Directora de Universidades del Bienestar exhibe a estudiantes en paro
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Alejandro Ponce

Directora de Universidades del Bienestar exhibe a estudiantes en paro y exige entrega de instalaciones

La directora publicó el nombre y matrícula de 31 estudiantes en paro; denuncia que cerraron de manera violenta las instalaciones.
Alejandro Ponce
25 de febrero, 2020
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Raquel Sosa, directora general de las Universidades del Bienestar Benito Juárez, envió un comunicado ayer a la comunidad de la escuela de Derecho Ponciano Arriaga, que lleva siete días en paro, en el que difunde el nombre y matrícula de 31 estudiantes a quienes acusa de “mantenerse al interior” de las instalaciones. 

“Demandamos a quienes cerraron de manera violenta las instalaciones de la escuela a que las devuelvan pacíficamente a las autoridades de la sede y del programa ya que no sólo afectan el derecho del resto de los estudiantes a continuar con sus estudios sino que ponen en entredicho los principios fundamentales del Derecho, que son el uso de la razón y la argumentación para dirimir diferencias y otros conflictos y, en su caso, la aplicación de las normas que dicta la ley para que se haga justicia”, dice el documento. 

Lee: Maestros de Universidades del Bienestar denuncian irregularidades en pagos y contrataciones

La Universidad Ponciano Arriaga es uno de los planteles de la principal estrategia del presidente Andrés Manuel López Obrador que consiste en crear 100 universidades públicas en todo el país. 

Sin embargo, este plantel fue uno de los 19 planteles creadas por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en la Ciudad de México, Oaxaca, Tabasco, Yucatán y Campeche desde 2016, mismos que eran administradas como una “asociación civil” y mantenidas con la donación de un porcentaje del salario de diputados y senadores de la agrupación política. 

La Universidad Ponciano Arriaga fue una de las tres universidades que sí obtuvieron el Reconocimiento de Validez de Estudios (RVOE) y se había mantenido a flote los últimos tres años. Pero a raíz de su incorporación en el programa de las 100 nuevas universidades, dicen los alumnos, la calidad fue en detrimento. 

Es por la comunidad inició un paro de labores el pasado 17 de febrero en demanda de certidumbre académica, toda vez que no hay reglamentos vigentes para obtener la titulación, se cambió la currícula sin respetar el diseño previo, ha habido despido de maestros y la escuela no tiene recursos ni para pagar servicio de limpieza. 

Hasta el momento no ha habido diálogo directo entre autoridades y alumnos más que comunicados firmados por Raquel Sosa. En este último, al publicar los nombres y matrículas, la Asamblea General Estudiantil expresó su “inconformidad” por la difusión de datos de la comunidad estudiantil “que no exige nada fuera de la ley sino mayor transparencia”. 

Por tanto, dicen “responsabilizamos directamente a Raquel Sosa y a Verónica Castro (directora del plantel) de toda acción que pueda afectar la esfera jurídica de cualquiera que aparece en la lista difundida. La difusión de dicha lista, lo consideramos como un acto de cobardía, que sólo abona a incitar actos violentos en contra de aquellos que con un profundo ahínco deseamos mejorar la calidad educativa de nuestra universidad”.

Las promesas

Una de las principales demandas de la comunidad estudiantil es tener la certeza de titulación a través de mecanismos claros y la seguridad del reconocimiento de sus estudios en esa escuela. 

Esto porque en la transición de ser una universidad de Morena a una universidad del Gobierno Federal, los reglamentos del primer modelo dejaron de tener validez, pero tampoco se han establecido nuevos ni ha quedado clara la nueva organización, lo que genera incertidumbre sobre todo entre los jóvenes que llevan más de tres años estudiando ahí. 

Lee: Gobierno federal promete crear (ahora sí) las universidades del Bienestar en 2020

La coordinadora del programa de Universidades, Raquel Sosa, respondió a través del comunicado que la generación a punto de egresar podrá titularse “con las modalidades establecidas en el reglamento anterior y la liberación del servicio social y prácticas profesionales que estén pendientes”. 

Sin embargo, esa respuesta es insuficiente para la comunidad estudiantil, toda vez que no resuelve el problema de fondo y “una vez más se reafirma la incapacidad de Raquel Sosa y Verónica Castro para dirigir éste proyecto”.

Aunque la universidad había funcionado con clave de Reconocimiento de Validez de Estudios (RVOE) emitido por la SEP y había mantenido una matrícula de 600 estudiantes en tres turnos, Raquel Sosa acusó prácticas “inadecuadas” en la anterior administración. 

Por ello, la transición ha sido “larga y difícil” con “esfuerzos todavía incompletos por lograr la regularización y superación de deficiencias que se han prolongado y posiblemente complicado por las condiciones en las que se llevó a cabo la incorporación de la escuela al Programa Universidades para el Bienestar”. 

Sin embargo, los estudiantes aseguran que aunque el día que inició la huelga la dirección general informó que ya se encontraba inscrito el plan de estudios en la Dirección General de Profesiones de la SEP, “resulta una contradicción puesto que afirma la existencia de que nuestra institución educativa posee un RVOE y una Clave de Institución Pública por lo que abona aún más en la incertidumbre de legalidad de la validez de estudios”.

La Universidad se comprometió a “dar continuidad al plan de estudios (que fue modificado sin previo aviso), el establecimiento de equivalencias que, de acuerdo con las atribuciones el Organismo de las Universidades puede facilitar procesos de incorporación de estudiantes que han cursado otras licenciaturas”. 

Pero esto no resuelve las demandas estudiantiles puesto que “de las equivalencias, solo podrán ser efectivas siempre y cuando exista una certeza jurídica que avale nuestro plan de estudios”, que hasta el momento, dicen, no se tiene. 

Al reiniciar clases, prometió Raquel Sosa, iniciará un “proceso de evaluación a fondo del funcionamiento de la escuela, con el fin de instaurar procesos académicos de cumplimiento general, basados en el Reglamento Escolar y el Estatuto Académico del Programa, así como superar rezagos que dificulten o impidan la realización legítima de la aspiración a cursar una carrera profesional de calidad a los estudiantes ya inscritos”.

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¿Por qué los hombres usan menos los cubrebocas si corren más riesgo de morir por covid-19 que las mujeres?

Las tasas de mortalidad por covid-19 son considerablemente más altas entre los hombres. ¿Por qué entonces estos utilizan menos las mascarillas faciales que las mujeres?
15 de julio, 2020
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Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
La evidencia sugiere que en todo el mundo las mujeres acostumbran utilizar más las mascarillas faciales que los hombres.

Después de mucho pelear, Mónica* tomó una decisión drástica.

Mientras Brasil iba en camino de convertirse el segundo país del mundo en muertes por coronavirus, solo por detrás de Estados Unidos, su esposo, Eduardo, se negaba a usar una mascarilla.

Entonces decidió abandonar el departamento familiar en Niteroi, cerca de Río de Janeiro, y mudarse a casa de sus padres con su hijo de siete años.

“Soy asmática y eso me hace particularmente vulnerable al coronavirus. Pero para mi esposo estaba siendo paranoica“, le dice a la BBC.

No sabemos a cuántas otras parejas en todo el mundo les pasó lo mismo que a Eduardo y Mónica.

Pero su historia es un buen ejemplo de la brecha de género en las actitudes hacia el uso de máscaras faciales que se ha hecho evidente durante la pandemia.

Hasta el 14 de julio, la covid-19 ya había infectado a más de 13 millones de personas y matado a más de 570,000, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Y en la gran mayoría de los países donde hay datos disponibles, las tasas de mortalidad son considerablemente más altas entre los hombres.

Pero, a pesar de eso, estudios y encuestas también han encontrado que los hombres son más renuentes que las mujeres a usar equipos de protección personal y cubiertas faciales, actitud que también se ha observado durante epidemias anteriores.

Jared Kushner e Ivanka Trump

Getty Images
También en la familia Trump hay diferencias de género en el uso de mascarillas.

El uso de mascarillas, sin embargo, es una medida ampliamente recomendada por las autoridades de salud para ayudar a prevenir la propagación del coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, apoya el uso de mascarillas como “parte de una estrategia integral de medidas para suprimir la transmisión”. Y, aunque admite que hay evidencia limitada sobre la efectividad de las mascarillas no médicas para el público en general, alienta su uso cuando el distanciamiento social no es posible.

Varios países y ciudades también están promoviendo su uso, y algunos incluso las han hecho obligatorias en espacios confinados o abarrotados, como en el transporte público, bares y tiendas.

Orgullo y prejuicios

Pero si las mascarillas pueden ser una ayuda en la lucha contra el coronavirus, ¿por qué los hombres son menos propensos a usarlas?

Uno de los análisis más recientes y publicitados del comportamiento masculino fue realizado por Valerio Capraro, profesor titular de Economía en la Universidad de Middlesex, y la matemática canadiense Hélène Barcelo, del Instituto de Investigación de Ciencias Matemáticas de Berkeley.

Cementerio

Getty Images
Los hombres son más propensos a morir por covid-19 y también a negarse a usar mascarillas.

Los académicos encuestaron a casi 2,500 personas que viven en Estados Unidos y descubrieron que los hombres no solo estaban menos inclinados a usar máscaras faciales que las mujeres, sino que consideraban que ponerse una mascarilla era “vergonzoso” y “un signo de debilidad”.

Y la encuesta también encontró que las mujeres tenían casi el doble de probabilidades que los hombres de manifestar la intención de “usar una máscara facial fuera de su casa”.

“Los hombres tienen menos tendencia a cubrirse la cara, y una de las razones principales es que tienden a creer que la enfermedad no los afectará más que las mujeres”, explica Capraro.

“Pero eso es particularmente irónico porque las estadísticas oficiales muestran que en realidad el coronavirus impacta a los hombres más seriamente que a las mujeres”, agrega el científico.

Menos máscarillas, más muertos

Otros estudios también han demostrado consistentemente que los hombres también son menos obedientes al lavado de manos, una de las medidas básicas de higiene para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades.

Una encuesta reciente, por ejemplo, encontró que el 65% de las mujeres dice lavarse las manos regularmente, por un 52% de los hombres.

Y aunque en EE.UU. las afiliaciones políticas también influyen fuertemente en el comportamiento de hombres y mujeres durante la pandemia, el género parece seguir siendo un factor más importante.

Simpatizante de Trump con máscara facial

Getty Images
Las mujeres republicanas utilizan más las mascarillas que los hombres de su mismo partido.

Según varias encuestas, los partidarios del Partido Republicano del presidente Donald Trump son menos propensos a usar mascarillas o mantener la distancia social que los partidarios del Partido Demócrata.

Pero la encuesta nacional más reciente, hecha en junio, mostró que mientras el 68% de las mujeres que apoyan a los republicanos utiliza mascarillas fuera del hogar de forma frecuente, solamente un 49% de los hombres dijo ponerse una al salir de casa.

Todo indica, sin embargo, que la importancia de las máscaras faciales solo irá en aumento: nueva evidencia sugiere que el coronavirus puede propagarse por pequeñas partículas suspendidas en el aire y no solo a través de las gotas más grandes expulsadas cuando las personas tosen o estornudan.

Y un reciente estudio de científicos japoneses, que aún no se ha publicado, encontró una correlación entre el uso de mascarillas faciales y las tasas de mortalidad en 22 países.

Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
Científicos sostienen que hay una correlación entre mortalidad y uso de mascarillas.

Al analizar las encuestas del instituto de investigación YouGov, los científicos Daisuke Miyazawa y Gen Kaneko descubrieron que los países donde más personas dicen usar mascarillas tenían menos muertes por millón de personas.

¿Exceso de confianza?

Christina Gravert, científica conductista de la Universidad de Copenhague, no se sorprende por la división de género en el uso de mascarillas evidenciada por investigaciones.

Después de todo, hay una gran cantidad de trabajo académico que muestra que hombres y mujeres parecen abordar el riesgo de una manera diferente.

Pero Gravert le dice a la BBC que una simple observación en la capital danesa le bastó para confirmar que las mujeres estaban siendo más conscientes de los esfuerzos por contener la propagación de la covid-19.

Mujer caminando

Getty Images
Las mujeres le ponen más atención a las indicaciones.

“Los senderos para caminar en Copenhague se convirtieron en calles de un solo sentido, para que la gente no se cruzara al correr o caminar”, cuenta Gravert.

“Y mi impresión es que más hombres que mujeres se equivocan (al desplazarse por los mismos)”, destaca.

La brecha de género también se ha observado en otros países durante epidemias anteriores.

Por ejemplo, un estudio sobre el comportamiento de los usuarios del metro de Ciudad de México durante el brote de gripe porcina de 2009, que mató a casi 400 personas, encontró una mayor proporción de mujeres que de hombres con mascarillas.

También hay diferencias de género incluso en los países asiáticos donde usar máscaras faciales es una norma social ampliamente establecida y ampliamente observada.

Y la mayor reticencia masculina no es algo reciente: durante la pandemia de gripe de 1918 que mató a decenas de millones de personas, los hombres y los niños fueron el principal blanco de las campañas de salud pública que recomendaban el uso de mascarillas.

¿Hombres menos cuidadosos?

Junto con el trabajo académico mencionado por Christina Gravert, la vida real también parece confirmar constantemente la percepción de que los hombres son menos cuidadosos.

Los proveedores de seguros de automóviles, por ejemplo, han cobrado históricamente a las mujeres primas más bajas, porque los hombres están detrás de la mayoría de los accidentes de tránsito en todo el mundo (aunque también es cierto que el mundo tiene más conductores masculinos que femeninos).

Otro ejemplo curioso es el llamado Premio Darwin, que destaca las muertes más absurdas (y evitables): de 1995 a 2014 casi el 90% de los “ganadores” fueron hombres.

Hombre lee el periódico en las vías del tren

Getty Images
Numerosos estudios indican que los hombres toman más riesgos.

E incluso el investigador Valerio Capraro, admite haber sido negligente en el uso de mascarillas faciales.

“Solo comencé a usar una hace unos meses, cuando fui de viaje a Italia, donde el uso de mascarillas es obligatorio en una serie de situaciones”, admite.

Capraro ahora cree que hacer que las máscaras sean obligatorias hará que más hombres sigan los consejos de salud pública.

“Los estudios han demostrado que la diferencia de género casi desaparece en los lugares en los que es obligatorio cubrirse la cara”, destaca.

Christine Gravert, sin embargo, ve más potencial en campañas de concientización dirigidas al público masculino.

Mascarilla abandonada

Getty Images
Para hacer que más hombres utilicen mascarillas los expertos recomiendan campañas dirigidas y regulaciones más estrictas.

“Si el problema es el exceso de confianza, podría ayudar a que los hombres conozcan las estadísticas y mostrarles que sufren más de covid que las mujeres”, explica.

“Y si tomamos en serio que los hombres son en promedio menos altruistas y más egoístas, entonces la comunicación debería centrarse menos en proteger a los demás y más en protegerse a uno mismo”, dice la experta.

Un final feliz

También hay evidencia de que la presión de grupo puede funcionar, como lo muestra la historia de Eduardo y Mónica, la pareja dividida por una máscara facial.

Después de darle un ultimátum a su esposo, Mónica vio un cambio radical que se tradujo en un final feliz: Eduardo lleva una mascarilla desde hace un tiempo.

“Todavía pienso que mi esposo cree que un hombre sano como él no se enfermará“, dice Mónica.

“Pero ahora es bastante consciente de que sus buenas acciones protegerán a su familia”, concluye.

* Los nombres de Mónica y Eduardo fueron cambiados a solicitud de la entrevistada.

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