Escuela incumplía con protocolo: niños esperaban en la calle a padres
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Eréndira Aquino

Escuela no cumplía con protocolo de la SEP: niños tenían que esperar en la calle a sus padres

La escuela de Fátima no cumplía con el protocolo para la entrega de los alumnos, pues tenían que esperar en la calle a sus padres.
Eréndira Aquino
Por Erendira Aquino e Itxaro Arteta
17 de febrero, 2020
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La escuela Enrique C. Rebsamen, en la alcaldía Xochimilco, a la que asistía Fátima, no cumplía con los protocolos de seguridad para la entrega de los alumnos a sus padres en el momento de la salida.

Padres entrevistados por Animal Político confirmaron que los niños esperaban a sus padres afuera del plantel.

“Aquí al lado te espero y ahí nos vemos”, dijo una madre que prefirió no identificarse.

“Se supone que el programa de la escuela era que si no venían por los niños ellos daban aviso al DIF para que sus papás fueran por ellos ahí, y si no se los llevaban al búnker (sede de la Fiscalía local). Eso yo tenía entendido, pero ahorita creo que ya no”, explicó la madre.

Otra mujer recriminó a maestros y el supervisor de zona que el conserje no le permitió a su hijo esperarla dentro de la escuela. Autoridades de la escuela reconocieron que esto sí ocurría pero que cambiarán sus políticas.

Lee: ‘Hoy es Fátima y ¿mañana quién?’: padres bloquean vialidades para exigir seguridad

Este fin de semana, Fátima, una niña de 7 años fue asesinada luego de que una mujer desconocida se la llevó al salir de la escuela.

El supervisor de zona escolar de la SEP, Heriberto González Venancio, reconoció que ni alumnos ni padres cuentan con credenciales y que será a partir de este martes que se entregarán.

Ésta llevará la fotografía del tutor y dos familiares más que podrán recoger a los menores.

La Fiscalía capitalina señaló que la escuela no contaba con un protocolo de seguridad para la salida y entrega de los menores.

También el tío de Fátima, Miguel López, señaló las fallas en los protocolos de la escuela.

Cómo debe ser la entrega de menores

La Autoridad Federal Educativa de la Ciudad de México (AEFCM), de la SEP informó sobre el protocolo de seguridad que hay en las escuelas públicas para las y los alumnos tras lo ocurrido con Fátima.

En conferencia de prensa el titular de la AEFCM, Luis Fernández Fuentes, explicó que sí existe una guía operativa para las escuelas, para la entrega de los estudiantes al momento de la salida. 

Dicha guía consta de tres puntos:

  1. Para entregar a alumno, se solicita credencial a las personas responsable. No se entrega a quienes estén en estado de embriaguez o inconveniente.
  2. Desde el inicio del ciclo escolar las padres son informados sobre esta medida y se les pide que respeten el horario de entrega. De no presentarse en horarios establecidos y con 20 minutos de tolerancia, se solicita apoyo para trasladar al niño a una agencia del Ministerio Público. 
  3. Dependiendo del servicio educativo, si hay niños que regresen solos a casa, deben estar identificados y con credencial para ello. 

Estos pasos pueden consultarse a detalle en el punto 42 de la Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Inicial, Básica, Especial y para Adultos de las Escuelas Públicas de la Ciudad de México.

El titular de la autoridad educativa detalló que es responsabilidad de los directores la entrega de niños, la cual debe coordinarse con los maestros, “entonces el primero que tiene que responder es el maestro que entregó a la niña”.

De acuerdo con lo establecido en la guía, los supervisores escolares son los responsables de vigilar que el protocolo se cumplan.

El responsable de la AEFCM agregó que la guía está revisión desde hace más de 8 meses ya que analizan también otros temas como el acoso escolar. 

Lee: #JusticiaParaFátima: Asesinan en CDMX a niña de 7 años

Fernández Fuentes acotó que las 4,012 escuelas públicas de la capital “trabajan de manera cotidiana sin incidentes, ya que es alto el cumplimiento de esa guía operativa”. 

Respecto a lo sucedido con el caso de Fátima en la escuela Enrique C. Rebsamen, en la alcaldía Xochimilco, dijo que se ha abierto una investigación administrativa para ver si el plantel se cumplió este protocolo. 

Aseguró que, hasta ahora, todos los maestros han tenido disposición para cooperar en la investigación, misma que ya ha avanzado en lo administrativo y está en manos del Órgano Interno de Control.

Refirió que no han platicado en persona con la familia de Fátima y que con los profesores se han comunicado por teléfono. 

El titular de la autoridad educativa explicó que por el momento no pueden dar más detalles de la investigación, debido a que eso es responsabilidad de la Fiscalía capitalina. 

Para finalizar señaló que en caso de sanciones por posibles omisiones o cumplimiento de la guía, será el Órgano Interno de Control el encargado de sancionar a quien o quienes tenga responsabilidad. 

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#YoSoyAnimal
Julia "Butterfly" Hill

Julia, la mujer que pasó 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran

La activista se comprometió a ocupar el árbol, ubicado en un bosque del norte de California, pensando que pasaría allí como máximo un mes.
Julia "Butterfly" Hill
16 de agosto, 2020
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¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1,500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia “Butterfly” Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

“Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años”, dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

“Bellos y sagrados”

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California

Getty Images
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

“Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten”, comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

“Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido“, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California

Getty Images
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya

Getty Images
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

“Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

“El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear”, describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol

Getty Images
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

“Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma”, relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

“Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo a morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano”, afirmó.

Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company

Getty Images
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

“Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir”.

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

“Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'”, confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

“Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás

Getty Images
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

“Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”.

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

“No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera”, aseguró.

Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

“Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie”.

Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001

Getty Images
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

“Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto”, aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándalo, quien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

“Hubo tantos momentos profundos y bellos”, recuerda.

“Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris”.

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas”.

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

Getty Images
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.


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