Para mitigar contaminación por hidrocarburos México tendría que reforestar el país dos veces: advierte estudio
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Para mitigar contaminación por hidrocarburos México tendría que reforestar el país dos veces: advierte estudio

Estas son algunas de las cifras dadas a conocer por las organizaciones CartoCrítica y la Alianza Mexicana contra el Fracking, durante la presentación del informe La contribución de Pemex a la Emergencia Climática.
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22 de enero, 2020
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Para mitigar la contaminación por emisión de Gases de Efecto Invernadero que se generan en México en un solo año, el país necesitaría reforestar más de 7 mil millones de árboles en una superficie del tamaño de Veracruz.

Esto significa que, al menos, se necesitaría reforestar en un año lo equivalente a casi 13 veces el programa Sembrando Vida, el programa estrella del Ejecutivo federal para restaurar tierras a través de la plantación de 552 millones de árboles frutales y maderables al año, y para el que este 2020 destinará más de 25 mil millones de pesos de presupuesto.

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Mientras que, para paliar la contaminación acumulada en las últimas cinco décadas, como resultado primero de la extracción y procesamiento de petróleo y gas por parte de Pemex, más el consumo masivo de combustibles de la ciudadanía, México tendría que reforestar una superficie equivalente a dos veces la totalidad de su territorio nacional con más de 396 mil millones de árboles, y mantenerlos durante al menos 10 años. 

Es decir, se necesitaría cubrir de árboles desde Cancún a Tijuana, y dos veces, para que éstos pudieran absorber en una década los casi 24 mil millones de toneladas de bióxido de carbono que se ‘vertieron’ en la atmósfera. 

Estas son algunas de las cifras del tamaño de la contaminación en México por la emisión de gases de efecto invernadero dadas a conocer por las organizaciones CartoCrítica y la Alianza Mexicana contra el Fracking, durante la presentación del informe La contribución de Pemex a la Emergencia Climática. 

Manuel Llano, investigador de CartoCrítica, expuso que el aumento de 1.1 grados de la temperatura por la emisión de gases invernadero ya ha generado una situación “crítica” en todo el Planeta. Y que Petróleos Mexicanos (Pemex) está teniendo un papel destacado en la emergencia climática, debido al alto nivel de emisiones que genera cada año. 

De hecho, subrayó el investigador, de acuerdo con el estudio Carbon Majors del Climate Accountability Institute, Pemex se encuentra en el puesto número 9 de petroleras más contaminantes en el mundo, mientras que el país ocupa el lugar 10 a nivel mundial con respecto a la emisión global de gases de efecto invernadero. 

Ante este contexto, CartoCrítica dio a conocer una investigación que detalla por campo de petróleo y de gas cuáles son los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero por extracción, procesamiento y combustión en nuestro país. 

Es decir, subrayó Manuel Llano, la ciudadanía puede acceder a los datos desagregados geográficamente -a través de unos mapas, que puedes consultar en este link-, para visibilizar en el territorio cómo están impactando las emisiones de gases invernadero provenientes de la extracción de gas y de petróleo. 

Los ciudadanos pueden consultar tanto las emisiones acumuladas en el pasado, y también las futuras a partir de la extracción de las reservas petroleras probadas y probables. 

“Esto puede ser una herramienta clave para que las comunidades que se encuentran en zonas donde se realiza la extracción, que ya conocen los impactos de las emisiones en el agua, el aire y el suelo, puedan ahora conocer qué impactos tienen esas emisiones en materia de cambio climático”, dijo por su parte Claudia Campero, de la Alianza Mexicana contra el Fracking.

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Los campos petroleros más contaminantes

CartoCrítica reveló que, de acuerdo con su estudio, el campo petrolero más contaminante por emisiones de gases invernadero acumuladas es Akal, que se encuentra en aguas someras, en el golfo de México. Solo este campo concentra el 26.9% de las emisiones totales emitidas entre 1960 y 2019. 

Le siguen los campos Ku y Abkataún, con el 5.8% y el 4.7% del total de emisiones. 

Mientras que el campo terrestre con mayores emisiones es Samaria, a orillas de la ciudad de Villahermosa, que acumula el 3.8% de las emisiones. 

En total, hizo hincapié Manuel Llano, solo estos cuatro campos -de los más de 800 que hay en todo el país- han sido responsables del 41% de las emisiones totales a la fecha. 

Sobre este punto, el investigador expuso que si se quisiera mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero solo en los campos petroleros del país de donde se han extraído hidrocarburos entre 1960 y 2019, se podría hacer, al menos teóricamente. 

Y de nuevo, recurrió al ejemplo de la reforestación: solo para combatir la contaminación generada en torno a los campos petroleros, se necesitaría plantar 35 mil 508 millones de árboles a lo largo de una superficie equivalente a la de Chihuahua y Durango juntos, durante 10 años.

¿Qué se puede hacer?

Ante este panorama, Manuel Llano y Claudia Campero plantearon que es imperativo el diseño de políticas públicas que, lejos de buscar una mayor producción petrolera y de combustibles, como actualmente el gobierno mexicano está promoviendo, planteen cómo vivir mejor con menos energéticos y menos consumo de energía eléctrica. 

“Dar solución a la emergencia climática implica dejar los hidrocarburos en el subsuelo, y tomar medidas radicales a nivel global que nos lleven a vivir mejor, consumiendo menos”, sintetizó Manuel Llano, que añadió que la inversión en el desarrollo de energías limpias y renovables es un paso, aunque debe hacerse de manera responsable. 

“Cuando están pensadas como megaproyectos, las energías renovables también se convierten en proyectos terribles para el medio ambiente y para los derechos humanos de las personas, porque se traducen en cambios de uso de suelo forestal gigantescos”, advirtió el especialista de CartoCrítica. 

“Además -añadió-, hay que recordar que la energía fotovoltaica y eólica dependen de una minería abrumadora, y del consumo de una enorme cantidad de minerales fósiles”.

Por su parte, Claudia Campero recordó que un planeta que ya es 1.1 grados más caliente que hace 100 años, plantea muchos retos, como pérdidas de cosechas, sequías, incendios, y miles de refugiados climáticos en todo el mundo.

A ello, hay que sumar que el gas y el petróleo son recursos limitados, lo cual nos debe hacer pensar qué sigue cuando se agoten las reservas. 

“Tal vez, no se acaben lo suficientemente rápido para evitar el aumento de la temperatura del Planeta, pero sabemos que se van a acabar. Entonces, si sabemos esto, ¿por qué no estamos cambiando la manera de hacer las cosas?”, cuestionó la activista. “¿Por qué, en lugar de rescatar a Pemex, no estamos invirtiendo en avanzar hacia una transición energética de manera acelerada? Es una irracionalidad”. 

Otras recomendaciones que plantea el estudio de CartoCrítica es que las autoridades gubernamentales cumplan con el monitoreo y el estudio de las emisiones de gases invernadero. 

Esto, recalca la investigación, debido a que en México no se realizan actualmente mediciones directas de emisiones en el sector de hidrocarburos, no se tiene un sistema de inspección y vigilancia, y no se puede constatar que las instalaciones del sector se encuentren en buen estado.

Tanto es así, que cuando en 2017 la Alianza Mexicana contra el Fracking, en alianza con Earthworks, hizo una inspección en las instalaciones de Pemex Exploración y Producción en Papantla y Poza Rica, Veracruz, utilizando una cámara especializada en la detención de emisiones de metano y compuestos orgánicos volátiles, “encontró un volumen alarmante de emisiones fugitivas, densas y continuas” flotando en el aire, a escasos metros de la ciudadanía. 

Por ello, solicitaron a la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), y al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), que cumplan con la entrega de datos públicos, y en formato abierto, para la construcción de un Inventario de Emisiones. 

Además, se instruyó al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) a que trabaje con estados y municipios para la elaboración de los inventarios de emisiones, puesto que la información a nivel nacional, que es la actual, “no permite ver qué está ocurriendo territorialmente y generar mejores políticas públicas frente a la emergencia climática”. 

Lee aquí el informe completo: La contribución de Pemex a la emergencia climática: Análisis de emisiones por campo petrolero desde 1960

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VIH/Sida: qué hace este virus al sistema inmunitario y por qué es tan difícil encontrar una cura o una vacuna

Han pasado casi cuatro décadas desde que se reportaron los primeros casos, y pese a todos los esfuerzos sigue siendo una enfermedad incurable. ¿Por qué?
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1 de diciembre, 2020
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Dibujo, infección de VIH

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El blanco del virus son los linfocitos CD4.

Desde que se detectaron los primeros casos a principios de la década de los 80, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) se ha cobrado alrededor de 33 millones de vidas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Este virus, que de no tratarse da lugar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, continúa siendo una amenaza para la salud pública: se estima que hay cerca de 38 millones de personas viviendo con VIH (hasta finales de 2019).

Si bien se han hecho grandes avances en cuanto a su tratamiento y prevención, y en la actualidad las personas infectadas pueden llevar una vida saludable, aún no se ha podido hallar una cura para la enfermedad.

Solo dos pacientes hasta la fecha —uno, conocido como el “paciente de Berlín, que falleció en septiembre de este año a raíz de otra enfermedad; el otro, un venezolano establecido en Londres— parecen haberse curado definitivamente del virus.

Tampoco se ha logrado dar con una fórmula para una vacuna, pese a que su búsqueda se inició muy poco después de que se reportaran los primeros casos.

Para entender por qué esta infección es tan difícil de erradicar (en contraposición al coronavirus SARS-CoV-2, que en menos de un año desde que se desató la pandemia cuenta con varias candidatas de vacunas prometedoras), es fundamental comprender primero cómo afecta el VIH a nuestro sistema inmunitario, el arma que tiene nuestro organismo para protegernos de las enfermedades.

Ataque directo al centro de defensa

El VIH entra en nuestro cuerpo a través del intercambio de ciertos fluidos corporales como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales de una persona infectada.

Es, además, un retrovirus. Es decir, su material genético está en forma de ARN (ácido ribonucleico) y no de ADN. Por ello, antes de insertar sus genes en el genoma de la célula huésped para replicarse, tiene primero que convertir su ARN en ADN.

Esto lo hace mediante un proceso que se conoce como de transcripción inversa (los virus en cambio usan uno de transcripción normal), lo cual genera muchos errores en sus copias -puede que esta explicación te sobre en esta instancia, pero guárdala en tu mente porque te ayudará a entender más adelante por qué es tan difícil desarrollar un tratamiento y una vacuna-.

Investigación

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En el campo de investigación sobre tratamientos para el VIH se han logrado muchos avances.

A diferencia, por ejemplo, del SARS-CoV-2 que ataca y se replica en las células del pulmón y otros órganos que tienen en su superficie el receptor ACE2, el VIH tiene como objetivo principal un tipo de células de nuestro sistema inmunitario: los llamados linfocitos CD4 (o también T CD4).

“Los linfocitos CD4 son una parte fundamental del sistema inmunitario. Son predominantes en todos los procesos de lucha contra distintos patógenos —virus, bacterias, parásitos— y forman parte del centro de coordinación de otra parte del sistema inmune”, le explica a BBC Mundo José Luis Casado, médico del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, España.

“Son una especie de capitanes de las defensas que no solo manejan soldados, sino que coordinan a otros oficiales para luchar contra el enemigo”, añade.

Una vez dentro del CD4, el virus introduce su propio material genético y secuestra el mecanismo de esta célula para replicarse.

Los nuevas copias de VIH salen de la célula y se propagan por el cuerpo, infectando a su vez a otras células y destruyendo gradualmente linfocitos CD4. La reducción de estos linfocitos provoca, en consecuencia, una deficiencia en el sistema inmunitario.

“Cuando el sistema inmunitario reconoce que hay CD4 infectados, activa otras células para matar a estos CD4, y esa inmunoactivación estimula la producción de linfocitos CD4 para compensar a los soldados caídos en batalla”, explica Casado.

Pero este es un proceso compensatorio temporal. “El organismo no sabe mantener altos niveles de activación inmune persistente”, agrega, con lo cual esta estrategia no resulta eficaz a largo plazo, y no se consigue erradicar a todos los CD4 infectados.

Timothy Ray Brown

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Timothy Ray Brown, conocido como el “paciente de Berlín”, fue la primera persona en curarse de VIH. Falleció de cáncer en septiembre de este 2020.

A medida que la infección avanza y el cuerpo va perdiendo su capacidad para defenderse, el individuo infectado se vuelve vulnerable a sufrir otras infecciones conocidas como enfermedades oportunistas.

Cuando la cantidad de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por milímetro cúbico de sangre (una persona con un sistema inmunitario sano tiene entre 500 y 1.600), o cuando aparecen una o más infecciones oportunistas más allá del recuento de CD4, se considera que una persona infectada tiene sida.

Por qué los tratamientos no logran curar el VIH

Los tratamientos que han dado muy buenos resultados y que se utilizan para controlar el VIH consisten en una combinación de fármacos antirretrovirales que atacan varios aspectos del ciclo de vida del VIH, y evitan así que el virus se multiplique y pueda penetrar células sanas.

Al reducir la carga viral, el sistema inmune tiene más posibilidades de recuperarse y combatir infecciones. Por eso los pacientes en tratamiento —que debe seguirse de por vida— pueden tener una vida prolongada y sin síntomas.

Con el tratamiento antirretroviral se logra que no desarrollen sida ni infecciones oportunistas.

Por otra parte, “si no hay replicación viral, no hay transmisión“, dice Casado, de modo que no hay posibilidad de contagio.

Sin embargo, el virus no desaparece: una vez que penetró la célula puede quedarse allí, en estado latente.

“Tenemos una serie de células CD4 activas y muchas CD4 en reposo. Están allí por si hay una guerra, una infección. Se estima que solo un 2% de células CD4 están activas habitualmente, porque el resto, en situación basal, no las necesitamos”, explica Casado.

Según le dice a BBC Mundo Mundo Nadia Roan, profesora de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos, “este reservorio latente de células infectadas es, esencialmente, la principal barrera para encontrar una cura para el VIH”.

Preservativos

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Los preservativos son fundamentales para prevenir el contagio del VIH.

“Sabemos de su existencia desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido atacarlo o controlarlo. Y una de las razones es porque no hay un biomarcador en la superficie de estas células que nos permita distinguir entre una célula sana y una célula infectada con VIH”, dice la experta, cuya investigación se centra en encontrar una forma de caracterizar a estas células infectadas.

Estos reservorios de VIH se establecen pocos días después de que una persona se ha infectado, y mientras el virus está escondido dentro de las células no puede ser combatido ni por el sistema inmunológico que no lo reconoce, ni por los fármacos que no pueden destruirlo hasta que entre en acción.

Tratamiento de alto riesgo

Cuando una persona infectada deja el tratamiento antirretroviral por la razón que fuere, el virus se reactiva al poco tiempo.

Solo hubo dos casos en los que el virus parece haber quedado eliminado por completo.

El primero se logró con un trasplante de médula en un paciente que tenía leucemia (el paciente de Berlín), de un donante con una mutación específica en su ADN resistente al VIH.

El otro caso fue el de un paciente venezolano establecido en Londres que padecía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer), al que se le suministró quimioterapia y se le implantaron células madre también de un donante con la mutación resistente al VIH.

“Básicamente, tuvieron que deshacerse de sus propios sistemas inmunitarios”, explica Roan.

Pero este tratamiento, que en estos casos fue necesario por las otras enfermedades que sufrían los dos pacientes, “no puede utilizarse ampliamente porque el riesgo es muy elevado”, añade.

Hasta el momento, todas las estrategias que se han investigado —incluyendo una que intenta reactivar los reservorios para que el virus salga de la célula y los anticuerpos del plasma puedan erradicarlo— han conseguido disminuir el reservorio, pero no llevarlo a cero.

“El problema es que con quede un solo clon viable de VIH, solo es cuestión de tiempo para que vuelva a infectar a otra célula y vuelva a recomenzar todo el proceso”, dice Casado.

Vacuna

Desde hace décadas investigadores trabajan para encontrar una vacuna sin éxito.

Pastillas

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Los antirretrovirales atacan distintas fases del ciclo vital del virus.

Además del problema de la latencia del virus, que lo transforma en un objetivo casi imposible de atacar mientras está “invisible” dentro de la célula, una de las principales razones por las que es difícil dar con una vacuna es su alto grado de mutabilidad.

La mayor parte de las vacunas eficaces estimulan la producción de anticuerpos para neutralizar al virus. Pero como el virus comete muchos errores en su proceso de replicación -lo que te explica más arriba cuando hablaba de la transcripción inversa-, los anticuerpos que produce el sistema inmune para neutralizarlos se vuelven inefectivos contra estas nuevas formas del virus.

“Al virus no le importa tener hijos mutantes siempre que consiga sobrevivir”, dice Casado. “Su variabilidad genética es muy alta, y eso hace que sea muy difícil establecer zonas del VIH que sean buenas desde el punto de vista antigénico, es decir, que creen una respuesta inmunológica adecuada”.

Y no olvidemos que el virus ataca precisamente las células encargadas de orquestar el ataque para combatirlo.

En fin, concluye Casado, “tenemos todo para que sea la vacuna más difícil posible: por el tipo de virus, por el tipo de replicación y por dónde lo hace. Lo tiene todo”.


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