, pero es Pomuch la que atrae más atencion de turistas, especialmente desde que su práctica fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible del estado de Campeche en 2017.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El futuro de la tradición

Uno de los cuerpos limpiados por don Venancio es el del hermano de Carmen Naal. Ella dice que normalmente se suele encargar su marido, pero que este año decidió pedir ayuda al sepulturero ante el poco tiempo que quedaba para el 1 de noviembre.

“Además, esta vez están más sucios de lo habitual porque el año pasado no pudimos hacerlo por la pandemia y porque falleció mi mamá. Así que este año no podíamos faltar”, comparte con una sonrisa.

Carmen Naal

Marcos González
Carmen Naal acudió al cementerio para preparar a todos sus familiares tras no poder hacerlo en 2020 por la pandemia.

Esta vecina de Pomuch habla con pasión de esta tradición de la que siente gran orgullo. Para ella, la limpieza de huesos es un momento “muy íntimo y cercano, sientes como que estás abrazando con amor de nuevo a tu familia”.

La visita a este cementerio está marcada también por los alegres y llamativos colores que decoran los nichos, muchos de los cuales son pintados de nuevo antes del Día de Muertos.

“Se pintan y limpian como si fuera una casa en miniatura. Es como si los muertos se cambiaron de casa y hay que visitarles”, compara Naal.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González
Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Ella se muestra esperanzada de que la tradición no desaparezca con las nuevas generaciones y asegura que a sus hijos les ha inculcado que quiere que sigan la tradición con ella una vez que muera, pero lo cierto es que apenas se ven jóvenes en el cementerio.

Una de ellas es María José, una adolescente que acompaña a su mamá y que asegura que continuará la tradición cuando ella no esté.

Ligia y M. José

Marcos González
Ligia se esfuerza en que su hija María José continúe con la tradición de la limpieza de huesos.

Su madre, Ligia Pool, asiste a una de las limpiezas que probablemente sea más impactante: la de un bebé.

De su hija, fallecida recién nacida hace tres décadas, se conservan pocos restos pero se adivina su edad por el tamaño de los mismos y unas pequeñas botitas de tela que luce en la limpieza.

“Platicamos con ellos, es como si los tuviéramos con nosotros. Murió su cuerpo, pero la persona sigue con nosotros y estos días son para festejarlos a ellos. Por eso los padres inculcamos esta tradición a los hijos, yo le digo a la niña: ‘esta es tu hermana, aquí está con 30 años, como si fuera ayer…'”, dice conteniendo el llanto.

Cuando se le pregunta a Hernesto Pool si comprende que muchas personas no entiendan su tradición, responde sin dudar. “Esto no es algo macabro, no es algo de miedo. En Pomuch no se adora a la muerte, se le respeta y se da el valor que merece, que es el paso de la vida”.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

Sea como fuere, quienes ocupan este cementerio continuarán tras el Día de Muertos asomando parte de sus cráneos desde sus cajas como símbolo de que “están en vigilancia, pendientes de nosotros con su mirada al frente y viendo hacia nuestro mundo”, según el promotor local.

Es en esa posición que esperarán por 12 meses a ser meticulosamente limpiados por sus seres queridos. “Y es que yo creo que los muertos de Pomuch no mueren hasta que nosotros los olvidamos. Por eso la importancia de esta tradición”, concluye Pool.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

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