'Mochila segura' viola derechos, pero opera desde 2001 hasta con policías y detector de metales
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'Mochila segura' viola derechos, pero opera desde 2001 hasta con policías y detector de metales

Si bien la revisión de mochilas no es un programa porque no tiene presupuesto ni reglas de operación, tampoco ha sido prohibido por la SEP, por lo que cada entidad en el país y escuela decidía aplicarlo o no.
Cuartoscuro
11 de enero, 2020
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Desde 2001, la Secretaría de Educación Pública ha permitido la implementación de  operativos mediante el cual policías, padres de familia y maestros revisan la mochila de los estudiantes de preescolar, primaria y secundaria en diferentes entidades del país y en el que utilizaron hasta de detector de metales, lo que significa una violación a los derechos de la niñez sin atender el verdadero objetivo que es la cultura de paz. 

En agosto de 2019, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió una recomendación respecto al “operativo” llamado Mochila Segura, en la que señaló las violaciones a derechos, y pese a que la SEP no ha emitido alguna instrucción para prohibir la medida.  

Luego de que este viernes 10 de enero un niño de 11 años disparó en contra de su maestra y compañeros del colegio Cervantes y después se suicidó, la SEP emitió un comunicado en el que señaló que “evaluará el programa Mochila Segura, junto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos para prevenir este tipo de hechos”.

Leer más: AMLO y Beatriz Gutiérrez defienden operativo Mochila Segura tras ataque en Torreón; ONG lo rechaza

También circuló en redes sociales un oficio en el que el Colegio Cervantes informaba a la supervisora de la zona escolar 506 en Torreón, Coahuila, de octubre de 2019 que la escuela no aplicaría el operativo de mochila segura debido a que los padres “manifestaron su inconformidad” ante la medida. 

Sin embargo, este programa no resuelve el problema de fondo y la solución contra las violencias no puede ser “criminalizándolos asumiendo que la violencia se concentra en su mochila”, afirma Ricardo Bucio Mújica, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sippina).

Mochila Segura nació en 2001 con la intención de detectar que los niños no lleven algún arma a la escuela, pero esta estrategia “centrando la relación alumno escuela y no viendo el contexto, el entorno social y familiar, la situación de violencia que vive el país que tiene un efecto en la comunidad educativa resulta contradictorio”, asegura Bucio Mújica en entrevista con Animal Político

“Es como considerar que la escuela fuese un lugar independiente de la violencia que se vive en el entorno, o que el municipio o el estado no tiene una responsabilidad en la seguridad de los entornos de la comunidad educativa. Es una perspectiva que parcializa la visión y tiene efecto negativo porque parece que la violencia está dentro de la mochila y no en todos los entornos que vive un niño en este país”, sostiene. 

Juan Martín Pérez, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), asegura que el problema de fondo del combate a la violencia es crear comunidades que formen a sus estudiantes en derechos humanos y cultura de la paz y no criminalizarlo, como ocurre con el programa de Mochila Segura. 

Si bien la revisión de mochilas no es un programa porque no tiene presupuesto ni reglas de operación, tampoco ha sido prohibido por la SEP, por lo que cada entidad en el país y escuela decidía aplicarlo o no. 

La CNDH emitió una recomendación en agosto de 2019 respecto a Mochila Segura violó el derecho a la educación, a la intimidad y a la participación, así como al principio del interés superior de la niñez de los alumnos que asisten a escuelas públicas y privadas de educación básica en la Ciudad de México, esto luego de quejas interpuestas por padres de familia. 

Dicha estrategia se aplicó “sin privilegiar el interés superior de la niñez y sin una estrategia de intervención, ni un enfoque de derechos humanos, transgredieron artículos constitucionales, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño. 

El operativo de revisión de mochilas comenzó en 2001 y se ha ido modificando en cada administración. En el sexenio de Felipe Calderón, por ejemplo, se impulsó “Escuela segura”, que incluyó la revisión de mochilas en secundarias. Con Enrique Peña Nieto surgió el Programa Nacional de Convivencia escolar en la que se incluyó también la revisión de mochilas. 

El 18 de enero de 2017, en un colegio privado de Monterrey, Nuevo León, un estudiante de secundaria disparó a su profesora y compañeros mientras estaban en el salón de clases, para luego dispararse a sí mismo, por ello, los Servicios Educativos de la Ciudad de México que dependían de la Federación, envió un oficio a las escuelas públicas y privadas del país con titulado “Mensaje para la revisión de mochilas ciclo escolar 2016-2017”, en la que daba las instrucciones para realizar la estrategia. 

Sin embargo, las escuelas tomaron sus propias decisiones para aplicarlas. Por ejemplo, en secundarias de la Ciudad incluso entraban policías a los salones de clase, hombres revisaban las pertenencias de mujeres o madres de familia abrían las mochilas de los estudiantes, pese a que las recomendaciones incluían que “los dueños de las mochilas serán quienes las abran y saquen los objetos”. 

Incluso también se aplicó en preescolares, y en algunos planteles informaron que no lo realizaban “en virtud de que en muchos de ellos no llevan mochila”, solo lonchera.

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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https://www.youtube.com/watch?v=zCY05LVIK6Y

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