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Cuartoscuro Archivo

Corte de agua afectará a la CDMX y Edomex a partir de este viernes

El corte de realiza para hacer la sustitución de tubería en el acueducto de Canal de Chalco. Se espera que para el lunes 6 de enero el servicio se haya restablecido.
Cuartoscuro Archivo
3 de enero, 2020
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Por trabajos de mantenimiento en la infraestructura del suministro de agua potable en el tanque La Caldera, 37 colonias de la alcaldía Iztapalapa iniciará el primer fin de semana de año nuevo con la suspensión del  líquido del 3 al 5 de enero.

Este corte afectará a las alcaldías de Iztapalapa y Tláhuac, en la Ciudad de México; y a los municipios mexiquenses  Nezahualcóyotl, La Paz y Valle de Chalco.

Los trabajos iniciarán el viernes 3 de enero a las 8:00 horas y concluirán el domingo 5 a las 20:00 horas, para que el suministro se restablezca con normalidad el lunes 6 de enero.

Los trabajos de mantenimiento a cargo de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) serán en los pozos Tláhuac, Mixquic y Santa Catarina, a través de los cuales se abastece el tanque La Caldera, ubicado al oriente de la ciudad y que provee el servicio a esta zona.

La Conagua sustituirá 270 metros de tubería de concreto por tubería de polietileno de alta densidad, en el tramo del acueducto ubicado en Canal de Chalco, en la alcaldía de Iztapalapa.

Iztapalapa tendrá pipas

En conferencia de prensa, la alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, acompañada por el coordinador general del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex), Rafael Bernardo Carmona, explicó que el corte del suministro afectará a 37 colonias, lo que representa un total de 411 mil personas en 82 mil 200 viviendas, por lo que pidió a los habitantes prevenir el desabasto.

Brugada Molina destacó que la demarcación rentará 200 pipas, con una inversión de 14 millones 400 mil pesos, aunado al apoyo del Sacmex para abastecer la carestía, para lo cual todas las colonias afectadas tendrán módulos especiales para solicitar el agua que necesiten.

A través de 20 pipas se distribuirán gratuitamente 800 mil litros de agua potable diarios, lo que representa dos millones 400 litros que se entregarán durante los tres días que se suspenderá el servicio, apoyo que se mantendrá hasta que se regularice la distribución.

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Los efectos que tiene en el cerebro consumir pornografía en exceso

Aunque recién se está empezando a investigar, se sabe que la salud mental y la actividad sexual de los consumidores habituales de pornografía sufren efectos negativos, entre los que se pueden identificar la depresión y la disfunción eréctil.
18 de diciembre, 2019
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Hasta donde alcanzan nuestros conocimientos en historia, la pornografía siempre ha existido y se ha transformado con la evolución de los medios de expresión.

En las ruinas de la ciudad romana de Pompeya, sepultada tras la erupción del Vesubio, se encontraron cientos de frescos y esculturas sexualmente explícitas.

Desde la aparición de internet, el consumo pornográfico se ha disparado hasta niveles asombrosos. Pornhub, la web de porno gratuito más grande de la red, recibió más de 33.500 millones de visitas solo en 2018.

Si bien la ciencia está dando aún sus primeros pasos en la investigación de las consecuencias neurológicas del consumo de porno, está claro que la salud mental y la actividad sexual de su amplia audiencia están experimentando efectos sumamente negativos, entre los que se pueden identificar la depresión y la disfunción eréctil.

En mi propio laboratorio nos dedicamos a estudiar las conexiones neuronales que subyacen bajo los procesos memorísticos y de aprendizaje.

Las características de los vídeos pornográficos disparan la plasticidad, que es la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse tras una experiencia determinada.

Esta, combinada con la accesibilidad y el anonimato proporcionado por el consumo de porno online, nos convierte en sujetos extremadamente vulnerables a sus efectos hiperestimulantes.

Secuelas del consumo de porno

A largo plazo, el porno parece provocar disfunciones sexuales, especialmente en forma de incapacidad para conseguir erecciones o para alcanzar el orgasmo al mantener relaciones con otra persona.

Fresco de Pompeya

Getty Images
En las ruinas de la ciudad romana de Pompeya, sepultada tras la erupción del Vesubio, se encontraron cientos de frescos y esculturas sexualmente explícitas.

De la misma manera, el grado de satisfacción con la relación y el compromiso con la pareja también pueden verse afectados.

Con el fin de tratar de dar explicación a estos efectos, algunos científicos han establecido paralelismos entre el consumo de pornografía y el abuso de sustancias.

El diseño evolutivo hace posible que el cerebro responda a la estimulación sexual liberando dopamina, un neurotransmisor asociado principalmente a la anticipación de recompensa que actúa también en la programación de recuerdos e información en el cerebro.

Esto significa que cuando el cuerpo quiere, por ejemplo, comida o sexo, el cerebro recuerda lo que debe hacer para obtener el mismo placer que en ocasiones anteriores.

En lugar de dirigirse a su pareja para lograr una realización o gratificación sexual, los consumidores habituales de porno recurren a su teléfono u ordenador cuando el deseo llama a su puerta.

Además, las explosiones de placer y recompensa, cuando son antinaturales, generan potentes niveles también antinaturales de habituación en el cerebro. El psiquiatra Norman Doidge lo explica así:

Cerebro

Getty Images
El cerebro responda a la estimulación sexual liberando dopamina.

“La pornografía satisface cada uno de los requisitos previos para el cambio neuroplástico. Cuando los pornógrafos se jactan de que están yendo un paso más allá al introducir temáticas nuevas y más fuertes, obvian que deben hacerlo porque sus clientes están desarrollando una tolerancia al contenido habitual”.

Las escenas que se pueden ver en el porno, como ocurre con las sustancias adictivas, son desencadenantes hiperestimulantes que producen una secreción antinatural de altos niveles de dopamina, lo cual puede deteriorar el sistema de recompensa de la dopamina e inutilizarlo de cara a fuentes de placer naturales.

Este es el motivo por el cual los consumidores de pornografía experimentan dificultades para excitarse en compañía de su pareja.

Más allá de disfunciones

La desensibilización de nuestro circuito de recompensa sienta las bases para el desarrollo de disfunciones sexuales, pero las repercusiones van más allá.

Los estudios elaborados demuestran que las alteraciones en la transmisión de dopamina pueden facilitar la depresión y la ansiedad. Los resultados obtenidos indican que los consumidores de pornografía manifiestan más síntomas depresivos, una menor calidad de vida y una salud mental más pobre que aquellos que no ven porno.

Hombre deprimido

Getty Images
Las alteraciones en la transmisión de dopamina pueden facilitar la depresión y la ansiedad, según diversos estudios.

Otro de los hallazgos concluyentes del estudio es la necesidad de un consumo cada vez mayor en los usuarios compulsivos, incluso aunque no disfruten de lo que ven.

Esta desconexión entre lo que desean y lo que les gusta es una de las características distintivas de la desregulación del circuito de recompensa.

Siguiendo una línea de investigación similar, expertos del Instituto Max Planck de Berlín descubrieron que al elevar el consumo de porno en un sujeto la activación cerebral era menos intensa al exponerlo a imágenes pornográficas convencionales, lo cual explica por qué los usuarios tienden a explorar gradualmente tipos de pornografía cada vez más alejados de lo habitual.

Los datos recabados por Pornhub revelan que el sexo convencional cada vez interesa menos a los consumidores, que lo sustituyen por temáticas como el incesto o la violencia.

La perpetuación de la violencia sexual es especialmente preocupante, ya que podría influir directamente en las estadísticas de episodios violentos en la vida real.

Algunos científicos atribuyen esta relación a la actividad de las neuronas espejo, cuyo nombre no podría ser más acertado: se trata de unas células cerebrales que se activan cuando el individuo lleva a cabo una acción, pero también cuando observa esa misma acción elaborada por otra persona.

Las áreas del cerebro que se activan cuando alguien ve porno son las mismas que cuando practica sexo.

Marco Iacoboni, profesor de Psiquiatría en la Universidad de California en Los Ángeles, conjetura con la probabilidad de que estos sistemas posean el potencial de estimular el comportamiento violento: “El mecanismo imitador del cerebro indica que nos vemos influenciados automáticamente por todo aquello que percibimos, por lo que cabe la posibilidad de que exista un mecanismo neurobiológico que contagie la conducta violenta”.

Pareja mirando pornografía

Getty Images
Pornhub, la web de porno gratuito más grande de la red, recibió más de 33.500 millones de visitas solo en 2018.

Aunque no es más que una mera especulación, esta hipotética asociación entre el porno, las neuronas espejo y el aumento de las cifras de violencia sexual puede hacer que se enciendan todas las alarmas.

Aunque el consumo elevado de porno no tiene por qué hacer que los usuarios lleguen a extremos inquietantes, todo apunta a que puede modificar el comportamiento de otras maneras.

Desarrollo moral

Se ha relacionado el consumo pornográfico con el desgaste de la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada de la función ejecutiva, que comprende la moralidad, la fuerza de voluntad y el control de los impulsos.

Para comprender de forma precisa el papel de la función ejecutiva en el comportamiento, es importante saber que se encuentra subdesarrollada durante la infancia, razón por la cual a los niños les cuesta tanto regular sus emociones e impulsos.

El daño de la corteza prefrontal en la edad adulta, que predispone al individuo a exhibir una conducta compulsiva y a tomar malas decisiones, se denomina hipofrontalidad.

No deja de ser paradójico que el entretenimiento para adultos pueda devolver a nuestras conexiones cerebrales a una etapa temprana.

Sin embargo, lo que resulta realmente irónico es que el porno se deshaga en promesas de satisfacción y gratificación sexual pero proporcione todo lo contrario.

*Rachel Anne Barr es estudiante de doctorado del departamento de Neurociencia, Universidad Laval, Canadá.

Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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