Decomisos de drogas a cargo del Ejército caen a su nivel más bajo de los últimos seis años
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Cuartoscuro Archivo

Decomisos de drogas a cargo del Ejército caen a su nivel más bajo de los últimos seis años

Los ilícitos en casi todas las modalidades (producción, trafico, comercio) subieron en 2019. Sin embargo, el aseguramiento de estupefacientes y laboratorios clandestinos disminuyó, con excepción de la cocaína.
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30 de enero, 2020
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En 2019 los decomisos de drogas realizados por el Ejército Mexicano llegaron a sus niveles mas bajos de los últimos seis años. En algunos casos, como el de la mariguana, la amapola y las metanfetaminas, la proporción de lo asegurado fue hasta 10 veces más baja de lo registrado en 2014 y 2015. La única excepción fue la cocaína, donde lo decomisado creció casi 7% el año pasado.

En contraste la incidencia delictiva relacionada con actividades de narcotráfico creció significativamente en 2019. Y es que de acuerdo con la Fiscalía General de la República (FGR), los casos de delincuencia organizada en la modalidad de tráfico de drogas prácticamente se triplicaron, mientras que los delitos contra la salud en general subieron 17%.

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Estos resultados corresponden al primer año del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo gabinete de seguridad anunció un cambio de estrategia en el combate a la delincuencia, en la que se privilegia – según lo dicho – la prevención y los programas sociales en vez del uso de la fuerza y combate directo a organizaciones criminales. “Ya no hay guerra”, ha repetido el presidente.

Datos oficiales actualizados de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) publicados en su portal de transparencia arrojan que del 1 de enero al 31 de diciembre de 2019 se decomisaron 148 mil 607 kilogramos de mariguana. En comparación con el año anterior, es una reducción del 35% en el volumen de lo decomisado.

La referida cantidad anual de mariguana decomisada en 2019 es la menor al menos desde 2014, que es el año mas antiguo reportado en el balance de la Sedena. En 2015, por ejemplo, se aseguraron 1 millón 116 mil 998 toneladas de este estupefaciente, casi 10 veces más que en 2019.

Lo mismo ocurre con los plantíos de mariguana destruidos: 2 mil 632 hectáreas en 2019, menos de la mitad destruidas en 2014 o 2015, por ejemplo.

Este fenómeno se repite con la mayoría de las otras drogas. Por ejemplo, en 2019 se decomisaron 129 kilos de semilla de amapola y se destruyeron 11 mil 588 hectáreas de la misma planta, cifras muy por debajo de los 749 kilos de semilla asegurados y 23 mil 492 hectáreas destruidas de 2018.

Los kilogramos de heroína decomisada pasaron de 440 en 2018 a 120 en 2019, un desplome de más del 70%, y el nivel más bajo en seis años. La goma de opio cayó a 302 kilogramos asegurados este año, cuatro veces menos que en 2015.

Incluso en las metanfetaminas se produjo una reducción importante en 2019 con 7 mil 172 kilogramos, una caída del 63% respecto a 2018. Se trata de la cifra más baja de metanfetaminas decomisadas en un año, muy lejana de – por ejemplo – los más de 35 mil kilogramos asegurados en 2015.

La única excepción en esta tendencia es la cocaína, donde lo decomisado creció de 4 mil 146 kilogramos en 2018 a 4 mil 424 kilogramos en 2019, un avance del 6.7%

También caen pistas y laboratorios descubiertos; suben detenidos

En otros indicadores de las operaciones contra el narcotráfico también se registraron descensos. Por ejemplo, el reporte de la Sedena arroja 33 laboratorios clandestinos descubiertos para fabricar drogas sintéticas en 2019, la menor cantidad de los últimos seis años. En 2015 se llegaron a descubrir hasta 185 laboratorios.

En 2019 las fuerzas armadas localizaron 61 pistas de aterrizaje clandestinas que se utilizan para descargar en aeronaves cargamentos de droga. Es casi 60% por debajo de las pistas descubiertas en 2018, y de nuevo es la menor cifra en seis años.

Por otro lado, también hubo una caída importante en cuanto a los automóviles terrestres asegurados en las acciones contra el narcotráfico con 7 mil 846 en total, una reducción de aproximadamente 35% respecto a 2018, año en el que se aseguraron 12 mil 142 vehículos.

En donde sí se reportó un incremento es en la cifra de personas detenidas durante estas acciones, que pasó de 7 mil 980 en 2018 a 8 mil 912 en 2019. También creció ligeramente la cifra de armas de fuego aseguradas al pasar de 5 mil 267 a 5 mil 502, aunque se redujo de 356 a 340 el total de granadas decomisadas.

Incidencia delictiva, al alza

En el mismo año en que descendieron los decomisos se incrementaron los registros de incidencia delictiva relacionados con tráfico de drogas y delitos contra la salud, en prácticamente todas las modalidades que la ley contempla.

Datos oficiales de la FGR transparentados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que en 2019 se iniciaron 140 carpetas de investigación por posible delincuencia organizada relacionada con narcotráfico, cifra que casi triplica a los 55 casos de 2018.

En tanto en el mismo 2019 la Fiscalía reportó un total de 7 mil 513 carpetas por delitos contra la salud (relacionados con drogas), lo que representa un incremento del 17% respecto a las 6 mil 432 abiertas en 2018.

Lo notorio es que este incremento se registra en prácticamente todas las modalidades de delitos contra la salud. Por ejemplo, la modalidad de producción de drogas avanzó de 847 casos en 2018 a 1 mil 320 casos en 2019; en la modalidad de transporte los casos crecieron de 801 a 991.

Por lo que respecta a delitos contra la salud en la modalidad de tráfico el registro se disparó de 2013 casos en 2018 a 825 en 2019; respecto a comercio se duplicaron de 221 a 438; en suministro ascendieron de 36 a 291; mientras que en la forma de posesión de drogas crecieron de 2 mil 425 a 3 mil 26 carpetas de investigación.

La información de la Fiscalía muestra que, por ejemplo, Chihuahua es la entidad que registró mas delitos contra la salud en la modalidad de posesión en 2019, mientras que Jalisco lidera la incidencia en cuanto a producción, y San Luis Potosí en la modalidad de transporte.

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'Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La COVID casi me quita la vida'

No quería vacunarse por miedo a los efectos secundarios, pero después de experimentar la covid-19 en carne propia y pasar 18 días internada, cambió radicalmente su postura.
13 de enero, 2022
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Indira Jáuregui era antivacunas.

Pero después de pasar 18 días internada junto a su familia por covid-19 en Lima, Perú, cambió radicalmente su forma de pensar.

Conectada al oxígeno en un centro asistencial, esta mujer de 49 años, sintió que su vida estaba llegando a un punto de no retorno.

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice”.

Como los hospitales estaban colapsados, Indira fue internada en un lugar habilitado para atender pacientes en medio de la emergencia. Hasta ahí llegó con su madre de 72 años, una hermana, su cuñado y su sobrino. Todos contagiados con el virus.

Ella nunca creyó en teorías conspirativas como aquellas que señalan que las vacunas son un complot para exterminar a la humanidad, o que son hechas con inhumanos procedimientos en los que se utilizan fetos, o que al vacunarte te implantan un chip en el brazo para espiarte.

Más bien tenía miedo a los potenciales efectos secundarios de la vacunación. Y su profunda convicción en los métodos de sanación natural, la llevaron a creer que no era necesario vacunarse.

Este es su testimonio contado en primera persona.


Soy terapeuta alternativa. Cuando comencé a estudiar aprendí la técnica japonesa del reiki y ahora estoy trabajando con biomagnetismo, que es una terapia con imanes.

En mi círculo nos interesa todo lo que es natural, todo lo que tiene que ver con una visión holística de los seres humanos. Como me gusta aprender, he leído muchos libros sobre las vacunas y los efectos negativos que tienen en la salud.

Pero nunca fui de los que se dedican a satanizarlas, llevando las cosas a un extremo. En las redes sociales como Facebook o los grupos de Whatsapp, he visto muchos mensajes y videos de personas que se van al extremo y que hablan del uso de fetos en las vacunas, de que nos quieren dominar y convertirnos en zombies, o esa teoría de que cuando te vacunan te ponen un chip en el brazo.

Hombre recibiendo vacuna en Lima, Perú.

Getty Images
Jáuregui cuenta que las vacunas le daban miedo por sus potenciales efectos secundarios.

También hay otras personas en las redes que se dan cuenta que la ciencia y lo natural se complementan para que el ser humano tenga una vida saludable y equilibrada.

Yo era antivacunas porque conocía casos de personas que, antes de que llegara la covid, se habían vacunado contra otras enfermedades y habían sufrido efectos secundarios.

No quise vacunarme cuando hace años atrás apareció el virus del H1N1 y aquí en Perú hicieron campañas de vacunación. Pensaba que, como las vacunas tienen metales pesados, podían causar muchos efectos secundarios. Creo que por ahí viene el miedo. Las vacunas me daban miedo.

También pienso que influyeron todas las publicaciones que salían en las redes, cada una más fantástica que la otra, especialmente esa teoría de que la pandemia era un invento.

“Los hospitales estaban colapsados”

Al principio, cuando recién comenzó la covid en China y después en Europa, pensaba que era como algunos virus de transmisión sexual.

Pero cuando llegó aquí, empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando. Yo era muy cuidadosa con la desinfección y todos los cuidados que hay que tener para no contagiarse y no contagiar a otras personas.

Pacientes saliendo de la Villa Panamericana, Lima Perú.

Getty Images
Estas sobrevivientes de covid-19 van de regreso a su casa desde la Villa Panamericana en Lima, donde estuvo internada Indira Jáuregui.

Hice todo lo posible para evitar el contagio, incluso he sido exageraba con el tema del cuidado y de seguir los protocolos, pero al final me contagié en mi casa, con mi familia. Era julio del año pasado.

Cuando dimos positivo, llamamos a la línea 107 que tenemos aquí en Perú para los que tienen covid. Nos internaron a todos en la Villa Panamericana, unos departamentos que construyeron para los deportistas que vinieron a las Olimpíadas (Juegos Panamericanos de 2019).

Con la pandemia esa villa se convirtió como en un hospital para la gente con covid. Es que como los hospitales estaban colapsados, abrieron otros lugares para los enfermos. La Villa Panamericana era un lugar bien equipado y los médicos nos trataban muy bien.

El problema es que cuando me internaron, al tercer día empecé con una fiebre alta y se me elevó la presión. No comía, no podía comer. Un médico me dijo que si quería vivir, tenía que comer.

Como estaba empeorando, al sexto día me tuvieron que bajar a un lugar como un hangar donde tenían a los pacientes conectados al oxígeno. Ahí fue cuando trajeron un balón y me pusieron el oxígeno.

A medida que pasaba el tiempo me iban aumentando el oxígeno porque no mejoraba, hasta que el médico me dijo que tenía que pasar 17 horas boca abajo.

Yo, la verdad, es que soy gordita. Entonces para mi estar boca abajo era un suplicio. Todo se fue complicando en ese momento.

“Fue como enfrentarme a la muerte”

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice.

Toda mi vida pasaba por mi mente, desde la niñez hasta ese momento. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Indira Jáuregui

Indira Jáuregui
Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Mi mamá, en cambio, estaba vacunada con las dos dosis. Mis hermanas la llevaron a vacunarse y yo creo que a mi mamá la salvó la vacuna. Es que si no, mi mamá no hubiese superado la covid y no estaría aquí con nosotros.

Con esa experiencia me di cuenta de lo que estaba pasando y entendí que hay cosas que la ciencia sabe por qué las hace. Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La covid casi me quita la vida, pero nunca fui como esas personas antivacunas extremas. Nunca fui una fanática que cree todo lo que le dicen.

Cuando volví a mi casa estaba convencida de vacunarme. Esperé los tres meses que hay que esperar y lo hice. Y ahora estoy esperando el tiempo para la vacuna de refuerzo. Aquí en Perú ya estamos con la tercera dosis.

Con el tiempo, creo que Dios me ha dado la razón de que fue bueno que cambiara de opinión, porque hace tres meses falleció mi tío Félix por covid y él nunca quiso vacunarse.

Conozco a varias personas que no quieren vacunarse. Cuando conversamos les pregunto, “¿qué es lo peor que te puede pasar?. Lo peor que te puede pasar es tener efectos secundarios, les digo, pero no te vas a morir”.

También les pregunto si quieren a su familia, a sus hijos. Les digo que si no quieren vacunarse por ellos mismos, que lo hagan por sus seres queridos.


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