El caos entre INM y Segob por el oficio que impide a ONG visitar centros de detención de migrantes
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El caos entre INM y Segob por el oficio que impide a ONG visitar centros de detención de migrantes

Gobernación dice no reconocer el oficio que “suspende temporalmente” el acceso de organizaciones. Las ONG denuncian que el documento oficializó un veto que se extiende desde hace semanas.
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El anuncio del Instituto Nacional de Migración (INM) de que suspendería temporalmente el acceso de las organizaciones sociales a los centros de detención abrió una nueva crisis para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Menos de tres horas después del anuncio, la Secretaría de Gobernación, de la que depende directamente el INM, se desvinculaba del oficio INM/DGCVM/0118/2020. A través de un tuit, Segob dijo “desconocer” el documento, que elaborado por Antonio Molina Díaz, director general de Verificación Migratoria, “sin contar con la autorización de las autoridades superiores”.

Fuentes del INM aseguraron a Animal Político que el miércoles habrá nuevos oficios para “reprogramar” las visitas de las ONG. Es decir, que se notificarán nuevas fechas para el acceso a los centros de detención. Estas fuentes no aclararon cuándo se fijarán estas citas, si serán esta semana o tendrán que esperar hasta la próxima. El argumento esgrimido en el oficio era que “debido a la contingencia (presumiblemente se refiere a la caravana), resulta necesario que el personal migratorio enfoque todos sus esfuerzos en atender a la población migrante, respetando en todo momento sus derechos humanos”. 

Ni en el INM ni en Segob explican qué significa “desconocer” el oficio. Es decir, si se anula por completo y el miércoles los activistas que tienen permiso podrán acceder a los centros de detención o si, por el contrario, se entregarán nuevas fechas que sustituyan a la “suspensión temporal” que se comunicó el martes. 

Lee: México, el otro muro de Trump que acabó con la caravana y la esperanza de migrantes

Desde el INM insisten en que no existe una prohibición de acceso a los centros de detención, sino que es una “reprogramación” de las visitas. Sin embargo, como publicó Animal Político hace una semana, diversas organizaciones llevan dos semanas encontrándose con las puertas de las estaciones migratorias cerradas. 

Ocurrió, al menos, en las estaciones de Villahermosa y Tenosique, Tabasco; Tuxtla Gutiérrez, Comitán y Palenque, Chiapas; y Ciudad de México y han sufrido el veto asociaciones como Asylum Access, Voces Mesoamericanas, Centro de Derechos Humanos Fray Matías (a quien se ha negado los permisos para ingresar a Siglo XXI), Formación y Capacitación o Colectivo Kaltsilaltik.

 “Ningún gobierno lo había hecho antes. Ni (Felipe) Calderón ni (Enrique) Peña Nieto. No se está garantizando representación legal y además el INM no está haciendo identificación a personas que necesitan protección. Las están deportando de manera masiva, de cualquier aeropuerto, antes no se había visto esto”, dijo Alejandra Macías Delgadillo, miembro de Asylum Access. 

Después de ser vetada en Palenque, Villahermosa y Ciudad de México, su organización presentó un amparo el martes. Se trata de una acción contra los vetos directos a Asylum Access y no contra el oficio general. 

Macías Delgadillo denunció que con esta decisión se está vulnerando la Ley de Migración. Además, censuró que se impide que las personas que están encerradas tengan acceso a la representación legal o comuniquen con alguien independiente que no sea funcionario del INM. 

Salva Cruz, de Fray Matías, explicó que las asociaciones tienen previsto varias alegaciones contra la orden de cerrar los centros de detención. Por un lado, una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Por otro, la vía judicial. Por último, apelar a los organismos internacionales como los relatores de la ONU sobre migración o contra la tortura. 

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“Van contra el derecho a defender derechos, contra el derecho a tener contacto con el exterior o a tener asesoría jurídica”, dijo. 

“Esto no había pasado nunca. Nos parece una señal muy fuerte de opacidad, de falta de transparencia”, afirmó Ana Saiz, directora de Sin Fronteras.

Todas las organizaciones consultadas coinciden en una idea: la decisión no tenía precedentes. Desde 2011, cuando comenzaron a funcionar las estaciones migratorias con la Ley de Migración, ningún presidente se había atrevido a cerrar la puerta de todos los centros a todas las organizaciones y en todo el país. Lo hizo la actual administración, que arrancó su mandato con la promesa de un “trato humanitario” para los migrantes y en un contexto excepcional: la llegada de la caravana. 

El 15 de enero, cientos de personas partieron desde San Pedro Sula, Honduras, con destino a Estados Unidos. Se trataba del primer éxodo masivo después del acuerdo del 7 de junio de 2018, por el que México se comprometió a reducir el flujo migrante a cambio de que no se impusieran aranceles a las exportaciones. 

La caravana trató de cruzar por Chiapas y Tabasco, pero sus integrantes chocaron con la barrera formada por la Guardia Nacional. Algunos aceptaron las normas del INM y se entregaron. Otros trataron de pasar irregularmente. La marcha fue definitivamente disuelta el jueves 23 de enero. Aquel día, al menos 800 personas, entre los que había hombres, mujeres y niños, fueron detenidos en Frontera Hidalgo, a medio camino entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, Chiapas. 

Desde la llegada de la caravana a la frontera sur mexicana, más de 2 mil personas han sido deportadas a Honduras en diez días. Las organizaciones de derechos humanos denuncian que no tuvieron acceso a estas personas, por lo que no pudieron informarles sobre la posibilidad de pedir asilo o sobre opciones de regularización. Animal Político quiso saber cuántas personas iniciaron en este período el trámite de regularización, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta. 

Lee: “Venimos por necesidad”: las historias de migrantes que hacen todo para llegar a EU

Con la llegada de la caravana se restringió el acceso a las estaciones migratorias del sur. Este oficio hacía extensibles las puertas cerradas a centros como el de Tijuana, donde no hay un solo migrante detenido que tenga que ver con la marcha de la semana pasada. 

¿Qué ocurrió para que Segob se desvincule?

La publicación del oficio que suspendía el acceso a las estaciones migratorias provocó una reacción en cadena que evidencia descoordinación al interior del INM y la secretaría de Gobernación. 

A primera hora de la tarde el documento comenzó a moverse por redes sociales. A las 18:45, en el chat de comunicación de la Segob, un oficial de prensa del departamento que dirige Olga Sánchez Cordero compartía una tarjeta informativa del INM. En ella se reconocía la autenticidad del oficio y se anunciaba que un día después se notificarían nuevas fechas para las visitas. Menos de tres horas más tarde, a las 21:36, Segob lanzaba un el tuit en el que se desvinculaba de lo que ellos mismos habían comunicado y aseguraba que el oficio no contaba con autorización.

¿Qué ocurrió en esas tres horas? Ni INM ni Segob ofrecen datos. Aunque los posicionamientos internacionales ya habían comenzado a aparecer. 

Especialmente significativo es un tuit conjunto de la ONU México, la Oficina en México del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Unicef, Acnur y la OIM en el que “reconocen y valoran el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil” y señalan que “el trabajo de la sociedad civil en beneficio de migrantes y refugiados es fundamental para garantizar los derechos, ofrecer asistencia y orientación a la población dentro de las estaciones migratorias”.

Este posicionamiento tiene especial relevancia porque estas organizaciones participaron el viernes en una visita organizada por el INM a la estación migratoria Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas. Este tour ha sido presentado por Migración como una muestra de su voluntad de “transparencia”. Según fuentes presentes en la visita, esta tuvo una duración de dos horas y apenas en los últimos 20 minutos hubo acceso a los migrantes encerrados en el centro de detención. 

“El gobierno quiso instrumentalizarlo, tratando de sustituir el monitoreo permanente de las organizaciones con una visita guiada a una sola estación migratoria”, explica Salva Cruz. 

En México funcionan actualmente 53 estaciones migratorias y un número indeterminado de estancias temporales. Todos ellos son recintos cerrados en los que se encierra a los migrantes indocumentados hasta su regularización (en el menor de los casos) o su deportación. 

“Deportaciones exprés, falta de opción de refugio”

“Es inaudito. En el Servicio Jesuita al Refugiado no habíamos visto esto nunca. Incluso están violentado la propia ley de migración”, dice Claudia León, del Servicio Jesuita al Refugiado. El lunes, explica, ingresó en la estación migratoria Siglo XXI, en Tapachula. Dos días después, en principio, no podrá acceder.

La última visita de León al centro de detención sirve para explicar la importancia de estos monitoreos. Según relata, a través de los testimonios de algunos de los extranjeros encerrados, tuvo constancia de “deportaciones exprés, ausencia de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar), imposibilidad de acceder al refugio”. 

“Es inaudito. En el Servicio Jesuita al Refugiado no habíamos visto esto nunca. Incluso están violentado la propia ley de migración”, dice León. 

Una de las grandes sospechas de las ONG: que el gobierno está aprovechando los espacios de opacidad para deportar a los migrante sin ofrecer oportunidad de asilo. Una estrategia que estaría pensada para desincentivar el flujo procedente de Centroamérica.

Animal Político desveló que en la primera semana desde la llegada de la caravana, la Comar no tuvo acceso a los centros de detención. De este modo, mientras el presidente López Obrador aseguraba en la conferencia mañanera que se había ofrecido refugio a los integrantes de la marcha, estos jamás pudieron hablar con la institución que regula el asilo.

Fuentes de Comar confirmaron a Animal Político que el martes lograron acceder a Villahermosa, Tabasco, donde 90 personas solicitaron iniciar su trámite de asilo, lo que impide que sean deportados hasta que se determine si merecen protección. 

“No se está garantizando representación legal y además el INM no está haciendo identificación a personas que necesitan protección. Las están deportando de manera masiva, de cualquier aeropuerto, antes no se había visto esto”, aseguró Alejandra Macías, de Asylum Access. 

“Esto es parte del doble discurso de Migración. En los comunicados informa que los está llevando a albergues, pero no, los encierra en centros de detención. Tampoco los rescata, porque no garantiza sus derechos. Si los rescatase les daría acceso al asilo o garantía a documentos de estancia por razones humanitarias”, dijo. 

Para explicar el alcance del veto a las organizaciones, Ana Saiz, de Sin Fronteras, utilizó el símil penitenciario: “¿Se imaginan que una cárcel impida a los presos comunicar con sus abogados?”, explicó. 

En realidad, las personas que están encerradas en los centros de detención de extranjeros no son presos, no han cometido ningún delito, pero están en un régimen cerrado como el penitenciario y a merced absoluta del INM. Organizaciones sociales han documentado cómo los funcionarios de Migración tienden a desinformar y desincentivar los intentos de los extranjeros para solicitar asilo. Si los migrantes no pueden hablar con los activistas, quedan sin información, vulnerables. Por primera vez en la historia, el INM intentó que la opacidad alcanzara a todos los centros de detención en el país.

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Cómo descubrí que Fidel Castro mantuvo el cadáver de mi padre congelado 18 años

En medio del conflicto de Cuba con Estados Unidos, el cadáver de un piloto estadounidense que viajó a la isla como parte de una invasión planeada por la CIA permaneció por casi dos décadas en una nevera en La Habana.
5 de diciembre, 2019
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Janet Ray

Lioman Lima/BBC Mundo
Janet Ray buscó a su padre durante 18 años, hasta que descubrió que el gobierno de Cuba conservaba su cadáver en la nevera de una morgue.

Cuando el avión de la Fuerza Área de Estados Unidos aterrizó a finales de 1979 en el Aeropuerto Municipal de Birmingham, Alabama, Janet Ray Weininger sintió que un trágico ciclo de 18 años había llegado a su fin.

Por esa misma pista en abril de 1961 su padre, Thomas “Pete” Ray, había despegado hacia una fracasada invasión a Cuba que lo llevó a la muerte y a pasar casi dos décadas congelado en la nevera de una morgue de La Habana, a -10º C.

Esa mañana de diciembre, hace 40 años este jueves, el cuerpo volvió otra vez a suelo de EE.UU., cubierto de barras y estrellas, en brazo de soldados rigurosamente uniformados.

Y, tras un breve responso en una iglesia local, pasó finalmente a cumplir su deuda postergada con la tierra.

Las trompetas, entre tanto, voceaban duelo.

De alguna macabra manera, “Pete” Ray tuvo suerte.

Del centenar de personas que murieron al intentar derrocar a Fidel Castro en Bahía de Cochinos, fue el único cuyos restos regresaron a Estados Unidos para recibir sepultura.

A diferencia de lo que pasó en Vietnam, o incluso, en Corea del Norte, Washington nunca reclamó los cuerpos de los soldados que envió a Cuba, muchos de los cuales terminaron en fosas comunes o alimentado gusanos en los pantanos del sur de la isla.

Fue también el único de los invasores muertos que, por algún extraño motivo, el gobierno de Castro nunca dejó podrir: decidió conservar su cadáver obstinadamente, incluso cuando los apagones y la falta de recursos sofocaban la morgue del Instituto de Medicina Legal de La Habana.

El cadáver de mi padre fue una especie de trofeo para Fidel Castro. Como EE.UU. negó por décadas que había organizado Bahía de Cochinos, Cuba encontró en él, que era estadounidense, la prueba de que la invasión se había organizado desde aquí”, cuenta Ray Weininger a BBC Mundo.

entierro

Cortesía de Janet Ray.
El cuerpo de Thomas Ray fue devuelto a EE.UU. y enterrado con honores militares el 5 de diciembre de 1979.

Por más de cuatro décadas, la CIA negó su implicación en el fallido intento de derrocar a Castro.

La versión oficial estadounidense aseguró que se trataba de un grupo de cubanos adinerados que, desde el sur de Florida, buscaban librar a su país de la amenaza comunista de la aún naciente Revolución.

Reconocer que Thomas Ray, un destacado piloto de la Guardia Nacional Aérea de Alabama, era uno los suyos hubiera sido no solo la admisión de su culpa, sino también de la vergonzosa derrota.

“Para Cuba, el cuerpo del piloto era una prueba de que EE.UU. había estado detrás de la invasión. Por eso lo conservaron durante casi 20 años, porque Fidel Siempre supo que era americano”, cuenta a BBC Mundo Tomás Diez Acosta, investigador del Instituto de Historia de Cuba y combatiente de la Revolución cubana.

“El piloto yanqui era la prueba directa de la participación de Estados Unidos”.

II

No logro recordar la voz de mi padre.

Puedo recordar su olor, recuerdo ese gesto que hacía al comer, cómo me miraba… pero no cómo sonaba su voz. Sé que la cambiaba cuando se enojaba, pero por más que lo intente, no logro acordarme de cómo era.

Yo tenía 6 años cuando murió.

Nunca podré olvidar ese día: yo estaba en un receso en la escuela, que se encontraba al otro lado de la calle donde vivían mis abuelos en Alabama.Vi un carro oscuro y brillante que se detuvo frente a la casa y salieron tres hombres con trajes oscuros.

Janet Ray

Cortesía de Janet Ray
Janet Ray tenía 6 años cuando su padre murió durante un intento de invasión a Cuba.

Cuando llegué a la casa más tarde, todos tenían un aspecto raro.

Salí a jugar y mi madre me dijo que no me alejara, porque teníamos algo que hablar.

Poco después nos contó: los hombres le habían venido a informar que mi padre había muerto, que se había ahogado: un avión de carga en el que iba con otros tres pilotos se había caído y no lograron localizar sus cuerpos.

Le dijeron a mi madre que se lo contara a la familia, porque pronto aparecería la noticia en la prensa y debíamos estar preparados.

Kennedy

Getty Images
El gobierno de Kennedy negó cualquier vinculación con la invasión de Bahía de Cochinos.

Al día siguiente, un viernes, aparecieron los primeros reportes, pero nadie en mi casa podía entender nada: decían que mi padre había muerto trabajando para unos cubanos adinerados en una invasión a Cuba.

Dijeronque era un mercenario.Incluso pusieron la foto de mi padre allí con una confesión”:Haré esto para tener buenos ahorros”.

Mi familia sabía que eso no era cierto. Mi padre no haría algo así por dinero. Era un militar con honor.

Muchos años después pensé que esas noticias, como las dieron, fue como si dijeran: “Vamos a calumniar a estos hombres para limpiarnos.

No hubo ninguna muestra de simpatía de ellos hacia mi padre.

Thomas Ray

Cortesía de Janet Ray
Thomas Ray era piloto de la Guardia Nacional Aérea de Alabama.

Desde ese momento, incluso desde mi inocencia, tuve claro que porque ellos habían perdido su código de lealtad hacia mi padre, no me daba derecho a mí a hacer lo mismo.

Creo que en ese momento comenzó mi lucha contra Fidel Castro y contra mi propio gobierno por la memoria de Pete Ray.

Fue así como como inicié una misión que duraría 18 años y siete meses: encontrar la verdad, traer a casa los restos de mi padre y asegurar que fuera honrado en su propio país.

IV

El 15 de abril de 1961, al amanecer, un enjambre de aviones cruzó el cielo aún oscuro de La Habana.

Una vanguardia de bombarderos procedente de Nicaragua comenzó a lanzar su carga terrible sobre aeropuertos militares y puntos estratégicos de la capital y de Santiago de Cuba.

Mientras, barcos de guerra con más de 1.000 cubanos -poco entrenados pero febriles en su ilusión de derrocar a Castro- surcaban rumbo norte las aguas tibias del Caribe.

castro

Getty Images
Las tropas de Castro lograron derrocar la invasión en menos de 65 horas.

La invasión, diseñada por la CIA durante el gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower, buscaba tomar una ciudad en la costa sur de Cuba, crear un gobierno de transición y promover una guerra de guerrillas que avanzaría lenta, pero arrolladoramente, sobre los últimos reductos de Castro.

El ataque, según documentos desclasificados en 1998, debería aparentar que era organizado únicamente por cubanos descontentos que se habían exiliado en el sur de Florida.

Un contingente de refuerzos desde Estados Unidos los apoyaría una vez iniciada la invasión: no había, les dijeron, posibilidad para la derrota.

Pero a última hora John F. Kennedy, un joven demócrata que heredó el plan de mala gana de su predecesor -un viejo y recalcitrante republicano- se arrepintió a última hora de inmiscuir en esos planes a su Ejército.

cuba

Getty Images
Kennedy no ofreció apoyo a última hora a los anticastristas.

De los cientos de marines y tropas de Estados Unidos que estaba previsto que participaran, solo cuatro pilotos y dos aviones despegaron hacia Cuba en la mañana del 19 de abril.

Nunca se supo por qué volaron.

Kennedy había dado señales horas antes que sus militares no asistirían a los anticastristas y los últimos reductos invasores habían sido derrotados sin mucho esfuerzo en los pantanales podridos de mosquitos y caimanes del sur de Matanzas.

Los dos aviones fueron derribados: uno cayó al mar; el otro, pilotado por Pete Ray y Leo Baker, aterrizó de emergencia cerca del Central Australia, en el occidente de Cuba.

Sobrevivieron.

Al menos al accidente aéreo.

V

Campamento Happy Valley, Puerto Cabezas, Nicaragua. 18 de abril de 1961

Antes de irse a dormir, Bobby Whitley, un ingeniero de radio, salió a revisar por última vez los aviones que despegarían al día siguiente hacia Cuba.

aviones

Getty Images
Las tropa anticastristas utilizaron aviones con la insignia de Cuba para despistar a los soldados de Castro.

Según contaría años después, se encontró a Pete Ray recostado en el ala de uno, un B-26.

Se sentó a su lado y le habló.

-¿Sabes que no tienes que ir, Pete?

Ray asintió.

– ¿Sabes que probablemente no regresarás?

-Lo sé, Bobby, pero solo porque mi presidente eligió olvidar a estos chicos no me da derecho a hacerlo yo también. No puedo hacerlo.

VI

“El Comandante Fernández Mell, que dirigió la operación de búsqueda, orientó hacer el mayor esfuerzo por capturarlos vivos. No fue posible. Uno de los pilotos al ser descubierto, oculto cerca de la pequeña pista del central, disparó su revólver 38 cañón corto, siendo muerto de inmediato por una ráfaga de FAL. El otro, al ser descubierto, trató de lanzar una granada de mano, muriendo instantáneamente por varios impactos en el tórax y el ojo derecho. El nombre de este último era Thomas Willard Ray, el mismo que 18 años después sería oficialmente reclamado por el Gobierno de los Estados Unidos a solicitud de sus familiares. El otro piloto se llamaba Frank Leo Baker”

(Del artículo Playa Girón, Las operaciones aéreas de la CIA, de José M. Miyar Barruecos. Revista Verde Olivo, 20 abril de 1980, pp: 26-38)

VII

“Al otro, a Leo Baker, no lo conservaron porque se pensó que era cubano, porque era mulato, de piel oscura. Pero con este no había duda que era americano, porque era muy blanco, de ojos azules, alto. Entonces, creo que fue por orden del comandante que se decidió congelarlo”.

(Tomás Diez Acosta, investigador del Instituto de Historia de Cuba y combatiente de la Revolución cubana).

VIII

A medidaque fui creciendo, me obsesioné con buscar cualquier información que pudiera llevar a mi padre: sacaba papeles de la basura que mi madre tiraba, iba a bibliotecas, leía archivos, documentos, libros, todo lo que me pudiera dar un indicio.

Recuerdo que el año en que John Kennedy fue asesinado, mi mamá me preguntó: ¿qué quieres para Navidad?

Pedí una grabadora, que luego colocaba debajo del sofá para que se activara con un resorte cuando llegaban a visitar a mi madre y nos sacaban de la habitación.

A medida que crecía, comencé a contactar con la Guardia Aérea de Alabama y otras personas que conocían a mi padre. La mayoría de ellas no me hablaban, pero hubo alguien que finalmente me dijo: ´Ah, él cayó en Cuba cuandolo de Bahía de Cochinos´.

Esa fue como una primera pisa, un indicio de que sabían algo más.

familia

Cortesía de Janet Ray
Ray dice que no logra recordar la voz de su padre.

En la televisiónun tiempo después escuché que Castro liberaría a algunos prisioneros que habían capturado en Bahía de Cochinos. Cuando los regresaron a Estados Unidos pensé que mi padre también estaría entre ellos.

Recuerdo que miraba la televisión buscando a ver si veía su rostro entre el grupo de hombres que Kennedy recibióen Florida, me pegaba a la pantalla tratando de encontrar su rostro entre los de otros que nada me decían.

Pero papá nunca llegó.

Cuando tenía 15 años, en 1970, comencé a escribirle cartas mensuales a Fidel Castro para preguntarle por mi pa. Le escribí más de 200 cartas durante nueve años.

Nunca obtuve una respuesta.

En unas vacaciones de verano, cuando estaba en la universidad, viajé con mis amigos a Miami.

Cuando ellos se fueron a la playa, yo me fui a la Pequeña Habana en busca de pistas sobre gente que hubiera conocido a mi padre.

Little Havana

Getty Images
Janet Ray viajó al barrio cubano de Miami en busca de información sobre su parte.

Pero nadie me quería hablar, lo único que logré fue que alguien me dijera que había sido un buen piloto.

Nunca entendí por qué tanto secreto, por qué mi gobierno hizo todo lo posible para que yo no supiera dónde estaba mi pa.

Yo sabía que en Miami tenían información, que sabían algo. Así que seguí volviendo una y otra vez.

Fue un uno de esos viajes cuando alguien me contó que había rumores de que en una morgue de La Habana había un cuerpo de un estadounidense, que había un cadáver y fotografías que tomaron después de su muerte.

IX

Usted ve a su padre como un héroe, pero ¿cómo ve el hecho de que invadió un país extranjero, lo bombardeó e incluso regó napalm?

-Yo creo que al final mi padre estaba cumpliendo con su deber como militar, que estaba al servicio de su país.

X

Una madrugada, en abril de 1979, justo el día en que se cumplía el aniversario 18 de la desaparición de su padre, Janet Ray escuchó que tocaron a la puerta de la casa donde vivía entonces, en la base aérea de Hahn, en Alemania.

Se había ido a vivir allí unos años antes, después de casarse con un piloto militar.

Esa noche estaba sola cuando sintió que alguien había llamado.

Al abrir la puerta encontró un sobre. Se lo enviaba Peter Wyden, un periodista con el que se había entrevistado meses antes y que estaba escribiendo un libro sobre la invasión de Bahía de Cochinos.

Janet caminó hasta la calle, buscando una luz cercana para ver qué había adentro.

Un viento cortante mecía unas hojas y las arrastraba a otra esquina de la noche. La primavera todavía se resistía.

Bahía de Cochinos

AFP
La llama eterna a los caídos en la invasión de Bahía de Cochinos en Miami.

Abrió el paquete de un tirón, con la fuerza torpe del temor y la incertidumbre.

“Recuerdo que entré corriendo a la casa y llamé a una amiga. Le pedí que me llevara urgente al aeropuerto. Cuando llegamos, el último vuelo a Estados Unidos estaba lleno. Pedí hablar con el piloto y le rogué que me llevara de vuelta a casa, que mi padre también era piloto, que había muerto en Bahía de Cochinos y que su cadáver lo tenían en Cuba”.

“Como no había espacio, los dos pilotos aceptaron llevarme con ellos en su cabina. Viajé con solo US$10 en el bolsillo”.

Junto a ella, sobre sus muslos, llevaba el sobre que había recibido en la noche.

Eran fotos de su padre muerto.

XI

Los siguientes siete meses fueron decisivos: por distintas vías, Janet Ray intentó comunicarse con el gobierno de Cuba.

A través de un primo periodista, y junto con su abuela, la madre de Pete, logró interesar también a políticos locales en el caso.

“Era como estar entre dos fuegos: por una parte, el gobierno de Cuba me ponía cada vez nuevas condiciones para entregarme el cuerpo, que si tenía que pagar, que si tenía que ir, que si tenía que decir esto o hacer aquello”.

“Por el otro, la CIA me negaba toda la información, no me quisieron dar ni las huellas de mi padre. Tuve que gestionar con su médico sus impresiones dentales para que se pudiera identificar el cadáver”.

Janet Ray

Cortesía de Janet Ray
Janet Ray (der.), junto a un primo y su abuela materna coordinaron varias campañas para obtener información sobre Thomas Ray.

Finalmente, análisis independientes de Cuba y del FBI con huellas dactilares y dentales corroboraron la identidad.

El hombre que había permanecido por 18 años en un una nevera del Instituto de Medicina Legal de La Habana era Thomas Ray.

Tras gestiones del gobierno de Carter, el cadáver fue retornado a sus familiares el 5 de diciembre de 1979.

El gobierno de Cuba lo acompañó de una factura por más de US$30.000: los “gastos por la conservación del cuerpo” durante tanto tiempo.

Janet Ray

BBC
Janet Ray recopiló durante 18 años recortes de artículos, mapas, testimonios y documentos de todo tipo que pudieran dar algún indicio sobre su padre.

Janet Ray nunca creyó la versión que le dieron y asegura que a su padre lo capturaron, fue torturado y le dispararon en la frente a quemarropa, algo que La Habana niega.

“Thomas Willard Ray, conocido como ‘Pete’, voló a Cuba para agredir a un país extranjero. Nunca estuvo preso, nunca fue atendido de heridas por médico alguno y si algo debiera agradecer su familia es que frente a la actitud deshumanizada del gobierno de Estados Unidos, las autoridades cubanas conservaron y protegieron su cuerpo, para que en alguna oportunidad pudiera ser entregado a sus familiares”, escribió el portal oficialista Cubadebate en 2004.

Ese año, Janet Ray ganó una demanda contra Fidel Castro por US$87 millones en un tribunal de Miami por el “homicidio culposo” de su padre y recibió el dinero de los fondos congelados al gobierno de Cuba al inicio de la Revolución.

El gobierno cubano desestimó el juicio y lo tildó de “embuste” y de una “búsqueda de dinero” por parte de la hija del piloto.

BBC Mundo intentó conocer la versión actual de las autoridades de la isla sobre el caso, pero no obtuvo respuesta.

XII

Cuando trajeron de vuelta el cuerpo de mi padre, yo estaba embarazada y ese día me sentía muy mal.

Tenía algún tipo de resfriado o algo así. Mi familia decidió que no me dejarían ver el cadáver. Pero en ese momento, era algo que nadie me hubiera podido impedir.

mujer

Cortesía de Janet Ray.
Cuando que su padre fue devuelto a EE.UU. Ray estaba embarazada.

Sabía que tendría que renunciar a la imagen de papá que tenía de la infancia y verlo de esa manera. Se lo debía a él.

También, para ese punto, tantas personas me habían mentido, tanta gente había sido deshonesta conmigo, que si no lo hubiera visto yo misma, no hubiera creído que era él.

Entré. Lo vi. Tenía la boca abierta. Le vi los dientes que le habían partido cuando era joven en un partido de fútbol, las heridas de cuando murió. No tenía dudas de que era él, de que mi padre estaba otra vez cerca de mí.

Le habían colocado finalmente un uniforme militar. A Cuba había ido de ropa civil, para que no lo pudieran identificar como parte del Ejército de Estados Unidos.

Yo le había escrito una larga carta cuando regresaba de Alemania y se la guardé en el bolsillo, sobre su corazón.

Le decía: ‘Quiero que sepas que siempre te necesité y que si tuviera que buscarte de nuevo por otros 18 años, lo haría todo otra vez, porque tanto me diste que meenseñaste el verdadero significado de la libertad. Siempre te amaré´.

XIII

En 1974, la CIA entregó la Cruz de la Inteligencia, su máxima distinción, a Thomas Ray. Su familia no lo supo hasta muchos años después.

Cuando Janet Ray escribió a la agencia en 1994, tras conocer que una de las estrellas a la entrada del Pentágono (en honor a militares que han muerto en servicio) estaba dedicada a su padre, le respondieron que era cierto, pero que, en el caso de Pete, se trataba de una “excepción”.

Carta

Cortesía de Janet Ray
En 1994, más de 30 años después de Bahía de Cochinos, la CIA siguió negando su participación en la operación.

La CIA no reconocería su participación en Bahía de Cochinos -y que Thomas Ray era uno de los suyos- hasta 1998.


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