“Aplicaron descargas eléctricas para atraparlos”, acusa mexicana detenida en estación migratoria de Tabasco
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“Aplicaron descargas eléctricas para atraparlos”, acusa mexicana detenida en estación migratoria de Tabasco

Dulce Susana Jacobo Cruz, estudiante de Morelos de 27 años, acompañó a la caravana hasta ser encerrada en Villahermosa, Tabasco. Denuncia el uso de descargas para atrapar a los migrantes cuando escaparon tras un motín.

“Las personas se sienten engañadas. Ese no era el trato que estaban esperando. Si hubiesen sabido que estas eran las condiciones no hubiesen aceptado”. Dulce Susana Jacobo Cruz, de 27 años, fue integrante de la caravana que partió el 15 enero desde San Pedro Sula, Honduras. A diferencia de sus compañeros, ella no es centroamericana, sino mexicana. Originaria de Temixco, Morelos, actualmente reside en Ciudad de México y estudia Educación Indígena en la Universidad Pedagógica Nacional. Durante más de una semana, Jacobo Cruz fue se hizo pasar por migrante hondureña indocumentada y permaneció encerrada cinco días en la estación migratoria El Anexo, que el Instituto Nacional de Migración (INM) habilitó en la Ciudad Industrial de Villahermosa, Tabasco.

La joven denuncia diversas vulneraciones a los derechos de los migrantes.

Dice que las autoridades mexicanas les engañaron en la frontera de El Ceibo, Tabasco, al ofrecer empleos y albergues y ocultar que serían encerrados en un centro de detención de Villahermosa. 

Agentes de la Guardia Nacional y Policía Federal, añade, utilizaron descargar eléctricas para someter a los migrantes que el lunes, 20 de enero, escaparon de la estación migratoria.

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Dice que cientos de migrantes están incomunicados, sin poder hablar con sus familiares y sin recibir información por parte del INM ni la posibilidad de pedir refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). Que otros muchos fueron deportados tras aceptar la expulsión después de que las autoridades les dijesen que tendrían que pasar al menos seis meses encerrados. 

Jacobo Cruz sabe todo eso porque ella misma fue una migrante hasta el jueves 23 de enero. Ese día los responsables de la estación migratoria se dieron cuenta de que no era una hondureña que escapaba en caravana sino una estudiante mexicana a la que su mamá, Zita Cruz Salgado, puso una alerta por desaparición. 

Foto: Especial

Después de recuperar la libertad, dice la joven que su gran preocupación es el estado de sus compañeros. “Hasta el jueves no se habían iniciado trámites de regularización o de refugio”, explica. 

Animal Político quiso conocer la versión del INM y de la secretaría de Gobernación. Al cierre de esta nota todavía no había recibido respuesta. 

El 15 de enero, cientos de migrantes (al menos 3 mil, según autoridades guatemaltecas), se sumaron a la caravana de 2020 para tratar de alcanzar Estados Unidos. Se trató de la primera gran marcha centroamericana después del acuerdo del 7 de junio, por el que México se comprometió con Washington a frenar el flujo de indocumentados a cambio de que no se le impusieran aranceles en las exportaciones.

La caravana trató de cruzar a territorio mexicano a través de dos fronteras: El Ceibo, en Tabasco, y Ciudad Hidalgo, en Chiapas. En el primer punto, a través del que cruzó Jacobo Cruz y sus compañeros, la mayor parte de participantes de la caravana se entregó al INM con la promesa de ser regularizados. En el segundo se registraron dos intentos para cruzar que fueron abortados por la Guardia Nacional y el INM, que arrestó y encerró a cientos de personas. 

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Al menos un millar de los centroamericanos, según datos del presidente Andrés Manuel López Obrador, ya han sido deportados. 

Una investigación que termina en un centro de detención

“Me enteré de la caravana y decidí acompañar a dos amigos que iban a participar”, explica Dulce Susana Jacobo, en conversación telefónica con Animal Político. Relata que estaba realizando una investigación sobre las redes migrantes en el sureste mexicano cuando tuvo conocimiento de la caravana. Conocía a otros jóvenes hondureños durante una estadía en el comedor Contra Viento y Marea, que funciona en Tijuana, Baja California, y que fue fundado por migrantes que participaron en la caravana de octubre de 2018. 

Los primeros días, dice la joven, fueron de tránsito hasta la frontera de El Ceibo. “Se nos impide el ingreso a México. Así que la gente se empieza a organizar y ver qué iba a suceder”, explica.

El grupo tenía algunos liderazgos, que establecen un diálogo con las autoridades mexicanas. “Les dijeron que les van a dar trabajo, pero que mientras tendrán que dormir en un albergue”, explicó la joven. 

Esa misma semana, López Obrador había anunciado que dispondría de 4 mil empleos para los integrantes de la caravana. 

Así que cuando los miembros del gobierno de Tabasco aseguraron que los centroamericanos podrían trabajar en proyectos como la construcción del Tren Maya, todos les creyeron.

A pesar de que los cantos de sirena que terminan en una estación migratoria y en deportación son un ritual en todas las caravanas, el grupo de más de mil almas que se concentraba en El Ceibo volvió a creer a las autoridades mexicanas. Ocurrió con Enrique Peña Nieto y ocurre ahora con Andrés Manuel López Obrador. La estrategia es seducir a hombres, mujeres y niños agotados, insolados, desesperados y necesitados de una esperanza a la que aferrarse para luego encerrarlos hasta nuevo aviso. 

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Eso ocurrió con el grupo de Jacobo Cruz. 

Primero fueron las mujeres y los niños, trasladadas el domingo en autobuses. Después, sus hermanos, padres, esposos, hijos. Para cuando estos suben a los vehículos gubernamentales saben que son carneros de camino al matadero. Que los engañaron. Relata la estudiante que, cuando les piden que se quiten los aguijones, como ocurre en las cárceles, ya saben que han sido engañados. 

Muchos, Jacobo Cruz no sabe precisar cuántos, fueron trasladados a un centro conocido como El Anexo, en Ciudad Industrial, Villahermosa, Tabasco. Se trata de una bodega de lo que antes fue, seguro, una fábrica. Hombres y mujeres separados por una pared de concreto que ni siquiera llega al techo, que está hecho de lámina. Hay baños y literas para dormir y un patio con jardín al que los migrantes, convertidos en presos, no podían acceder. La seguridad está a cargo de policías privados y agentes del INM. 

¿Era un albergue o un centro de detención?

Es un centro de detención, porque no se puede salir. Se encuentran en calidad de detenidos hasta que regulen su situación migratoria”.

El motín y la fuga del lunes

Todo se complicó el lunes en la mañana. 

Los migrantes venían molestos por haber sido engañados. Y las autoridades fueron a trasladar a dos mujeres. En el sector de los hombres eso se interpretó como un nuevo engaño. Se rebelaron

“Lograron abrir las puertas de donde estábamos durmiendo y sacaron a las mujeres y niños al patio. Nos dimos cuenta de que hay un patio grande. Lograron abrir el portón de la entrada de la calle. Empezamos a correr y fuimos perseguidos”, explica.

Entre 200 y 300 personas, según sus cálculos, logran huir. No saben a dónde dirigirse. Están en una ciudad que no conocen en una zona industrial, perseguidos por la Guardia Nacional, la Policía Federal y el INM.

“Ahí hicieron mal uso de la fuerza. Usaron máquinas que daban descargas eléctricas para atraparlos”, dice la joven. “Una descarga y con eso caes al piso”, explica. Según su relato, se trata de una especie de palo, algo más corto que el de una escoba, con un aparato en el extremo con el que se dan las descargas. Dice la joven que otros también recibieron golpes al ser detenidos, y que algunos mostraban marcas. 

Relata la estudiante que ella y otros dos compañeros lograron esconderse en un puesto de tacos. Que se dirigieron a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos pero que ahí les dijeron que no podían hacer nada. Así que acudieron a las oficinas de la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH). Ahí si interpusieron una queja, que fue firmada por sus compañeros. Mientras, Guardia Nacional, policía e INM desarrollaban operativos en Villahermosa. 

Finalmente, Jacobo Cruz y sus acompañantes decidieron entregarse

Para entonces ya había logrado ponerse en comunicación con su mamá, que interpuso una denuncia por desaparición cuando no logró volver a hablar con su hija. 

Cuando llegan a la estación migratoria, explica, se da cuenta de que muchos han aceptado la deportación. Según relata, los funcionarios del INM les dijeron que sus trámites se alargarían al menos por seis meses y que tendrían que estar encerrados. Hasta ahora, según publicó Animal Político, la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) no ha tenido acceso al centro de detención, así que no ha podido tramitar solicitudes de asilo.

A lo largo de la semana, los detenidos recibieron visitas de los consulados de Honduras y El Salvador, Secretaría de Relaciones Exteriores, gobierno de Tabasco y CNDH. Solo estos últimos hablaron sobre la posibilidad de pedir refugio, pero algunas decenas ya habían sido deportadas. 

El jueves por la noche, funcionarios del INM trasladaron a Jacobo Cruz a otra estación, la de Usumacinta, también en Villahermosa. Ya sabían que era mexicana. En realidad, durante todo este tiempo el INM sabía que había una mexicana encerrada como migrante, ya que tenían sus documentos. Esto ahora no se puede probar ya que el primer registro se perdió durante el motín y Migración dice haber extraviado las identificaciones de la estudiante, a pesar de que esta las vio después de la fuga.

El viernes, Dulce Susana Jacobo Cruz recuperó la libertad. Ahora está preocupada. Denuncia los comentarios racistas de los funcionarios del INM, la falta de información, la incomunicación a la que están sometidos sus compañeros. Dice que hay personas con tarjeta de visitante por motivos humanitarios obtenida durante la caravana pasada y posibles solicitantes de asilo que no han sido atendidos.

“Tengo un poco de angustia”, relata. “No sé nada de ellos, no sé cómo se encuentren. Los familiares están preocupados y no hay ningún trámite por refugio ni por trabajo”, denuncia. 

 

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¿En México hay más terremotos en septiembre? Esto dice la ciencia

Las coincidencias en las fechas de sismos intensos han llevado a muchos en México a afirmar que septiembre es el mes de los terremotos. Pero los científicos y los números muestran que no es así.
17 de septiembre, 2021
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Se trata de un mito que se ha visto reforzado por recientes coincidencias: septiembre es un mes de grandes sismos en México.

El pasado 7 de septiembre, un sismo de magnitud 7.1 sacudió la Ciudad de México y el sur del país, al igual que ocurrió en la misma fecha de 2017, cuando otro terremoto de magnitud 8.2 remeció la región.

Y el 19 de septiembre es otro día grabado en la mente de muchos.

En 1985 ocurrió un terremoto de magnitud 8.1, el más devastador de los últimos tiempos para el país. Y exactamente 32 años después, otro sismo de 7.1 también dejó cientos de muertos y edificios destruidos.

Esto ha llevado a muchos mexicanos a cuestionarse si hay algún fenómeno que haga que septiembre -o “septiemble”, como algunos lo llaman en broma- sea un mes de grandes terremotos.

Para los científicos hay una respuesta clara: son solo coincidencias. ¿Por qué?

¿Es septiembre cuando más ha temblado? No

Desde que hay registros sísmicos en México, a partir del año 1900, ocurrieron 86 sismos considerados “grandes” por ser de magnitud mayor a 7.0, según las estadísticas del Servicio Sismológico Nacional (SSN) mexicano.

El mes que más eventos acumuló en los últimos 121 años es diciembre, con 12 terremotos. Un paso atrás está septiembre, con 11, y le sigue junio con 10.

Eso muestra que en realidad esos tres meses acumulan la mayor actividad sísmica, pero por una diferencia marginal. El resto de los meses tienen registros variados.

Sismos en México desde 1900*. Magnitud mayor a 7,0. *Hasta el 15/09/2021.

¿Por qué la gente “siente” que tiembla más en septiembre?

Los científicos reconocen que la duda de la población es entendible dado que una persona acostumbra a relacionar los eventos que le han tocado vivir.

Cualquier habitante de Ciudad de México que tenga más de 40 años vivió dos temblores, el de 1985 y el de 2017, en la misma fecha: un 19 de septiembre.

“Esto es una percepción. Percepción válida, percepción lógica de la gente, porque estamos acostumbrados a medir los fenómenos naturales a escala de la vida humana, lo cual no siempre es el punto de vista más adecuado”, dijo el sismólogo Luis Quintanar en una rueda de prensa el pasado 13 de septiembre.

“Para medir su frecuencia, su intensidad, debe de ser a escala geológica, no a escala de la vida humana, que son 60, 70 años, sino a escala un poco mayor de los 100, 200 o más años”, añadió.

Un vendedor de periódicos

Getty Images
“De nuevo” titulaba el diario Metro luego del terremoto del 19 de septiembre de 2017, 32 años después del de 1985.

¿Se pueden predecir los sismos?

Los científicos del SSN y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fueron cuestionados sobre la posibilidad de que vuelva a ocurrir otro sismo este 19 de septiembre.

Pero la respuesta es enfática: no es posible saberlo.

“Los sismos no pueden predecirse. Y esto hay que tomarse muy claramente desde ambos puntos de vista: no podemos decir cuándo va a ocurrir un sismo, pero tampoco vamos a poder asegurar que no van a ocurrir sismos”, dijo Jorge Aguirre, del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

“Sabemos que existe una cierta actividad sísmica debido a la dinámica de la Tierra y que eventualmente vamos a seguir teniendo sismos en México, pero no sabemos ni cuándo, ni a qué horas. Y no podemos ni asegurar que no vaya a haber sismos, ni asegurar que vaya a haber sismos en algún lugar o en alguna fecha”, añadió.

Las poblaciones del centro, sur y sureste de México, incluida la capital del país, están expuestas a la sismicidad por las diversas fallas geológicas que hay en sus alrededores, así que es probable que los eventos sísmicos sigan presentándose.

¿La época de lluvias genera sismos?

Al proliferar la creencia de que septiembre es un mes de sismos grandes también se ha difundido entre la gente que esto podría deberse a que es la época de lluvias puede tener algún efecto en el subsuelo.

Pero no es así: “Desde el punto de vista científico (…) ni las lluvias, ni mucho menos otras cosas tiene que ver con que tiemble más en septiembre. No sólo en México, en todo el mundo no hay ninguna evidencia de esto”, dijo Arturo Iglesias, jefe del SSN.

“Quizá la excepción sea la sismicidad que a veces se induce por la recarga de presas. Ahí sí, a veces, cuando una presa se recarga de manera típica, por ejemplo, después de un huracán o algo así, suele ocurrir sismicidad local pequeña que tiene que ver con el propio peso del agua que altera el estado de esfuerzos alrededor de una presa”, explicó.

Edificios destruidos tras el terremoto de 1985 en México

Getty Images
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue el más devastador del último siglo.

¿Y hay una relación de los sismos con el cambio climático?

Relacionado a las lluvias más intensas, huracanes, inundaciones o sequías de los últimos años con el cambio climático, también han surgido dudas de si puede haber una relación con los sismos.

Pero los expertos nuevamente indican que no hay ninguna evidencia de eso.

“No hay una correlación”, explicó Rosa María Ramírez, directora del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

“El cambio climático causa desastres, al igual que los sismos. Pero no hay una correlación”, enfatizó.

Los científicos dicen que la tecnología ha evolucionado en las últimas décadas para mejorar la detección, medición y pronóstico de afectación de un sismo, lo cual permite salvar vidas a través de las alertas tempranas y el mejoramiento de los códigos de construcción.

Pero piden a la población evitar la difusión de rumores como el de que septiembre es un mes de “temblores grandes”.

Madre

Getty Images
Una madre llora en la ceremonia en recuerdo de los niños fallecidos en una escuela en el terremoto de 2017.

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