Incompleto, sin sesionar ni operar: el Sistema para Víctimas en México a 6 años de su creación
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Cuartoscuro Archivo

Incompleto, sin sesionar ni operar: el Sistema para Víctimas en México a 6 años de su creación

Conformado por instituciones y autoridades de los tres niveles de gobierno, el sistema no se reúne ni se coordina.
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20 de enero, 2020
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El Sistema Nacional de Atención a Víctimas (SNAV), concebido hace seis años para materializar una política de Estado que sacaría de la indefensión a miles de víctimas de delitos y de violaciones a los derechos humanos, atendiendo el reclamo de colectivos como el Movimiento por la Paz de Javier Sicilia, hoy existe en el papel, pero no opera en la realidad.

Conformado por instituciones y autoridades de los tres niveles de gobierno, el sistema no se reúne ni se coordina. Aunque por ley el pleno del SNAV debería acumular al momento doce sesiones ordinarias a nivel nacional (dos al año), por lo menos, en los hechos solo se ha reunido una vez y fue en 2014. El reglamento del Sistema y de la Ley de víctimas tampoco existe.

Entérate: ¿Y las víctimas? El abandono de la CEAV

A nivel local los elementos básicos para que el SNAV pueda funcionar – entre los que se encuentra contar con una comisión estatal, un fondo, un registro y una ley actualizada – solo se han completado en 5 de los 32 estados del país.

Informes oficiales, abogados de víctimas y especialistas consultados por Animal Político confirman lo anterior, y recalcan que la atención a víctimas como política de Estado en México no es real. A la falta de coordinación, se suma el desinterés por reparar el daño de las instituciones responsables de violar derechos humanos.

La responsabilidad de responder, apoyar y reparar a las víctimas, señalan expertos y autoridades, se ha depositado exclusivamente en una Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) cuya intervención debería ser solo subsidiaria y complementaria. Hoy dicha comisión ya roza el colapso: es lenta, burocrática, y ahora también violadora de derechos humanos.

“Quien tendría que dar todos esos apoyos es el Estado, no la CEAV. La función de la CEAV, y para eso hay algo que se llama SNAV, era articular al Estado alrededor, al sector salud, al educativo, al de trabajo, a todos, pero nunca sucedió (…) hoy tenemos esta comisión que es mas bien una oficina asistencialista, que ha generado una relación casi clientelar con las víctimas”,  dice Jacobo Dayán, especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos.

A continuación, se detallan las principales irregularidades y omisiones relacionadas con el Sistema Nacional de Atención a Víctimas. En una segunda entrega de este texto, se profundizará en las deficiencias del funcionamiento de la CEAV.

Primero, el desinterés

La Ley General de Victimas promulgada el 9 de enero de 2013 estableció en su artículo 79 la creación del SNAV como la instancia central y superior para la “coordinación y formulación de políticas públicas”. Su objetivo – en resumen – era proponer, ejecutar y supervisar todas las acciones que hagan posible la protección y reparación del daño a las víctimas.

Al SNAV lo conforman representantes de los poderes ejecutivos, legislativo y judicial de los distintos órdenes de gobierno, así como la CNDH y organismos relacionados con derechos humanos. Lo encabeza el presidente de la República quien, según el artículo 83 de la ley, debe convocar al pleno del SNAV a sesionar de forma ordinaria al menos una vez cada seis meses, y de forma extraordinaria las veces que se requieran.

Dado que el Sistema se instaló en 2014, ello significa que para este momento su pleno debería acumular, al menos, doce sesiones ordinarias.

Pero de acuerdo con un diagnóstico realizado por la organización IDHEAS: Litigio Estratégico en Derechos Humanos presentado ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos en noviembre pasado, y con información de la propia CEAV, el SNAV solo ha sesionado una vez de forma ordinaria y eso fue hace cinco años.

De forma extraordinaria no ha sesionado ni una vez, aun y cuando 2018 y 2019 fueron años consecutivos con registros récord de víctimas de homicidio y feminicidio.

“El Sistema Nacional es un espacio de coordinación entre todas las instancias de los tres niveles de gobierno que tiene la obligación de atender a las víctimas. Es convocado por el presidente y si no se ha vuelto a reunir desde 2014 es porque Enrique Peña Nieto no lo volvió a convocar, ni el actual presidente tampoco. No se puede generar una política de atención integral a víctimas si ni siquiera las instituciones que están a cargo logran sentarse”,  señaló Jérémy Renaux, subdirector de IDHEAS.

Cuestionado sobre esta situación, el que fuera comisionado y presidente de la CEAV desde su creación hasta junio de 2019, Jaime Rochín, dijo a Animal Político que cuando estuvo en el cargo intentó tanto con Peña Nieto como con López Obrador que se convocara al pleno, sin éxito.

“En mi periodo se les comunicó a ambos presidentes a través de SEGOB que se debía convocar, pero no lo hicieron. Al final del sexenio anterior se convocó, pero ya no hubo quórum”, dijo Rochín.

En el balance oficial enviado al Congreso al dejar su cargo, Rochín reconoció que el SNAV se encuentra “lejos de cumplir sus objetivos” y centró el problema, entre otras razones, en la “falta de atención y coordinación de las diversas instituciones públicas” que lo conforman.

“Si bien la Ley General de Víctimas ordena que la atención a víctimas es una obligación del Estado en su conjunto, de la cual el SNAV sería la instancia superior de coordinación, en la práctica ha sido la CEAV quien ha asumido la atención de las víctimas, en prácticamente todos los aspectos. Pero la CEAV no puede suplir al Sistema Nacional ni llevar a cabo todas sus funciones, máxime en un contexto generalizado de violencia como el que atraviesa el país”, señala el informe oficial.

Luego, el abandono

El informe oficial de la Comisión concluye que no ha habido voluntad del Estado Mexicano de operar conforme a lo que mandata la Ley de Víctimas, situación ha propiciado que la CEAV deje de ser una instancia de coordinación, para convertirse en responsable de la atención de las víctimas “en casi todos los aspectos”.

Los abogados Noé Franco Pacheco y Reyna Velasco, cuyo despacho ha representado a cerca de medio centenar de víctimas ante la CEAV, coinciden en señalar que el Sistema Nacional no funciona y que “para fines prácticos no existe”: predomina el total deslinde de las instituciones y del Estado, incluso de las que son las responsables de violar los derechos humanos.

Por citar solo un ejemplo, los abogados refieren el caso de una de sus representadas: Elvira Santibañez, detenida en febrero de 2015 por elementos del Ejército Mexicano en Ajuchitán, Guerrero. La captura se realizó tras un cateo ilegal, en el que además Elvira fue torturada por los militares.

En 2017 la CNDH confirmó que la mujer había sido víctima de violaciones a sus derechos humanos, y emitió la recomendación 4/2017 en la que ordenó a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reparar el daño causado por sus elementos.

“La Sedena lo único que hizo fue aceptar la recomendación, pero respecto a Elvira no hizo nada. Le pasó todo el tema a la CEAV y con eso dice que cumplió. ¿Dónde está el fundamento legal para eso? No existe. Es la Sedena la que tendría que reparar, indemnizar, porque fue su personal. Con ellos se tendría que hacer el acuerdo, y cuando no le alcance o haya que dar algún apoyo entonces entra la Comisión de forma subsidiaria. Pero así no ocurre”, dice Reyna Velasco.

La ley General de Víctimas contempla el denominado Fondo de Ayuda Asistencia y Reparación Integral, del que la CEAV destina recursos a las víctimas. Noé Franco subraya que el dinero que de ahí se toma debería ser repuesto por las instituciones que violan los derechos humanos. “Es el espíritu de la ley, pero ni eso sucede”, concluye.

Jacobo Dayán subraya que la lógica en cualquier país serio es que los responsables de violar derechos humanos sean los responsables de reparar el daño. Destaca que, en casos como el de la tragedia de la Guardería ABC, es obvio que el IMSS tendría que hacerse responsable al menos con la indemnización, lo que no ha ocurrido nunca.

“Con la creación de la CEAV lo que acabó ocurriendo es que las demás instituciones del Estado dijeron: pues vete a la CEAV y que te reparen allá, ya no es mi bronca. Entonces ya no es bronca de la policía, ni de la fiscalía, ni del IMSS, ni de nadie… todo es bronca de la CEAV y es una perversión”, dijo.

Este abandono del Estado, puntualiza Jérémy Renaux, subdirector de IDHEAS, debería ser objeto de un llamado de alerta del Presidente desde el pleno del Sistema Nacional de Víctimas, para que las cosas cambien. Pero para ello tiene que reunirse y sesionar lo que, como ya se dijo, no ocurre.

“Para eso debería ser el Sistema, para articular al Estado y llamarlo. Pero hasta ahora ese sistema es solo de papel”, dice Renaux.

Los estados: un rompecabezas incompleto

Si a nivel nacional el SNAV padece de omisiones y desinterés, en los estados las fallas son estructurales: en el 85% de las entidades ni siquiera ha terminado de constituirse. Apenas cinco estados (Veracruz, Chihuahua, Jalisco, San Luis Potosí y Guerrero) cuentan con todos los componentes básicos que marca la ley para que el sistema funcione, con independencia de la calidad con que lo haga.

Un diagnóstico de IDHEAS revela, por ejemplo, que hay 11 estados en donde hasta la fecha sigue sin existir una comisión local de atención a víctimas. Es, en promedio, uno de cada tres estados del país. Entre ellos se encuentra la misma Ciudad de México.

Hay 19 estados que tienen una ley de víctimas desactualizada que no ha sido armonizada con las reformas de 2017. Hay un caso extremo que es el de Guanajuato, donde ni siquiera existe norma alguna al respecto.

En 14 entidades federativas no existe todavía un registro de víctimas, el cual es literalmente el punto de partida de los procedimientos de apoyo. Hay 15 estados que carecen del fondo de apoyo para víctimas, lo que hace imposible costear cualquier medida integral de apoyo. Y en 17 entidades no cuentan con asesores jurídicos para brindar representación legal a las víctimas.

El Observatorio Ciudadano de Derechos de las Víctimas publicó un mapa interactivo en este sitio, donde pueden consultarse a detalle los pendientes que existen en cada entidad federativa y el porcentaje de avance en la implementación del sistema.

Jérémy Renaux destaca que existen comisiones legalmente constituidas en los estados pero que son “elefantes blancos”, donde se carece de protocolos, del personal suficiente o capacitado, de instalaciones adecuadas. Son, en muchos casos, comisiones simbólicas.

A ello se suma que en los estados los sistemas de víctimas tampoco sesionan ni se coordinan.

“Lo que sucede a nivel federal se ha repetido tal cual en los estados. Y peor porque hay estados donde ni siquiera hay presión. Hay comisiones bonitas con comisionados muchas veces cercanos al gobernador o gobernadora, pero que no tienen la preparación para atender a victimas, no tienen presupuesto, no tienen asesores jurídicos, psicólogos, médicos, trabajadores sociales. Hay equipos de hasta solo 5 personas”, revela el subdirector de IDHEAS.

Los abogados Noé Franco y Reyna Velasco confirman que si bien hay algunas comisiones locales que en ocasiones brindan más apoyo que la propia CEAV, la mayoría de las veces la ausencia de las mismas o su mal servicio provocan que los casos terminen en la Comisión nacional.

Un sistema sin reglas

Otro punto que evidencia el nivel de omisiones relacionadas con el SNAV y con la atención a víctimas en el país es la falta del reglamento de la Ley General de Víctimas, el cual debió expedirse a mas tardar dentro de los seis meses posteriores a la reforma que se le hizo a dicha norma, en marzo de 2017.

Lo anterior no ocurrió. El plazo legal para que exista el reglamento caducó desde hace casi dos años y medio.

La ausencia de un reglamento es una falla vital para el correcto funcionamiento del todo el SNAV, pues en síntesis no existen reglas para ejecutar lo que contempla, desde la forma en que debe convocarse al Pleno hasta la operación de los procedimientos de la CEAV.

El extitular de la CEAV, Jaime Rochín, dijo a Animal Político que la responsabilidad jurídica de emitir el reglamento es de la Secretaría de Gobernación. No obstante, añadió, la Comisión participó y convocó a trabajos con organizaciones civiles y colectivos en torno a su formulación, que no llegaron a nada.

“Las organizaciones pidieron más consultas y más discusión, después se atoró en lo refrendos y finalmente con el nuevo gobierno se tuvo que volver a empezar”, dice Rochín.

Pero el diagnóstico de IDHEAS presentado ante la CIDH en noviembre pasado precisó que las mesas de trabajo para la formulación del reglamento carecieron de una metodología seria, y parecieron más una “simulación” para tomar en cuenta a la sociedad civil, sin realmente llevarlo a cabo. Por ese motivo es que las organizaciones se retiraron del proceso.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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