México gastó 600 mil mdp en plan anticrimen incongruente y fallido: ASF 
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México gastó 600 mil mdp en plan de prevención del delito deficiente y sin resultados

“De mantenerse el diseño e instrumentación de la política pública de la prevención del delito bajo las condiciones actuales, se espera que empeoren las condiciones de seguridad pública", alertó la ASF en un informe especial.
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25 de febrero, 2020
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En poco más de una década México ha gastado más de 600 mil millones de pesos en una estrategia de prevención del delito mal diseñada de origen, imposible de medir, incongruente e inconsistente, y que a las luces de la situación de inseguridad y violencia en la que hoy se encuentra el país no ha dado resultados.

Esa es la conclusión a la que llega un informe especial de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en el que se evaluaron todos los componentes de la política pública de prevención delictiva implementada por México desde su concepción en 2008 y hasta el cierre de 2018.

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Dicha política, explican los expertos, se sustenta en tres componentes: prevención social, contención del delito y prevención de reincidencia delictiva. A partir de ellos los gobiernos han implementado múltiples planes y acciones con la finalidad de atajar la creciente incidencia delictiva y la percepción de inseguridad.

Sin embargo, los expertos advierten que se trata de enfoques que, si bien parecen identificar de forma acertada las causas del problema, en la realidad se han traducido en acciones aisladas, incongruentes y desarticuladas, que impiden dar una respuesta integral a la crisis de violencia.

El problema se agrava porque aun con los cambios de administraciones los esquemas mantienen la misma inercia ineficaz y costosa.

“De mantenerse el diseño e instrumentación de la política pública de la prevención del delito bajo las condiciones actuales, se espera que empeoren las condiciones de seguridad pública, debido a la persistencia en el incremento de la incidencia delictiva, originado por la ausencia de una atención integral a la comisión de probables actos delictivos para evitar que sean consumados”, indica la auditoría.

Los millonarios costos

De acuerdo con el análisis de los auditores, de 2008 a 2018 nuestro país ha gastado 600 mil 732 millones de pesos en la implementación de la política pública de prevención del delito. Se trata de una estrategia cuyo costo se ha venido incrementando año con año.

Y es que mientras en 2008 se invirtieron (ya en cifras constantes) 27 mil 58 millones de pesos, para 2013 la inversión ascendía a 56 mil 884 millones de pesos, y en 2018 llegó hasta los 66 mil 31 millones de pesos anuales.

Esto significa que en el referido lapso el costo anual de la política de prevención del delito se disparó más de 144%.

¿En qué se han invertido los más de 600 mil millones? De acuerdo con el informe de la ASF, el 53.7% se ha ido en acciones relacionadas con la contención del delito, que se traducen primordialmente en operativos para la disuasión del delito y la detección oportuna de ilícitos financieros.

El 27.7% en prevención de reincidencia delictiva, que significa primordialmente en inversiones en el sistema penitenciario; y solo un 6% en acciones de prevención social que consisten en la implementación de los programas nacionales de prevención, campañas de difusión, etcétera. El resto se ha ido en esquemas sin identificar.

“Se identificó que el diseño presupuestario es consistente más no suficiente, en términos de atender las causas del problema público, debido a que, si bien los programas identificados ejercen recursos y están orientados a la atención de los tres subcomponentes de la política de la prevención del delito, éstos no atienden el total de causas establecidas”, indica el informe

El desastre

De acuerdo con la ASF, los tres componentes de la política de prevención a los que se han destinado los recursos están bien diferenciados. El problema es que en su implementación presenta “deficiencias, insuficiencias e incongruencias” que impiden siquiera medir su alcance y menos su impacto.

“Lo anterior, como resultado de un diseño de política endeble, ya que, en principio, se carece de una definición oficial y unívoca de qué es la prevención del delito, así como de un marco normativo que regule, de forma integral y precisa, los modelos de política que la integran, señalando las responsabilidades de las autoridades que deben instrumentarla”, indica la ASF.

De esta forma tenemos que si bien se trabaja en la prevención social la prevalencia de los factores de riesgo asociados con la violencia continúa. Aun cuando se busca contener el delito, en la realidad ello no ocurre en la mayoría de los casos e incluso los ilícitos se diversifican. Y si bien se destinan recursos a la prevención de la reincidencia delictiva, en realidad no hay programas efectivos de readaptación.

Los auditores consideraron especialmente grave la falta de un diseño programático serio que establezca objetivos, metas e indicadores para guiar su operación, evaluación y aspectos de rendición de cuentas. La ausencia de estos indicadores cierra además la puerta a cualquier posibilidad de medición y corrección de sus alcances, e impide analizar y fijar responsabilidades.

En ese contexto la Auditoría señala que, si bien no es posible construir una evaluación precisa de los resultados de la política implementada por México para prevenir el delito, debido a la referida falta de indicadores, se advierte que su efecto ha sido nulo dados los altos índices de violencia que registra el país, incluso con los homicidios alcanzando niveles récord.

“Las medidas de prevención no son adecuadas para inhibir los factores de riesgo que incrementan las probabilidades de la comisión del delito, tampoco son efectivas, ni oportunas para garantizar su contención, y resultan exiguas para disminuir la incidencia delictiva”, concluye la ASF.

¿Qué hacer?

Desde el punto de vista de la Auditoría lo que México requiere es generar una nueva política anticrimen que como punto de partida se dé a la tarea de definir un concepto claro de lo que es “prevención del delito”, y que a partir de ello se estructuren diagnósticos sobre la magnitud material del problema, sus causas y sus efectos, y a partir de ello se generen las medidas adecuadas para inhibirlo.

Debe ser, subraya el informe, una “política pública de prevención del delito integral e institucionalizada, con mecanismos que permitan medir su efectividad”.

Y a un nivel mas específico, los auditores sugieren generar las condiciones necesarias para facilitar la coordinación entre dependencias que pueden contribuir a disminuir los factores que propician los delitos; implementar programas de prevención en zonas ya sumidas en la delincuencia o en grave riesgo; y delimitar las acciones policiales de contención del delito a partir de una estrategia coherente, justificada y con objetivos claros que puedan ser evaluados y de ser necesario corregidos.

Todo ello teniendo claridad en que se requiere, de forma obligatoria, contar con “recursos humanos aptos y calificados” para llevar a cabo las acciones de prevención del delito. Algo que parece obvio y que, sin embargo, no sucede hasta la fecha.

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Mucormicosis, el raro y peligroso "hongo negro" que afecta a pacientes de COVID-19 en India

Aunque un funcionario del gobierno señaló que "no hay un brote grande", un número creciente de casos de mucormicosis están siendo reportados en todo el país, con consecuencias devastadoras para muchos pacientes.
11 de mayo, 2021
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El sábado por la mañana, el doctor Akshay Nair, un cirujano oftalmológico que vive en Bombay, se preparaba para operar a una mujer de 25 años que se había recuperado, tres semanas antes, de una infección de covid-19.

Ya en cirugía, la paciente, que es diabética, estaba siendo atendida por un especialista en oído, nariz y garganta.

El experto le estaba insertando un tubo en una de las fosas nasales y estaba extrayendo tejidos afectados por mucormicosis, una infección fúngica rara y peligrosa que ataca agresivamente la nariz, los ojos y, algunas veces, el cerebro.

A ese paso le seguiría un procedimiento de tres horas, a cargo del doctor Nair, para sacarle un ojo.

“Le quitaré el ojo para salvarle la vida. Así es como funciona esta enfermedad”, me dijo el doctor Nair.

En medio de una segunda ola mortal de covid-19 que asola India, los médicos están reportando una serie de casos vinculados con esta afección también llamada el “hongo negro” entre pacientes que ya se recuperaron de la covid-19 o están en ello.


¿Qué es la mucormicosis?

La mucormicosis es una infección muy rara causada por la exposición a hongos de la familia de los mucorales, que se hallan comúnmente en el suelo, las plantas, el estiércol y las frutas y verduras en estado de descomposición.

“Es omnipresente y se encuentra en el suelo y el aire e incluso en la nariz y la mucosidad de las personas sanas”, indica Nair.

Afecta los senos paranasales, el cerebro y los pulmones y puede ser potencialmente mortal en personas diabéticas o gravemente inmunodeprimidas, como pacientes con cáncer o personas con VIH/sida.


Los médicos creen que la mucormicosis, que tiene una tasa de mortalidad general del 50%, puede estar desencadenada por el uso de esteroides, un tratamiento que salva la vida de los pacientes de covid-19 que se encuentran en estado crítico.

Los esteroides reducen la inflamación en los pulmones causada por covid-19 y parecen ayudar a detener algunos de los daños que pueden ocurrir cuando el sistema inmunológico se acelera para combatir el coronavirus.

Pero también reducen la inmunidad y aumentan los niveles de azúcar en la sangre tanto de pacientes diabéticos como no diabéticos que contraen covid-19.

Se cree que esta disminución de la inmunidad podría estar provocando estos casos de mucormicosis.

“La diabetes reduce las defensas inmunológicas del cuerpo, el coronavirus las exacerba y luego los esteroides, que ayudan a combatir la covid-19, actúan como combustible para el fuego”, explica Nair.

“Es una pesadilla dentro de una pandemia”

El médico, que trabaja en tres hospitales de Bombay, una de las ciudades más afectadas por la segunda ola, dice que en abril ya vio a unos 40 pacientes con la infección fúngica.

Prueba de covid-19

Getty Images
Los esteroides son un fármaco esencial para salvar la vida de los pacientes con covid-19.

Muchos de ellos eran diabéticos que se habían recuperado de covid-19 en sus casas. A 11 de ellos se les tuvo que quitar quirúrgicamente un ojo.

Entre diciembre y febrero, solo seis de sus colegas en cinco ciudades (Bombay, Bangalore, Hyderabad, Nueva Delhi y Pune) informaron de 58 casos de la infección. La mayoría de los pacientes la contrajeron entre 12 y 15 días después de haberse recuperado de covid-19.

El concurrido Hospital Sion de Bombay ha registrado 24 casos de infección por estos hongos en los últimos dos meses, en comparación con los seis casos que se reportan aproximadamente cada año, según la doctora Renuka Bradoo, jefa de la división de oído, nariz y garganta del ese centro médico.

Once de ellos perdieron un ojo y seis murieron. La mayoría de sus pacientes son diabéticos de mediana edad que fueron atacados por el hongo dos semanas después de recuperarse de la covid-19.

“Aquí, ya estamos viendo dos o tres casos por semana. Es una pesadilla dentro de una pandemia”, me dijo la especialista.

“Este año es algo diferente”

En la ciudad sureña de Bengaluru, el doctor Raghuraj Hegde, un cirujano oftalmológico, cuenta una historia similar.

Jornada de limpieza en Bombay.

EPA
Bombay es una de las ciudades más afectadas en la segunda ola de India.

Ha visto 19 casos de mucormicosis en las últimas dos semanas, la mayoría de ellos son pacientes jóvenes. “Algunos estaban tan enfermos que ni siquiera pudimos operarlos”.

Los médicos dicen que están sorprendidos por la gravedad y la frecuencia de esta infección fúngica durante la segunda ola, en comparación con algunos casos durante la primera ola del año pasado.

Nair dice que no se había encontrado con más de 10 casos en Bombay en los últimos dos años. “Este año es algo diferente”, dice.

En Bangalore, el doctor Hegde nunca había visto más de uno o dos casos al año en más de una década de práctica.

Los pacientes que padecen la infección por estos hongos suelen tener síntomas de congestión y sangrado nasal, hinchazón y dolor en el ojo, párpados caídos, visión borrosa y, posteriormente, pérdida de la misma.

También se pueden presentar manchas negras de piel alrededor de la nariz.

Los médicos dicen que la mayoría de sus pacientes llegan tarde, cuando ya están perdiendo la visión, y tienen que retirar quirúrgicamente el ojo para evitar que la infección llegue al cerebro.

En algunos casos, los pacientes han perdido la visión en ambos ojos. Y en casos raros, los doctores tienen que extirpar el hueso de la mandíbula para evitar que la enfermedad se propague.

“No hay un brote grande”

El único fármaco eficaz contra la enfermedad es una inyección intravenosa antifúngica, que cuesta 3.500 rupias (US$48) la dosis y que debe administrarse todos los días por ocho semanas.

Mujer a la que se le hace la prueba

Getty Images
La segunda ola de coronavirus está causando estragos en India y la crisis se ha agudizado por la falta de oxígeno e insumos en muchos lugares del país.

Una forma de detener la posibilidad de contraer la infección por hongos es asegurarse de que a los pacientes con covid-19, tanto los que están bajo tratamiento como los que se han recuperado, se les administre la dosis correcta de esteroides durante el tiempo idóneo, explica el Rahul Baxi, un especialista en diabetes radicado en Bombay.

El experto indica que trató a unos 800 pacientes diabéticos con covid-19 el año pasado, y ninguno de ellos contrajo la infección por hongos. “Los médicos deben cuidar los niveles de azúcar después de que los pacientes sean dados de alta”, me dijo el doctor Baxi.

Un alto funcionario del gobierno señaló que “no hay un brote grande“. Sin embargo, es difícil decir por qué un número creciente de casos de mucormicosis están siendo reportados en todo el país.

“La variante del virus parece ser virulenta, elevando el azúcar de la sangre a niveles muy altos. Y, extrañamente, la infección por hongos está afectando a muchos jóvenes”, indica el doctor Hegde.

Su paciente más joven el mes pasado fue un hombre de 27 años, que ni siquiera era diabético. “Tuvimos que operarlo durante su segunda semana de covid-19 y quitarle el ojo. Es bastante devastador”.


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