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Cuartoscuro Archivo

Riesgos, impacto y presupuesto previstos para el Tren Maya: gobierno calcula gasto de 139 mil mdp 

El gobierno proyecta que el Tren alcance una demanda de 325 mil pasajeros cada día; el 70% de ésta sería de habitantes locales que lo usarían para sus actividades cotidianas.
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9 de enero, 2020
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El gobierno federal dio a conocer este miércoles el proyecto de inversión para la construcción del Tren Maya en el sureste mexicano, en el que se estima un gasto público de 139 mil millones de pesos (incluyendo IVA), y además se señalan algunos de los beneficios que se esperan con el tren, su impacto social y de transporte, e incluso algunos riesgos que implica una obra de este tipo.

En el documento publicado en la página de la Secretaría de Hacienda, de costo-beneficio, se detalla que en 2020 el gobierno federal haría una inversión de 31 mil 471 millones de pesos; en 2021, el gasto sería de 97 mil 419 millones de pesos, y en 2022 de 10,181 millones de pesos.

Entérate: Gobierno de AMLO acusa a la ONU de faltar al respeto a indígenas por sus críticas a consulta del Tren Maya

Además, se requerirían 8.3 mil millones de pesos “para la reinversión del material rodante, a ser desembolsados en 2033 y 2043”.

En total, el gobierno estima que la obra cueste 281,684 millones de pesos, ya con la suma de la inversión pública y privada.

Los costos de operación y mantenimiento para un periodo de 30 años serían de 156.4 mil millones de pesos (con IVA).

También se menciona que el proyecto de infraestructura ferroviaria, de transporte de pasajeros y de carga, que pasaría por los estados de Chiapas, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo y Campeche, consistiría en aproximadamente 1,440 kilómetros de vía con 30 estaciones “localizadas en grandes ciudades y poblados de la región”.

Se contempla el uso de 30 locomotoras y 180 carros de pasajeros.

Serían 7 tramos principales: de Palenque a Escárcega, de Escárcega al límite del estado de Campeche, del límite del estado de Campeche a Izamal, de Izamal a Tulum, de Cancún a Tulum, de Tulum a Bacalar, y de Bacalar a Escárcega.

Según se lee en el documento, el gobierno federal aún no cuenta con el 100% de factibilidad legal, económica y técnica de la obra. Dichos estudios, se señala, están en proceso de elaboración.

Riesgos de imprevistos, fallas geológicas y aumentos de precios

En el proyecto de inversión se detalla cuáles son algunos de los riesgos de la obra. Entre ellos, está el que no se pueda adquirir la propiedad de los terrenos necesarios para tener el derecho de vía, y que suba el precio de algunos terrenos.

Otro riesgo mencionado, es que aparezcan fallas geológicas, “características del suelo u obstrucciones físicas que no sean identificadas en la elaboración del proyecto ejecutivo”.

En otro punto se menciona el riesgo de que se lleven a cabo “salvamentos de sitios arqueológicos que originalmente no fueron programados”, y de que “surjan incompatibilidades entre los diferentes componentes del Proyecto y/o disputas entre los diferentes constructores, mantenedores y operadores”.

Por último, se señala el riesgo de que “la demanda proyectada (carga y pasajeros) sea menor a la real y por ello no se alcancen los beneficios socioeconómicos esperados”.

Impacto y beneficios esperados

Según el análisis de movilidad que hace el gobierno federal para justificar la inversión en el proyecto del Tren Maya, la obra alcanzaría una demanda de 325 mil pasajeros cada día; el 70% de ésta sería de locales que lo usarían para sus actividades cotidianas y que actualmente lo hacen en automóvil o transporte colectivo. Sobre la demanda para transporte de carga, se proyectan 69 mil toneladas diarias. 

Sobre la demanda, el documento indica que se prevé un aumento de 3% anual para llegar a 50 millones de visitantes anuales para el año 2052 gracias al Tren. 

Sin embargo, esta proyección se concentra en el turismo de Quintana Roo —84%—, uno de los cinco estados por los que cruza el tren además de Yucatán, Campeche, Chiapas y Tabasco. 

El análisis destaca que Quintana Roo concentra el 78% de la infraestructura hotelera de entre las entidades por las que cruzaría el Tren Maya; en Campeche, Chiapas y Tabasco sólo hay 9% de la oferta total. 

El crecimiento de la demanda de turistas por la presencia del Tren Maya no modificaría que Quintana Roo sea el destino de 8 de cada 10; y los otros estados se queden apenas con el resto. 

Según el análisis entregado a Hacienda, tener trenes impulsados por diésel en lugar de eléctricos es menos costoso. En esta conclusión no se incluyen los costos ambientales de utilizar combustibles fósiles en lugar de una alternativa eléctrica. 

Sobre la factibilidad ambiental del proyecto, se establece que en agosto de 2020 se contará con el Documento Técnico con los principales estudios ambientales necesarios para ejecutar la obra.

Los cálculos del gobierno federal indican que el Tren Maya implicaría beneficios acumulados por 352.6 mil millones de pesos, principalmente por los ingresos obtenidos por el transporte de pasajeros (36%) y por turismo internacional (27.7%). 

En total, según el gobierno federal, para el año 2023 la derrama económica por turismo —en este caso tanto nacional como internacional— habrá aumentado 8% con el Tren Maya y sumará 225 mil millones de pesos.

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Gordofobia: 'Me he pasado la vida temiendo que me llamen gorda'

Megan Jayne Crabbe tardó casi dos décadas en aceptar su cuerpo. Hoy, la "influencer" intenta ayudar a quienes se sienten incómodos con su apariencia a través de su cuenta de Instagram.
18 de noviembre, 2019
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Megan Jayne Crabbe

Natalie Lam
“La fobia a la gordura provoca discriminación y acoso en el mundo real todos los días”, dice Megan Jayne Crabbe, quien tiene más de un millón de seguidores en Instagram.

Megan Jayne Crabbe tenía cinco años cuando comenzó una guerra contra su cuerpo.

En su primer día de clases, en lugar de hacer amigos, se comparaba con sus compañeros y decía que era la “gordita”.

Hoy tiene más de un millón de seguidores en Instagram, e intenta usar la plataforma social para ayudar a quienes se sienten incómodos con su cuerpo.

Pero lo cierto es que Megan tardó casi dos décadas en aceptar su propio cuerpo. Los años que precedieron a eso estuvieron marcados por dietas, una anorexia devastadora e, incluso, un período en un hospital psiquiátrico.

A los 21 años, después de haber abandonado el colegio y luego la universidad, alcanzó su peso objetivo. Pero, aún así, ella “odiaba todo” sobre sí misma.

“Sabía que no importaba el peso que alcanzara. Nunca sería suficiente”, dice Megan, quien ahora tiene 26 años.

“No podía continuar con esa vida. Mi trastorno alimentario me había consumido, perdí mucho tiempo y me negué a que continuara consumiéndome más”, agrega.

Movimiento “positividad corporal”

Megan Jayne Crabbe

Megan Jayne Crabbe
“Sabía que no importaba el peso que consiguiera, nunca sería suficiente”, dice Megan, de 26 años.

Sin quererlo, Megan conoció el movimiento social “positividad corporal” que aboga por la aceptación de todos los cuerpos, independiente de la apariencia.

“No sé cómo me topé en Instagram con la imagen de una mujer en bikini que hablaba de aceptar su cuerpo, de no hacer dieta y vivir su vida tal como era. Nunca hasta entonces había creído que fuera una opción”, cuenta.

Fue entonces cuando su vida cambió.

Comenzó a publicar mensajes y fotos positivas respecto a su cuerpo en su cuenta de Instagram, @bodyposipanda, acumulando cientos de miles de seguidores.

En sus publicaciones, ella se refiere a sí misma como “gordita” y anima a sus seguidores a adoptar este tipo de lenguaje.

“La palabra ‘gorda’ tenía el poder de noquearme. He pasado mi vida temiendo que me llamen gorda, ni siquiera podía ver la palabra”, explica.

“Cuando conocí el movimiento positividad corporal, empecé a ver la gordura de una forma diferente. La palabra gorda es solo una forma de describir un cuerpo y necesitamos recuperarla”.

Fobia a la gordura

Megan comenzó a hacer dieta a los 10 años, diciéndoles a sus padres que quería llevar una vida “más saludable”. Sin embargo, al poco tiempo sus padres se dieron cuenta de que se había convertido en algo dañino.

Cuando tenía 14 años, le diagnosticaron un trastorno alimentario y a los 20 años, odiando que su cuerpo le “ocupara tanto espacio cerebral”, dejó la universidad y asumió el cuidado de su hermana Gemma, que tiene parálisis cerebral.

Ahora se describe a sí misma como activista, modelo, escritora y oradora. Recientemente realizó una gira por Reino Unido en la que cantó, bailó y habló sobre la cultura de la dieta ante una audiencia de 2,000 personas.

Además, Megan fue invitada al Parlamento británico para hablar con la Oficina de Igualdad sobre la imagen corporal.

La influencer planteó que el tema de la “fobia a la gorduradebería reconocerse como una forma de prejuicio.

Megan y Gemma Crabbe

Megan Jayne Crabbe
Megan asumió el cuidado de su hermana Gemma, quien tiene parálisis cerebral.

“No podemos tener una conversación sobre la imagen corporal sin abordar la fobia a la gordura”, dice.

“Muchas de nuestras inseguridades tienen sus raíces en el miedo a estar demasiado gordas, y para las personas que efectivamente tienen cuerpos más grandes, la fobia a la gordura provoca discriminación y acoso en el mundo real todos los días”, agrega.

Megan dice que suele recibir críticas en las redes sociales de los que aseguran que sus mensajes promueven un estilo de vida poco saludable.

Pero ella afirma que el debate sobre qué es la vida sana no debería girar en torno al peso.

“No espero que las personas amen necesariamente sus cuerpos, sino que los respeten”, dice.

“Me siento afortunada de haber encontrado el movimiento de la positividad corporal a la edad a la que lo hice, porque recibo muchos mensajes de mujeres mayores que han pasado sus vidas odiando sus cuerpos, y acaban de aprender a aceptarse a ellas mismas”.

Respeto por el cuerpo

Megan Jayne Crabbe

Linda Blacker
Megan Crabbe cree que la fobia a la gordura debería reconocerse como una forma de prejuicio.
Megan Jayne Crabbe

Megan Jayne Crabbe
La activista, modelo y oradora realiza giras para hablar de la “cultura de la dieta”.

Aunque muchos clasifican a Megan en la categoría de influencer, ella prefiere evitar esta descripción, porque dice que “muchas personas lo hacen para su propio beneficio”.

Ella, más que nada, quiere utilizar las redes sociales para hacer frente a la cultura de la dietay con ello espera ayudar a otros a construir una vida basada en algo más que la apariencia.

“Ha sido un proceso muy largo para aceptar todo lo que creía sobre el peso y la belleza, y luego obligarme a cuestionarlo. Tuve que llegar a un punto de respeto básico por mi cuerpo y aprender a no odiar mi reflejo”, dice.

“Ahora quiero ayudar a otras personas a lograr esto”, añade.

“Cuando tenía cinco años pensé que estar gorda era lo peor que me podía pasar. Había internalizado ese mensaje a una edad tan temprana, que he recorrido un largo camino. He estado una vida odiándome a mí misma y no quiero que nadie más se sienta así”, conluye.


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