Gobierno federal tendrá este año 50% menos de presupuesto para comunicación
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Gobierno federal tendrá este año 50% menos de presupuesto para comunicación

La administración de Peña Nieto en su último año tuvo para gastar en promoción 8 mil 537 millones de pesos. Ahora el monto destinado para esto es de 2 mil 452 mdp.
Cuartoscuro
6 de enero, 2020
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Para 2020, el gasto en servicios de comunicación social y publicidad de todo el gobierno federal, lo que se conoce como concepto 3600, tiene aprobado un monto de 2 mil 452 millones 509 mil 122 pesos, eso es casi la mitad de lo que tuvo en 2019, cuando registró un presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados de 4 mil 211 millones, 215 mil 495 pesos. 

El presupuesto suele registrar una variación cuando la Secretaría de Hacienda autoriza adecuaciones presupuestarias a las dependencias, pero el año pasado no hubo una adecuación importante, después de los ajustes quedó en 4 mil 103 millones 740 mil 026 pesos. 

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De eso, hasta el tercer trimestre de 2019, de acuerdo al último dato registrado en la plataforma de Transparencia Presupuestaria del gobierno, solo se habían gastado 395 millones 638 mil 813 pesos. 

Eso rompe con lo que solía suceder en otros años, como en el 2018, cuando este rubro tuvo un presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados, órgano encargado de esa tarea, de 3 mil 156 millones 087 mil 761 pesos, pero después Hacienda le autorizó adecuaciones hasta casi triplicarlo y dejarlo en 8 mil 537 millones 031 mil 488 pesos. 

“De acuerdo a la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, no puede haber incrementos al presupuesto de publicidad oficial cuando hay una crisis o cuando suben los precios de petróleo, esto no se respetó en la administración de Peña Nieto, cada año hacían adecuaciones presupuestarias superiores al 50%”, dice Paulina Castaño, investigadora en el Programa de Justicia Fiscal de Fundar, donde trabaja en los proyectos de Publicidad Oficial y Migración. 

De acuerdo a los datos registrados en la plataforma de Transparencia Presupuestaria, el gobierno de Peña Nieto terminó gastando 8 mil 179 millones 689 mil 433 pesos en 2018; entonces lo que tiene la administración federal para comunicación este año es alrededor de una cuarta parte de lo que se erogó en el último año del gobierno anterior. 

Entre las dependencias que tienen las mayores pérdidas en gasto para comunicación y publicidad está la Oficina de Presidencia, que se queda sin nada, cuando en 2019 tuvo un presupuesto modificado de 9 millones 219 mil 634 pesos, y en 2018, uno de 45 millones 510 mil 117 pesos. 

Gobernación también pierde, para este año tiene un monto aprobado de 233 millones 744 mil 732 pesos. Mientras que en 2018, los diputados le dieron solo 180 millones 111 mil 187 pesos, pero después Hacienda casi se lo quintuplicó hasta llegar a 916 millones 782 mil 408 pesos. 

La propia Hacienda se queda este año con casi la mitad de lo que tuvo el anterior, al pasar de 204 millones 943 mil 676 pesos de presupuesto modificado en 2019 a 111 millones 790 mil 421 pesos en 2020. Pero si se compara el monto actual con el del último año de Peña Nieto, cuando tuvo un presupuesto modificado para comunicación y publicidad de 605 millones 394 mil 662 pesos, entonces tiene solo 18.4%, en términos reales, de lo que tenía hace dos años. 

Aquellos tiempos 

La mayoría de las secretarías de Estado han tenido una variación importante si se comparan los montos para este rubro de 2020, no tanto con los de 2019 sino con los del último año de Peña Nieto. 

Salud tuvo para gastar hace dos años un mil 097 millones 298 mil 315 pesos, mientras que para este se queda con solo 86 millones 291 mil 441 pesos, apenas 7.8% de lo anterior, en términos absolutos. Trabajo tuvo en el último año de Peña 106 millones 415 mil 210 pesos, y ahora tiene solo 3 millones 472 mil 963 pesos (el 3.2%).

Por su parte, Bienestar tuvo en 2018 un presupuesto modificado de 519 millones 713 mil 724 pesos, y en 2020 se queda solo con 10 millones 910 mil 655 pesos (2%). Turismo es otra que se quedará con una mínima parte de lo que solía tener, al pasar de un presupuesto modificado en 2018 de 622 millones 412 mil 437 pesos a 6 millones 454 mil 674 pesos en 2020 (1%). 

En tanto que Medio Ambiente tenía hace dos años 690 millones 888 mil 374 pesos y ahora se queda con 23 millones 460 mil 427 pesos (3.3%). Mientras que Agricultura tiene este año un presupuesto de 15 millones 168 mil 162 pesos, y en 2018 tuvo un presupuesto modificado de 148 millones 250 mil 669 pesos (10.2%).

Economía pasó de un presupuesto modificado en el tramo final de la administración anterior de 355 millones 152 mil 371 pesos a un presupuesto asignado para 2020 de 6 millones 648 mil 566 pesos (1.8%).

Paulina Castaño, de Fundar, señala que hasta el gobierno de Enrique Peña la cuestión de las modificaciones hacia arriba del presupuesto representaban un problema, no solo porque no respetaban la ley, también porque las dependencias las solicitaban y Hacienda las autorizaba, “pero estas adecuaciones son algo muy discrecional, son movimientos para los que no hay reglas claras ni fiscalización adecuada”. 

Por eso, dice, es que desde hace muchos años se están pidiendo candados para los sobre ejercicios, vía estas adecuaciones presupuestales. Pero ahora también, asegura la investigadora, “hay que pedir candados para los subejercicios, como el que se ve en comunicación y publicidad oficial para el tercer trimestre de 2019, porque eso también atenta contra los derechos de los ciudadanos”.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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