Alumnos acusan que ITAM evade responsabilidad ante casos de suicidio
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Andrea Vega

Alumnos acusan que el ITAM evade su responsabilidad ante casos de suicidio por presión académica

Estudiantes acusaron que en una conferencia se les habló de que el suicidio es un problema global acentuado por la tecnología, pero no se dijo nada sobre las denuncias de presión académica excesiva en el ITAM.
Andrea Vega
18 de febrero, 2020
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El ITAM implementó este lunes una cuestionada actividad de prevención de suicidios después de que, el pasado 11 de febrero, el estudiante Gerardo Ernesto Carreón Olvera -a quien la institución no reconoce como miembro activo aunque la madre afirma que sí– se suicidara.

La primera actividad, programada para las 10 de la mañana de este lunes, fue una conferencia en la que les aseguraron a los jóvenes que el suicidio es una tendencia global, provocada por la vida moderna y la tecnología. Se habló incluso de retos como el de la Ballena Azul y Momo, pero nada se dijo sobre la presión académica excesiva que los estudiantes denunciaron en redes sociales en diciembre pasado, lo que ocasionó críticas de los estudiantes.

En diciembre pasado murió Fernanda Michua Gantus, estudiante de las licenciaturas de Derecho y Relaciones Internacionales del ITAM. En un principio se difundió la noticia de que su muerte había sido un suicidio, ocasionado por la excesiva presión académica en la institución. Después la madre de la joven explicó que había muerto por un ataque epiléptico, pero señaló que éste se había presentado luego de que Fernanda fallara en un examen. La muerte de la joven desató en redes sociales una ola de denuncias por parte de sus compañeros respecto al estrés que les imponía la carga de trabajo escolar y la actitud prepotente y poco empática de algunos profesores.

Entérate: Familia acusa que presión del ITAM provocó muerte de Ernesto; es exalumno, dice la escuela

El 14 de diciembre el ITAM emitió un comunicado en el que se comprometía a atender las demandas y a implementar una estrategia que incluyó la creación de la nueva Dirección de Asuntos Estudiantiles, con Horacio Vives a la cabeza. Esta está enfocada en brindar atención e iniciativas de manejo de estrés y prevención de adicciones. Se ofreció también un servicio gratuito y profesional de atención emocional, la promoción de un ambiente de respeto y acceso directo para los estudiantes al rector y al vicerrector.

“Sí se han hecho cosas, se creó la dirección de Asuntos Estudiantiles, y Vives es una persona muy cercana a los estudiantes, pero también hay señalamientos de que pone por delante los intereses de la escuela y no de nosotros. Además, él no es especialista en salud mental y los servicios de apoyo psicológico que se ofrecieron no son suficientes frente a la demanda que existe. A un compañero le dieron cita para el 28 de febrero y cuando se está en una situación de emergencia y riesgo eso es mucho tiempo”, contó a Animal Político un alumno que pidió omitir su nombre, y a quien llamaremos Pedro.

El joven, estudiante de la carrera de Derecho, explicó que también se abrió una clínica de salud mental, que es una materia optativa, abierta a todos los estudiantes interesados en cursarla.

Respecto a los profesores, aseguró que sí han despedido a algunos que tenían señalamientos de conductos abusivas hacia los estudiantes. “Pero no se han ido todos los que tienen esos comportamientos, varios siguen en la institución”.

El pasado 11 de febrero la madre de Gerardo Ernesto Carreón Olvera denunció que su hijo se había quitado la vida por la presión académica en el ITAM. La institución se apresuró a emitir un comunicado en el que aseguraba que el joven no era su alumno. “No se inscribió ya este semestre. Hizo un examen en enero, por los exámenes que se postergaron en diciembre pero no es alumno activo”, aseguró a Animal Político la oficina de comunicación.

Frente a esto es que se hizo el anuncio de la nueva fase de la estrategia. Ante un auditorio abarrotado, con jóvenes sentados hasta en los escalones del recinto y otros siguiendo la conferencia vía remota en salones habilitados para esto, Ana María Chávez, de la Asociación Mexicana de Suicidología, impartió una charla en la que subrayó que el suicidio es un problema global acentuado por la tecnología.

“Es un nuevo mundo, un nuevo escenario y un nuevo sujeto contemporáneo lo que impacta en estos casos de suicidio. Y en México el problema se ha acentuado porque está creciendo el grupo poblacional de mayor riesgo, de 10 a 29 años”, explicó en la conferencia a la que Animal Político tuvo acceso.

La psicóloga presentó casos de niños suicidas, reportados en los medios de comunicación, por castigos de sus padres, por no poder seguir sus estudios. Se detuvo en los juegos en línea como la Ballena Azul o Momo que reta a los adolescentes a suicidarse y hasta habló de lo ocurrido en Coahuila, donde un niño disparó contra su maestra y compañeros. Pero nada dijo de los casos de suicidio en el ITAM.

Para cerrar su intervención, Ana María Chávez lanzó una pregunta al auditorio lleno de jóvenes: “¿qué harías si alguno de tus amigos habla de quitarse la vida? Tu habilidad para reconocer los signos pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Saber qué hacer implica informarnos, tener un trabajo íntimo, en casa”.

En la sesión de preguntas y respuestas en la que solo se permitieron tres cuestionamientos, un estudiante tomó la palabra para expresar su disgusto. “No entiendo qué acaba de pasar aquí. Yo vine (a la conferencia) esperando algún tipo de empatía y lo que encuentro es que le echan la culpa a las tendencias tecnológicas y hasta al por qué no lo apoyaste, cómo respondiste tú, ¿y el ITAM qué pudo haber hecho?”.

Otra de las asistentes a la conferencia señaló que los casos de suicidio en el ITAM van más allá de una cuestión de redes sociales o de un hashtag: “son problemas específicos que tienen que ver con la situación académica en la que vivimos, y la prioridad de que estudiar en el ITAM y nuestras materias son más importantes que nuestra salud mental e incluso física”.

Ante los reclamos, Chávez aseguró que esta conferencia era apenas el inicio de la estrategia, en la que habrá intervenciones puntuales e individuales. Señaló, por ejemplo, que al medio día habría un taller con profesores para abordar el tema de cómo actuar después de un suicidio en la comunidad, lo que se conoce como posvención, para evitar un efecto dominó.

También anunció un taller para estudiantes por la tarde y afirmó que toda esta semana habrá actividades encaminadas a prevenir el suicidio.

Integrantes de las representaciones estudiantiles se acercaron a Chávez y a las autoridades del ITAM para solicitar que se enviara un comunicado anunciando que habría más acciones, puesto que muchos de los asistentes se habían ido decepcionados de la conferencia.

Y la escuela lo emitió, en este el ITAM aclaró que la conferencia fue una plática inicial de sensibilización con el objetivo de dar un panorama general sobre el contexto social, “continuaremos abordando la problemática por la que estamos atravesando, en diversos espacios para intercambiar reflexiones y sentimientos. Este esfuerzo marca el inicio de lo que en nuestra casa de estudios comenzaremos a hacer para apoyarte”.

El joven que durante la ronda de preguntas reprochó insensibilidad para abordar el tema, señaló a Animal Político que las autoridades del ITAM solo actúan de una forma reactiva frente a estos casos, “pero no de manera preventiva. Se están intentando lavar las manos. Es un problema que parecen no entender y bueno no asumo malicia, quizá es el afán de dar una respuesta rápida”.

Pedro señala que el problema es que el ITAM, pese a que sí ha implementado acciones para prevenir el suicidio, se ha negado a reconocer su responsabilidad en el problema, “no quieren admitir que es el estrés, la competitividad excesiva como la causa inmediata, eso lo evaden, como lo hicieron en la conferencia de hoy, como lo hicieron cuando salen a decir que Gerardo no era integrante de la comunidad, cuando apenas en diciembre estaba como alumno”.

Por la noche, el ITAM emitió otro comunicado en el que aseguró que se llevaron a cabo talleres de posvención y de prevención, en donde alumnos y profesores compartieron su sentir y sus preocupaciones.

Una vez que se atendió la ansiedad que genera este tipo de eventos y se analizó el contexto específico de la institución, se identificaron y entendieron la multiplicidad de factores de riesgo que existen en este tipo de situaciones y se aprendieron algunos consejos sobre cómo tratar de evitar un suicidio.

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Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


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