Empleo seguro y un sueldo mayor, los motivos de cientos de jóvenes para ser guardia nacional
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Concepción Peralta Silverio

Empleo seguro y un sueldo mayor, los motivos de cientos de jóvenes para ser guardia nacional

Jóvenes quieren integrarse a la Guardia porque buscan un sueldo mayor al que tienen en otros empleos. Sólo 1 de cada 10 aspirantes logra ingresar.
Concepción Peralta Silverio
Por Concepción Peralta Silverio
27 de enero, 2020
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Roberto tiene 29 años y un certificado de secundaria en la mochila, es vendedor de una tienda Coppel en Naucalpan, Estado de México, donde si le echa ganas puede sacar hasta 5 mil 300 pesos al mes, con comisiones. Hace fila afuera del Centro de Reclutamiento de la Guardia Nacional en la Ciudad de México para entregar sus papeles e iniciar el proceso de ingreso, en busca de “un mejor patrimonio”.

Alexander viene de Ayotoxco, de la sierra norte de Puebla, sus estudios de bachillerato apenas le alcanzaron para trabajar en un autolavado. A sus 20 años aspira a convertirse en guardia nacional para “tener un empleo estable y ser alguien en la vida”.

Óscar cuenta con 18 años y preparatoria. Para él la Guardia Nacional es una enorme oportunidad para pasar de un sueldo de 7 mil pesos, como ayudante de albañil en Ciudad Azteca, Estado de México, a uno de 19 mil. “Siempre ha sido mi sueño ser parte de un cuerpo policiaco”, dice.

Como ellos, diariamente llegan a este centro de reclutamiento unos 300 jóvenes que intentan aprovechar la oportunidad que les representa la Guardia Nacional para cambiar de empleo y conseguir uno irónicamente “seguro”, que les ofrece 25 beneficios, desde un salario fijo, prestaciones, servicio médico y vivienda, hasta seguro de vida, pagas de defunción y ayuda para sepelio.

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La oferta de un salario de 19 mil pesos mensuales está muy por arriba de sus posibilidades reales en el mercado laboral, es más de lo que le ofrecen a un contador, un ingeniero civil o un médico en el portal del empleo del gobierno federal y en la bolsa de trabajo de OCC. Incluso, sus antecesores en el Ejército —reclutados hasta 2018— tienen un ingreso mensual total de 12 mil pesos.

Sólo la policía de San Pedro Garza García, en Nuevo León, ofrece un sueldo mayor: 20 mil, pero deben tener preparatoria y vivir allá, donde existen rentas mensual de departamentos de 44 metros cuadrados que valen 18 mil 500 pesos.

En diciembre pasado, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSyPC) dio a conocer un análisis comparativo sobre los sueldos de los policías operativos: sólo los elementos de San Luis Potosí están por arriba con un sueldo de 21 mil 90 pesos mensuales y los de Sonora, con 19 mil 687, mientras que la media nacional es de 13 mil 187 pesos.

La oferta para ser Guardia Nacional tiene un precio alto porque refleja el nivel de riesgo que correrán en el campo cuando sean asignados a alguno de los 150 lugares prioritarios, en una época en la que el país registra cifras de violencia históricas: 31 mil 688 asesinatos hasta el mes de noviembre de 2019 y serán ellos los encargados de combatir a los grupos criminales.

Sin embargo, la posibilidad de morir en un ataque no es mayor a su proyecto de vida y su deseo por salir adelante.

La Vocería de la Guardia Nacional informó la tercera semana de noviembre de 2019 que a partir de su conformación (mayo-2019), 14 mil 750 jóvenes habían presentado su solicitud de ingreso: 11 mil 752 hombres y 2 mil 358 mujeres. De estos, el 40% tiene 18 y 19 años, el otro 40% son de 20 a 25 años, y el 20% restante tiene entre 26 y 30 años. En decir, entre más jóvenes más parecen estar dispuestos a llevar a cabo este “sueño”.

Un sueño que no está nada fácil lograr pues de los 14 mil 750 solicitantes, sólo se aceptó al proceso de entrenamiento a mil 514 elementos, de los cuales concluyeron mil 428 el curso de formación inicial. Es decir: 1 de cada 10 aspirantes lograron llegar y concluir la etapa de adiestramiento, donde debieron acreditar 31 materias.

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La cifra de reclutamiento está muy por debajo de la meta del presidente Andrés Manuel López Obrador, que esperaba reclutar a 21 mil nuevos integrantes para 2019.

Quienes se quedaron en el camino es porque no cumplieron con alguno de los 12 requisitos (edad, estudios, estatura, antecedentes no penales, CURP, INE, FIEL, Cartilla, acta de nacimiento, comprobante de domicilio, RFC), no aprobaron alguno los tres exámenes (físico, médico o de personalidad) o bien continúan en proceso de reclutamiento, informó la Guardia Nacional.

—Imagínate, nunca se había dado una oportunidad como ésta— expresa emocionado Sergio, hasta hace un par de meses estudiante de la carrera de Ingeniería Automotriz en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) en la Ciudad de México. A sus 18 años está dispuesto a cambiar sus tenis, jeans de mezclilla rotos y sus audífonos por un uniforme y unas botas militares.

Aunque ganar 19 mil pesos mensuales a su edad parece la lotería, a él lo que realmente le llama la atención es combatir al crimen y servir al país. Hace unos meses aplicó para ingresar al Colegio Militar y no se quedó. Pero aquí ya fue declarado apto y está por ingresar al curso de adiestramiento.

Sus compañeros de fila le piden recomendaciones.

— El secreto en el examen psicológico es que digas porqué tú mereces estar aquí y no al revés —¿Y qué debes decir?, le cuestiona otro con complicidad— Pues lo que tú creas —, responde con obviedad.

En agosto la Guardia reportó que contaba con 56 mil 191 efectivos: 35,232 de Policía Militar, cinco mil 584 de Policía Naval y 15, 375 elementos de Sedena, en apoyo a la GN. A los que se suman 23,452 efectivos de la Policía Federal que ya se han integrado al este nuevo cuerpo policial. En total, la Guardia Nacional es un cuerpo de por lo menos 79, 643 elementos.

“Nadie te da lo que la Guardia”

El centro de reclutamiento está a unos 500 metros del Metro Pantitlán, el camino es un vaivén de jóvenes muy delgados, vestidos con mezclilla, playera y tenis. Su corte de cabello identifica a los que vienen por vez primera de los que han avanzado en su proceso de selección.

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Hacen fila en la calle hasta que se juntan 10 o 15 y les toca ingresar a las instalaciones militares. Adentro les informan que de cumplir con todos los requisitos serán dado de alta como policía militar con una plaza de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), lo cual es una buena noticia porque aunque Andrés Manuel López Obrador se vaya, ellos mantendrán su empleo.

Jóvenes hacen fila para entregar sus papeles como aspirantes a la Guardia Nacional

El miércoles 6 de noviembre fue de gran afluencia. Para la una de la tarde iban 300 aspirantes registrados en la bitácora de ingreso. Y hay días en que llegan a ser 500 o más, comenta un oficial.

La contratación de jóvenes para la Seguridad y el crecimiento exponencial del sector informal —que ocupa al 56% de la llamada Población Económicamente Activa (PEA), según el INEGI—son un reflejo del país y la economía que tenemos, explica el doctor Alfonso Bouzas Ortiz, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

“Somos un país de jóvenes y hay una significativa mano de obra dispuesta a trabajar… desearía que no fuera precisamente en el estado policiaco-militar, pero lamentablemente es uno de los espacios donde más posibilidades tienen los jóvenes porque no necesitan ser demasiado calificados… ni modo, eso es de lo que hay”.

Además, el país los necesita “porque la delincuencia ha crecido exponencialmente y necesariamente tienen que crecer los cuerpos policiacos y las formas de seguridad nacional”.

Luis tiene 22 años y es técnico en suelos y fertilizante. Terminó su preparatoria en el CETIS 02 en Jaltenango, municipio de Ángel Albino Corzo, Chiapas. Se mudó a la Ciudad de México para tener mayores posibilidades de ingresar porque “allá hay mucho aspirante”. En un mes pasó las tres pruebas, mientras “los compañeros de allá llevan tres meses y nada”.

En trámites y pago de renta lleva gastados 10 mil pesos, pero ya va a “huellear” y a firmar su contrato. Ingresará al Curso de Formación Inicial para la Guardia Nacional: un entrenamiento de cinco meses en el que debe aprobar 31 unidades de aprendizaje como ética policial, cultura de la legalidad, primeros auxilios, armamento y prácticas de tiro, conducción de vehículos policiales, perspectiva de género, nociones de derecho penal, control de multitudes, atención a víctimas e inteligencia policial, entre otras materias.

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Proviene de uno de los estados donde más jóvenes han sido aceptados. De los 12 centros que hay en el país, Quintana Roo encabeza la lista con 66.7%, seguido de Coahuila con 56.4%, Chiapas 51.1%, Oaxaca 48 % y Guerrero 47.2%. En la Ciudad de México el promedio de los aceptados es de 38.6%, mientras que las entidades con la cuota más baja son Nuevo León y Baja California con 14.2 y 11.9% respectivamente.

La gran mayoría provienen de los estados del sur del país donde no hay empleo, industria, comercio ni garantías en el campo. “Un chamaco que obtenga una ocupación en eso, o en servicios, la agarra… sí, ahí está el componente de pobreza de por medio”, destaca Bouzas.

“Mejor morir por algo a morir por nada”

Bouzas Ortiz explica que entre los factores para enrolarse en el área policiaco-militar también existe uno que es la vocación. Él mismo tuvo una colaboradora que cambió el mundo académico por el de la policía y le veía muy satisfecha. “No cualquiera puede pasar ciertos requisitos y sobre todo los físicos… no hay muchos profesionales que quieran ir a manejar una pistola, eso reclama un cambio cultural y una disposición personal que no cualquiera”.

Como Félix, de 27 años, quien recuerda orgulloso que “cuando era niño el Ejército iba a mi tierra y yo decía: un día voy a estar así, ayudando”. Es de Iliatenco, de la montaña de Guerrero, y vive en la Ciudad de México desde hace tres años. Para poder cumplir con sus entrevistas de reclutamiento en la Guardia Nacional se cambió de empleo y por eso es mesero de 6 pm a 7 am.

Para él no existen riesgos que lo atemoricen. “No se te viene a la mente que un día vas a morir… Ya he estado alejado de mi familia y mi tierra, y si es posible daremos la vida: Es mejor morir por algo a morir por nada”.

Cuando ocurrieron las tormentas Ingrid y Manuel, en 2014, participó en la brigada de Protección Civil de su municipio ayudando a los damnificados y salvando gente en los deslaves.

Berenice como Félix, descubrió su vocación altruista durante una contingencia, en los sismos de 2017, inscrita en la brigada de su universidad que llevó víveres a las familias necesitadas.

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Le llamó mucho más ayudar a la gente, que seguir estudiando. Abandonó la carrera de Derecho en la universidad privada que le pagaban sus padres en Xalapa, Veracruz, porque no le gustó la idea de tener que defender a un culpable “Porque entonces no estás ayudando”, dice a sus 23 años.

—¿Pero pones en riesgo su vida?, se le preguntó de manera directa.

“Tu vida la entregas al gobierno, se podría decir”.

—¿Viste los operativos en Culiacán? ¿Te da miedo?

“Pues poco, no tanto. Sí he visto las noticias y que hay muertos de la Guardia Nacional, pero no he llegado a ese proceso”.

La Guardia Nacional informó a mediados de noviembre que habían participado en 14 enfrentamientos en los estados de México, Sinaloa, Tamaulipas, San Luis Potosí, Jalisco, Puebla, Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guanajuato. Y tres de sus elementos habían fallecido en actos de servicio, un oficial y dos de tropa.

—¿Qué piensas sobre morir en un ataque? —

“Pues a eso venimos vea y si vamos a morir en un enfrentamiento, vamos a morir peleando y siendo leal, defendiendo a la ciudadanía”, expresa Luis Gerardo con convicción.

—¿Y si eres tú quien llega a matar? —

“Pues todo puede pasar estando en una circunstancia en la que corre riesgo tu vida. Cualquier persona lo haría, no solo un soldado”, responde Leonardo.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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