Isabel Cabanillas, la joven que quería acabar con la violencia contra las mujeres y hacer un desfile con sus diseños
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Ilustración de Isaac Sías / Yo Ciudadano

Isabel Cabanillas, la joven que quería acabar con la violencia contra las mujeres y hacer un desfile con sus diseños

La activista y pintora Isabel Cabanillas fue la quinta mujer asesinada en Ciudad Juárez en 2020; autoridades creen que murió por un ataque directo pero, hasta el momento, no hay detenidos.
Ilustración de Isaac Sías / Yo Ciudadano
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Diez días después del asesinato de Isabel Cabanillas De la Torre, activista y artista de 26 años de Ciudad Juárez, Chihuahua, no hay versión oficial sobre el homicidio. Algunos de sus amigos más cercanos coinciden en afirmar que la víctima nunca les dijo que hubiese recibido amenazas. Las colectivas feministas advierten sobre un “feminicidio por motivos políticos”. El gobernador, Javier Corral Jurado, admite que la hipótesis que barajan es la del ataque “directo y planeado”.

“Hay avances significativos, pero los trabajos se hacen con cautela y todos los protocolos”, dijo a Animal Político Silvia Nájera, vocera de la Fiscalía Especial de la Mujer de Chihuahua. La investigación está a cargo de la fiscal Wendy Paola Chávez Valenzuela.

Isabel Cabanillas era una activista y artista muy conocida en Juárez. Tenía un hijo de cuatro años. Su especialidad era la pintura sobre prendas de ropa, aunque también se inició en el mural. De hecho, su primera obra sobre pared en solitario permanece en un edificio abandonado frente a la panadería Resistencia, que la joven frecuentaba.

La temática de su obra era esencialmente feminista y de denuncia sobre otras causas, como la militarización o la defensa de la población migrante. Entre los colectivos donde participaba estaba, por ejemplo, Hijas de su maquilera madre, una organización de mujeres.

“Me gusta mucho cuando la gente viene ilusionada cuando les entrego una prenda. Que se valore las cosas que hago”, decía en 2019 en una entrevista publicada por el medio digital Yo Ciudadano, en que relataba que “dar un buen ejemplo” a su hijo era una de las motivaciones para su trabajo artístico.

“Su sueño era que se acabara esta violencia contra la mujer, que se acabaran los feminicidios. Una de sus metas era organizar una pasarela con los diseños que ella hacía”, dice Eduardo Espinoza, de 23 años, que trabajó con ella en el Observatorio Ciudadano de Violencia Contra las Mujeres, un proyecto de la Red Mesa de Mujeres en el que participan 10 grupos feministas de Juárez.

En la madrugada del 18 de enero, el cuerpo de Isabel Cabanillas fue encontrado en la Zona Centro de Juárez con dos balazos. No hay un solo detenido. Salió en bicicleta del bar Eugenio’s, un local que frecuentaba y en el que, por ejemplo, había organizado eventos como una colecta para entregar abrigos, ropa y juguetes a los migrantes que se encuentran varados en la frontera. No llegó a su destino. Su muerte provocó una ola de indignación en Juárez. Era una persona muy conocida por su labor artística y por su activismo. Hubo manifestaciones, comunicados e indignación. Actividades de rabia en las que tantas veces participó Cabanillas en el pasado.

Se da la trágica circunstancia de que entre septiembre y diciembre de 2019, la joven trabajó en el Observatorio Ciudadano de Violencia Contra las Mujeres, un proyecto de la Red Mesa de Mujeres en el que se analizan los expedientes de feminicidios y se observa el trabajo de las autoridades. Ahora, ella pasó a formar parte de uno de esos expedientes que analizaba. Carpetas que, en muchas ocasiones, quedaban como testimonio de la impunidad, ya que nunca llegaba a detenerse al culpable de los asesinatos.

Según la Red Mesa de Mujeres, en la que participan 10 colectivos feministas del municipio y donde la víctima trabajó entre septiembre y diciembre de 2019, un total de 10 mujeres han sido asesinadas en Juárez en el primer mes del año. Cabanillas De la Torre fue la número cinco. En 10 días, la cifra se ha duplicado. El pasado año, 180 mujeres murieron de forma violenta en Juárez, una cada dos días.

“Una vez le escuché decir que sabía que no iba a permitir que le quitasen la libertad. Que es peligroso andar en bicicleta o a ciertas horas, pero que no le iban a quitar su libertad”. María Ficherry tiene 24 años, estudia ingeniería en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y era amiga de Isabel Cabanillas. Compartía por ella el gusto por la pintura. Por eso se conocieron, dos años atrás. Desde entonces, relata, acudían a marchas juntas.

“Cada vez que se intenta hacer un tipo de marcha, el apoyo es de las mismas mujeres, no hay apoyo de las autoridades”, asegura.

Ficherry habla y resulta imposible evadirse de que todo lo que dice es el reflejo de lo que significa ser mujer en Juárez, la ciudad mexicana que se ganó la triste fama de ser la capital de los feminicidios: miedo al salir a la calle, rutinas de autoprotección y nula confianza en las autoridades.

“Al final, alguien lo hizo, le quitó la libertad. No entiendo por qué. Aquí nunca resuelven las cosas, así que no tengo mucha esperanza de que hagan algo”, dice.

Todas las personas entrevistadas que conocieron a Isabel coinciden en un dato sobre su muerte: nunca les transmitió que tuviese miedo o haber recibido amenazas.

“No había recibido amenazas. Fue una sorpresa. En ningún momento había mostrado temor”, dijo Alejandro Montañez, de 26 años, amigo de la víctima desde que se conocieron en el Prepa.

“Ella era demasiado extrovertida, muy alegre, hacia amigos muy fácil”, dijo.

“Nunca hizo mención a que le hubiesen amenazado”, dice Yadira Cortez, de la Red Mesa de Mujeres.

Esta organización acompaña la investigación y, según Cortez, se están registrando avances en las pesquisas. Por el momento, sin embargo, apela a la discreción para evitar filtraciones que perjudiquen el trabajo policial.

“Ella seguía pensando en la necesidad de ampliación de presupuesto en la fiscalía para que ministerios públicos hicieran su chamba. Hay un rezago espantoso”, señala la activista.

“Sí hay ya algunas líneas de investigación en las que estamos profundizando. También por la cuestión de la secrecía de la propia investigación no podemos dar más detalles, porque además si se dan a conocer se interpretan como definitivas. Yo lo que he dicho es que seamos muy profesionales en esta investigación, muy acuciosos, que no falte ninguna línea de investigación”, dijo Javier Corral en conferencia de prensa el lunes.

“Denunciamos su asesinato como un feminicidio político perpetrado por ser una mujer luchadora social. Es un ataque directo al movimiento ecofeminista y artístico juarense, que pugna por el derecho de las mujeres a una vida sin violencias, a la libertad de expresión, a la defensa del territorio, al libre tránsito en las calles y al cese de las fronteras que dividen nuestras geografías”, habían señalado los grupos feministas días atrás.

Pasan los días y las compañeras de Cabanillas temen que su carpeta termine en la impunidad, como tantos otros casos como los que la víctima denunció.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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