En México asesinan a un policía (al menos) cada día; Guanajuato concentra más del 15% de casos
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En México asesinan a un policía (al menos) cada día; Guanajuato concentra más del 15% de casos

En dos años suman más de 950 agentes asesinados. Solo en enero pasado fueron 55. Informe acusa indolencia y abandono frente a violencia contra los uniformados
Cuartoscuro
4 de febrero, 2020
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En México asesinan a policías todos los días. De enero de 2018 a enero de 2020 un total de 953 agentes de alguna corporación policial perdieron la vida a manos del crimen. Se trata, en promedio, de por lo menos un agente caído cada 24 horas, y eso si se toma en cuenta solo los casos que públicamente se conocen.

Aunque los homicidios de policías ocurren en prácticamente todos los estados, Guanajuato es la entidad más letal para los agentes al concentrar más del 15% de los casos, o lo que es lo mismo, en ese estado ocurre uno de cada seis asesinatos de uniformados.

Así lo revela un informe de la organización civil Causa en Común que advierte que el homicidio de agentes de todas las corporaciones se ha vuelto un hecho común en nuestro país, un fenómeno que no solo se ve propiciado por la impunidad en la investigación de los casos, sino incluso por el desinterés de la sociedad y del propio gobierno.

Lee: ¿Por qué policías de CDMX dormían en cajas de cartón? Esto dicen autoridades

“Si bien los asesinatos de policías son una afrenta directa al Estado, la mayoría de los casos pasan desapercibidos. Es tal la indolencia de los gobiernos federal y estatales, y la indolencia social, que buena parte de los casos quedan registrados únicamente en páginas interiores de prensa local” indica el informe que se presenta el día de hoy.

Para dimensionar el fenómeno y ante la falta de registros públicos y oficiales los autores del informe hicieron una investigación hemerográfica sobre homicidios de policías, con el apoyo de especialistas.

Los datos encontrados arrojan, como ya se dijo, un total de 953 policías de todos los niveles asesinados en los últimos dos años, de los cuales 452 corresponden a 2018 (1.24 casos al día), 446 se registraron en 2019 (1.16 homicidios diarios) y 55 ocurrieron en enero de 2020 (1.74 diarios). De hecho, enero de este año fue uno de los meses con mayor número de policías asesinados.

El estudio destaca el elevado nivel de violencia en contra de los policías en nuestro país al señalar que la tasa de agentes asesinados es de 115.8 casos por cada cien mil policías, nivel que quintuplica la tasa de homicidios de civiles en México.

Los focos rojos: Guanajuato y los municipales

El informe de Causa en Común revela que hay tres estados del país en donde se concentran el 31% de todos los homicidios de policías del país registrados en los últimos dos años. Es decir, prácticamente la tercera parte de ellos.

Lee: De 117 investigaciones contra policías por delitos sexuales en CDMX, solo 7 han sido vinculados a proceso

Uno de ellos es Guanajuato donde la cifra de policías asesinados es de 145, que equivale al 15% del total de casos. De dichos asesinatos 66 corresponden a 2018, 73 a 2019, mientras que en enero ya se sumaron otros 9 casos. Se trata de la entidad con la mayor violencia en contra de agentes de la ley.

A Guanajuato le siguen el Estado de México con una cifra total de 76 policías asesinados desde enero de 2018 a la fecha, y Guerrero con un total de 72 policías caídos.

Chihuahua, Michoacán, Jalisco, Puebla, Veracruz, Ciudad de México y Sonora completan la lista de los diez estados con mayor cantidad de policías asesinados.

El único estado que no registra algún policía asesinado de acuerdo con el registro que hace la organización encabezada por María Elena Morera es Campeche con cero casos registrados de 2018 a la fecha.

Por otra parte, el informe de Causa en Común detalla que, de los 953 policías asesinados en los últimos dos años, 482 corresponden a corporaciones municipales, lo que significa que son ellos los mas vulnerables ante la violencia. De ellos 452 eran oficiales haciendo trabajos preventivos y el resto elementos de tránsito.

Hay otros 413 oficiales asesinados adscritos a fuerzas de seguridad estatales, de los cuales 266 eran efectivos policías preventivas, y el resto ministeriales. También destaca el caso de 21 policías asesinados asignados a centros penitenciarios.

En tanto en dos años suman 58 los agentes federales asesinados en los últimos dos años, de los cuales 46 son policías federales/Guardia Nacional, 11 son efectivos ministeriales de la PGR (hoy FGR) y 1 asignado a la seguridad de un centro penitenciario federal.

Del desprecio a la violencia

“Matar a un policía es fácil, y muy rara vez conlleva alguna consecuencia” señala el informe de Causa Común.

Y es que, de acuerdo con los autores, en el tema de la violencia contra los policías no solo encontramos la ineficiencia crónica del Estado para resolver crímenes, sino también la apatía social y gubernamental hacia los agentes y por ende hacia lo que le suceda.

“Las policías adolecen de múltiples insuficiencias y deficiencias resultado de un abandono institucional crónico, generalmente caracterizado por presupuestos insuficientes y mal ejercidos; condiciones laborales abusivas; y brechas crecientes entre sus procesos de desarrollo, su realidad operativa y las leyes que los rigen. A lo anterior, se suma un amplio desprecio social a las corporaciones de policía” advierte el informe.

La indolencia es tal, puntualiza Causa en Común, que muchos de los asesinatos de periodistas terminan solo registrados en páginas de la prensa, sin ningún mensaje de condena ni seguimiento de parte de los gobiernos locales o federales.

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En este contexto de múltiples carencias y deficiencias los policías enfrentan un trabajo que a diario los pone en un altísimo riesgo, y aun así la mayoría intenta hacer un buen trabajo.

“Continuaremos insistiendo en que debemos reconocer la labor policial, debemos cuidar a quienes nos cuidan, y debemos fortalecer las capacidades institucionales para castigar el creciente número de asesinatos en el país”, indica la organización.

A continuación el informe completo.

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Guayaquil tiene más muertos por COVID-19 que países enteros y lucha para darles un entierro digno

La propagación del coronavirus está dejando imágenes desgarradoras por todo el mundo. En la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se multiplicaron los testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.
1 de abril, 2020
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A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se sumaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.

La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, hasta el 1 de abril había reportado más víctimas del covid-19 que naciones latinoamericanas enteras: 60 muertos y 1.937 infectados (1.301, solo en la capital).

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.

BBC Mundo se comunicó con algunos de los familiares y vecinos de las víctimas y los testimonios coinciden con aquellas dos palabras que Joseph Conrad destacó en su obra “El corazón de las tinieblas”: el horror, el horror.

“Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Vivimos al noroeste de la ciudad. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. Nosotros llamamos al 911 y nos pidieron paciencia. El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas”, cuenta Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda.

Dos mujeres en Guayaquil y de fondo el cuerpo de un hombre tapado en la calle.
Reuters

Guayaquil vive una crisis con decenas de muertos por el covid-19.

Otra joven guayaquileña que vive en el sureste de Guayaquil y quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.

“Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda”.

Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cerca de la terminal de autobuses, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:

“Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción”.

Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.

“Tomé esta decisión por el grito desesperado de muchos ciudadanos que tienen que esperar hasta 72 horas e incluso más para que las autoridades recojan los cadáveres que permanecen en las casas; busco cuantificar la magnitud de esta tragedia porque, en cuestión de cifras, Guayaquil es en este momento una gran nube gris”.

Enfrentamiento político

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó a BBC News Mundo que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.

“El Ministerio de Salud entrega en los hospitales el acta de defunción, Policía y CTE (Comisión de Tránsito del Ecuador) trasladan los cadáveres a los dos cementerios -Parques de La Paz en la Aurora y el Panteón Metropolitano en la vía a la costa- y las fuerzas armadas los entierran”, señaló Jarrín.

Pero lo ocurrido en la última semana de marzo en la ciudad -donde más de 300 cadáveres fueron recogidos en distintos domicilios por la policía ecuatoriana, según informa el diario El Comercio- puede tener serias consecuencias.

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Getty Images
El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Para comenzar, la crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el coronavirus, reclamó el 27 de marzo a las autoridades nacionales por las falencias del sistema público:

No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas”.

Además de los muertos en los hogares, la ciudad ha tenido que enfrentarse a la pesadilla de muertos en sus calles. Jésica Zambrano, periodista del diario El Telégrafo, le contó a BBC News Mundo su experiencia desde el centro de Guayaquil.

“Mi pareja salió a hacer las compras y se encontró una persona muerta, en las calles Pedro Carbo y Urdaneta. Más temprano nos dijeron que había otro muerto unos cuantos metros más allá. Aquí estamos acostumbrados a ver a mendigos durmiendo en las calles, pero como resultado de esta crisis personas desahuciadas mueren en el centro de la ciudad”.



“Golpe a las costumbres”

El 28 de marzo, un día después de las declaraciones de la alcaldesa, el diario El Universo informó sobre los planes del gobierno municipal de enterrar a los muertos en una fosa común, pero la idea no prosperó.

“Me parece terrible que se haya lanzado la idea de una fosa común en esta ciudad”, le dice a BBC News Mundo el sociólogo guayaquileño Héctor Chiriboga.

“Esta es una ciudad donde la clase media, media baja, demoraba el velorio hasta dos días porque tenía que llegar el pariente que vivía en Europa, los migrantes que se fueron después del 2000. Aquí se vestía a los cadáveres y hasta hace poco la Iglesia católica veía con malos ojos la cremación”, explica y añade:

“Esto es un golpe para las costumbres de los sectores populares, para el ritual del fallecimiento y del entierro. El hombre que se gana el pan día a día, que tiene una veta cristiana o católica, es un hombre que se deshace al ver que no se va a poder cumplir con el rito”.

Un hombre camina por el centro de Quito.

EPA
Las calles de Ecuador están casi desiertas en medio del brote del coronavirus.

Jorge Wated, quien está al frente de la fuerza de tarea designada por el presidente Moreno para el enterramiento de los cadáveres, le dice a BBC Mundo que él no hubiese aceptado esta misión si el mandatario le hubiera pedido hacerse cargo de una fosa común.

“Presido esta fuerza de tareas para levantar a los fallecidos de las viviendas y hospitales de Guayaquil, y para que aquellos que no tienen los servicios exequiales, puedan tener una cristiana sepultura, de forma unipersonal, en un camposanto de la ciudad”.

Pero el ingeniero Wated informa que los familiares de las víctimas no podrán asistir al entierro.

El peor escenario

Policía toma la temperatura en las calles de Quito.

AFP
Mientras tanto, los controles de temperatura siguen en las calles y rutas de Ecuador.

“Siempre había personas que fallecían en su casa. Lo normal era que un médico determinaba la causa de muerte y luego venía la funeraria. Pero ahora hay un pánico generalizado y se piensa que toda persona que fallece en Guayaquil tiene coronavirus. Entonces las funerarias no se quieren hacer cargo”, explica a BBC Mundo Grace Navarrete, médica salubrista que pertenece a la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública.

El comportamiento de las funerarias durante la crisis fue investigado por la periodista Susana Morán, del sitio digital de noticias Plan V, en el artículo “Morir dos veces en Guayaquil”.

Morán entrevistó a la dueña de una funeraria que cerró su negocio por temor a un contagio. “Yo ya tengo mis añitos, por ganarme unos centavitos yo no voy a poner en peligro a mi familia”, le dijo esta señora a la periodista.

Este miedo se replica también entre los familiares, dice la doctora Navarrete.

En las casas pasa lo mismo, se muere alguien y nadie toca el cuerpo, en una ciudad en donde el calor hace que el nivel de descomposición de los cadáveres sea más acelerado que en otras partes del país. Yo escuché de un caso de una persona fallecida en su dormitorio cuyos familiares sacaron el cuerpo sobre el colchón a la vereda”.

Para el ingeniero Wated, se trata de un conjunto de factores que se combinan en el peor escenario.

“Las funerarias están colapsadas, incluso no tienen personal; los camposantos no tienen capacidad de recibir tanta gente a tanta velocidad; la gente no puede salir de sus casas a hacer los trámites para enterrar a sus fallecidos; el número de muertos crece entre los diagnosticados con covid y la gente sospechosa de haber muerto de covid a la que no se le hizo una prueba: esto genera un cuello de botella“.

La enfermedad pública

Dos mujeres con mascarillas caminan por las calles de Quito.

EPA
Ecuador atraviesa un colapso del sistema funerario en medio del brote por el coronavirus.

El médico Ernesto Torres cree que la tragedia debe entenderse como un tema de salud pública, ya que, en sus palabras, esto “rebasa el ámbito de la medicina porque tiene que ver con políticas de Estado y del interés real de los gobiernos en la salud de su población”.

Para este experto en salud pública, en esta crisis se les ha dado demasiada importancia a los hospitales y no se ha trabajado a nivel comunitario.

“Si trabajáramos intensamente a ese nivel, podríamos evitar que tantas personas congestionen los hospitales. Ahora en los hospitales se trata de apagar incendios con baldes de agua. Podrías haber usado esos baldes de agua para apagar los incendios a nivel local con una brigada sanitaria, donde se involucren personas de la comunidad”.

En estas comunidades, sobre todo en las más periféricas, se está produciendo “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, en palabras de Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos:

“Está bien llamarnos a un aislamiento en los domicilios, pero nunca se pensó en planes de contingencia que garanticen, al menos, la seguridad alimentaria en los barrios periféricos y marginales”.

Adriana Rodríguez, profesora de Derecho la Universidad Andina y especialista en derechos humanos, piensa que no es sorprenderte que esto ocurra en una ciudad con una alta desigualdad social.

“Guayaquil es una ciudad que tiene aproximadamente el 17% de su gente en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo que ocurre ahora con los cadáveres nos hace pensar en qué cuerpos importan y qué cuerpos no importan. Los recortes en salud pública nos dicen que hay cuerpos que no importan”.

Policía en Ecuador

AFP
Ecuador vive “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, dice Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos.

Sin embargo, para el ingeniero Jorge Wated, esto que ocurre hoy en Guayaquil puede ocurrir en cualquier lugar del continente.

“Yo veo lo que pasa en el resto de Latinoamérica, por ejemplo, lo que pasa en Argentina hoy, y es lo que pasaba aquí tres semanas atrás; las cosas se van a ir complicando, dependiendo de cada país, nosotros estamos tratando de actuar lo más rápido que podemos”.

El escritor Milan Kundera decía en su libro “La lentitud” que la velocidad era directamente proporcional al olvido. Es difícil pensar que por más rápido que actúen las autoridades en estas horas, alguien olvide en Guayaquil estos últimos siete días de espanto.

Por ejemplo, en las últimas horas, la Revista Vistazo informó que en la noche del 30 de marzo circuló un video con un grupo de personas en el suroeste de Guayaquil, quemando llantas para reclamar el retiro de un cadáver.

“Incluso, los moradores habrían amenazado con quemar el cuerpo del fallecido, en señal de protesta”, cierra la noticia.

El horror, el horror.

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https://www.youtube.com/watch?v=Y36en98lbNw

https://www.youtube.com/watch?v=B_Gzc2Z7uQY&t=27s

https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

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