Función Pública también investiga denuncias por acoso en la SRE y un caso llegó a Conciliación y Arbitraje
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Función Pública también investiga denuncias por acoso en la SRE y un caso llegó a Conciliación y Arbitraje

En los últimos meses se han presentado al menos cinco quejas por hostigamiento laboral contra el director del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, Roberto Valdovinos; él reconoce haber tenido un altercado con una subalterna que a la que descubrió sacando documentos de su oficina sin autorización.
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20 de enero, 2020
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Después de cinco quejas por hostigamiento laboral en contra del director del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), Roberto Valdovinos, el Comité de Ética y el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y la Secretaría de la Función Pública comenzaron una investigación en abril de 2019, sin que hasta el momento hayan logrado una resolución. 

A ello se suma una queja en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y una demanda laboral ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje en noviembre pasado por parte de una funcionaria que presentó su separación del cargo debido a que la situación de hostigamiento “hacía imposible la prestación de trabajo”. 

La semana pasada, los periódicos Reforma y La Jornada dieron a conocer que existían  cinco quejas por hostigamiento laboral y sexual en contra de Valdovinos. En respuesta, la Cancillería informó que las quejas por hostigamiento laboral eran investigadas por las autoridades correspondientes. 

Por tres de ellas, el comité de ética de la Secretaría de Relaciones Exteriores le instruyó al funcionario como medida de protección, con fundamento en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, “evitar contacto” con las funcionarias y cualquier instrucción debía darse respetando la estructura jerárquica, indica el oficio enviado al acusado el 13 de junio pasado al que tuvo acceso este medio. 

Lee más: Ebrard suspende a cónsul en Las Vegas, pide a SRE investigar presuntos antecedentes por abuso sexual

Sin embargo, el Comité de Ética también emitió otro oficio en el que informa que hasta el 17 de enero pasado, no existía ninguna denuncia por acoso sexual en contra de Roberto Valdovinos, según firma Rodrigo Cortés, director general adjunto de Recursos Humanos y secretario ejecutivo del Comité.

Animal Político entrevistó a una de las denunciantes que pidió anonimato, a Roberto Valdovinos y a dos empleadas del IME ajenas a las quejas para abundar en el primer caso de hostigamiento denunciado en una instancia de la nueva administración Federal. Estos son sus testimonios. 

Las denuncias y la defensa 

La funcionaria a la que cambiamos el nombre a Ana para respetar el anonimato que solicitó, entró a trabajar a la Secretaría de Relaciones Exteriores en 2003, y en su paso por las administraciones de los presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto ascendió hasta una subdirección, un puesto de confianza. 

Estos puestos, contrario a los de base, suelen tener rotaciones en cada sexenio a la llegada de un nuevo equipo. Ana, afirma que desde un principio notó hostilidad por parte del nuevo titular porque quería despedirla para colocar en su lugar a algún cercano.  

También percibió un cambio en la forma de trabajo y de trato. “Valdovinos no respetó nunca las jerarquías, empezó a trabajar con todo el personal y eso comenzó a tener graves consecuencias provocando fricciones, porque le exigía  a los operativos como si ellos pudieran tomar decisiones”. 

“Entraba a las oficinas con la intención de saber qué estabas haciendo, quería ver tu computadora, saber por qué tenías ciertos documentos en tu escritorio, siempre con la intención de indagar más”, relata Ana. 

Lee: Órgano Interno de Cancillería investiga caso de funcionario señalado por acoso laboral

Al comenzar la gestión, Valdovinos decidió hacer reuniones a las 8 de la mañana con todo el personal de IME de todos los niveles, aproximadamente unas 40 personas en las que trataban las bitácoras de actividades y proyectos. 

Sin embargo, de acuerdo con el testimonio de Ana, él “perdía los estribos muy rápido” y las reuniones se convertían en una suerte de exhibición para los funcionarios. Si algo no le parecía decía “eso no es funcional, eso no sirve, a la chingada, hay que darle nuevo sentido, todo lo que se ha hecho en sexenios pasados es un asco, estamos aquí para cambiar la historia del país, no permitamos hacer los mismo errores. Cuando empezaba a hablar con palabras altisonantes, salía otra funcionaria para calmarlo”. 

Un caso extremo, dice, ocurrió minutos antes de una reunión con autoridades de educación en la que él explotó porque consideró que su trabajo para la exposición no era bueno y rompió las hojas y golpeó la mesa mientras decía que el trabajo era “una basura, eres una pendeja”. 

En marzo, ella había decidido renunciar, para ello tomaría dos semanas de vacaciones, pero el titular, dice, le pidió que antes de irse dejara firmada la renuncia porque ya tenía a alguien para sustituirla. Ella no lo hizo y al regresar “me sentía como la apestada” porque nadie le hablaba y fue relegada de todas las decisiones en el área que encabezaba. 

Por eso es que decidió interponer una queja ante el Comité de Ética y el Órgano Interno de Control de la Cancillería el 26 de abril de 2019 en la que expuso que vivía una situación “injusta, hostigamiento y malos tratos que incitan a actos de discriminación entre los mismos empleados”. 

La Secretaría de la Función Pública informó a Ana el 11 de abril que su denuncia también había sido registrada en el Sistema Integral de Atención a Denuncias Ciudadanas, por lo que la dependencia también haría la investigación. 

Al no encontrar respuesta, Ana también interpuso una queja ante la CNDH y en junio firmó una separación del cargo de común acuerdo por así convenir a sus intereses bajo el argumento de que esa situación hacía imposible la prestación del trabajo, por lo que interpuso un juicio ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje para buscar su indemnización, porque no se trata de una renuncia. 

Entérate: El acoso laboral es un infierno que padecen las mujeres, y que no denuncian por miedo

Animal Político buscó a Roberto Valdovinos y accedió a otorgar una entrevista en la que reconoció un altercado con una subalterna que en una ocasión la descubrió sacando documentos de su oficina sin su autorización y en por lo cual le gritó “lárgate”.  

También reconoce que es un jefe exigente que ha intentado acelerar el ritmo de trabajo a la que la mayoría estaba acostumbrado y que, efectivamente, el no cumplía con la jerarquía porque ha querido tomar en cuenta y trabajar con todos para formar un equipo horizontal, contrario a la burocracia habitual. “Mis fallas han sido por falta de oficio (en la administración pública) pero jamás por mala intención, sin dolo y siempre con apego a la verdad”, asegura.  

“La acusación grave de acoso sexual no tiene ningún fundamento, estamos hablando de un ataque político”, asegura. Mientras que a raíz de las quejas de hostigamiento laboral, “lo que se planteó es que no hubiera contacto con esas personas y se ha respetado a cabalidad, no ha habido ninguna cuestión que permita suponer que esa situación se agravó. Que salga a la luz pública con una falsa acusación (el acoso sexual) no significa que sea más grave que hace seis meses”. 

Valdovinos pide esperar a la resolución de las investigaciones porque “cualquier persona puede interponer una queja, pero no significa que esa sea la verdad. Mantengamos los procesos legales que da estabilidad a un sistema, sino nos convertimos en la Edad Media donde se puede quemar a quien sea y eso no puede pasar, menos si está de por medio el honor y el trabajo de una persona y un equipo”. 

Por eso, dice, hasta el momento ni la Subsecretaría para América del Norte ni el canciller Marcelo Ebrard han solicitado su remoción de manera temporal o permanente pues “el nivel de gravedad no hay nada que amerite ser removido”. 

“Cuando el presidente diga que hay otra persona que lo pueda hacer mejor o bien ese tipo de casos que se llegara a acreditar que hubo violaciones a la ley de tal gravedad que no debo estar en el cargo, entonces me retiraré, pero no es el caso porque siempre he actuado de forma honorable, conforme a derecho”, sostiene. 

En entrevista con otra funcionaria del IME que también pidió anonimato coincide en que el nuevo titular “quiso romper la estructura jerárquica y asignaba proyectos que quería supervisarlos directamente y eso no se podía. Siempre fue difícil trabajar porque era muy duro porque decía que nadie sabía nada y los proyectos no funcionaban por querer imponer sus propuestas”. 

Saraí Espino, quien ha trabajado en la Cancillería de 2011 en una plaza sindicalizada, relata que efectivamente la exigencia de Valdovinos era mayor que en otras administraciones y que en las juntas preguntaba los avances de los funcionarios, pero rechaza que el trato fuera humillante. 

A diferencia de otros titulares para los que los operativos “éramos sombras porque ni nos miraban, Valdovinos sí se acerca a tu computadora, te pregunta cómo vas, si acabas o necesitas ayuda y yo no lo tomo a mal, tal vez depende de la personalidad de cada quién, afirma Saraí.

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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