Estados que no se adhieran al Insabi no recibirán recursos extra, advierte Salud federal
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Estados que no se adhieran al Insabi no recibirán recursos extra, advierte Salud federal

Seis estados se han pronunciado hasta ahora por la negativa, de los otros 13, la mayoría ha dicho que se integrará pero aún no han firmado los acuerdo de coordinación.
Cuartoscuro
17 de enero, 2020
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Los 19 estados que están pendientes de firmar los convenios para adherirse al nuevo modelo de salud al que pertenece el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) y que tienen hasta el 31 de enero para decidir si lo hacen o no, serán responsables de garantizar sin presupuesto extra la gratuidad de los servicios a su población, precisó Hugo López Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. 

En reunión con medios de comunicación explicó que esto no es una medida de presión, pero que los 40 mil millones de pesos adicionales que se tienen para empezar a garantizar la gratuidad serán distribuidos entre los estados que firmen los convenios y “eso es por mera lógica administrativa elemental para poder planear y dar cuentas claras”, afirmó. 

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El funcionario precisó que los estados que no se adhieran al nuevo modelo  –que garantizará servicios gratuitos a la población no asegurada en los tres niveles de atención a partir del primero de diciembre de 2020– recibirán solo el presupuesto que les toca por ley y que viene de tres vías. 

Una parte es del Fondo de Aportaciones a los Servicios de Salud (FASA), que está en el Ramo 33, este tiene 110 mil millones de pesos, el Congreso de la Unión establece cuánto le toca a cada estado y les llega directo vía la Secretaría de Hacienda. 

Las entidades disponen además del dinero generado por impuestos estatales, “aunque a veces se hacen de la vista gorda y no los usan para salud, pero sí los pueden utilizar en eso”, señaló el funcionario.

Además, disponen de dinero federal vía la propia Secretaría de Salud, del Ramo 12, por ejemplo, para aportaciones de salud pública que representa 20% del costo de los programas. Y el otro volumen de recursos viene del programa U05 que es el del antiguo seguro popular. 

Esa base financiera la seguirán recibiendo, pero los extras, específicamente los 40 mil millones de pesos que se tomaron del Fondo de Gastos Catastróficos del extinto Seguro Popular para iniciar la operación del nuevo modelo de salud, “no se les pueden transferir si no se adhieren porque no están estableciendo el compromiso de gratuidad y no se están adhiriendo al plan de coordinación en compras consolidadas, en remodelación de la infraestructura física, en regularización de nóminas”, precisó López-Gatell. 

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Hasta ahora, solo 13 estados han firmado la adhesión al nuevo modelo de salud, sin embargo el subsecretario aseguró que confían en que la mayoría se sumarán y para eso han establecido un diálogo con todas las entidades. 

“Entendemos que hay estados que no quieran adherirse, como Guanajuato que tiene un buen sistema estatal de salud, porque piensan van a venir y me van a gobernar mis unidades, pero esto se puede conversar para ver modalidades, por eso la ley establece la coordinación en los trabajos entre entidades y federación. Ya no le apostamos a un sistema único de salud, como lo planteamos al principio, porque la ruta crítica en lo jurídico iba a ser más larga y hay mucha resistencia política”. 

De los 19 estados que no han firmado la adhesión al nuevo modelo de salud, 13 lo están evaluando, entre ellos Morelos, gobernado por Morena, y otros seis se han pronunciado hasta ahora por la negativa, cinco del PAN y uno de Movimiento Ciudadano

Desde el miércoles pasado, los secretarios de salud de los estados gobernados por el PAN se han reunido para elaborar una contrapropuesta a la adhesión al modelo de Salud para el Bienestar, que se podría dar a conocer entre el sábado y el lunes.

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El orígen de los lentes y por qué 2 mil 500 millones de personas no los usan a pesar de necesitarlos

Se estima que 2.500 millones de personas en el mundo se podrían beneficiar de una tecnología que fue desarrollada hace ocho siglos atrás, pero que aún no está al alcance de todos.
Getty Images
24 de noviembre, 2019
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Hacer naves espaciales no es un trabajo en el que puedas permitirte ser inexacto.

En Lockheed Martin, por ejemplo, a un técnico le tomaba dos días hacer minuciosas mediciones de 309 ubicaciones para ciertos sujetadores en un panel curvo en particular.

Pero según Shelley Peterson, directora de tecnologías emergentes de esa compañía aeroespacial, el mismo trabajo ahora lleva poco más de dos horas.

¿Qué cambió?

El técnico comenzó a usar anteojos. Pero no cualquier par de gafas viejas: específicamente, las Microsoft Hololens.

Tienen la apariencia de unas voluminosas gafas de seguridad. Pero lo que hacen es superponer información digital sobre el mundo real.

En este caso, escanean el panel curvo, realizan los cálculos y le muestran al técnico exactamente dónde debe ir cada sujetador.

Microsoft Hololens glasses
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Microsoft lanzó sus auriculares de realidad aumentada Hololens en 2016.

A los expertos en productividad les entusiasman e sobremanera los beneficios potenciales de los dispositivos de realidad aumentada como Hololens y Google Glass.

Muchos trabajos, después de todo, implican pausas frecuentes para consultar una pantalla que nos dice qué hacer a continuación.

Con anteojos inteligentes, podemos ver esas instrucciones mientras seguimos trabajando. Ahorra unos pocos segundos vitales al llevar la información de internet más rápidamente al cerebro.

Pero hace mil años, la información viajaba mucho más lentamente.

El (desconocido) origen

En El Cairo, en la década de 1010, el polímata nacido en Basora Hasan Ibn al-Haytham, conocido como Alhazen, escribió su obra maestra, “El libro de óptica”, pero pasaron dos siglos antes de que sus ideas se tradujeran del árabe.

Alhazen entendió la visión mejor que nadie.

La difusión gradual de sus conocimientos inspiró nuevas ideas.

En algún momento a finales del 1200 apareció el primer par de anteojos para leer del mundo.

El nombre de quien los hizo se perdió de las páginas de la historia, pero probablemente vivía en el norte de Italia.

Venecia, en particular, era un centro de fabricación de vidrio en ese momento, lo que era problemático, ya que los edificios estaban hechos de madera y los hornos de los fabricantes de vidrio a menudo causaban incendios.

En 1291 las autoridades de la ciudad desterraron todo el comercio a la vecina isla de Murano.

Para 1301 los “anteojos para leer” eran lo suficientemente populares como para aparecer en el libro de reglas del Gremio de Trabajadores de Cristal de Venecia.

Pero la mayor pista de los historiadores sobre el origen de los anteojos proviene de un sermón en 1306 de un fraile Giordano da Pisa.

El invento tenía ya 20 años, le dijo a su congregación en Florencia. Como señala Alberto Manguel en “Una historia de la lectura”, el fraile declaró que las gafas eran “uno de los dispositivos más útiles del mundo”.

Tenía razón.

San Agustín es retratado con gafas en esta pintura de 1498 del pintor austríaco conocido como el Maestro de Grossgmain

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San Agustín es retratado con gafas en esta pintura de 1498 del pintor austríaco conocido como el Maestro de Grossgmain.

Ver lo pequeño y lo grande

La lectura, en el mejor de los casos, cansaba la vista. Los edificios medievales no tenían grandes ventanales y la luz artificial era tenue y cara.

Además, al envejecer, se hace más difícil enfocar objetos de primer plano. Los monjes, eruditos, notarios y comerciantes de mediana edad simplemente tenían que resignarse a esa realidad.

Pero durante mucho tiempo las gafas fueron útiles solo para la pequeña minoría que podía leer.

Cuando apareció la imprenta, los anteojos llegaron a un mercado más grande. La primera tienda especializada abrió en Estrasburgo en 1466.

Los fabricantes pulían lentes que le ayudaban a la gente a ver de cerca y también los que permitían enfocarse en cosas lejanas.

Y cuando se juntaron las lentes cóncavas y convexas, se tuvieron los ingredientes básicos para un microscopio o un telescopio.

Ambos inventos surgieron de las tiendas de gafas de los Países Bajos alrededor del año 1600, abriendo mundos completamente nuevos al estudio científico.

Ilustración mostrando varias personas vendiendo y usando gafas de circa 1600, hecha por Jan van der Straet.

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Ilustración mostrando varias personas vendiendo y usando gafas cerca del 1600, hecha por Jan van der Straet.

Expansión ¿mundial?

Hoy en día damos por sentado que si no vemos bien, podemos usar anteojos... al menos en el mundo desarrollado.

Una encuesta realizada por el Colegio de Optometristas de Reino Unido indica que aproximadamente el 75% de la población británica usa anteojos o lentes de contacto o ha tenido una cirugía para corregir su visión. Algo similar ocurre en Estados Unidos y Japón.

Sin embargo, en los países menos desarrollados, la situación es muy diferente y solo recientemente obtuvimos una visión más clara de ella.

Históricamente, la Organización Mundial de la Salud ha recopilado datos sobre personas que tienen problemas de visión serios.

Muchos más pueden ver lo suficientemente bien como para apañárselas en la vida cotidiana, pero tener acceso a un par de anteojos mejoraría mucho su calidad de vida.

¿Pero cuántos son esos “muchos”?

El fabricante líder de lentes del mundo, Essilor, decidió averiguarlo, quizás no por razones totalmente desinteresadas.

En 2012 llegó la respuesta: en todo el mundo, alrededor de 2.500 millones de personas necesitan anteojos y no los tienen. Esa es una cifra sorprendente, pero los expertos consideran que es creíble.

Y es probable que muchas de esas personas que necesitan lentes ni siquiera sepan que los anteojos podrían ayudarlos.

El caso del té

En 2017 un equipo de investigadores examinó la visión de cientos de recolectores de té de 40 años o más en una plantación en Assam, India.

Una recolectora de té en una plantación en Assam.

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Un equipo de investigadores examinó la visión de recolectores de té en Assam e hizo un experimento.

Luego, les dieron un simple par de lentes de lectura de US$10 a la mitad de los que los necesitaban.

Finalmente, compararon la cantidad de té que recogieron los que usaron gafas y los que no.

Aquellos con las gafas recolectaron aproximadamente un 20% más de té. Cuanto mayores eran, más mejoraba su trabajo.

Los recolectores de té son pagados por la cantidad de té que recogen. Antes del estudio, ninguno tenía gafas. Al final, casi ninguno quería devolverlos.

Es difícil decir cuánto podemos extrapolar de este estudio: recolectar hojas de té es un trabajo que se beneficia más de la agudeza visual que otros empleos.

Aún así, hasta las estimaciones conservadoras calculan que las pérdidas económicas debidas a la mala vista es del orden de cientos de miles de millones de dólares y eso es antes de pensar en la calidad de vida de las personas o los niños de edad escolar.

Un niño con su primer par de gafas en Togo

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¿Cuánto afecta a la educación infantil la mala visión?

Un experimento aleatorio concluyó que entregarles gafas a los niños podría ser equivalente a darles medio año extra de escolarización.

Y la necesidad está aumentando.

La presbicia o hipermetropía llega con la edad. Pero entre los niños ahora hay una epidemia mundial de miopía.

Los investigadores no están seguros de por qué, aunque puede tener que ver con que los niños pasan menos tiempo al aire libre.

A futuro

Entonces ¿qué se necesitaría paracorregir la visión del mundo?

Claramente, más médicos oftalmológicos ayudarían, cuyo número varía ampliamente de un país a otro.

Grecia, por ejemplo, tiene aproximadamente un oftalmólogo por cada 5.000 personas. En India, es uno por cada 70.000 y en algunos países africanos, uno por millón.

Pero si bien los problemas oculares graves exigen profesionales calificados, otros trabajadores podrían llegar a las personas cuyas necesidades son más fáciles de solucionar.

En Ruanda una organización benéfica capacitó a enfermeras para realizar controles de la vista y, luego, expertos confirmaron que los hicieron bien más del 90% de las veces.

"Vision for a Nation" entrenó a 2.700 enfermeras en Ruanda para que hicieran casi un millón de exámenes de los ojos al año.

Vision for a nation
“Vision for a Nation” entrenó a 2.700 enfermeras en Ruanda para que hicieran casi un millón de exámenes de ojos al año.

¿Podrían, quizás, los maestros ayudar a identificar a los estudiantes que no ven bien?

Un estudio mostró que sí. Tras apenas un par de horas de capacitación, los maestros de las escuelas en las zonas rurales de China podían detectar a la mayoría de los niños que se beneficiarían con el uso de anteojos.

No debería ser complicado aprovechar la tecnología del siglo XIII.

Uno se pregunta qué pensaría el fraile Giordano de un mundo en el que construimos naves espaciales en realidad aumentada, pero aún no hemos ayudado a un par de miles de millones de personas a corregir sus visiones borrosas de la realidad cotidiana.

Probablemente nos diría en qué deberíamos enfocarnos.


Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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