Combate a la violencia contra la mujer, sin estrategia ni avances: Función Pública
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Combate a la violencia contra la mujer, sin estrategia ni avances: Función Pública

A pesar de que el Gobierno Federal invirtió en 2019 casi 80 millones de pesos en el combate a la violencia de género, la SFP señaló que “se desconocen los avances” en su prevención.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Nayeli Roldán
14 de febrero, 2020
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El combate a la violencia de género es “poco eficaz” y carece de una estrategia de prevención, a pesar de que el Gobierno Federal invirtió en 2019 casi 80 millones de pesos en frenar un fenómeno que afecta a 7 de cada 10 mujeres en México.

Así lo señaló la Secretaría de la Función Pública (SFP) en una auditoría de cumplimiento que realizó a la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia (Conavim), que presentó ayer jueves en un informe de fiscalización.

La Función Pública expuso que en 2019 la Conavim transfirió 79 millones 700 mil pesos a los gobiernos estatales para la atención, en 49 centros de justicia para las mujeres, de 142 mil mujeres que han sufrido violencia de género, mediante asistencia legal, psicológica, médica y de alojamiento.

Lee: Incompetencia, misoginia y manejo político afectan el registro de feminicidios en los estados, alertan expertas

Sin embargo, la SFP señaló que “se desconocen los avances” en la prevención del fenómeno, “debido a que (la Conavim) carece de una estrategia que permita focalizar los subsidios en la causa-raíz del problema y en la forma de medir los avances para alcanzar una solución”.

Lo anterior, recalcó Función Pública, a pesar de que la Conavim había suscrito hasta 2018 un total de 19 convenios con los estados para el combate a la violencia contra las mujeres.

“La actuación de los centros de justicia es de atención reactiva y paliativa, con escasa incidencia en la prevención del fenómeno”, subrayó la Función Pública.

“Por tanto, la SFP determinó que la política de combate a la violencia de género ha resultado poco eficaz para reducir este fenómeno que aqueja a 7 de cada 10 mujeres”.

En su informe, la Secretaría propuso que la Conavim gestione ante la Secretaría de Gobernación “una reforma de su marco jurídico” para dejar de ser un órgano que solo reacciona ante la violencia de género y no la previene.

El objetivo de la reforma sería, apuntó la SFP, que la Conavim transite a constituirse “en una autoridad facultada para establecer una coordinación efectiva con los tres órdenes de gobierno”, e implemente estrategias “con un enfoque transversal que permita mejores resultados”.

Cabe recordar que, en el inicio de 2019, en febrero, surgió una fuerte polémica luego de que el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva suspendiera por instrucciones del Gobierno Federal la convocatoria para que los refugios de la sociedad civil que atienden a mujeres violentadas accedieran a 346 millones de pesos aprobados en el Presupuesto.

El argumento que se dio en aquel entonces para no asignar subsidios a estos refugios fue “acatar cabalmente” la decisión de López Obrador de no transferir recursos públicos a las organizaciones de la sociedad civil.

Entérate: “Nos están matando”: Mujeres exigen a AMLO justicia contra feminicidios en Palacio Nacional

Invierten 663 mdp en indígenas… sin una estrategia

Por otra parte, la Secretaría de la Función Pública también hizo una auditoría de cumplimiento al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y al programa de Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez.

En el caso del desarrollo de pueblos indígenas, la SFP expuso que en 2019 el INPI ejerció 663 millones de pesos en varios rubros.

Por ejemplo, por medio de la Comisión Federal de Electricidad, inició obras de electrificación en beneficio de 19 mil 365 personas. También otorgó apoyos a 76 mil 697 alumnos de educación básica y media para becas, alimentación y hospedaje, e impulsó 957 proyectos productivos en beneficio de 7 mil 157 indígenas.

Sin embargo, a pesar de ese gasto de 663 millones de pesos en 2019, la Función Pública señaó que el INPI “careció de mecanismos de medición” para evaluar el grado de avance en la permanencia escolar de los menores indígenas y si hubo mejora o no de los ingresos de las personas indígenas.

El INPI tampoco tuvo mecanismos para identificar las necesidades de infraestructura básica de la población indígena, “y no dispuso de una estrategia efectiva para tutelar sus derechos constitucionales”.

La SFP señaló que el INPI “tampoco contó con diagnósticos que le permitieran focalizar los subsidios”, y que operó los diferentes programas en beneficio de la población indígena “sin planes integrales por grupo y región”.

Por ello, Función Pública recomendó que para evitar “procesos ineficaces”, el Instituto implemente planes “atendiendo a las necesidades específicas de cada grupo y región, a partir de un diagnóstico”. Esto, a fin de “focalizar adecuadamente los apoyos” a la población indígena.

En cuanto a la Beca Universal Benito Juárez, la SFP expuso que al término del ciclo escolar 2018-2019 se otorgaron becas a 3.5 millones de alumnos de escuelas públicas, con un monto erogado de 11 mil 905 millones de pesos.

Sin embargo, la dependencia detectó en su auditoría que este programa careció de mecanismos para determinar si las becas se priorizaron a los alumnos en condiciones de pobreza, y para medir el grado de avance del programa en la permanencia escolar.

Además, recomendó que las reglas de operación de la Beca “sean más precisas”, para asegurar “una eficiente dispersión y cobro de los apoyos económicos”.

También recomendó “fortalecer la supervisión y control interno para comprobar que los subsidios sean recibidos” por los estudiantes, y asegurar que se privilegien las becas a los estudiantes más pobres.

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COVID: cómo envejece nuestro sistema inmunitario y cómo podemos frenar ese proceso

Cuando nos volvemos mayores, nuestro cuerpo ya no produce tantas células cruciales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, y muchas de ellas se comportan de manera errática. Pero tú puedes compensar el paso de los años con acciones muy simples para mantenerlo en buena forma.
24 de diciembre, 2020
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El sistema inmunitario ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

“Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada”, le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Gráfico

Getty Images
Todo lo que podamos hacer para mantener la salud inmunitaria ayuda en la lucha contra la covid-19.

Esta respuesta contiene “neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer. Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores”, le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico. Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

“Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

“E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien”, añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que “el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)”, dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

Gente caminando

Getty Images
Caminar es un ejercicio simple al alcance de todos.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, “el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna”, comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

“Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades”, explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, “hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas”, le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

“Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer”, agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

“Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona”, explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

“Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres”, señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres “la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno”.

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: “hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar”, explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

“En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles”, dice Lord.

Hombre sentado en el sofá mirando la TV

Getty Images
Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord.

“Tenían muchas células T y el timo no se había encogido“.

“En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años”.

“Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida”, confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

“Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer ayuda”.

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Ciclista

Getty Images
Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven.

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

“Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente”, señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.


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