Gobierno permitirá importación de medicamentos aunque no tengan registro sanitario en México
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Gobierno permitirá importación de medicamentos aunque no tengan registro sanitario en México

Los países podrán importar el medicamento aun cuando no hubieran realizado previamente el trámite para obtener el registro sanitario en México, aunque sí deberá estar aprobado por autoridades regulatorias internacionales.
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29 de enero, 2020
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El Gobierno federal permitirá a partir de este martes la importación de medicamentos cuenten o no con registro sanitario en México para evitar el desabasto en el sistema de salud.

La Secretaría de Salud hizo modificaciones a la ley para comprar medicamentos, y aunque no será obligatorio que cuenten con el registro sanitario mexicano avalado por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), sí deberá ser medicamento autorizado por autoridades regulatorias internacionales.

En el Diario Oficial de la Federación especifica que deberá ser medicamento regulado por la Agencia Suiza para Productos Terapéuticos-Swissmed, la Comisión Europea, Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos de América, Ministerio de Salud de Canadá, Administración de Productos Terapéuticos de Australia, Agencias Reguladoras de Referencia OPS/OMS; precalificados por el Programa de Precalificación para Medicamentos y Vacunas de la Organización Mundial de la Salud o Agencias Reguladoras miembros del Esquema de Cooperación de Inspección Farmacéutica.

Lee: Con protestas del aeropuerto a Gobernación, padres de niños con cáncer logran promesa de abasto total

“En caso que la Secretaría, a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, determinara que los medicamentos con registro en México no cumplan con la calidad, seguridad, eficacia y buenas prácticas de fabricación, la Secretaría y Dependencias relacionadas con el Abasto Nacional e Internación a territorio nacional de insumos para la salud, determinarán iniciar el proceso de importación de materias primas o productos terminados que cuenten o no con registro sanitario en México, de acuerdo con el artículo 132 del Reglamento de Insumos para la Salud”, se detalla.

Este decreto “permite comprar medicamentos en cualquier lugar del mundo, con el objetivo fundamental de evitar desabasto como está sucediendo en el caso de medicamentos oncológicos en otros países, incluyendo Estados Unidos”. 

La Cofepris señaló que la calidad de los medicamentos que serán importados está garantizada pues todos los lotes pasarán por controles de la Comisión de Control Analítico y Ampliación de Cobertura. 

Los medicamentos “deberán provenir de países de nivel regulatorio igual al nuestro con registros sanitarios del país de origen y ya utilizados en su población. Estos medicamentos deberán tener registro sanitario de su país de origen”, aclaró la Cofepris.

En el caso de los medicamentos sin registro sanitario en México, explica Cofepris, se establece un período de cinco días hábiles después de la importación para iniciar el proceso de registro en México bajo estándares de calidad, seguridad y eficacia, y solo así aplicarse en pacientes dentro de la República Mexicana. 

“Esta acción incrementará la proveeduría para el sector salud, con medicamentos autorizados en nuestro territorio nacional y con esto fomentar la reducción de monopolios”.

La Secretaría de Salud solo reconocía como equivalentes a los de México los procedimientos técnicos de Estados Unidos, Australia, Suiza, Canadá y la Unión Europea.

Ahora, con el acuerdo, expande este reconocimiento al Programa de Preclasificación para Medicamentos y Vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por lo que México podría recibir medicamentos que se fabrican en India y algunos en China

También de Turquía, Sudáfrica, Argentina, Ucrania, Malasia, Indonesia, Tailandia y Corea del Sur, cuyos medicamentos son regulados por las agencias de los países miembros del Esquema de Cooperación de Inspección Farmacéutica, conocido como PIC/S.

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Con el objetivo de evitar desabasto de medicamentos, en el decreto se indica que “la Secretaría, a través de los instrumentos jurídicos correspondientes, se coordinará con el IMSS, ISSSTE, Pemex, Insabi, Sedena, Senar o CCINSHAE, con la finalidad de determinar la importación de aquellos medicamentos e insumos necesarios para la correcta y oportuna prestación de servicios salud”.

Los medicamentos importados que no cuenten con registro sanitario en México, tendrán cinco días hábiles a partir de dicha importación para iniciar el trámite de registro ante Cofepris, que a su vez tendrá 60 días hábiles para resolver.

En caso de aquellos medicamentos que hayan sido importados sin registro en México y no hayan iniciado el proceso de registro ante Cofepris, no podrán ser considerados en subsecuentes importaciones bajo este esquema.

Se indica además que de conformidad con el artículo 84 de la Ley General de Mejora Regulatoria, “los titulares de las dependencias de la Administración Pública Federal están facultados para simplificar los trámites y servicios previstos en leyes, reglamentos o cualquier otra disposición que haya sido emitida por el Titular del Ejecutivo Federal, mediante acuerdos generales que se publiquen en el Diario Oficial de la Federación, en los que se prevean, entre otras medidas, plazos de respuesta menores a los máximos previstos, así como no exigir la presentación de datos y documentos”.

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La historia del fascinante descubrimiento del “Tutankamón británico”

El hallazgo de un barco enterrado hace 1.300 años escondía uno de los mayores tesoros de la arqueología británica.
30 de enero, 2021
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Comenzaron con las primeras luces del día. Los más fuertes de la guardia del rey, con los músculos tensos y las ásperas cuerdas rozándoles, arrastraron el pesado barco de roble desde el río hasta la orilla.

Y luego, con el sol naciente quemando lentamente la fría niebla de la mañana, levantaron la embarcación sobre la llanura, hasta el pie de la colina.

La multitud que se encontraba en la ladera observó en silencio cómo se acercaban a la cima y de ahí al cementerio reservado a los descendientes reales del dios tuerto.

Cuando se introdujo el navío en la zanja preparada para tal fin, depositaron el ajuar funerario en la cámara sepulcral.

Luego se alzó un montículo sobre él. Y allí quedó el barco, anclado en la tierra de la Anglia Oriental, pero viajando a través del tiempo hasta que, trece siglos después, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un hombre llamado Basil Brown lo descubrió.

El increíble hallazgo del apodado “el Tutankamón británico”, es el tema de La excavación, la nueva película de Netflix que adapta la novela homónima de John Preston.

Sus estrellas, Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos en su finca de Sutton Hoo, con vistas al río Deben, en Suffolk.

Pretty, una viuda interesada en el espiritismo, tenía un presentimiento sobre esos montículos. Se creía que eran de origen vikingo.

Un huésped había visto una vez una figura fantasmal entre ellos, y existían viejas leyendas locales sobre tesoros enterrados.

Sutton Hoo as it is represented in The Dig

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Las excavaciones de Sutton Hoo fueron recreadas en Godalming, en Surrey.

Un inconformista de la arqueología

Brown era un hombre de Suffolk que había dejado la escuela a los 12 años. Había sido trabajador agrícola y agente de seguros, pero también había aprendido por su cuenta varios idiomas, astronomía y arqueología.

Ello lo llevó a ser contratado como arqueólogo por el Museo de Ipswich, que a su vez recomendó a Pretty para que lo contratara.

Él comenzó en junio de 1938 a trabajar en algunos de los montículos más pequeños, y encontró pruebas de que habían sido asaltados por ladrones de tumbas, pero también halló un disco de bronce que sugería que podían ser anteriores a la época vikinga.

Cuando empezó a trabajar en el más grande, en el verano de 1939, mientras se acercaban los nubarrones de la guerra, enseguida encontró fragmentos de hierro que identificó como remaches de barco.

Y entonces lo encontró: un asombroso barco de 90 pies (27,4 metros), lo suficientemente grande como para acomodar hasta 20 remeros a cada lado.

La propia madera se había disuelto en el suelo junto con los restos humanos que había, pero quedaba una huella clara: un barco fantasma de más de un milenio de antigüedad.

Se habían hallado otros enterramientos de barcos, pero ninguno de este tamaño.

Antes de este, el barco más grande descubierto era una embarcación vikinga de 78 pies (23,8 m), hallada en Noruega en 1880.

Debido a hallazgos anteriores en otros lugares, Brown sabía que podía haber un cargamento de objetos en honor a los muertos, y el 14 de junio encontró lo que creía que podía ser la cámara funeraria: una estructura de madera parecida a una cabaña, ahora desintegrada, que se había construido en el centro del barco.

Pero los responsables del Museo Británico y de la Universidad de Cambridge ya se habían enterado de su gran hallazgo y, apenas unos días después, se entrometieron.

Antes de que pudiera seguir explorando, fue marginado y relegado a labores básicas.

Los profesionales no podían permitir que un hombre local, un simple aficionado, se dedicara a esa tarea.

¿Por qué habrían de dejarle? ¡El tipo ni siquiera tenía un título!

Trajeron entonces un equipo de arqueólogos y fue uno de ellos, Peggy Piggott, quien, el 21 de julio, apenas dos días después de su llegada, encontró la primera pieza de oro.

Luego encontró otra. Y en poco tiempo habían descubierto un brillante botín de más de 250 objetos para los que la expresión “tesoro escondido” se quedaba corta.

Había vasijas para banquetes y cuernos para beber. Elaboradas joyas. Una lira y un cetro, una espada, piedras originarias de Asia, platería de Bizancio y monedas de Francia (que ayudaron a datar el tesoro).

Había una hebilla de oro grabada con serpientes y bestias entrelazadas, una pieza tan extraordinaria que el conservador de las antigüedades medievales del Museo Británico casi se desmayó al verla.

Había broches y cinturones de joyas, un maravilloso casco ornamentado y con una máscara completa: el inquietante rostro de algún antiguo héroe que parece observar a través de los siglos.

Barco

Getty Images
Una representación de cómo pudo de ser el funeral del rey anglo sajón en el barco que después se enterró.

Lo que significó el descubrimiento

El hallazgo de Brown hizo que se reescribieran, literalmente, los libros de historia.

El barco y su contenido pertenecían a la Edad Media, y el descubrimiento iluminó esos cuatro siglos entre la partida de los romanos y la llegada de los vikingos, un periodo del que se sabía muy poco.

Los anglosajones que gobernaban los distintos reinos de Inglaterra durante esta época habían sido considerados un pueblo rudo y atrasado -casi primitivo-, pero allí había objetos de gran belleza y exquisita factura.

Se trataba de una sociedad que valoraba la pericia, la artesanía y el arte; y que comerciaba con Europa y más allá.

Y estas reliquias de una civilización sofisticada y perdida aparecieron justo cuando la nuestra estaba amenazada de desaparición por los nazis.

El líder de los arqueólogos dio un discurso a los visitantes del lugar, y tuvo que gritar para que se le oyera por encima del rugido de un Spitfire .

Cuando el escritor y periodista John Preston descubrió que Piggott, su tía, había participado en la excavación, investigó la historia y reconoció inmediatamente el valioso filón que suponía para un novelista.

The Dig (La excavación) se publicó con gran éxito en 2007.

Robert Harris la calificó de “verdadero tesoro literario” e Ian McEwan la definió como “muy fina, absorbente, exquisitamente original”.

La productora Ellie Wood afirma que quiso hacer una versión cinematográfica en cuanto leyó el manuscrito de la novela en 2006, antes incluso de que se publicara.

“Era increíblemente cinematográfico”, cuenta Wood a BBC Culture.

A medida que el barco se va revelando, también lo hacen las vidas interiores de las personas involucradas, y eso es lo que me pareció tan poderoso y original”.

“Podía sentir las profundas emociones de los personajes, aunque fueran incapaces de expresarlas. Todos esos sentimientos a fuego lento se mantienen a raya debido a la reserva británica y la estructura de clases sociales”.

Carey Mulligany Ralph Fiennes

LARRY HORRICKS/NETFLIX
Ralph Fiennes y Carey Mulligan, interpretan respectivamente al arqueólogo autodidacta Brown y a Edith Pretty, la terrateniente que lo contrató para excavar los misteriosos túmulos.

Moira Buffini, cocreadora de la exitosa serie televisiva Harlots, escribió el guion.

“Ellie Wood me envió el libro en 2011 y lo leí, e inmediatamente pensé: tengo que escribir esto”, dice Buffini.

“Fue ese instante. Sabes que estás ante algo bueno cuando sientes eso por un proyecto. Y no ocurre tan a menudo”.

El libro me conmovió profundamente. Me sentí descarnada cuando terminé de leerlo. Creo que transmite la sensación de fragilidad de todo, incluidos nosotros.

Mientras escribía el guion llegué a pensar que el acto de abrir la tierra -de cavar para desenterrar a los muertos- abre en cierto modo a todos los que están vivos”.

A lo largo de los años, varios actores han sido vinculados a la película, entre ellos Cate Blanchett y luego Nicole Kidman.

Al parecer, Kidman tuvo que retirarse debido a compromisos laborales y Carey Mulligan se incorporó con poca antelación.

Wood dice que, aunque ha tardado mucho, su determinación nunca decayó.

“Creo que fue por la historia de Basil Brown”, dice. “Debido al clasismo y al esnobismo intelectual, su inestimable trabajo pasó desapercibido durante mucho tiempo, y me pareció realmente importante que más gente conociera lo que logró”.

Montículos

Getty Images
Tras enterrar los restos funerarios formaban estos característicos montículos llamados túmulos.

El misterio continuó

El nombre de Brown no se mencionó en la exposición permanente del Museo Británico sobre los tesoros de Sutton Hoo hasta hace relativamente poco tiempo.

Pero aunque ahora se reconoce su crucial contribución, hay muchas cosas que siguen generando dudas sobre el entierro del barco.

¿A quién honra? El principal candidato es Raedwald, un poderoso líder regional que murió en torno al año 624 y que formaba parte de una dinastía que afirmaba descender del dios nórdico Woden.

Fue el primer rey inglés que se convirtió al cristianismo, aunque al mismo tiempo se cuidaba astutamente de no molestar a los dioses paganos.

¿Y cuál era exactamente la naturaleza del barco? ¿Era un buque de guerra?

Podremos juzgarlo mejor cuando el proyecto de construir una réplica a tamaño real del barco llegue a buen puerto.

Nos dará una idea más precisa, por ejemplo, de cómo se maneja exactamente en el agua.

La compañía Sutton Hoo Ship pretende tener su barco construido y listo para empezar las pruebas en tres años, y espera que la película genere más interés en su proyecto.

La película es discreta, pero poderosamente conmovedora, y cuenta con unas interpretaciones tremendas tanto de Fiennes como de Mulligan.

Durante un reciente rueda de prensa sobre la película, Fiennes explicó que leyó por primera vez el guion en un avión y al final se le “saltaron las lágrimas”.

“No sé muy bien por qué, pero es algo que tiene que ver con la integridad de la gente que desentierra algo que a la vez representa de alguna forma a su nación”.

Y las circunstancias actuales hacen que su descripción de un mundo al borde del desastre resuene de una manera imprevista a cuando se comenzó este proyecto.

“Me pregunto si ahora todos tenemos un sentido más presente de nuestra propia mortalidad, de nuestra insignificancia en el gran esquema de las cosas”, sostiene Buffini.

“Pero creo que hay algo muy esperanzador en la idea de que somos eslabones de una cadena humana ininterrumpida.

Le di a Basil la frase: ‘Desde la primera huella de una mano en la pared de una cueva, formamos parte de algo continuo'”.


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