'Mes 13': la nueva estrategia de la Secretaría del Trabajo para convertir jóvenes becarios en empleados
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'Mes 13': la nueva estrategia de la Secretaría del Trabajo para convertir jóvenes becarios en empleados

La estrategia estará acompañada de una plataforma digital que permitirá que los becarios obtengan un empleo, emprendan proyectos para el autoempleo, o puedan reanudar sus estudios.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Francisco Sandoval
23 de enero, 2020
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La próxima semana el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, viajará a Coahuila y Nuevo León para encabezar una serie de ceremonias en las que un total de 1,400 becarios se graduarán del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF)”, que representan la primera generación de egresados de esta iniciativa del Gobierno Federal que arrancó el 10 de enero de 2019.

Apenas el pasado 16 de enero el Subsecretario de Empleo a nivel federal, Horacio Duarte Olivares, participó en una reunión con Secretarios del Trabajo a nivel estatal donde habló de la estrategia que a partir de este año implementarán con el fin de dar seguimiento a 1 millón 62 mil 284 jóvenes, de entre 18 y 29 años, que egresarán del programa JCF.

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En entrevista con Animal Político, el subsecretario explicó que la estrategia estará acompañada de la implementación de una plataforma digital llamada “Mes 13”, que permitirá que los becarios del programa obtengan un empleo, emprendan proyectos para el autoempleo, o puedan reanudar sus estudios.

Por otra parte, el funcionario expuso que, a un año de implementado el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, han enfrentado varios retos. Por ejemplo, episodios relacionados con peleas entre becarios, algún caso de robo, así como el presunto mal uso de los recursos por parte de ‘empresas fantasma’ o de ‘becarios fantasma’. Esto último, de hecho, ya derivó en una denuncia penal, que está integrada por varios casos, ante la Fiscalía General de la República (FGR), y en al menos otras dos denuncias en fiscalías estatales.

Además, Horacio Duarte dijo que están trabajando de la mano con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) para medir cualitativamente los resultados y el impacto que ha tenido el programa destinado a jóvenes, lo que además les permitirá hacer ajustes en caso de ser necesario.

A continuación, la entrevista íntegra con el Subsecretario de Empleo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Horacio Duarte.

¿En qué consiste el proyecto “Mes Trece” que presentó el 16 de enero? ¿Cómo será la transición de becarios a empleados?

Lo primero que yo siempre trato de explicar es que el programa tiene un comportamiento que yo llamo distinto a otros programas.

Nosotros tenemos un programa que nuestro número de becarios no es homogéneo con el año fiscal al año calendario. Ingresan los jóvenes cada primero y tercer lunes de cada mes. Y eso nos mueve las cifras.

Lee: AMLO dice que becarios de programas sociales son empleos, pero ni el gobierno los clasifica así

Si bien el programa cumple un año -arrancamos un 10 de enero de 2019-, no vamos a tener a un millón de becarios graduados, porque éstos saldrán de manera gradual. En este mes de enero estarán egresado los primeros 1,200 jóvenes que fueron los que logramos incorporar en enero de 2019. Y así vamos a ir creciendo para llegar al mes de agosto al punto más alto, donde estaremos egresando alrededor de 800 mil jóvenes del programa.

El tema del “Mes Trece” es un proceso que estamos terminando. Ya dibujamos algunas pinceladas, ya diseñamos unas líneas de acción, y ya presentamos las propuestas a los secretarios del trabajo de los estados en Querétaro. Pero es un tema que seguimos construyendo.

¿Pero, cuáles van a ser las rutas para integrar a estos jóvenes en el campo laboral?

Hemos diseñado varias rutas de salida para los jóvenes que se vayan graduando del programa.

Lo primero que queremos es lograr que se coloquen en un empleo. De preferencia en la empresa o centro de trabajo donde se estuvieron capacitando. O en una empresa afín a la actividad que estaban realizando. Pero no es un tema de voluntad, no podemos obligar a la empresa a contratar al becario, aunque sí podemos sensibilizarlos para que implementen mecanismos y amplíen su oferta laboral para irlos  incorporando.

Hay jóvenes que estando en la capacitación ya fueron contratados sin llegar a los 12 meses. Son alrededor de 20 mil casos, si bien es una cifra pequeña, creemos que es bastante alentadora.

Otra tres rutas que hemos trazado son: autoempleo, emprender un negocio, y el emprendimiento colectivo. Ya hay casos de jóvenes que se han encontrado en los centros de trabajo y han impulsado algunos modelos de negocios.

El problema de estos modelos es que no necesariamente nos va a impactar en el registro formal de empleos. Porque muchos de esos negocios se quedan en el mercado informal, en términos de que no cotizan en la seguridad social.

Otra ruta que surgió de los propios jóvenes es que hay casos donde nos dicen que quieren continuar con sus estudios. Allí los estaremos vinculando a través de “Mes Trece” con las opciones en línea que hay para estudiar.

El principal componente de los becarios es que tengan preparatoria. El 39% de los becarios tienen preparatoria pero muchos no la han terminado. Estamos trabajando con la Secretaría de Educación Pública para que la puedan finalizar en línea. Nos estamos enfocando en la preparatoria porque las cifras nos dicen que terminándola el mercado laboral mejorará para ellos, les dará más opciones.

Y otra estrategia es certificar las habilidades. Vamos a emitir una constancia para certificar sus habilidades. Todo eso lo vamos a meter en la plataforma del Servicio Nacional de Empleo (SNE), la cual habría que modernizarla, que sea atractiva, que sea dinámica, y que además sea amable, amigable, y que también se encuentre junto a las ofertas de bolsa de trabajo privadas, para que el joven tenga un menú a la mano.

¿Cuándo calculan que estará listo “Mes Trece”?

Calculamos que en mayo, que es cuando vamos a comenzar a tener nuestro mayor número de egresados.

Algo que aprendimos en el proceso de JCF es que los jóvenes utilizan mucho las tecnologías de la información y pueden aprender el proceso para inscribirse solos.

Así resolvimos en parte el tema de la identidad. En un principio teníamos la duda de cómo identificarlos. Cómo sabríamos que el joven que se estaba inscribiendo existía, pues le pedimos que se tomara una selfie con el número de QR inscrito en el formato impreso. Era pedirles una prueba de vida para saber que existían. Porque, al inicio, teníamos la duda de si estábamos frente a una granja de bots. Y de esta manera los resolvimos, pero fue sobre la marcha. Lo mismo hicimos con los tutores dentro de las empresas.

Lee: Empresas contratan a 15 mil becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro

Por eso, nosotros apostamos que sean los propios jóvenes los que tramiten estos procesos en línea.

¿Detectaron anomalías al inicio del programa?

Sí. En términos de números no fueron tantos casos, pero con uno que nos encontraran era perder la credibilidad del programa.

Tenemos 156 mil centros de trabajo. Hemos suspendido a 3,000 por prácticas irregulares.

¿Cuántos jóvenes estaban vinculados con estos centros?

Alrededor de 30 mil. Son muchos o son pocos es totalmente relativo. De un millón afectar 30 mil, creo que es poco; de 156 mil centros de trabajo, suspender a 3,000, también creo que es poco. Pero sí se han dado casos.

¿De esos 3,000 centros suspendidos, cuántas denuncias penales se presentaron?

Pocas.  Hay casos que no ameritaba denuncias, solamente se dio de baja a los centros. En el caso de los jóvenes se les dio la opción de registrarse en otro centro, porque era un tema atribuible a la empresa.

¿En qué consistían estas irregularidades?

Lo que encontramos es centros de trabajo que nos los capacitaban en nada; centros registrados con capacidad operativa por encima de la realidad (ejemplo: se registraban 50 y tenían capacidad para dos); hay denuncias de empresas que le pedían dinero a los becarios para aceptarlos, o que se coludían para aprobar las horas de empleo sin acudir al centro laboral; y también existen casos de tutores que estaban inscritos con diferentes empresas, lo que no está permitido.

Fue por eso que la propia plataforma fue endureciendo sus filtros. No descartamos que no intenten hacerlo de nuevo, pero se las estamos poniendo más difícil.

Entonces fuimos aprendiendo, fuimos ajustando y hemos salido bien librados porque logramos poner más candados.

¿Han encontrado empresas fantasma o jóvenes fantasma que están cobrando sin acudir a los centros de trabajo?

Sí, hemos encontrado domicilios inexistentes, que te registran un domicilio y no existe. Pero la incidencia numérica es muy baja; también hemos encontrado que han registrado jóvenes y físicamente no están en los centros de trabajo. Estos casos han sido denunciados antes las autoridades correspondientes.

¿Qué ajustes han hecho para evitar este tipo de casos de empresas o jóvenes fantasma?

Desde diciembre hay un mecanismo de vigilancia en campo, porque no contábamos con uno. Hasta antes de septiembre todo era vía plataforma web. Ahora, ya tenemos supervisores en campo que nos permiten vigilar si existen los centros de trabajo en el terreno. Son alrededor de 600 mentores, así se les llama, que nos tienen que mostrar con evidencia que las empresas existen. Toda la evidencia se sube a través de la plataforma. Esa información nos va a permitir compartirla con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

¿El Coneval analizará el programa y cuando estarán listos estos resultados?

Sí, estamos en la etapa de la evaluación cualitativa con el Coneval. Para nosotros es muy importante que una institución como el Coneval nos diga cuáles son los resultados de este ejercicio.

Ahora tenemos los datos cuantitativos. Podemos presumir que tenemos más de un millón de becarios, que en este momento tenemos 916 mil que están en activo, que tenemos  150 mil empresas. Esos los números.

Ya les entregamos todos los procesos, padrones, y acordamos con ellos que cuando tengan su primer borrador, analizaremos conjuntamente los resultados, pero aún no hay una fecha establecida para entregarlos.

¿A cuántos jóvenes se ha dado de baja y por qué causas?

Se han dado de baja alrededor de 30 mil jóvenes por diferentes motivos. Uno de los casos más comunes es que los jóvenes hagan su primer contacto con el centro de trabajo y después ya no acuden a su capacitación y sus labores. También se dio un caso de una empresa que denunció a los becarios por robo; hay casos de jóvenes que se han peleados entre ellos. Pero son los menos.

¿Qué otros datos ha arrojado el programa que ustedes no tenían previstos?

El IMSS por ejemplo nos ha informado que alrededor de 600 mil jóvenes del programa es la primera inscripción que tienen en la institución en toda su vida.

Eso significa que estás impactando en la vida 600 mil chavos que nunca habían tenido seguridad social.

Además, hay 700 mil jóvenes que es la primera vez que tienen acceso a un instrumento financiero, es decir, una tarjeta bancaria. Aquí se abre hasta un reto para que las instituciones bancarias generen ofertas a esos jóvenes. El programa ha ido descubriendo potencialidades de negocios para la Iniciativa Privada. Solo ese tema financiero los bancos tendrían que estar diseñando algún producto que les pueda servir a estos jóvenes.

 ¿Qué es lo que viene y cuáles son los retos para el PJC para este 2020?

Lo primero es que vamos a ir por otro medio millón de jóvenes. Numéricamente hablando es mantener el millón de becarios.

Vamos a actualizar en el costo de la beca con base al salario mínimo, lo que ya fue anunciado por el Presidente.

Un reto que tenemos es la composición del mercado laboral en el norte. En el norte las percepciones salariales son más altas y las becas no son tan atractivas, mientras que en el sur nos pasa a la inversa: los salarios son más bajos y el monto de la beca sí es competitivo.

Un gran reto es cómo diseñamos una estrategia de equilibrio entre la composición norte y el sur. No lo hemos terminado de resolver, pero lo tenemos como parte de los pendientes a trabajar.

La otra, es que ahora el programa tendrá reglas de operación. En los hechos los tenía a manera de lineamientos, pero ahora tendremos reglas y las estamos terminando y los tendremos a finales de este mes. Ya se las mandamos a la Secretaría de Hacienda y estamos esperando su visto bueno. Estamos al 100 para publicar.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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