Incompetencia, misoginia y manejo político afectan el registro de feminicidios en los estados, alertan expertas
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Incompetencia, misoginia y manejo político afectan el registro de feminicidios en los estados, alertan expertas

Por falta de perspectiva de género, aún cuando hay indicios claros de que el posible feminicida es la pareja sentimental de la víctima fiscales deciden normalizar dicha situación y clasificarlo como un homicidio convencional.
Cuartoscuro Archivo
Por Itxaro Arteta y Arturo Ángel
11 de febrero, 2020
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Era 14 de febrero de 2018, Día del Amor y la Amistad. En lugar de festejar, una pareja discutía en una parada del transporte público en la zona hotelera de San José del Cabo, Baja California Sur. De pronto, el hombre sacó un cuchillo y apuñaló a la mujer hasta matarla.

Taxistas que presenciaron el asesinato corrieron tras él y lograron detenerlo cuando trataba de fugarse, para entregarlo a las autoridades, según notas periodísticas publicadas ese día en medios locales.

El crimen ocurrió en vía pública y a plena luz del día; hubo saña contra la víctima y el agresor era su pareja. Son condiciones que, según la ley, corresponden a un feminicidio, es decir, a un asesinato de una mujer donde se aprovecha su género. Pese a ello la Fiscalía del estado no lo clasificó así, sino solo como un homicidio más.

Es más: en todo 2018, Baja California Sur no reportó haber tenido ni un solo caso de feminicidio.

Pero recuentos alternativos de la sociedad civil muestran otra realidad: según el mapa interactivo del feminicidio en México elaborado por la geofísica María Salguero, ese año hubo cinco feminicidios en Baja California Sur, y según el blog de la activista Frida Guerrera, hasta 14.

Animal Político reveló ayer que en los últimos cuatro años y medio solo 1 de cada 5 asesinatos de mujeres ocurridos en México fueron investigados como posible feminicidio. Al analizar ahora los datos estado por estado, se advierten disparidades notorias.

Hay algunas entidades que sí indagan la mayor parte de los asesinatos de mujeres como un posible feminicidio. Por ejemplo, en 2018 Sinaloa reportó 49 víctimas de feminicidio que equivalen al 94.2% de todas las mujeres asesinadas en dicha entidad, según datos de Inegi. Nuevo León reportó a 79 víctimas de posible feminicidio, que son el 85.9% de las mujeres víctimas de una muerte violenta en la entidad.

Entérate: Abril quería ayudar a víctimas de la violencia, pero fue asesinada en la CDMX

Tabasco, Veracruz y Yucatán son otros estados que tipificaron como posible feminicidio a más del 70% de los homicidios de mujeres. Sonora lo hizo con el 51% de sus casos.

Pero el resto de las entidades decidieron tipificar e indagar como feminicidio menos de la mitad de los asesinatos de mujeres. El caso de Guanajuato es llamativo pues registró la segunda cifra más alta de mujeres asesinadas en 2018 con 362 víctimas, pero solo clasificó como feminicidio a 21 casos, que equivalen al 5.8%.

Baja California Sur reportó cero víctimas de feminicidio pese a que 31 mujeres fueron asesinadas ese año. En total son 13 estados los que reconocieron como feminicidio a menos del 20% de los asesinatos de mujeres en 2018: Durango, Chihuahua, Colima, Guerrero, Tlaxcala, Nayarit, Michoacán, Jalisco, Baja California, Tamaulipas, Quintana Roo, Guanajuato y Baja California Sur,

Decisión política… ni técnica ni jurídica

Carolina Torreblanca, investigadora de la organización Datacivica, publicó un análisis que identifica que incluso en un mismo estado el registro de víctimas de feminicidio se dispara de un año a otro. Ello, señala la experta, muestra que la tipificación obedece más a políticas en torno a la definición de este delito, que a una medición real del fenómeno.

La abogada especializada en temas de derechos humanos y feminismo Karla Michel Salas coincidió en señalar que, aunque hay reglas y protocolos en cuanto a qué es un feminicidio y cómo debe investigarse, en realidad se opera con total discrecionalidad.

“Es una decisión arbitraria, no sabemos a partir de qué parámetros determinan que casos inician como feminicidio y que casos no, cuando lo que establece el criterio judicial y protocolos es que todos se tienen que indagar de inicio como feminicidios. Incluso esto termina siendo una decisión meramente política sobre cuándo les conviene o no reconocer un feminicidio”, señaló.

Una auditoría oficial realizada el año pasado sobre los registros de incidencia delictiva de las fiscalías, y cuyos resultados no se han querido transparentar, confirmó que existe un subregistro intencional de múltiples homicidios con características de feminicidio, situación que también ocurre con otros delitos de alto impacto.

“A veces no lo quieren tipificar por razones políticas. En Veracruz, Jorge Winckler (exfiscal) cuando tuvo problemas con el gobernador Cuitláhuac García, de repente dijo que todas las carpetas iban como feminicidio, para golpear al gobernador. Ahorita que tienen una encargada de despacho nueva, 21 de esos casos los cambió a homicidios calificados de un plumazo. Siempre el feminicidio se ha utilizado políticamente”, señala por su parte María Salguero.

Poca capacitación, nula perspectiva de género

En un diagnóstico entregado al Congreso hace unos días la FGR sostiene que aun cuando el delito de feminicidio está tipificado en casi todo el país, las fiscalías enfrentan dificultades para documentarlo y sostenerlo en un proceso judicial.

Las especialistas consultadas por Animal Político coincidieron en el diagnóstico, pero advierten que el problema de origen parte de los propios agentes del Ministerio Público.

Viridiana Valgañon, abogada litigante de la organización EQUIS Justicia para las Mujeres, resume las complicaciones del tipo penal en dos temas. Uno es falta de capacitación del personal ministerial para identificar qué indicios permiten presumir desde un inicio la existencia de un posible feminicidio, y abrir la carpeta de investigación por el mismo.

El otro es la falta de perspectiva de género de los fiscales, quienes aun cuando hay indicios claros de que, por ejemplo, el posible feminicida es la pareja sentimental de la víctima, deciden normalizar dicha situación y clasificarlo como un homicidio convencional. También se ignoran patrones como la recurrencia del asesinato de mujeres en sus casas o con métodos como la asfixia, que deciden ignorarse y manejarse como homicidios simples y aislados.

Es un tema delicado, añade la abogada, ya que al no considerar de inicio una carpeta de investigación como feminicidio se da pie a una investigación incompleta, donde las pruebas que se recaben serán solo para acreditar la existencia de un asesinato, pero no para documentar la razón de género como un parentesco. Así se terminan desestimando testimonios y evidencias.

Desde 2016, Frida Guerrera recopila en medios nacionales y locales casos de vidas arrancadas —como pide llamarlas— de mujeres, y clasifica los casos como feminicidios si cumplen con lo que establece el artículo 325 del Código Penal Federal.

“Aunque trátese de lo que se trate, homicidios por ejemplo en un asalto, (las Fiscalías) tendrían la obligación, respetando las sentencias que hay, sobre todo la de Mariana Lima, de investigarlo con el protocolo de feminicidio, pero lo hacen al revés. Pero por ejemplo el homicidio de una niña por un grullero en Tultitlán, Estado de México, cuando emiten la orden de aprehensión, la emiten por homicidio, y cuando yo pregunto, me dicen ‘es que es más fácil que el juez nos las dé así, y luego reclasificamos’, cuando debería ser absolutamente al revés”, dice Guerrera.

Animal Político ha documentado casos, como el de Serymar Soto en el reportaje Matar en México: Impunidad Garantizada, en donde pese a que el homicida fue la pareja sentimental de la víctima y que hubo violencia previa, el agente del Ministerio Público se negó a indagarlo como feminicidio bajo el argumento de que era “más complejo” y podría poner en riesgo el éxito del caso.

“Todos son indicios claros que tendrían que ser suficientes para una tipificación inicial, pero no ocurre. La realidad es que nos está costando mucho trabajo que lo que hoy está en la ley se implemente. Los datos lo dicen. Solo 1 de cada 5 casos. Eso quiere decir que la mayoría no se investiga aun cuando en la ley el delito exista”, señaló Valgañon.

Impunidad y revictimización

María de la Luz Estrada, del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), puntualiza que no solo es importante que se abran las carpetas de investigación por feminicidio, sino que también haya vinculaciones a proceso y no se mantenga la impunidad. Pone como ejemplo Oaxaca: cerró el año pasado con 28 feminicidios, pero solo 4 fueron vinculados y se siguió el proceso de investigación.

“Lo que me preocupa es la gran impunidad que hay en el país. Y esos datos no los da el sistema del Secretariado, ni siquiera nos los dan las fiscalías”, reclama.

También lamenta la falta de detalles que hay en las estadísticas oficiales sobre las características de las muertes, las condiciones en las que se encontró el cuerpo, y los antecedentes. Porque en estados con altos niveles de violencia del crimen organizado, por ejemplo, se encuentran cuerpos de mujeres quemadas, descuartizadas, y aunque el tipo penal establece que si se comenten “heridas infamantes” tiene que ser considerado feminicidio, las fiscalías más bien consideran que es una ejecución del narco y ya no se investiga a fondo.

“Se maquillan cifras, la autoridad prefiere decir: yo feminicidios no tengo. Porque socialmente tiene menor impacto decir que matan a muchas mujeres porque están en la delincuencia. Y llaman la atención las cifras que en los estados más violentos de este país los feminicidios reportados son pocos”.

¿Cuál es la solución?

Bajo el argumento de que construir investigaciones de posible feminicidio está siendo complicado, el fiscal Alejandro Gertz Manero propuso que se eliminen las condiciones que contemplan los códigos para tipificar este delito y que se simplifique a una forma de homicidio, pero más grave. “Se trata de visibilizarlo más”, subrayó ayer en conferencia conjunta con el presidente.

La abogada Karla Salas dijo que esto, además de ser inconstitucional no es una solución, dado que lo que se trata de perseguir y castigar con severidad son los crímenes por razón de género, y no solo por el sexo de la víctima.

Valgañon coincide en ello pues advierte que hay otro fenómeno como el de las mujeres que son asesinadas con armas de fuego, delincuencia común u organizada, que va en crecimiento y que no puede tratarse ni perseguirse la misma forma que la violencia feminicida, donde se aprovecha la condición de género de las víctimas.

Ambas subrayaron además que el tipificar todo como feminicidio o el suprimir el tipo penal, invisibiliza además un fenómeno que es necesario documentar. En ese contexto, señalaron que el trabajo debe orientarse hacia los operadores del sistema, a la capacitación de las autoridades y a la eliminación de estereotipos que hoy dificultan que lo que se consiguió en la ley se aplique en la realidad.

La diputada Martha Tagle, que ha impulsado diversas iniciativas sobre temas de género, dijo que es necesario revisar la implementación del tipo de feminicidio, pero para hacerlo funcionar, no para suprimirlo.

“Urge que los ministerios públicos funcionen. Tenemos que hablar de recursos, capacitación, estructura. A 12 años de cambios legales seguimos sin tener ni policías ni fiscales preparados para identificar feminicidios”, concluyó.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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