Homicidio de adolescente de 13 años enciende la alarma por violencia en Tijuana
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Archivo Cuartoscuro

Homicidio de adolescente de 13 años enciende la alarma por violencia en Tijuana

Casos como el de Dayana recuerdan que aquí la violencia contra las mujeres no cede. La constante movilidad humana, el narcotráfico, las pocas redes sociales y familiares, la inseguridad, la pobreza y las numerosas casas deshabitadas conjugan el escenario perfecto para avivarla.
Archivo Cuartoscuro
4 de enero, 2020
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Jessica Perales salió de su casa, en Tijuana, Baja California, alrededor de las 5 de la mañana del domingo 29 de diciembre para ir a atender el puesto de ropa que tiene en un mercado. Dejó a su hija, Dayana N, dormida. De acuerdo a reportes de medios locales, no habían pasado ni dos horas desde su salida, cuando los bomberos recibieron el reporte de un incendio en el domicilio. Encontraron a la menor, de 13 años, muerta.

Por la forma en que los servicios de emergencia encontraron el cuerpo de la adolescente, con signos de abuso y sin ropa, se presume que la asesinaron y quien o quienes cometieron el crimen provocaron el incendio para hacer pasar la muerte de Dayana como algo accidental.

El titular de la Dirección de Bomberos, José Luís Jiménez, declaró a los medios locales que la víctima no tenía quemaduras, pero sí un calcetín en la boca y una venda en el cuello, por lo que se presume que la asfixiaron.

Lee: Tijuana, Juárez y Acapulco, los municipios con más homicidios en 2019, juntos suman más de 3 mil casos

Jiménez aseguró que ante la sospecha de que el incendio fue provocado para ocultar el homicidio, entregaron la escena del crimen a la Fiscalía General del Estado (FGE) de Baja California para que realizara las investigaciones correspondientes.

Consultada por Animal Político, la FGR, a través de su oficina de Comunicación, informó que el caso se turnó a la Fiscalía de Homicidios, pero declinaron proporcionar más información al respecto. “En el caso de la niña hay avances pero aún no se pueden dar a conocer”, aseguraron.

Hasta ahora del homicidio de Dayana solo se sabe que la menor estaba sola en casa, en una zona donde abunda la inseguridad y donde es difícil tener redes familiares o comunitarias de apoyo.

Dayana vivía en la colonia Mariano Matamoros, ubicada al Este de la ciudad de Tijuana. “Es una zona urbano marginada de la periferia, donde son frecuentes los pleitos, las balaceras por el narcotráfico”, explica una activista de la Coalición por los Derechos Humanos de Baja California, que por cuestiones de seguridad prefiere que no se dé a conocer su nombre.

Este es también un lugar donde hay viviendas abandonadas, como en todo Tijuana, incluido el centro. “Casas, muchas del Infonavit, que la gente compró y luego abandona y entonces se convierten en picaderos o donde se mete gente que no tiene donde vivir. Eso te rompe el tejido social, que ya de por sí es precario en todo Tijuana por la cuestión del crimen organizado, de la movilidad humana, de los numerosos bares”, señala la activista.

Casos como el de Dayana y su madre, dice, son frecuentes. “Mujeres solas con sus hijos, que quizá no tienen una red familiar de apoyo, a la mejor porque las deportaron de Estados Unidos y están solas aquí o porque vienen de otra entidad o de otro país, y tiene empleos precarios y toda una situación de vulnerabilidad que las coloca en riesgo”.

María Salguero, la activista que se ha dedicado por años a elaborar el mapa de los feminicidios en México y ha intentar darles contexto para que las mujeres asesinadas no sean un número más, asegura que en Tijuana la violencia contra las mujeres ya es también de tipo comunitaria. “Los mismos vecinos pueden ser agresores porque en realidad la gente ya no sabe quién vive al lado, el crimen, las casas solas han descompuesto el tejido social”.

Lee: Tijuana innovadora, el proyecto con el que Ernesto dejó la violencia y las drogas para ser chef

De acuerdo a datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Tijuana hasta noviembre de 2019 ocupaba el sexto lugar entre los municipios del país con más feminicidios, con 11, mientras que el primer lugar es Monterrey, con 17, seguido de Culiacán (14) e Iztapalapa (13).

En cuanto al total de homicidios dolosos de mujeres, el estado de Baja California ocupa la cuarta posición nacional con 216. Aunque si la cifra de esos asesinatos se dimensiona por cada 100 mil habitantes mujeres, entonces la entidad queda en el segundo lugar, con 12.1 por cada 100 mil, sólo superado por Colima que tiene el primer lugar nacional con 19.6.

Laura Torres, directora del Instituto de la Mujer en Baja California, indicó, este 25 de noviembre en la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que hasta esa fecha se habían registrado 570 violaciones , de los que 40 casos fueron estupro. De delitos sexuales, en todo el estado se reportaron 2 mil 200 casos.

Muchas mujeres están muriendo en Tijuana, dice Salguero, igual que en otros lugares del país como Colima o Guanajuato, por ser familiares o pareja sentimental de miembros del crimen organizado. “Su muerte es una venganza contra el contrario y a este tema hay que ponerle más atención”.

La activista de la Coalición por los Derechos Humanos de Baja California, concuerda con Salguero sobre que las mujeres están muriendo por esta relación con narcotraficantes. “A veces la policía llega y encuentra los cuerpos y asume que las mujeres pertenecían al crimen organizado, y sí sí hay las que pertenecen, pero también pasa que estaban acompañando al esposo, al novio, al hermano, al primo, y en un momento desafortunado las matan solo por eso”.

Respecto a los menores, la activista dice que en Tijuana se registraron al menos nueve muertes en 2019. “La mayoría son casos en los que sufrieron abuso por parte de alguien cercano, del padrastro, por ejemplo. Son niños que sufren abuso constante, de diverso tipo, y que cuando llegan al hospital ya solo llegan a morir”.

La falta de oportunidades para estudiar, para tener un buen trabajo frente a lo fácil que es conseguir una dosis de droga ha disparado el número de jóvenes con adicciones. “Aquí en Tijuana consigues un globito por 50 pesos. Los adolescentes están empezando a consumir drogas ya no con marihuana sino con cristal, una sustancia que causa un grave daño neuronal, que los vuelve agresivos, que los mete en el crimen organizado”.

Ese es el complejo escenario que vive esta ciudad fronteriza donde, como en todo el país, también se mata porque se puede. La impunidad en los homicidios, coinciden las dos activista, manda la señal de que es posible cometer estos crímenes sin tener un castigo.

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Cómo el encierro por el COVID-19 está cambiando nuestros grupos de amigos

Una nueva investigación sugiere que las cuarentenas están remodelando nuestros grupos de amigos. ¿Qué significa eso para nuestras relaciones post COVID-19?
15 de octubre, 2020
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Antes de que el coronavirus provocara un segundo bloqueo severo en la ciudad australiana de Melbourne, Karen Lamb, una estadística de 35 años, iba al teatro, a las prácticas semanales de un coro, a clases de baile y pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Pero los confinamientos en su ciudad interrumpieron el comportamiento social de Lamb. Su mundo se ha trasladado a internet y, a veces, Lamb puede sentirse sola.

Grandes cantidades de personas reportaron sentirse solas en la primera ola de cuarentenas por coronavirus a principios de 2020.

Según una investigación de la experta en soledad Michelle Lim, de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia), uno de cada dos australianos dijo sentirse solo durante el primer encierro.

En Reino Unido y Estados Unidos, la proporción fue de dos de cada tres.

Ahora, unos investigadores en Australia examinan cómo estos períodos de aislamiento forzados están cambiando nuestras interacciones sociales.

Aunque la pandemia se está desarrollando de manera diferente según el país, en general compartimos una misma inquietud: si los bloqueos están cambiando la forma en que socializamos, ¿cuánto tiempo durará nuestra soledad?

Consolidando las redes de amigos

Los resultados iniciales de una encuesta de seguimiento que enviaron a casi 2.000 australianos han mostrado que se están produciendo algunos cambios de comportamiento importantes relacionados con la pandemia.

La investigación es un proyecto conjunto entre dos académicos, la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad de la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.

Bower dice que en las respuestas abiertas a la encuesta, muchas personas indicaron que habían comenzado a reducir sus redes sociales.

Un hombre y una mujer cenando a través de una videollamada.

Getty Images
Gran parte de nuestras interacciones se han trasladado a las plataformas digitales.

“No socializan con tanta gente como antes, sino con un subgrupo muy particular”, dice. “Las personas que tienen conexiones previas y pueden aprovechar sus amistades existentes en línea, lo están haciendo bastante bien. En muchos casos, están más cerca de los amigos que tenían”.

Ese ha sido el caso de Lamb, que es escocesa, pero ha vivido en Melbourne durante ocho años.

Antes del encierro, hablaba con Amy, una de sus amigas más antiguas, unas cuatro o cinco veces al año.

Ahora conversan todos los jueves, a una hora determinada, y ambas se preguntan por qué no lo habían hecho antes.

Algunas de sus otras amistades, sin embargo, no han resistido tan bien.

“Me ha resultado más fácil mantenerme en contacto con mi amiga escocesa que con mis amigos australianos”, dice Lamb. “Simplemente no he tenido esa relación en línea con los australianos. Durante los últimos seis meses me he distanciado mucho más de mis amigos del día a día”.

“Cuando las interacciones sociales se trasladan a internet, sólo ciertos tipos de relaciones parecían sobrevivir”, explica Bower.

Una vez que se elimina el contexto local o comunitario, se mantienen o fortalecen las relaciones en las que las personas tenían algo en común además del trabajo o pasatiempos, y en las que todos se sienten cómodos con la tecnología digital.

Muchos querían compartir su estrés pandémico con aquellos con quienes se sentían más cercanos; viejos amigos de las ciudades de origen y amigos locales muy cercanos.

“Dado que la mayor parte de la interacción social se ha producido en línea, socializar con personas que viven localmente ha resultado tan fácil como socializar con personas que viven en el otro lado del mundo. Esto significaba que las personas han podido socializar y volver a conectarse con personas con las que eran más cercanas, independientemente de su ubicación”, dice.

Dos amigas conversando por videollamada.

Getty Images
Mucha gente ha retomado viejas amistades.

La sociedad contemporánea a menudo se define por el movimiento de personas fuera de su lugar de origen, agrega Patulny.

“Estás más cerca de las personas que viven en el otro lado del planeta, porque son con las que creciste. No estás necesariamente cerca de aquellos con quienes compartes un vecindario. El covid-19 realmente está mostrando esto”, dice

Conversaciones cotidianas

Sin embargo, también extrañamos las interacciones con aquellas personas con las que no tenemos una amistad suficiente como para construir una relación en línea durante la pandemia.

Según Patulny y Bower, muchas personas dijeron que habían perdido estas microinteracciones con las personas de sus comunidades, que son casi imposibles de facilitar a través de la comunicación digital.

“La capacidad de simplemente parar, chismear, reír, bromear y todas las cosas que haces fuera de las reuniones, eso no sucede cuando estás reunido en línea”, dice Patulny. “El contacto periférico adicional se ha perdido, y esa es una pérdida importante”.

Una mujer con mascarilla detrás de una ventana.

Getty Images
Mucha gente ya se sentía sola antes del covid-19.

Existe el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren sin estas pequeñas interacciones, dice, ya que ayudan a las personas a conectarse.

En cuanto a si podemos retomar estas amistades después de la pandemia, Bower señala evidencia reciente de Reino Unido que sugiere que las personas que se sentían solas antes probablemente se sentirían un poco más solas después, mientras que otras no experimentaron cambios a largo plazo.

Sin embargo, expresa cierta preocupación por que un período prolongado de soledad para algunas personas pudiera hacer que las interacciones pequeñas se sientan más desafiantes a largo plazo.

“Las personas que experimentan soledad durante períodos prolongados comienzan a experimentar impactos negativos persistentes en la forma en que piensan y actúan en situaciones sociales —son más hipervigilantes en cuanto al rechazo, más ansiosos socialmente— y esto puede dificultar estas interacciones simples y que sea menos probable que salga bien”, dice Bower.

Revertir o cambiar

La investigación de Bower y Patulny seguirá analizando a su grupo de estudio mientras Australia continúa su marcha para salir de las restricciones del covid-19.

Dos mujeres conversando una con la otra, cada una su escritorio.

Getty Images
Mucha gente extraña las pequeñas interacciones que tenía en el día a día con ciertas personas, aunque fueran sus amigas cercanas.

Realizarán una encuesta a la misma muestra cada tres meses para determinar cómo está cambiando su comportamiento y por qué, y enviarán sus resultados a un grupo de expertos que está considerando los impactos de la pandemia en la salud mental.

Es demasiado pronto para cualquier estimación de los cambios sociales a largo plazo, si los hay, pero los investigadores sugieren que podría pasar un poco de tiempo antes de que las interacciones vuelvan a la normalidad.

“Me pregunto si el hecho de que no estés acostumbrado a socializar y que ahora exista un riesgo asociado con socializar, conducirá a impactos a largo plazo en la forma en que nos sentimos y en cómo podemos superar la soledad”, dice Bower.

Patuly dice que no le sorprendería un ligero aumento de la soledad durante algunos años.

Sin embargo, Michelle Lim, la experta en soledad, cree que para la mayoría de las personas, tanto la pérdida de microinteracciones como el estrechamiento de sus redes sociales son temporales, están directamente vinculados a la emergencia de salud pública y es poco probable que duren más que ella.

“Si será significativamente perjudicial para las relaciones dependerá de muchos factores: si el individuo es resistente, si tiene redes sociales sólidas, si se esfuerza por mantener sus amistades a pesar de estas barreras”, dice Lim.

Tampoco está claro, agrega, si los bloqueos más prolongados, ya sea por mandato del gobierno o debido a la necesidad de las personas de protegerse por condiciones de salud preexistentes, conducirán a resultados diferentes o más pronunciados.

Lim dice que es posible que, en el futuro inmediato, las interacciones cara a cara puedan cambiar si seguimos preocupados por la salud pública.

Dos personas con mascarilla guardando la distancia social.

Getty Images
¿Por cuánto tiempo se mantendrán los cambios en las interacciones cara a cara?

Pero también dice que es parte de la naturaleza humana volver a los grupos sociales. La mayoría de las personas que han infringido las normas de encierro lo han hecho para ver a amigos y familiares.

Después de que nos recuperemos del impacto de estos comportamientos alterados, cree que es probable que las cosas vuelvan a la normalidad anterior.

Los principales determinantes de la soledad son bastante estables, agrega.

Es poco probable que aquellos que no estaban solos antes del covid-19 se sientan muy solos a largo plazo una vez que todo haya terminado.

“Creo que durante un corto período de tiempo habrá cambios”, dice. “Pero somos criaturas de hábitos. A menos que estos comportamientos sean a muy, muy largo plazo, creo que volveremos a nuestros grupos sociales”.

* Esta nota es una traducción de un artículo original publicado en inglés en BBC Worklife y que puedes leer aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=mYv_EYYngC4&t=8s

https://www.youtube.com/watch?v=aBKdOAVLVEc

https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

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